Port Alguer de Cadaqués (Dali, 1923)

19 Juliol 2022

Port Alguer es una visión estructuralista de Cadaqués, en ella apreciamos influencias tanto del cubismo, en el pueblo, como del impresionismo, en el agua del mar. Los dos personajes femeninos llevan un cántaro en la cabeza.

En 1923, con diecinueve años, Salvador Dalí ya creaba obras de arte. Los años veinte son años de formación y definición estilística del artista, experimentando con diferentes estilos artísticos y flirteando con varios movimientos de la época antes de identificarse con el surrealismo. Esta obra nos muestra la encrucijada daliniana en la que se encuentra en los primeros años 20; por un lado, la visión de un esquema geométrico que partía no solo de su conocimiento del movimiento cubista sino también del nuevo “retorno al orden” que imperaba en Europa y, por otro, su continuo apego a la cultura catalana, en concreto, al estilo noucentista. ​

En esta composición Dalí hace referencia al purismo de los pintores franceses Ozenfant y Jeanneret en la relación de líneas y planos que se conjugan con las influencias de plasticistas italianos como Carrá y Morandi. Su noucentisme se advierte, sobre todo, en la imagen de esas mujeres con cántaros de agua que ya las composiciones de Joaquín Sunyer se habían consagrado como alegoría de la mujer catalana.

Dali pintó esta panorámica de Cadaques (Cadaqués visto desde la torre,1923) rodeada de las montañas a lo lejos, desde la torre del cabo de Creus. Esta torre cilíndrica y achaparrada es el centro de la composición donde las formas curvas de las mujeres contrastan con las moles de los edificios. Que las figuras femeninas representadas aparezcan ingeniosamente en la esquina inferior izquierda permite crear una estilizada participación humana en el conjunto de la imagen. A pesar de que Dali utilizó aquí el estilo neorrealista, todavía hay vestigios del cubismo analítico en cuanto a su paleta de colores que escoge y en la manera de pintar los edificios y el cielo en el que parece amenazar una tormenta.

“Port Lligat: una vida de ascetismo, de aislamiento. Fue allí donde aprendí a empobrecerme para limitar y pulir mi pensamiento para que fuera efectivo como un hacha, donde la sangre tenía sabor a sangre y la miel sabor a miel. Una vida dura, sin metáfora ni vino, una vida con la luz de la eternidad. Las elucubraciones de París, las luces de la ciudad, y de las joyas de la Rue de la Paix, no pudieron resistir a esta otra luz-total, centenaria, pobre, serena y audaz como el conciso brebaje de Minerva. Al cabo de dos meses en Port Lligat vi levantarse día tras día ante mi mente la solidez perenne de las construcciones arquitectónicas del catolicismo. Y a medida que nos quedábamos solos, Gala y yo, el paisaje y nuestras almas, las cejas antiguas de las Minervas se parecían cada vez más a las de las Vírgenes de Rafae , bañado en una luz de seda ovalada” (Dalí).

Dalí pintó dos versiones de El ángel de Fort Lligat en 1952 donde evocan este paisaje como el lugar donde se produce una comunión mística entre él, Dios y la naturaleza.

 


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