dos saltimbanquis con perro (Picasso, 1905)

En esta pintura, al igual que en otras de este periodo, el azul y el rosa se mezclan en la composición; por eso no es correcto hablar de fases, sobre todo en la obra de Picasso, ya que no hay nunca solución de continuidad y toda experimentación puede ser retomada en cualquier momento en conjunción con otras. Con frecuencia nos hallaremos ante obras en las cuales se emplean técnicas y estilos diferentes, en apariencia contradictorios, para dar interpretaciones distintas de una misma realidad.

En esta obra hay dos saltimbanquis, uno de ellos vestido de arlequín. Esta máscara es muy recurrente en la iconografía del artista; parece que le apasionaba sobre todo el dibujo a rombos del traje. En ocasiones, Arlequín aparece fuera de la pista, entre los demás saltimbanquis y acróbatas, o bien, como en este caso, al lado de los más pequeños y junto a un perro, el animal favorito del artista. A diferencia de las figuras de viejos ciegos y enfermos de la denominada Época Azul, los dos acróbatas parecen moverse en un ambiente tridimensional: detrás de los dos jóvenes se vislumbran casas; los fondos planos y anónimos de antes, sin referencia a ningún lugar ni tiempo, son sustituidos ahora por ligeras indicaciones paisajísticas. A pesar de su edad juvenil, los dos artistas de circo tienen la mirada perdida en el vacío, triste: los envuelve una atmósfera de incertidumbre y precariedad y están como extraviados, que igual que la Muchacha de Mallorca (1905).

La joven retratada aparece aquí sola. Picasso parece captar sobre todo su aspecto vagabundo y melancólico. La Muchacha de Mallorca, de cuerpo delgado y seco, tiene la mirada ausente y está sola, consciente de los sacrificios que comporta la vida nómada. El velo, que desde el cabello le cae delicadamente sobre los hombros, enmarcándole el rostro, y la mano, de largos dedos ahusados, le confieren una elegancia sobria y una actitud sinuosa y llena de gracia.

Niño con un perro (1905) pertenece a la época de transición entre el período “azul y el rosa”. La delicada imagen infantil se transmite en tonos suaves y serenos. En su tratamiento no hay ni asomo de exaltación y decaimiento. En los delicados rasgos del rostro del niño, en su figura angulosa, en la cordialidad con la que el niño coloca su mano sobre la cabeza del perro, se esconde un profundo sentimiento de inspirada humanidad.

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