un vaso de agua

Imagino una tarde de verano
y un vaso de agua fresca en la ventana.
Los niños se han marchado.
La mujer coge el lápizy dibuja la escena:
un instante vacío
en que no pasa nada.

Ahora habita el papel y ese papel
una sala remota en un museo.

Todo lo que no muere
habita algún lugara la espera de un ojo que lo vea.

Su lápiz, por ejemplo,
que vive en este lápiz,
y el reflejo estancado en el alféizar
de una luz y una hora que no existen,
o esa mano de otra y que es de todas
abriéndose en mi mano
como una flor de nadie
entregada a la sed,
al sencillo misterio
que es a veces la vida:este vaso de agua.

Autor: Lola Mascarell

Ilustración: Isabel Quintanilla, “el vaso” (1969)

Sencillez franciscana de un vaso de agua Duralex encajado en alfeizar. La luz atraviesa el vaso y se refracta en todas sus facetas. Naturaleza muerta monocromática.

Isabel quintanilla fue una artista visual que formó parte del grupo conocido como realistas madrileños, compuesto por pintores y escultores realistas que vivieron y trabajaron en Madrid. El grupo lo formaban, además de Isabel, Antonio López, María Moreno, Esperanza Parada, Amalia Avia y los hermanos Francisco y Julio López Hernández. Eran mucho más que un grupo artístico. Eran amigos y familia y permanecieron unidos toda la vida.

Dotada de gran talento técnico, pintaba una realidad cercana, cotidiana, cuyo principal elemento es la luz. La luz crea el espacio, las formas, define los volúmenes. La mayoría de sus pinturas son bodegones, vistas de exteriores e interiores, elementos cercanos y cotidianos, domésticos, ventanas, umbrales.

El género de la naturaleza muerta será el tema común de Quintanilla y su grupo, un género que excluye a la figura humana, pero que habla constantemente de ella, de sus huellas. Representan la existencia del ser humano por medio de la ausencia y el silencio. Así podemos ver un cuarto de baño o una habitación de costura vacía de figuras, pero con las huellas de los que habitan estos espacios.

Hace de lo pequeño e invisible, de la realidad más cotidiana y vulgar, el motivo de sus cuadros. Con una narración minuciosa, casi miniada, exalta la soledad de una forma poética. Es como si nos dijera: hay que ser espectador de la vida.

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