baile gitano (Hermenegildo Anglada Camarasa, 1921)

Desde casi los primeros tiempos de su gran éxito mundial, Anglada, para quien el tema de sus pinturas era siempre mucho más un pretexto plástico que un mensaje ideológico, alternó las escenas de la vida nocturna de París con las de bailes gitanos. Las primeras le daban pie a trabajar con una especial morbidez y tonos claros en una versión personal del postimpresionismo, mientras que las segundas le permitían plasmar un dinamismo expresivo y frenético, con colores cálidos y detonantes.

Aquel París de los albores del siglo reservaba parte importante de su atención al exotismo de los temas tópicamente hispánicos.

Desde el sensacional triunfo obtenido por John Singer Sargent con su óleo El Jaleo en el Salon de 1882, los temas de baile flamenco tenían un atractivo especial en París, donde el romanticismo literario y artístico ya se había fijado muy especialmente en la España típica. El Jaleo no sólo puso de moda el tema sino que fijó una composición tipo para él: la figura de la bailaora en primer término, levemente descentrada, se impone ante los guitarristas y palmeros sentados uno al lado del otro, formando como un telón de fondo para la escena.

La datación de esta pintura no es fácil pues Anglada reiteró temas parecidos a lo largo de toda su carrera: no sólo en París sino cuando ya vivía en Mallorca (1914-1936) y durante su exilio en Francia (1939-1947), sin embargo, en esta última etapa francesa lo haría de manera más formularia, como para tratar de aliviar sus estrecheces de exiliado, repitiendo un antiguo producto de éxito seguro en aquel país.

La figura femenina fue uno de los temas esenciales en la trayectoria del pintor. Durante sus primeros años en París -todavía bajo cierta influencia de sus maestros catalanes- llevó a cabo obras donde la mujer poseía una importante carga simbolista, para evolucionar rápidamente a una pintura de rasgos más personales y muy original, en la que la luz y las manchas de color dan vida a figuras vaporosas inspiradas en las que encontraba en los locales de la noche parisina. Las escenas de baile gitano, a su vez, le permitieron cultivar una expresividad muy enérgica y profundizar en su interés hondo por la anatomía, aspecto que perduraría en toda su carrera.

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