mujer que llora (Picasso, 1937)

“Mujer que llora” es un retrato abstracto de una mujer afligida. El rostro de la mujer que llora se remonta directamente a las figuras torturadas representadas en Guernica. 

La llamada etapa expresionista de Picasso estuvo fuertemente marcada por los acontecimientos político-sociales del momento, así como por su relación con Dora Maar. La guerra civil española (1936-1939), el auge de los fascismos en Europa, y la profesada simpatía -posterior militancia- de Picasso al respecto del comunismo le llevaron a iniciar un periodo que podríamos denominar como desgarrador.

En 1937, siguiendo los pasos del Guernica, Picasso realizó una serie de pinturas que representaban el rostro de una mujer desesperada. Una de las figuras del Guernica es una mujer que llora con su hijo muerto en brazos, y durante bastantes meses el pintor estudió el tema de su rostro angustiado, volviendo a proponerlo de una manera casi obsesiva hasta alcanzar un total de trece obras realizadas con técnicas diversas, junto con cuatro pinturas al óleo. Mujer que llora, la última y más elaborada de las piezas, señala la culminación de uno de los períodos creativos más intensos de su vida. Un aspecto característico de la obra de Picasso es la manera en que recomponía las formas humanas, la misma que empleaba para reordenar los distintos componentes de una naturaleza muerta en el cubismo desplazando los ojo, las orejas, la boca y la nariz para intensificar las emociones. Así, deformando la figura humana, sentía que podía expresar esto con mucha más fuerza que a través de representaciones convencionales.

El retrato de la mujer llorando resulta pretendidamente desgarrador a ojos del observador. Los rasgos del rostro están alterados y desmenuzados en formas recortadas que ponen de manifiesto el tormento interior de la mujer. No hay lugar para la serenidad y el equilibrio.

Las lágrimas son, posiblemente, uno de los aspectos que más llame la atención, debido a que caen por el resto de la cara, como un manto líquido y afilado que va desgarrando el rostro y eliminando el color del mismo. Caen desde unos ojos vidriosos y rotos, en el iris y las pupilas se distorsionan debido al llanto de la protagonista.

La mujer parece llevarse un pañuelo a la cara, para secarse las lágrimas. Sin embargo, la forma en la que Picasso representa al pañuelo más parece un cristal, u otro objeto cortante, que un trozo de tela con el que secarse las lágrimas, añadiendo así más tensión a la obra. La forma en la que Picasso representa la boca, y el resto de facciones del rostro, añade dolor y cierta violencia en la protagonista. Las líneas irregulares contrastan con la forma en la que se moldea el cabello, anguloso y suave. En Mujer que llora, los dientes de la protagonista aferran convulsivamente un pañuelo arrugado, que en lugar de tener la apariencia de tela blanda está pintado con líneas decididas en zigzag, como si fuese rígido y encrespado evocando el dolor de la mujer que protagoniza la obra.

Al respecto de los colores empleados, estos son estridentes y con mucho contraste entre los mismos. Se ve en ellos una evolución, trágica en este caso, de los colores empleados durante su etapa surrealista, que, aun tratándose de colores vivos, resultaban más armoniosos.

Las líneas se quiebran y los colores se contraponen. Los colores nos evocan los tonos de la bandera republicana. Son a su vez, tonos intensos, amarillos y rojos frente al frío azul que capta nuestra atención hacia el punto más dramático, unas inmensas manos y esa boca que muerde un pañuelo arrugado. Los colores verdes y amarillos oscuros, no sólo transmiten un sentimiento general de crueldad sino que hacen pensar en la carne putrefacta.

Picasso mantuvo con Dora Maar mantuvo una relación extramatrimonial de casi diez años, durante la cual le dedicó numerosos retratos -algunos de ellos simples bocetos-. Fueron años turbulentos a nivel político y social, pero también a nivel personal. Picasso había vivido, casi de primera mano, cómo la República perdía la Guerra Civil Española (1936-1939), así como el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la ocupación alemana de París, ciudad en la que residía junto a Dora Maar.

La imagen de la mujer que llora de Picasso ha sido interpretada de diversas maneras. El simbolismo de la mujer sufriendo se ha asociado directamente con el sufrimiento de España que prevalece en la iconografía de Guernica. Para Picasso, la imagen de la mujer con el niño muerto representaba la realidad de la guerra civil, que había sido cubierta en los medios franceses con imágenes de madres y niños en apuros. Además, el Frente Popular francés había utilizado este tipo de fotografías para protestar contra el conflicto en 1936. 

Otra interpretación de la pintura es que la mujer ilustra el motivo cristiano de la Vírgen María de luto por su hijo muerto.  Este fue un tema particularmente destacado en el arte religioso barroco español. 

Existe una última interpretación que describe a la mujer que llora como una víctima más genérica y testigo de la destrucción. Es una figura universal que no está ligada a ningún evento en particular, es la mensajera universal atemporal del dolor humano insondable e inconsolable.

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