el artista y la modelo (Picasso, 1963)

15 Mai 2022

Pablo Picasso tiene 83 años cuando realiza, en 1963, la serie El pintor y la modelo. En este último período Picasso retoma con fuerza el tema de El pintor y la modelo, representado desde sus primeras obras clasicistas, y a lo largo de toda su producción en distintas versiones y estilos. En estos años su proceso creativo continúa desarrollándose de forma compulsiva, materializado en una intensa producción en la que llega a pintar dos lienzos al día. El último Picasso asume la revolución de la pintura moderna, creada en gran parte por él mismo, y la tradición, estableciendo un diálogo con los maestros de pasado en la representación de un tema clásico en la historia de la pintura europea. El orden de sucesión de la serie El pintor y la modelo en la que se centra prioritariamente entre 1963 y 1965, datada con exactitud por Picasso, permite establecer un proceso que habla básicamente de la relación del artista con la pintura, el pintor frente a la representación del modelo. Picasso, ya lejos de París, replegado en el interior de su estudio, vuelve la pintura sobre sí misma subrayando su capacidad de resistencia frente a los lenguajes dominantes en los años sesenta, utilizando el lienzo, el espacio pictórico, como esencia de la práctica artística, en una experimentación constante con los límites de la pintura, que protagoniza también su última obra.

Los protagonistas de este cuadro son el pintor y su modelo, separados por el caballete en el que se halla el lienzo y que parece simbolizar un muro que separa dos mundos alejados y distantes. Picasso trata de comprender, a través de las diversas maneras de realizar este asunto en aquellos años, cómo el artista logra trasladar al lienzo una realidad tan cambiante y misteriosa como la del cuerpo humano.

La sombra (1953) parece ser una reflexión del pintor sobre sí mismo y su postura ante el mundo exterior: un hombre a contraluz destaca delante de un fondo compuesto por cuadros que representan un exterior, como si el grupo formase una especie de ventana al mar o al cielo. El hombre, sin embargo, es también, como reza el título, una sombra. Como una sombra del sujeto que pinta el cuadro, el pintor, a mitad de camino entre él mismo, el cuadro pintado, su propio estudio y el exterior. La atención, no obstante, se centra por entero en la figura negra del centro, por su evidente poder de absorción y al mismo tiempo de anulación.


%d bloggers like this: