el rostro de la guerra (Dali, 1941)

20 Mai 2017

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“El rostro de la Guerra” es una de las obras más impactantes, oscuras y representativas de Dalí.

Los acontecimientos que se desarrollaban en Europa, con el creciente dominio de los ejércitos del III Reich por todo el continente, obligó a la pareja formada por Salvador Dalí y Gala a buscar un lugar más tranquilo. Pocos años antes, habían escapado de la guerra civil española (1936-1939) trabajando en diversas partes del mundo y ahora, cuando el conflicto bélico parecía extenderse por todo el planeta, quedaban pocos países donde poder dedicarse exclusivamente al arte. De entre esos países, el que más atrajo a Dalí fueron los Estados Unidos, donde él veía infinitas posibilidades de seguir experimentando con su pintura y con su propia biografía.

Utilizando colores ocres y bajo un desolador paisaje se inspira en el trauma y visión de la guerra y muestra un cráneo decapitado en cuyo rostro es posible observar la angustia, el llanto y dolor y en cuyas cavidades orbitarias y bucal, se encuentran otros rostros de las mismas características que el anterior y con las mismas manifestaciones; a su vez, esos rostro también se encuentran ocupados por caras semejantes, en una imagen infinita de desolación, muerte e interminable sufrimiento causado por las consecuencias de la guerra. Es la idea de la guerra indisoluble de la muerte y la putrefacción en rostros deformes que se multiplican hasta el asco absoluto. Alrededor del rostro, se pueden observar serpientes agresivas, semejantes a cabellos, las cuales tratan de llegar a las cavidades ocupadas. Las extrañas manchas claras, abajo a la derecha, no son otra cosa que la huella de la mano de Dalí.

En el cuadro, la máscara de la muerte se destaca sobre un paisaje desértico, desoladamente vacío hasta el horizonte; las únicas presencias vivas son los gusanos y reptiles que se deslizan amenazadores.


lavabo y espejo (Antonio López, 1967)

19 Mai 2017

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“Lavabo y espejo” (1967) es la pintura hiperrealista de Antonio López más conocida. Esn su furor realista ha conseguido una obra donde el enigma y el misterio nace de lña propia representación de la realidad.

Aunque más que un cuadro parece una fotografía, están representados todos los objetos con un realismo extraordinario. Es una imagen objetiva, completa, refleja todos los detalles. El cuadro representa un interior, con mucha luz, con motivos y objetos que recuerdan otra época. El pintor reproduce lo próximo, sus objetos cotidianos, y la pintura los devuelve, pasados los años como reflejo de una época y de un modo de vivir.

Un frasco de colonia, una barra de labios, varios peines, una cuchilla de afeitar, tijeras, una brocha, jabón dentífrico, esmalte de unas, dos cepillos de dientes. Todos objetos personales para el aseo junto con un trapo sucio en el suelo.

Para concluir esta inquietante pintura el secreto mejor guardado; se trata de un autorretrato sin figura humana pues la sombra del pintor -y que ningún exporte supo encontrar- fue desvelada. Aparece el pintor de manera vedada, casi fantasmal.


La romería de San Isidro (Goya, 1823)

15 Mai 2017

Goya - La romería de San Isidro (1823)
En esta imagen contemplamos una procesión con extraños personajes, con rostros alucinantes, en un paisaje desolado e irreal. En el primer plano las figuras cantan y gritan para mostrarnos la alegría de la romería, apreciándose la procesión serpenteante entre los montículos del paisaje. La expresión grotesca y estúpida que Goya ha conseguido captar en las figuras de primer plano es lo más destacado de la composición.

Qué diferente es esta versión de la romería de San Isidro, el patrón de Madrid, que Goya pinta en el comedor de la planta baja de la Quinta del Sordo, de las escenas lúdicas que pintó en su etapa de cartonista para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. En aquellas se reflejaba el colorido, la alegría y el bullicio de un día festivo en el que participaba todo el pueblo de Madrid, en ésta se representa una procesión un tanto siniestra en la que los personajes avanzan hacia el espectador en tropel, cantando o, más bien, vociferando al son de los acordes que marca el guitarrista ciego.

El primer grupo de personajes que dirige la procesión, de rostros caricaturescos y expresiones desenfrenadas, posiblemente consecuencia de los efluvios etílicos que han sustituido al poder salutífero de las aguas de la fuente del santo, parecen ser mendigos seguidos por agricultores cubiertos con grandes sombreros de ala. Pero entre la turba destaca un personaje dispuesto en segundo plano, que capta nuestra atención con su mirada y que en su expresión recuerda a Napoleón, desterrado desde 1815 en la isla de Santa Helena, donde murió el 5 de mayo de 1821; las coincidencias cronológicas entre la muerte del emperador francés y la posible fecha de ejecución de las Pinturas negras hacen pensar que Goya conoció el suceso durante la realización de este conjunto.

