Lili hot summer (Gerda Wegener, 1924)

9 Juliol 2022

Una de las artistas femeninas más destacadas de Dinamarca durante la década de 1920 fue Gerda Wegener. Era una artista extremadamente talentosa, pero también era conocida por su matrimonio con Lili Elbe, quien fue una de las primeras personas en someterse a una cirugía de reasignación de género. Gerda Wegener ha retratado sin ropa a su pareja, la mujer trans Lili Elbe, en la pintura En el calor del verano (Lili Hot Summer) (1924). Representa a Lili Elbe de espaldas y recostada seductoramente como una odalisca. El rostro se ve de perfil con párpados pesados, casi somnolientos, labios pintados de rojo y mejillas color cereza. Con solo un par de sandalias de seda de tacón alto, la desnudez vulnerable contrasta con la silla y el abanico rococó con flores. La historia del arte está llena de hermosas modelos femeninas desnudas que aparecen como objetos de los deseos del artista masculino y la mirada escrutadora del espectador. Pero aquí la mirada se vuelve ambigua. En parte porque la artista es una mujer, en parte porque la modelo es una mujer trans.

Gerda Wegener fue en muchos sentidos una mujer adelantada a su tiempo. Con su depurada pincelada y sus elegantes retratos de mujeres, se convirtió en una artista reconocida en la capital del arte, París, adonde se trasladó. Se convirtió en parte de la escena artística de la ciudad como retratista e ilustradora solicitada para las principales revistas de moda, que se sintieron atraídas por sus representaciones picantes y, a menudo, bastante decadentes de mujeres con labios rojos y ojos almendrados. 

Sin embargo, no fue solo la posición de Gerda Wegener como artista pionera lo que la hizo famosa. Su historia personal también ha fascinado al mundo entero.

Es en la Academia de Bellas Artes de dicha ciudad donde inicia sus primeros estudios en arte, y es allí donde conoce al pintor de paisajes Einar Wegener (Lili Elbe posteriormente), con quien contraería matrimonio en 1904. Sin embargo, la obra inicial de Gerda no terminó de cuajar en la capital danesa, por lo que la pareja decide establecerse de manera permanente en París en 1912. París era la capital del mundo por aquel entonces, y el lugar donde nacían y se desarrollaban los principales movimientos artísticos del momento. Es por ello que la obra de Gerda estará marcada por la confluencia de los estilos imperantes, desde la potencia propia del expresionismo hasta el refinamiento del Art Déco característico de los años 20. Su producción artística giró en torno a dos ejes fundamentales: el retrato y la escena erótica. Sin embargo, una vez establecida en París, sus retratos alcanzaron unas cotas de refinamiento y sutileza que pocas veces vemos en los pintores de la época. La famosa bailarina danesa Ulla Poulsen, con quien entablaría una gran amistad, y la propia Lili, se convirtieron en algunas de las modelos más frecuentes. La monumentalidad y la expresión de las mujeres retratadas por Gerda nos recuerdan inevitablemente a los retratos de otra de las pintoras más importantes del momento, Tamara de Lempicka, quien también había vivido en París por un tiempo y que hoy día es considerada como la gran representante del art déco en pintura. En 1931, tras la muerte de la que había sido su gran amor y acompañante en vida, Lili Elbe, Gerda decide contraer matrimonio con un diplomático italiano y trasladarse a Marruecos. Sin embargo, no tardaría en divorciarse para, finalmente, volver a su tierra natal, Dinamarca, donde fallecería en julio de 1940.

En Reina de corazones (1928) Lili está jugando a las cartas, que en la historia del arte siempre ha sido un símbolo de una vida de pecado, y en el siglo XVI se la consideraba impía. Sobre la mesa hay un cenicero, una botella y un vaso, y Lili tiene un cigarrillo en la boca. Ella tiene los pies sobre dos sillas diferentes y lleva zapatos de piel de serpiente y un vestido rojo que se le ha deslizado un poco hacia abajo a lo largo de sus piernas, dejando al descubierto la enagua. La habitación en la que se sienta Lili está más definida que en la mayoría de los otros retratos de Lili y está llena de detalles realistas. La imagen ya no está separada del tiempo y el lugar o etérea. Las manos no son largas y elegantes. Es la verdadera Lili de carne y hueso la que vemos aquí, una mujer emancipada y eróticamente segura de sí misma.


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