me asomo a la oscuridad

Me asomo a la oscuridad,
esa que habita tus días.

Imperio de la luna.
Melancólico sauce.
Pedernal de silencio.
Huestes de sombras.

Y vuestra llama zozobra
-indefinida y viva-
sobre marchita ceniza.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Friedrich, “un paseo al anochecer” (1830)

Con la cabeza gacha, un hombre camina solo en la noche plateada y fría de luna mientras contempla una tumba megalítica y su implícito mensaje de muerte. Es invierno, ya su alrededor la naturaleza se está muriendo. 

Árboles sin hojas se ciernen detrás como espectros, pero una arboleda de robles verdes se eleva a través de la niebla en el fondo con la promesa de vida. La luna creciente, alta en el cielo, también actúa como contrapeso a la muerte, simbolizando a Cristo y la promesa del renacimiento para el artista Caspar David Friedrich.

Friedrich fue parte del movimiento romántico alemán; su visión profundamente personal e introspectiva abordó temas cristianos a través de analogías basadas en los ciclos de la naturaleza. A Walk at Dusk se encontraba entre un pequeño grupo de obras que Friedrich completó antes de sufrir un derrame cerebral debilitante en 1835. La pintura encarna tanto la melancolía que experimentó durante este período como el consuelo que encontró en la fe cristiana.

Leyendo sobre Friedrich desde entonces, encontré su historia convincente. Su madre murió cuando él tenía siete años, una hermana murió cuando él tenía ocho y luego, cuando tenía 13, su hermano menor, Johann, rompió el hielo en un lago congelado y se ahogó ante sus ojos. A los 16 años comenzó su formación formal como artista, y acabó convirtiéndose en uno de los pintores más destacados del período romántico alemán, especializándose en paisajes que colocaban figuras humanas disminuidas en sugerentes escenarios naturales.

Pero con el paso del tiempo, su estilo cayó en desgracia y su reputación decayó, hasta que él y sus pinturas fueron vistos como poco más que curiosidades extrañas y melancólicas. Su vida posterior transcurrió en la pobreza y la oscuridad, y sus pinturas presentaban cada vez más una figura encorvada y envejecida: el propio Friedrich, contemplando escenas donde los símbolos de la muerte, como la tumba megalítica que se muestra en esta pintura, eran prominentes.

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