mujer mirando una fotografía (Cristobal Toral, 1982)

21 Abril 2019


En uno de los lienzos más turbadores de Cristóbal Toral, Mujer mirando una fotografía (1982), aparece una de esas muchachas que pueblan a menudo sus cuadros -una joven que se adivina provinciana, modesta, sin dinero, extraviada en la urbe hostil-, rodeada de mesas y sillas vacías devoradas por una sombra. El desamparo y la soledad del personaje es absoluto.

Una maleta, unos paquetes y una cartera indican que la mujer se halla aquí de paso, que éste es sólo un momentáneo reposo en medio de su tránsito. Pero la infinita opresión y la tristeza sobrecogedora que inundan al espectador de esta escena están determinadas por la atmósfera de unas tinieblas en las que parecen anidar insondables peligros, acaso monstruos, acaso la muerte. Y, también, por la pesadilla repetida de esas sillas y mesas de glacial consistencia que, se diría, encarcelan amenazadoramente a la muchacha y no la dejarán ya escapar. La simetría, la elegancia, la perfección, la recóndita indiferencia de aquellas presencias inmóviles no son de este mundo, o, tal vez, sí.

Como en éste, en todos los cuadros de Toral, el realismo no es otra cosa que un vehículo para que un creador de nuestro tiempo que domina como pocos sus medios expresivos, vuelque en imágenes de un rico simbolismo y de exquisita factura, una intimidad sobresaltada por perturbadoras figuras en las que descubrimos las caras de nuestras propios demonios.


Leda atómica (Salvador Dali, 1949)

15 Abril 2019


A lo largo de la producción artística de Dalí encontramos estilos muy diferentes, fruto de su facilidad para experimentar ante nuevos estímulos, aunque siempre manteniendo su sello surrealista. Este cuadro se comenzó a pintar en 1945, cuando el artista se encontraba al final de su etapa en Nueva York, donde había encontrado una fuerte inspiración en el clasicismo del Renacimiento, a lo que se sumaban sus fuertes inquietudes científicas, especialmente sobre la teoría atómica y el equilibrio energético entre las fuerzas de repulsión-atracción del interior del átomo. La combinación de ambos elementos le llevó a pintar esta “Leda atómica”. En ella representa con rigor un tema clásico, el mito griego de Leda, pero dándole un tratamiento singular al pintar los diferentes elementos flotando, sin estar en contacto entre ellos, arrojados al espacio y sostenidos en equilibrio por extrañas fuerzas, imitando los elementos que constituyen el átomo. Es lo que él mismo denominó como “espacio suspendido”.

Leda era la esposa de Tíndaro, rey de Esparta, su belleza hizo que el mujeriego Zeus se prendase de ella, así que convertido en cisne y aprovechando la noche de bodas de la pareja real, sedujo a la muchacha. Este mito ha sido siempre una fuente de inspiración para muchos artistas: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Corregio, Poussin, Matisse, Cézanne… y por supuesto Dalí, que ha optado por pintar a Leda con los rasgos de Gala, flotando graciosamente sobre un pedestal de corte clásico, junto con el cisne que vuela hacia ella y que encarna al propio pintor. No debemos olvidar que el episodio de Leda y el cisne es uno de los más pornográficos de la mitología griega, que incluye rasgos de bestialismo.

Para Dalí la elección del tema no es nada casual, el cuadro simboliza la exaltación de su amor por su musa, Gala, pero tratado no de un modo carnal como era común en el tema de Leda, sino de una forma espiritual. Ambos se atraen como lo hacen los elementos del átomo, de una forma irremediable pero sin llegar a tocarse. Un amor puro no necesita del contacto físico. Pero además el artista vio en este mito una vinculación con su propia familia. Él mismo se identificaba con Cástor, el inmortal, mientras que Pólux sería su propio hermano, al que no llegó a conocer pues murió en la niñez antes de que él naciese, y que también se llamaba Salvador. De la misma forma veía a Gala como la inmortal Helena, mientras que su hermana Ana María sería Clitemnestra.

Al pintar esta obra, Dalí mostró una vez más sus grandes dotes técnicas, logrando un gran colorido y un acabado hiperrealista, casi fotográfico. Pero además realizó un profundo trabajo de composición, sometiendo el lienzo a un gran rigor matemático. Dalí realizó complicados cálculos teóricos durante tres meses que dieron lugar a la peculiar composición del cuadro. La pintura sintetiza siglos de tradición matemática y simbólica, especialmente pitagórica. Se trata de una filigrana basada en la proporción áurea, pero elaborada de tal forma que el espectador no la aprecia a simple vista.

Leda y el cisne se inscriben en un pentágono en el interior del cual se ha insertado una estrella de cinco puntas. 

Una matemática línea del horizonte divide el cuadro en dos; al fondo un austero paisaje de rocas y desfiladeros es descrito con tal precisión que parece estar formado por estructuras metálicas. Utiliza para ese fondo el paisaje mediterráneo de las costas de Cadaqués, los acantilados de Cabo Norfeu. En primer lugar el reino de lo sensual.

El cuerpo pletórico de Gala repite unas curvas que también aparecen en el cisne; respecto a éste, el alargado cuello remite claramente a comparaciones fálicas muy obvias. La sombra, que es considerada una cualidad innata de los objetos, revela la existencia de éstos, pero en este cuadro es utilizada en cambio para provocar la duda; sobre todo, respecto al mar, que cuestiona hasta las más seguras de nuestras creencias.

Las sombras tienen un papel muy importante en esta pintura. Permiten a Dalí jugar con la perspectiva y la ubicación de los objetos en el espacio, además de enfatizar la sensación de ingravidez.


Gregorio en Sepúlveda (Zuloaga, 1908)

14 Abril 2019

“una figura deforme de horrible faz, ancha, chata y bisoja, calzados los pies de alpargatas y las piernas de calzones que medio se le derriban, en mangas de camisa, abierta ésta por el pecho, que avanza con enormes músculos de antropoide. Sobre el suelo se alzan, y apoyados en su hombro se mantienen en pie, dos henchidos pellejos que conservan las formas orgánicas del animal que en ellos habitó y afirman un no remoto parentesco con el hombre monstruoso que los abraza como a dos semejantes. Más que un ser humano parece un trozo de pedrusco y es el representante, por así decirlo, de la barbarie, de la España anclada en el pasado, de lo irremediable del peso de los siglos sobre España”. No contento con esto añade “¡Divino enano mortal, bárbaro animáculo que aún no llegas a ser un ser humano y lo eres bastante para que echemos de menos lo que te falta! Tú representas la pervivencia de un pueblo más allá de la cultura; tú representas la voluntad de incultura”

(Ortega y Gasset)

“monstruo de pesadilla, contrahecho, ridículo, espantable, con sus manos torcidas, manos de manco; una apoyándose en un enorme pellejo, y en la otra un jarro de barro, en que parece ofrecer el vino a todos los bebedores; vino de discusiones de reyertas, de pendencias, de crímenes. La víctima de la fiesta el cielo negro y de pesadilla, en que se destaca un viejo bárbaro cansado, con la lanza mirando al suelo; nuevo Quijote sin ideales que nunca conoció un día de gloria, y triste rocinante este viejo caballo, que produce pena y que parece ha de estar recorriendo estos viejos pueblos de España entra las rechiflas y el aplauso de un pueblo bajo y cruel”

(Gutiérrez Solana)

El 4 de mayo de 1861, un vecino de Lastras de Cuellar llamado Bernardo Gil Baca bautizó de urgencia con agua de socorro a un niño. Su retrato acabaría colgado de las paredes de una de las mejores pinacotecas del mundo, el Hermitage de San Petersburgo. Este niño también llegó a ser símbolo de una España que la Generación del 98 quería olvidar.

Ese día nació Gregorio de las Heras Arranz, hijo de Eusebio y de Juana, también naturales de este lugar. Los augurios no eran muy esperanzadores. Sin embargo, contra todo pronóstico sobrevivió. El niño padecía enanismo y presentaba deformaciones que le acompañarían y seguro le condicionarían toda su vida.

No sabemos mucho de la vida de Gregorio ni de su familia en Lastras. En Segovia vivía en la indigencia extrema en una cueva edificada por el mismo en la ladera del cementerio.

En los albores del siglo XX conoce al conocerá al pintor Zuloaga. Al parecer entabla una estrecha relación con el pintor durante su etapa segoviana, teniéndole a su lado mientras trabajaba y presentándole a personas que acudían a su estudio. Gregorio posa para el pintor en al menos dos cuadros.

El primero, titulado “El enano Gregorio el botero” le representa con dos pellejos al hombro, mangas de camisa y alpargatas, delante de las murallas de Ávila. En el segundo cuadro se ve al enano con Sepúlveda al fondo. Gregorio pasará a la posteridad, convirtiéndose en el modelo predilecto del pintor vasco.

Gregorio estaba muy unido a su madre y a su muerte desemboca en un alcoholismo y muere de hepatitis aguda a los pocos meses, en 1909.

El cuadro El Enano Gregorio el botero se había presentado en París en 1908, alcanzando un éxito inmediato. Los intelectuales de la época ponen su atención en la figura deforme y a la vez altiva de nuestro paisano. La generación del 98 no tuvo piedad de él y escogió a Gregorio como icono de la incultura y la barbarie de la España que querían dejar atrás.

 

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Venus y las tres gracias sorprendidas por un mortal (Jacques Blanchard, 1633)

13 Abril 2019


Jacques Blanchard (1600-1638) fue una figura prominente en la escena pictórica de París en la década de 1630. Formado en Lyon por Horace Le Blanc, se instaló en la capital francesa después de visitar Italia, donde había sido influenciado por el manejo de la luz y el color de los pintores venecianos hasta el punto de hacerse conocido en el “Tiziano francés”. Su trabajo también proporciona evidencia de una admiración por Rubens.

En su obra prevalecen los motivos profanos y mitológicos.

El evento mitológico referido por este trabajo altamente sensual aún no se ha identificado con precisión. Venus, diosa de la belleza y el amor, duerme al lado de su hijo Cupido; alrededor de ellos hay tres ninfas lánguidas reconocibles -por su número- como las Gracias, cuyos cuerpos voluptuosos resplandecen contrapuestos al terciopelo del dosel improvisado sobre ellos. La visión parece haber asombrado a un transeúnte humano, en una situación que recuerda el episodio en el que Acteón sorprendió a Diana bañándose: convertida en ciervo por la diosa enojada, el intruso fue devorado por sus propios perros.

Esta es una de las composiciones eróticas de Blanchard.


conversión del duque de Gandía (José Moreno Carbonero, 1884)

7 Abril 2019


El cuadro presenta la renuncia al mundo de don Francisco de Borja, marqués de Lombay y duque de Gandía, tras contemplar el putrefacto cadáver de doña Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, fallecida en Toledo el 1 de mayo de 1539. Su cuerpo fue conducido a Granada por expresa orden de la finada, sucediéndose en esa ciudad andaluza la escena que Moreno representa.

La belleza de la emperatriz cautivó a toda la Corte, especialmente al duque de Gandía, encargado de trasladar el cadáver a su lugar de enterramiento y entregarlo a los monjes. Cuando el féretro fue abierto y el duque contempló el cuerpo descompuesto de su señora, pronunció la famosa frase “Nunca más serviré a un señor que se me pueda morir”, ingresando años después en la Orden de Jesús, llegando a ser canonizado.

A la entrada de una cripta y al pie de la escalera que a ella conduce, aparece colocado el ataúd de bronce sobre un túmulo bajo, cubierto por un soberbio paño que ostenta bordada el águila imperial en los extremos; dentro del féretro está el cadáver de la que fue mujer de Carlos V, ya casi descompuesto.

El marqués aparece representado en el centro de la composición, inclinando su cabeza sobre un gentilhombre al que abraza. Tras estas figuras contemplamos a un canónigo mientras varios hombres y mujeres se pierden en la penumbra. La zona derecha está ocupada por el féretro, abierto por un hombre que se tapa la nariz para evitar el hedor. La emperatriz lleva las manos sobre su pecho y un velo blanco y vaporoso cubre parte de su rostro. Un niño mira al cadáver con espanto y a su lado, una dama se cubre la cara con las manos. Carbonero domina el dibujo y la reproducción fiel al tacto de las diferentes superficies, empleando una materia pictórica jugosa y suelta que recuerda a los grandes maestros del Barroco español. También llaman la atención los espléndidos retratos de algunos personajes, así como la correcta iluminación dramática que envuelve la cripta, penetrando por el ventanal visible en el lado izquierdo y por un foco ajeno a la composición. En el estilo empleado por Carbonero encontramos ecos de Pradilla.

Desde muy joven José Moreno Carbonero (1860-19642) destacó en el dibujo. Fue conocido como pintor academicista, también ejerció la labor docente como catedrático de Bellas Artes. Asentó su fama en los cuadros de historia, que fueron muy premiados en su tiempo y en el retrato, especialidad por la que fue muy solicitado por la familia real, la aristocracia y la burguesía.

Hizo hizo las ilustraciones en una edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en 1898.

La aventura que narra el cuadro, pertenece al capítulo VIII de la primera parte de “El Quijote”. Narra el momento concreto en el que choca con el molino.

“…Y, en diciendo esto y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante, y, dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante…”.


sleepwalker (Eric Fischl, 1979)

5 Abril 2019

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Eric Fischl (1948) es un pintor estadounidense. Uno de los principales exponentes de la que ha sido considerada como pintura posmoderna. También se le ha enmarcado dentro del neoexpresionismo y de bad painting.

Si bien sus primeras obras están cercanas a la abstracción, a partir de 1976 introduce elementos figurativos, derivando a finales de los setenta hacia un estilo realista de fuerte carácter expresivo, con influencia de Max Beckmann, Lucian Freud o pintores de la tradición naturalista norteamericana, como Winslow Homer, John Singer Sargento o Edward Hopper.

Las pinturas de Fischl muestran el impacto perturbador de lo trivial.

Sleepwalker (1979) tiene un niño masturbándose en plena luz del día fuera en una pequeña piscina de pie.

Un hombre joven se coloca en una piscina de plástico en un patio trasero suburbano, los hombros encorvados, con la mirada fija hacia abajo, el pene en la mano.

¿Es un sonámbulo o simplemente orina en la piscina?

Es frecuenten recurrir a la coartada de lo onírico para ejemplificar las más perturbadoras escenas. Y ésta lo es, pues el espectador accede como voyeur del onanismo. Aunque no sabemos quién es este chico, estamos empujados a su momento privado, quizás provocados por sentimientos de incomodidad, vergüenza, asco o compasión por nuestras comunes debilidades humanas.

El reflejo de su sombra en la piscina es inquietante…

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En “The Haircut” (1985) retrata a una joven desnuda, en cuchillas, con un espejo orientado al pubis que no vemos, con unas tijeras en la mano, se dispone a rasurarse el sexo.

Es otra escena cotidiana cargada de fuerte connotación sexual. Asistimos nuevamente como indiscretos voyeurs.

Las sombras son similares a las utilizadas en “Bad boy” unos años antes.


los borbones en pelotas (seudónimo Sem, 1868-1869)

2 Abril 2019

Carlos Marfori de pie atendido por Isabel II, quien a su vez recibe las gracias de su confesor. Otra escena representa a sor Patrocinio que está siendo masturbada por Luis González Bravo, primer ministro.

Los Borbones en pelota es el título de un álbum de láminas satíricas del siglo XIX agrupadas en escenas, pintadas a la acuarela, muchas procaces y hasta pornográficas.

Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano Valeriano, supuestamente fueron los autores del libro, escrito y dibujado en 1868-1869. Se trata de un libro de ilustraciones porno-satíricas firmado con el seudónimo “Sem”, con textos de Gustavo Adolfo Bécquer y dibujos de su hermano Valeriano Bécquer sobre los últimos tiempos del reinado de Isabel II.

Isabel II con su intendente Carlos Marfori. Fco de Asís. A la derecha espera un batallón de la guardia.

Estos dibujos suponen una durísima crítica en uno de los periodos más frustrantes de la Historia española, caracterizado por unos gobiernos que bailaban al son de una reina lujuriosa, caprichosa e imprevisible con un marido homosexual.

Isabel II fornicando con un asno.

Más información en:

https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/32/48/_ebook.pdf

 


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