rostros

“Nunca los daré por muertos”

(Juan Gelman)

Algunos jóvenes siguen desaparecidos.

Desaparecidos?

Secuestrados.
Torturados.
Asesinados.
Hechos desaparecer.

Ni ocultos, ni escondidos, ni ausentes.

Raptados, retenidos.
Martirizados,atormentados.
Ejecutados, exterminados.

Desvanecidos que resplandecen.

Autor: Javier Solé

Fotografía: Víctor Basterra, imágenes captadas durante su cautiverio en la ESMA de varios de los desaparecidos. En esta fotografía Graciela Estela Alberti.

Graciela Estela Alberti nació 17 de mayo de 1953 en la ciudad de Buenos Aires. Era “Mimi” para sus sobrinos. Gustaba de tomar café, fumar y escuchar al grupo de rock “Almendra”. Cuando tenía 21 años, el 14 de julio de 1974, se casó con Santiago Ulises Murphy.  (ver su registro). Arquitecta, tenía un carácter muy dulce y exquisita sensibilidad artística. Militante en Juventud Peronista y luego montonera con el grado de teniente (“Negra” / “Raquel”) en Zona Oeste. Secuestrada-desaparecida por la última dictadura militar el 17 de marzo de 1980 en la costa atlántica, junto a su nueva pareja Ricardo “Lalo” Soria. Tenía 26 años. Vista en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) hasta su “traslado” definitivo.

Víctor Melchor Basterra estuvo secuestrado más de cuatro años, desde mediados de 1979 hasta el final del régimen militar, aunque siguió siendo vigilado y controlado hasta agosto de 1984, ya en pleno período democrático. Había sido obrero gráfico y militante del Peronismo de Base. Tras su secuestro -junto a su esposa y su primer hija recién nacida- fue torturado durante alrededor de 20 horas, teniendo dos paros cardíacos. Con el tiempo fue obligado a falsificar documentación (pasaportes, cédulas, permisos de armas) para oficiales y gente allegada a la Armada.

Un día comenzó a hacer una copia extra de las fotos y de los documentos que le pedían, y las fue escondiendo dentro de una caja de papel fotosensible. Había descubierto que, cada vez que requisaban el lugar, no abrían esas cajas por temor a velar e inutilizar el papel fotográfico, y estaba decidido a cumplir el mandato de sus compañeros de cautiverio por el cual si alguien sobrevivía tenía que hacer algo para que todo eso no quede impune y el mundo sepa qué es lo que ahí había ocurrido.

Cuando comenzó a tener permisos de salida, a pesar de que era revisado por los guardias, un día decidió sacar una foto escondida entre los testículos y el pene. Luego se animó a ir sacando varias pegadas en las costillas o en las piernas con cinta adhesiva. Cuando llegaba a la casa las escondía en un hueco en una pared, y se lo comentó a una compañera que ya había sido liberada por si en algún momento era “trasladado”.

En el Juicio a las Juntas Militares brindó el testimonio más contundente y largo del juicio. Duró 5 horas 40 minutos y brindó todo el material fotográfico y documentación que pudo ir sacando de la ESMA. En agosto de 1984 presentó una querella criminal contra los oficiales que lo mantuvieron privado de su libertad.

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