escuela de niños bretones (Jean-Baptiste Jules Trayer, 1882)

Mañana de primavera en una aldea de Bretaña. La luz penetra alegre por los ventanales, iluminando toda la clase. El del fondo, abierto de par en par, la inunda de frescura dejando entrar toda la complejidad de aromas de los campos ya en flor.

La construcción es robusta: muros anchos, toscas baldosas de arcilla y gruesas vigas en el techo. El mobiliario y la decoración austeros: sobre la pared de cal, un mapa explicativo con dos pizarras a los lados. Y presidiendo la estancia, un pequeño crucifijo con la ramita de olivo, del Domingo de Ramos, pillada contra la pared.

Mientras la profesora enseña con cariño la posición de las manos a una de las alumnas del segundo banco, que practican la caligrafía, el resto se ocupa en diversas tareas: justo detrás, tres repasan la lección con un libro en las manos.

Todos visten igual, a la usanza bretona: las típicas cofias, blusones y amplios delantales y los consabidos zuecos de madera. Sin embargo, cada una acusa ya su marcada personalidad.

En el primer pupitre, una niña duerme sobre la cartilla, a gatas por el suelo, otra recoge un trapito. En primer plano, junto a la cátedra, dos -una sentada en los peldaños, con su muñeca de trapo en las manos, y la otra de rodillas con el libro abandonado en el suelo- parecen ausentes: su imaginación vuela lejos. Mucho más lejos que la pajarita de papel en las manos de aquella otra. Siguiendo el ejemplo de la maestra, una niña más avanzada ayuda en la lectura a su compañera. Al lado, de pié, dos conversan entretenidas.

El pintor completa la naturalidad de la escena introduciendo en la acuarela a esa gallina con sus polluelos picando las miguitas que han caído de los cestos de la comida.

La maravillosa acuarela de Jean-Baptiste Jules Trayer de A Breton Infants School (1882) es anterior a cualquier celebración de esta política republicana: el crucifijo en lo alto de la pared a la derecha muestra que esta es una de las escuelas católicas más antiguas.

Jean-Baptiste Jules Trayer (1824-1909). Su primera formación la recibió de su padree, también pintor y posteriormente tomó clases de Lequien, en la Academia Suiza. De estilo realista y minucioso, se especializó en la pintura de género, retratando muchas escenas de la vida en Bretaña.

Els comentaris estan tancats.

A %d bloguers els agrada això: