el botones (Chaim Soutine, 1925)

30 Mai 2022

La figura desgarbada, su actitud de abandono con la mirada perdida en la fatalidad y la resignación de una vida probablemente desgraciada. Así nos presenta Soutine a este botones en uniforme de trabajo. El rostro está dotado de una expresión teñida de dolor, fatiga y arrogancia.

El Botones se nos aparece con una actitud despreocupada: las piernas abiertas y las manos apoyadas dan idea de desafío. La cabeza parece ajena al cuerpo, como si flotara. El rostro, con la mirada apartada pero consciente de sus pensamientos, junto con los labios arrugados, nos ofrecen una expresión confusa, entre la insolencia y la servidumbre debida.

La actitud del modelo obedece al número limitado de esquemas compositivos que Souline crea y luego repite. El joven, que viste librea de botones, aparece sentado frontalmente sobre un soporte invisible, con las piernas abiertas y los brazos en jarra. El segundo plano de un azul oscuro y frío, es indefinible. Su uniforme, de un llamativo rojo encarnado, permite al pintor tratar los colores en amplias zonas cerradas, y dar rienda suelta a su talento de colorista.

Soutine transmitía emoción mediante el uso de colores brillantes y formas distorsionadas. Creó una sensación de movimiento a través de la aplicación de pintura en empastado.

Alrededor de la década de los años veinte del siglo pasado, Chaïm Soutine (1893-1943), nacido como Shaim Solomónovich Sutinpor, entonces un artista inmigrante más en París, comenzó a mostrar la fascinación por cocineros, camareros y personal de los hoteles y restaurantes franceses, siempre vestidos con colores fuertes, llamativos.

Durante los siguientes años estos humildes modelos se sentaron para él en París y el sur de Francia.

La serie resultante de retratos ofrece imágenes poderosas de una nueva clase social de personal de servicio, que se trasladó de las mansiones aristocráticas de los siglos anteriores a los hoteles y restaurantes de lujo que surgieron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Estas figuras a menudo ignoradas de los espacios de ocio más modernos de Francia, incluido el famoso restaurante Maxim’s en París, conmovieron a Soutine, quien advirtió que se podía encontrar una honda emoción y un sentido profundo de humanidad en personas así de modestas. El artista trabajó duro para lograr los efectos más contundentes en los blancos, rojos y azules audaces de sus diferentes uniformes. Muchos han visto en Soutine a una suerte de heredero de Van Gogh.


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