A este grupo le siguen dos hombres embozados con sombrero de copa y dos muchachas que se cubren con mantilla, que por su atuendo parecen pertenecer a la misma burguesía acomodada.

Como en todas las pinturas negras, la gama cromática se reduce a ocres, tierras, grises y negros. El cuadro es un exponente de las características que el siglo XX ha considerado como precursoras del expresionismo pictórico.

En esta procesión en que se encuentran los sentimientos religiosos tradicionales, ligados a menudo a la superchería, con los profanos, que se suman a la celebración a través de la ingesta de alcohol, el Goya ilustrado critica la permanencia de estas costumbres que no contribuyen al avance social, sino más bien perpetúan el inmovilismo de una sociedad que concentra los privilegios en manos de unos pocos.

Esta obra muestra una visión de la romería hacia la ermita de San Isidro de Madrid totalmente opuesta a la que plasmó más de veinte años antes el mismo Goya en La pradera de San Isidro (1788). Si entonces se trataba de reflejar las costumbres de un día festivo de los habitantes de Madrid y proporcionar una vista bastante fiel de la ciudad, ahora la escena refleja un grupo de personajes en la noche, al parecer ebrios y cantando con rostro desencajado.

Goya - La pradera de San Isidro (1788)

La pradera de San Isidro es un  boceto pintado para una serie de cartones y tapices destinados a la decoración del dormitorio de las infantas. Con la muerte de Carlos III el conjunto del proyecto quedó inacabado, y el cuadro, previsto para medir siete metros y medio de longitud, quedó en un minucioso apunte.

El cuadro presenta en muy pequeñas dimensiones una gran sensación de espacio, pues en él aparece una gran masa de gente, que corresponde a la algarabía del día festivo. Este carácter se ve acentuado por la gama de tonos blancos, rosados, verdes y azules, salpicado aquí y allá por alguna pincelada roja para dar variedad en los vestidos de algunas de las pequeñas figuras.

Como cuadro costumbrista, tantas figuras reunidas muestran la idea querida por la realeza ilustrada (destinataria, al fin, del cuadro) de mezcla armoniosa de las diferentes clases y estamentos sociales.

 


Leda

13 Mai 2017

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El cisne en la sombra parece de nieve;
su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
el suave crepúsculo que pasa tan breve
las cándidas alas sonrosa de luz.

Y luego en las ondas del lago azulado,
después que la aurora perdió su arrebol,
las alas tendidas y el cuello enarcado,
el cisne es de plata bañado de sol.

Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
olímpico pájaro herido de amor,
y viola en las linfas sonoras a Leda,
buscando su pico los labios en flor.

Suspira la bella desnuda y vencida,
y en tanto que al aire sus quejas se van,
del fondo verdoso de fronda tupida
chispean turbados los ojos de Pan.

Autor: Rubén Darío

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Ilustraciones: Federico Beltrán Masses, “Leda y el Cisne”

A pesar de que Beltrán no era en absoluto un pintor académico y rara vez, si acaso, eligió temas históricos o mitológicos, quizás no sorprende que se sintiera atraído por la historia de la seducción de Leda por Júpiter disfrazado de cisne. Leda era una reina griega de Esparta y madre de Helen de Troya. La mitología griega cuenta la historia de cómo Zeus se enamoró de la hermosa Leda y, aunque estaba casada con el rey Tyndareus, el rey de los dioses la sedujo con el aspecto de un cisne. Como el pájaro elegante, Zeus cayó en los brazos de Leda buscando la protección de un águila depredadora que circunda encima; Ella acariciaba sus plumas mientras el pájaro le hacía el amor, seguido en la misma noche por Leda que pone con su marido. Como resultado dos hijos mortales nacieron de la Reina y dos semidioses – a menudo se dice que han nacido de los huevos.


dos desnudos femeninos en un paisaje (Otto Mueller, 1922)

30 Abril 2017

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Pintor expresionista alemán formado en la Academia de Dresde, fue el último de los pintores en incorporarse al grupo llamado Die Brücke (El Puente, 1905-1913). Este grupo fundado en Dresde por los estudiantes de arquitectura, Ernst Ludwig Kirchner, Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt-Rottluff, y a los que después se adhirieron Emil Nolde, Max Pechstein, Cuno Amiet, el fauvista Van Dongen y el propio Otto Mueller, declararon la guerra a la tradición decorativa y academicista del arte alemán, desarrollando el primer expresionismo alemán, que conoció diversos episodios estilísticos marcados precisamente por las expectativas artísticas en las que convergieron sus principales miembros. El movimiento extendió su influencia durante el primer tercio del siglo XX y se trasladó también a la literatura, el cine, la arquitectura y la música. Otto Mueller estuvo influenciado por el pintor Gauguin y por el escultor Lehmbruck. Sus cuadros son menos desesperanzados que los de sus contemporáneos expresionistas.

Mueller fue uno de los pintores expresionistas alemanes más líricos. El tema central de sus obras es la unidad de los humanos y la naturaleza, mientras que sus pinturas se centran en una armoniosa simplificación de la forma, el color y los contornos. Se le conoce especialmente por sus típicas pinturas de desnudos y mujeres gitanas.

