corpus de sang / els segadors (Antoni Estruch, 1907)

Corpus de Sang o Els segadors es una pintura de Antoni Estruch que reproduce los acontecimientos de la revuelta campesina en la ciudad de Barcelona en junio de 1640. La pintura representa a los segadores tomando la imagen del Santo Cristo como bandera de la sublevación-

Al amanecer del 7 de junio de 1640 entraban en Barcelona unos cuatrocientos segadores, muchos de ellos procedentes del Delta del Llobregat, que se concentraban en las Ramblas, como lo hacían habitualmente para contratarse para la siega.

A las nueve de la mañana un incidente entre un segador y un servidor de un alguacil real, en el que el segador resultó herido, desencadenó un motín en el transcurso del cual los campesinos asaltaron el palacio del virrey y quemaron las casas de unos cuantos nobles y juristas de la Audiencia, matando a un total de once personas, entre ellas el propio virrey, marqués de Santa Coloma, tras una agitada persecución del mismo en el puerto barcelonés cuando intentaba huir.

El motín continuó durante los días siguientes hasta que, tras no pocos esfuerzos, el 11 de junio las autoridades pu­dieron conducir a los segadores fuera de Barcelona con el pre­texto de que Girona estaba en peligro de ser atacada por los tercios y tenía que ser defendida. Los disturbios no eran sino continuación de las revueltas campesinas que desde abril se habían sucedido en diversas comarcas catalanas, y que habían culminado el 22 de mayo con la entrada de unos doscientos campesinos del Vallès en Barcelona y el asalto a las cárceles de esta ciudad.

El Corpus de Sang revela la constatación del fracaso de la política castellana de la monarquía española que había ido acentuando su involución desde el reinado de Felipe II.

Los hechos del Corpus fueron protagonizados por el pueblo campesino. La oligarquía barcelonesa asistió aterrorizada a los desmanes. La burguesía catalana en 1640 carecía de proyecto nacional y, desde luego, su conciencia identitaria distaba mucho de la del campesinado revolucionario. Si esa burguesía se ofreció al rey de Francia fue por el propio temor a la peligrosidad social de ese campesinado. Doce años de unión a Francia fue el precio de la cobertura política que permitirá a esa burguesía salvar el reto de la lucha de clases desatada en 1640. No ha sido, por otra parte, ni la primera ni la última vez que la burguesía ha sacrificado su identidad nacional en beneficio de su identidad de clase.

La revolución de los Segadors que inicialmente tenía un carácter estrictamente social, de cariz anti-señorial, rápidamente derivó hacia un movimiento nacional anti-castellano.

En 1635, cinco años antes, el conde-duque de Olivares, con el pretexto de la guerra entre España y Francia y con la excusa de acabar con la lacra del bandolerismo, había acuartelado los Tercios de Castilla en el principado. La relación entre los soldados y la población civil –obligada a alojarlos– era más que tensa. Los militares castellanos sometieron la población catalana a una oleada brutal de robos, saqueos, incendios, violaciones y asesinatos que quedaron impunes. La sociedad estaba encendida porque la ocupación militar hispánica coincidía con una fuerte crisis económica provocada, en buena parte, por la guerra franco-española.

Más información en:

https://www.sapiens.cat/temes/batalles-i-guerres/la-guerra-dels-segadors_11153_102.html

 

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