dos mujeres gitanas (Isidre Nonell, 1903)

23 Mai 2022

Antes de 1900, Isidre Nonell formaba parte de un grupo llamado la «Colla del Safrá» (Grupo del azafrán) formado por pintores como Joaquim Mir, Canals, Pichot… que pintaban paisajes por los alrededores de Barcelona preocupados por la luz, los cambios cromáticos al dictado del posimpresionismo, buscando los efectos atmosféricos en tonos cálidos, de ahí el nombre del grupo. Isidre Nonell también formó parte del mítico «Quatre gats» junto con Picasso y Rusiñol en ese ambiente de efervescencia creativa de la época en Barcelona. Si para Picasso su estancia en Horta del Ebro marca el momento de reflexión que dará sus frutos en el cubismo, para Nonell la estadía en Caldes de Boí, pequeño pueblo de los Pirineos, donde muchos de sus habitantes padecían de cretinismo, afectará de modo esencial en el tema de sus obras posteriores: los marginados y más desfavorecidos de la sociedad. A partir de entonces se centra en la figura humana con una manera nueva de hacer, el volumen de sus mendigos, de sus gitanas en actitudes claras de tristeza y abatimiento sobrecogen por la atmósfera de soledad y abandono.

Después de una larga estancia en París y de su instalación definitiva en Barcelona en 1900, Nonell, que murió prematuramente, se concentró en la representación de personajes marginales y realizó una serie protagonizada por gitanas que casi monopolizaron su producción, a pesar de la hostilidad recibida por parte del público y la crítica más conservadora. En estas obras, que consiguen transmitir la soledad más profunda del ser humano, Nonell lucha obsesivamente con el color como principal elemento para construir los volúmenes.

Alejado de la moda del momento, Nonell creó un lenguaje marcadamente expresionista, con una paleta de tonos muy oscuros, fruto de la atracción que sentía por los personajes marginales y desarraigados, especialmente por las figuras de gitanas.

La línea magistral de Nonell, que delimita el sufrimiento de ese volumen rotundo y sin nada anecdótico que nos aleje de la esencia, es portentoso. Nada sobra y nada falta para bajar el volumen de la marginalidad. Las gitanas no son en él nada folclórico.

Otras ilustraciones: “Reposo” (1903), “Pensando” (1906) y “Consuelo” (1902) y (1903)


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