el escultor ciego (Ribera, 1632)

“A contraluz, como el diario de un ciego”

(Carlos Vitale)

Un hombre ciego, que viste pobremente y se destaca sobre un fondo oscuro, palpa con sus manos un busto de escultura situado sobre una mesa, en la que también aparece un fragmento de pintura que representa otra cabeza.

El escultor ciego (también conocido como Alegoría del tacto o El ciego de Gambazzo) representa a un hombre, claramente invidente, retratado de más de medio cuerpo que palpa la cabeza de una escultura (se cree que de Apolo). El hombre está representado sobre un fondo neutro en contraste con la brillante iluminación que entra por la izquierda en una clara muestra del estilo tenebrista de Caravaggio. La naturalidad en la expresión del hombre ciego, la concentración en el acto que realiza y el delicado gesto de acariciar la figura, que el maestro valenciano supo captar con total maestría, hacen pensar que el modelo era una persona ciega en la vida real. ​La suavidad con la que palpa la cabeza marmórea resulta de una intensa belleza, contrastando al mismo tiempo las trabajadas manos del hombre con la superficie fría de la cabeza marmórea. Ese naturalismo se manifiesta también en la facilidad del artista para interpretar las calidades de las cosas como podemos observar en el harapiento traje, la barba o la escultura.

El personaje responde a una tipología habitual en el pintor, al igual que la escritura pictórica tan morosa, el predominio de los tonos tierra o el uso de fuertes contrastes entre luces y sombras, que sirve para destacar las partes más importantes desde el punto de vista expresivo o narrativo, y para crear un denso clima emotivo.

Con esos elementos, Ribera construyó una imagen que pertenece a uno de los repertorios temáticos que cultivó con mayor asiduidad, que más le singularizan y que contribuyeron de manera notable a difundir su fama por toda Europa. Se trata del formado por figuras alegóricas y representaciones de filósofos, que aparecen desde sus etapas más tempranas, en la segunda década del siglo, y se repiten hasta finales de la década de 1630.

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