entre colinas

Me felicito por la lluvia que abre puertas
en los brazos del aire.
En vez del sol
deseo siempre el trueno
y la danza del agua,
la humedad en la cima de los árboles
como un arrecife que acaricia su relieve.

En vez del cielo azul
prefiero el gris de las nubes
como si un grito hubiera desgarrado el mundo.
Prefiero la niebla a la claridad del día
que desdibuja el contorno de todas las cosas.

Elijo el viento liberado de sombras
que cierra la herida del mundo en su pecho.

En la tormenta la voz tiene sólo un destino:
nombrar el viaje del agua
desde la nube hasta la tierra.

Sólo al llover, dios tiene conciencia
de chocar sobre el mundo:

La lluvia
                    somos nosotros
                                               cayendo
                                                                hacia el cielo.

Dios somos nosotros
cayendo
en la lluvia.

Autor: Ana María Bustamante

 

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