paisaje en los alrededores de Chatou (Derain , 1905)

Paisaje en los alrededores de Chatou pertenece a la serie de paisajes pintados por Derain en ese invierno que fue decisivo para su futura carrera profesional y en el que se estaba constituyendo el pequeño grupo de artistas que, un año más tarde, sería conocido como el de los fauves. Como en otros paisajes pintados ese invierno, el artista ha escogido como punto de vista una pequeña elevación en el terreno. Un grupo de árboles, situado en primer término, paralelamente al plano pictórico, actúa como una especie de pantalla a través de la cual se ve, en término medio, un grupo de casas, luego el río y más allá la llanura cultivada. El horizonte es muy alto y prácticamente no se ve el cielo. La ejecución es muy somera y directa, anticipándose a lo que será una de las características distintivas del estilo fauve.

La paleta de este cuadro se apoya sobre todo en tonos fríos, azules y verdes. En contraste con los colores más puros y encendidos que pueden observarse en las obras pintadas por Vlaminck y por el propio Derain en ese invierno, el pintor pone en juego aquí unas tonalidades relativamente matizadas.

André Derain nació en Chatou, en el extrarradio de París en 1880 y provenía de una familia de clase media. Entre 1898 y 1899 asistió a la Academia Camillo de París, donde conoció a Matisse y a Rouault, quienes luego serían sus compañeros del fauvismo. En 1900 conoció a Maurice de Vlaminck y compartieron un estudio en Chatou. Por esa época descubrió la pintura de Van Gogh y se volvió un asiduo lector de Nietzsche, cuyo nihilismo ejerció en él una profunda influencia, provocando una transformación en su manera de ver el mundo y el arte. Pronto se unió con sus amigos Matisse, Rouault y Vlaminck a pintar bajo los esquemas que dieron lugar al fauvismo y presentaron en conjunto sus pinturas en el Salón de Otoño de París de 1905.

Los pintores fauvistas ensalzaron la autonomía del color sobre cualquier otro elemento y lo utilizaron de forma expresiva y provocativa. No pretendían representar las cosas de una forma realista, al contrario, su arte se basaba en un idealismo que se manifestaba en la primacía de la expresión antes que en la mímesis y para ello el color jugaba un papel fundamental. Se aplicaba de forma pura, tal cual salía del tubo, sin mezclas y se hacían combinaciones cromáticas de manera tal que los colores primarios y secundarios se complementaban de tal forma que aumentasen su vibración al ser percibidos y con ello se creaba un efecto de gran intensidad. Los fauvistas no aplicaban el color de acuerdo a la correspondencia del color de los elementos que representaban, sino que se dejaban llevar por su fantasía y libremente aplicaban un color cualquiera sobre una superficie cuyas formas recordaban las de un objeto y luego establecían las correspondencias entre todos los elementos. En este sentido, su pintura se relaciona con la de sus contemporáneos expresionistas del grupo Die Brüche de Dresde, quienes experimentaron con los colores también de una forma libre. La pintura fauvista no pretendía otra cosa que expresar las cualidades de los colores de una manera lúdica y juguetona, estando exenta de cualquier juicio moral o estético tradicionalista; por ello sus cuadros resultan sumamente atractivos y nos llaman la atención de forma inmediata.

Este Paisaje de Chatou de 1904 representa el período fauvista más fructífero de Derain, en el cual el juego de intensos colores se combina con una serie de expresivas y aparentemente espontáneas pinceladas que nos provocan un deleite visual sin igual. Derain intensificó los matices para que los colores se manifestaran en toda su plenitud, a la vez que sus combinaciones acrecientan su luminosidad, ensalzando las formas carentes de perspectiva. El campo se muestra plagado de efectos lumínicos y de ahí su encantadora cualidad vital que revitaliza el tema, que vibra con una luz propia e intensa, alejándose de la luz natural para penetrar en el mundo de la luz intrínseca de las cosas.

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