El personal estilo artístico de Müller se pone de manifiesto en la representación de unos cuerpos femeninos de formas alargadas y angulosas, pintados con colores suaves y dotados de una ingenuidad muy sensual, no exenta de un cierto romanticismo.

otto-mueller-drei-badende-im-teich-1912Fue sin duda el artista que mejor supo reinterpretar y continuar con el primitivismo de Gauguin, a través de sus mujeres desnudas de facciones angulosas, cortantes y dibujadas por unas líneas negras rectas sobre fondos y paisajes naturales, esbozados pero verosímiles desde el punto de vista espacial.

El colorido suave y la sensualidad ingenua con que dota a las figuras femeninas consigue dar a las escenas un cierto aire erótico.

El propio Müller manifestó que su objetivo era expresar los sentimientos del hombre hacia la naturaleza con la mayor simplicidad posible, para lo otto-mueller-drei-madchen-zwischen-baumen-1925que se sirve de la bidimensionalidad y el resalte de los contornos de las figuras, imitando la pintura del antiguo Egipto.

En la representación de la naturaleza y los desnudos sencillos late un panteísmo y una búsqueda de la pureza que reivindica al pueblo y la etnia gitana.


mira que bonita era (Julio Romero de Torre, 1895)

26 Abril 2017

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Con esta obra de carácter impresionista se da a conocer Julio Romero de Torres oficialmente en la Exposición Nacional de 1895, en la que obtuvo una Mención Honorífica. La escena que inspiró este lienzo, fue un hecho sencillo y cotidiano: en el popular barrio de Santa Marina, murió una joven de quince años. Julio Romero de Torres la vio en el ataúd y decidió pintar a la joven muerta en la habitación rodeada de sus parientes.

La escena representa a una joven que yace muerta en su ataúd, rodeada de familiares, que lloran a su alrededor. La iluminación de la escena procede de una ventana situada a la izquierda, por la que también se asoma un muchacho desde el exterior de la estancia que curiosea intrigado este velatorio. Custodiando el féretro, se encuentran dos velas que parecen a punto de apagarse por el viento que entra a través de la ventana.

La obra es impresionista, no realista. Capta el dolor, pero no desolación, no hay en ella una estampación que confirme conciencia social del autor, es el observador quien debe hacer el esfuerzo. Sólo las velas aportan dramatismo y espiritualidad a la escena.

Pero esta conciencia social del pintor tardará bien poco en aparecer. Dos años más tarde pinta “Conciencia tranquila” y sólo cinco desde esta obra maestra que es “Mira qué bonita era” capta la desolación ante los momentos inmediatamente precedentes a la Muerte.

julio-romero-de-torres-horas-de-angustia-1900Horas de Angustia es un lienzo con contenido social. El siglo XIX termina con una gran crisis en el país, tras el desastre del 98 y la pérdida de las últimas colonias americanas y asiáticas. La injusticia social produjo en España una reacción en las clases más afectadas y en los grupos de intelectuales y artistas, que llevaron a sus plumas y pinceles respectivamente, temas referidos como denuncia social de una situación conflictiva.

La miseria humana y sus contrastes fue pronto recogida por el joven artista. Julio Romero de Torres realiza este cuadro dentro de la línea de la pintura social. La escena representa el dolor de una joven madre ante el humilde lecho de su hijo enfermo, que se debate entre la vida y la muerte. Obra de luminoso colorido y pincelada impresionista, la luz producida por un velón ilumina el lecho del enfermo, mientras que la figura de la joven permanece en la penumbra acentuando más la tristeza de la escena, sentada con la cara entre las manos esperando el triste desenlace.


Celestina (Picasso, 1904)

23 Abril 2017

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Antes instalarse definitivamente en París y abandonar la época azul, realiza Picasso este misterioso retrato del personaje, al que incorpora el detalle truculento de pintarla tuerta. El azul característico de este período refleja la tristeza y el sufrimiento, y representa el color de la miseria social

La anciana retratada por Picasso está sola, aislada y con la cabeza cubierta con un velo negro. Su mirada perdida, en parte por el defecto visual y en parte por la miseria moral y social que arrastra. Es la madame de un prostíbulo de Barcelona, Carlota Valdivia.

El personaje de Celestina pintado por Picasso es una mujer mala, cruel. Con su ojo sano, observa mientras su ojo ciego, parece lanzar maleficios.

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Dos años más tarde, Zuloaga pinta una mujer desnuda que se mira complacida en un espejo. Al fondo, dos mujeres. Probablemente una de ellas sea la alcahueta y otra -la más joven- una pupila que intenta captar.

En “La Celestina” (1906) recupera la memoria española y la figura de la alcahueta, a medio vestir frente al espejo y con un manto espectacular. El interior de la estancia recibe una radiación luminosa que aviva la sensualidad del desnudo. Prima el naturalismo.


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