después de una huelga (José Uría, 1895)


La Historia ha servido en multitud de ocasiones de inspiración al arte, como en esta obra de José Uría. El pintor eligió un suceso desarrollado durante la primavera de 1892 en la ciudad de Valladolid: la huelga de los empleados de Talleres de la Compañía del Norte.

La escena se desarrolla dentro de una fábrica, destacando el trabajo preciosista en la representación de la maquinaria industrial y del contexto que acoge a los personajes. Lo industrial se introduce en la representación, la luz filtra creando una escena cálida como una catedral creando un espacio de gran solemnidad, de silencio, de plegarias. Crea una atmósfera de tonos apagados, difuminada.

Uría le incorpora una dimensión social en la obra, no es un mero acontecimiento histórico.

La tensión y el dramatismo de la obra se sustenta principalmente en el grupo protagonista de la imagen, formado por un hombre, una mujer y una niña, los tres rodeados de un gran vacío como manera de acentuar el dramatismo que embarga la escena. El hombre yace en el suelo marcando una diagonal en primer plano, su cuerpo inerte mantiene aún una pierna flexionada como si acabase de caer, pero el tono cerúleo de la piel elimina cualquier duda, está muerto. La postura de la mujer y la niña lo atestiguan: el cuerpo de la madre cae hacia delante, pesado, casi le falta el aire, ya sin fuerzas para seguir llorando. La pequeña de trenzas eleva uno de sus brazos arropando a su madre mientras el otro lo posa delicadamente en el pelo, intentando reconfortarla.

Esta niña de pocos años es la que, con su inocente mirada, nos conecta con otro de los lugares de interés de la obra: a la izquierda de la pintura, en el fondo casi entre las sombras, se encuentran dos personajes tocados con gorra y uniformados, que pudieran tratarse probablemente de las figuras de unos conductores ferroviarios que no apoyaron la huelga de los talleres y son testigos silenciosos de lo ocurrido.

En la diagonal opuesta, a través de la puerta e iluminados por el sol, vemos un contingente a caballo de la Guardia Civil que vigila los alrededores después de los disturbios, sugiriendo lo que en 1899 Ramón Casas plasmará en el primer plano de su cuadro La Carga.

La protesta en estos talleres se inició el 27 de mayo de 1892 y no fue seguida por el personal de conducción; la dirección no accedió a las pretensiones de los obreros y termina la huelga el 8 de junio.

Uría nos traslada lo que sucede Después de una huelga de trece días: de la reyerta anterior en la sombría fábrica solamente quedan leves señales que rodean al obrero fallecido y a su familia: una maza a su lado, con la que puede que el hombre tratase de defenderse, y detrás algunos elementos de maquinaria caídos, destrozos colaterales de la pelea en el entorno industrial, tétrico y desolado.

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