testamento

A mi muerte,
que nadie toque mis cosas,
que se queden como están para cuando vuelva,
como yo las he dejado:

El vino fuera de la nevera,
la cejilla en el último traste,
el teléfono sonando,
el calentador encendido,
el niño en el colegio,
las cartas sin abrir,
el despertador a las siete,
las cuentas a cero,
las persianas hasta arriba.

Si me matan sin dolor
quiero el número del asesino,
que alguien me grabe el entierro;
cómprame el tabaco y el diario,
no me esperes despierta,
déjame atún por si vuelvo en los huesos,
y este verso no lo guardes,
que le quiero cambiar el final.

Ah, y baja la basura.

Autor: Juan Carlos Aragón Becerra

Fotografía: Bert Hardy, “Children playing in a cemetery, the Gorbals, Glasgow” (1948)

Un grupo de niños de Gorbals juega entre las lápidas del Cementerio de la Corporación en Rutherglen Road, una de las pocas áreas verdes del distrito. Las viviendas de Gorbals se construyeron de forma rápida y económica en la década de 1840, proporcionando alojamiento a la creciente población de trabajadores industriales de Glasgow. Las condiciones eran espantosas; el hacinamiento era estándar y las instalaciones de alcantarillado y agua eran inadecuadas. Las viviendas albergaban a unas 40.000 personas con hasta ocho miembros de la familia compartiendo una habitación individual, 30 residentes compartiendo un baño y 40 compartiendo un grifo. Cuando se tomó esta fotografía, se habían demolido 850 viviendas desde 1920. La remodelación del área comenzó a fines de la década de 1950 y las viviendas fueron reemplazadas por un moderno complejo de bloques de pisos en los años sesenta.

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