mujeres con latas de sardinas (Oscar Domínguez, 1937)

23 Juliol 2022

Este cuadro, que recuerda levemente la apariencia de algunas de las pinturas de Chirico, está lleno de una sensualidad enigmática y de una extrañeza profunda y surrealista que es totalmente de Domínguez. Los cuerpos elegantes, escultóricos y estirados de las mujeres, que en parte parecen fundirse entre sí, están perforados y adornados por el metal enrollado de las tapas de las latas de sardinas. Este rasgo incongruente es un motivo recurrente dentro de la obra de Domínguez. La imagen de este cuadro es inquietante; logra mezclar deseo, erotismo, apetito, sexo y violencia a la vez. La carne de las mujeres, que parece haber sido formada orgánicamente a través de un proceso de creación automática y luego de perfeccionamiento asociativo de la imagen dada, ha sido representada con una sensualidad arrolladora. Estas imponentes mujeres parecen atemporales, como amazonas andantes, pero se presentan claramente en un contexto sexualizado.

Cuando pintó Los dos videntes en 1945, Domínguez alcanzó el pleno dominio de su arte.  

Esta deslumbrante composición refleja las inquietudes del artista en la inmediata posguerra. Estas “arañas de cristal” -que recuerdan la instalación de cuerdas realizada por Marcel Duchamp para la exposición internacional de surrealismo de Nueva York en 1941-, estos fatales presagios que condenaban a muerte la mirada del espectador asfixiando el espacio de las pinturas de la guerra años, ahora se transmiten en segundo plano. Dos mujeres, aquí representadas en forma de dos videntes, con su bola de cristal en la mano, llaman la atención. Como Europa o Sybille, parecen portar felices revelaciones alucinatorias y no parecen prestar atención a esa extraña maleza poligonal congelada que les rodea.

En el contexto de la producción de Óscar Domínguez, Ciclista (1946) es una obra de singular importancia: en ella se manifiesta ese “expresionismo” de raíz picassiana reconocido por sus contemporáneos y por el mismo artista. Y, al tiempo que es índice de su acercamiento a Picasso, lo es también de su ruptura con el grupo surrealista ortodoxo liderado por André Breton.

Sobre un fondo trabajado con aguada de plomizas y sombrías nubes se disponen tres objetos volantes dispuestos en dirección de sus objetivos divergentes, que se rozan en el aire como si volasen formando una escuadrilla hacia su siniestro destino. Estos Pájaros Mecánicos (1952) ocupan por completo el espacio. En la composición la línea curva, proscrita en beneficio de la recta, solo está presente en las ruedas, que confieren al conjunto sensación de velocidad. Las esquemáticas cabezas de estos pájaros-aviones, reducidas a la mínima expresión, potencian la agresividad de la imagen.


A %d bloguers els agrada això: