fleur du chemin (Jules Bastien Lepage, 1882)

Las flores silvestres que habían muerto durante los meses de invierno están en flor en la pintura de Bastien-Lepage de una joven pastora, Fleur du Chemin.

Al igual que las malas hierbas detrás de ella, esta niña tiene una belleza con los ojos muy abiertos y un poco triste. Aunque su ropa está visiblemente andrajosa, su rostro y cabello están idealmente limpios, en consonancia con un sentimentalismo romántico más que con la objetividad que es característica del verdadero naturalismo.

Enmarcada por gruesos rizos dorados, su mirada es cautivadora. El pintor quiere hacernos creer que ella es una flor al borde del camino, que florece descuidada, en las laderas del Mosa.

La chica que pasa junto al espectador, además de su bastón, lleva un manojo de lo que parece ser hierba cana dorada, común en estas regiones. Su rebaño no se ve y, a diferencia de las icónicas pastoras de Jean-François Millet, faltan matices de piedad rústica.

El simbolismo de las flores y una gran atención a los detalles conectan Fleur du Chemin con las obras de los prerrafaelitas británicos que causaron tanto impacto en París en la Exposición Universal de 1878.

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