la cosecha (Jules Bastien Lepage, 1877)

Jules Bastien-Lepage (1848-1884) fue uno de los discípulos del pintor academicista Alexandre Cabanel, clásico entre los clásicos. Al acabar sus estudios pictóricos, Bastien-Lepage decidió no seguir los pasos de su maestro, ni tampoco los de los impresionistas, que estaban en pleno apogeo en ese momento. Prefirió crear un estilo propio, más moderno que el academicismo y más clásico que el Impresionismo, y pintar lo que realmente le apetecía: campesinos.

Los padres de Bastien-Lepage eran agricultores, así que el chico sabía de primera mano como era la vida en el campo. No era un tema novedoso. Los pintores realistas, como Millet o Courbet lo habían explotado durante la generación anterior. En realidad, lo que estaba haciendo Bastien-Lepage era un “revival” del realismo, por mucho que en ese momento decidiesen llamarlo “naturalismo”.

Este cuadro, “La cosecha o El descanso” es una de sus mejores obras y en él representa a una pareja de campesinos descansando durante la cosecha. La figura de la chica es tan llamativa que nos cuesta trabajo fijarnos en el pobre hombre que está durmiendo la siesta en el suelo. La muchacha descansa sentada en la hierba, con las piernas estiradas y el tronco echado hacia delante. Parece agotada y tiene la mirada perdida, como si fuese incapaz de concentrarse en nada más.

La composición es atrevida y el colorido sobrio: la línea del horizonte es inhabitualmente alta, dejando que el heno ocupe la mayor parte del lienzo. Un campo de trigo de un tono luminosamente plateado.

Del mismo año es “Octubre” -o también “Recolectores de patatas” donde representa a dos mujeres trabajando arduamente en la recogida de patatas. Hay otros trabajadores visibles en la distancia. El rostro de la mujer denota un clasicismo irredento. La paleta suave y las pinceladas del artista están perfectamente equilibradas, y la escena adquiere un idealismo bucólico.

En “Pobre niña salvaje” (1881) la cara demacrada de una niña asoma por la pobre pieza de tela barata con la que se envuelve para calentarse. La escena invernal se representa con gran detalle. Por un lado hay ramas desnudas y espinosas, por el otro, cabezas de cardo secas sobre tallos altos y blanqueados. Tal vez la primavera esté brotando en las flores silvestres junto al árbol.

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