propofol

21 Abril 2017

derriere-la-fenetre-1293x900
A Esteve Bosch de Jaqureguízar

Si fuera anestesista
dilataría tu hipnosis entre mis brazos
flirteando con tu sueño,
jugaría al escondite con la vigilia
abusando de tu cuerpo insensible.

Si fuera anestesista
me serviría de cualquier sedante
para enamorarte
y luego despertarte.

Si fuera anestesista
te reanimaría
suplicando al cirujano
te volviera a operar

Si fuera anestesista
expondría,
imprudente,
todo

experimentado
el pálpito de
ese instante no escrito
donde el mañana
puede desbaratarse.

Pero tú quieres follar despierta
y yo sólo soy un celador.

Autor: Javier Solé


la màquina de cosir

20 Abril 2017

lesser-ury-en-la-maquina-de-coser-1880

(A la meva mare Pilar Pàmpols Poquet, Barcelona, 1926-1993)

No puc deixar
de parlar
amb melangia
de la vella
màquina de cosir,
marca Singer,
que tenia

la meva mare
al nostre pis
del carrer
de la Cadena.
Ja fos d’hivern o d’estiu,
de dia o de nit,
la mare
sempre estava cosint,
cus que cosiràs,
hores i més hores,
la vida és dura
i els dies passen
en un tres i no res.
La vella màquina
a pedal,
enfilant l’agulla
i enllestint,
en un dit i fet,
vestits i abrics.
Fent un descans
sortia al balcó
per guaitar
si venia el pare
de la fàbrica,
tot dient-me:
-En aquella cantonada
van matar
El Noi del Sucre,
d’aquesta manera
m’ensenyava
coses de la vida…
Era un temps
que ja s’ha perdut
i si hom ho recorda
se li omplen els ulls
de llàgrimes,
tot pensant
en aquell infant
que no sabia
parlar correctament,
i a la màquina de cosir
li deia: miaca,
en aquells anys cinquanta,
quan el pare venia
de la fàbrica
de sifons i gasoses,
i, per a mi,
era la fiaca,
i no pujava al terra
sinó al ding-dang,
i els coloms eren tites;
i la meva primera escola
de l’Ajuntament,
al carrer de la Diputació,
i, per Nadal, fèiem el pessebre
a la classe de la senyoreta Maria,
i jo portava “el caganer”;
i venien el tres Reis d’Orient
i a les sabates em deixaven
carbó ensucrat i una espasa;
i l’escola del carrer Ponent,
on cantàvem el Cara al Sol;
i al Sant Ramon,
un maig florit,
feia la primera comunió…
Era un altre temps,
i tenia un cavall de cartró,
i tenia una bata a ratlles,
i tenia una gata grisa,
i tenia un castell de fusta
amb soldadets de plom,
i tenia un escut del Barça,
i tenia un llibre de missa,
i tenia la mà del meu pare:
i la vida tenia,
segurament,
un altre, però, noble
color.

On ha quedat
aquell món?

Autor: Ferran Aisa-Pàmpols

Fuente original:

http://vaixellblanc.blogspot.com.es/2013/07/pilar-pampols-poema-ferran-aisa.html

Ilustración: Lesser Ury, “En la máquina de coser” (1880)


el zurdo

18 Abril 2017

norman-rockwell-little-boy-writing-a-letter-1920
De niño,
en el colegio de monjas
aquella hermana abyecta,
bígama de Dios y Franco,
afirmaba que escribir con la izquierda
era obra del diablo.
Para erradicarlo
golpeaba las puntas de mis dedos
con una rígida regla de plástico.
Era su forma siniestra
de impartir bondad en la tierra.
Consiguió volverme diestro
sin sospechar quizá
que cada relámpago de dolor
en mis diminutas manos
no eran más que semillas
para convertirme de por vida
en zurdo.

Autor: Javier Vaya

Ilustración: Norman Rockwell, “Little boy writing a letter” (1920)


adicciones

17 Abril 2017

juan-nepomuceno-01
Mis amigos
están preocupados porque dicen
que paso demasiadas horas
mirando el móvil

No quiero ni pensar
cómo reaccionarían
si supiesen
que estoy leyendo poesía

Autor: Cysko Muñoz

Ilustración de Juan Nepomuceno


riña entre don Carnal y doña Cuaresma (Brueghel, 1559)

16 Abril 2017

Brueghel - riña entre Carnaval y Cuaresma (1559)
Según parece, la palabra carnaval proviene del latín carne levare y quiere decir “abandonar la carne”. Se hace referencia así a los atracones previos al periodo de cuaresma, que tenían como plato principal la carne (en sentido más amplio posible, comida y sexo). El carnaval era puro exceso, la excusa perfecta para cebarse, emborracharse y conocerse antes de consagrar los cuerpos al ascetismo obligado de la cuaresma.

El cuadro representa una fiesta popular del campesinado en una plaza de una ciudad flamenca, en concreto la batalla o combate entre el Carnaval y la Cuaresma, a modo de parodia.

Brueghel, campesino y burgués, católico y libertino, humanista, filósofo, satírico, paisajista fue  un pintor de género que retrataba escenas de la vida diaria tratadas desde perspectiva realista. Los temas escogidos son la calle, las tabernas, la vida familiar, excursiones campestres y las fiestas.

En pleno siglo XVI no decoró altares, ni iglesias ni palacios, sino que pintó para los amigos y coleccionistas de la época. Estuvo considerado como el pintor de los campesinos cuidando el más pequeño detalle anatómico en las costumbres y en los gestos.

La obra presenta el contraste entre dos aspectos de la vida: una posada en el lado izquierdo, para el goce, y la iglesia a la derecha, para la devoción.

La riña se puede apreciar en primer término, con la figura de Carnaval, de complexión gruesa, montado sobre un tonel y armado con un espetón del que prenden un pollo y la cabeza de un cerdo, y la Cuaresma, de aspecto escuálido, con un panal de abejas sobre la cabeza, sentada sobre una silla de iglesia que colocada sobre un carro del que tira un monje y una monja, y empuñando una pala de panadero con dos arenques. No es casualidad que los diferentes alimentos, tanto de uno como del otro contrincante, simbolicen las diferentes comidas habidas en una y otra época del calendario litúrgico.

La ubicación de esta escena tiene lugar en la plaza de una localidad flamenca donde, además, se pueden apreciar a una muchedumbre compuesta por los más diversos y variopintos miembros de la sociedad flamenca: comerciantes, feligreses en una procesión, niños jugando, mujeres en sus quehaceres domésticos y otra serie de individuos de las más diferente condición. Uno de estos grupos, que entre la multitud pasa un tanto desapercibido, es el que está compuesto por un conjunto de mendigos lisiados que, al igual que el resto de la población, se encuentran celebrando el festejo. En la taberna hay borrachos y delincuentes.

Brueghel - riña entre Carnaval y Cuaresma (1559) detalle 01El señor Carnaval que pinta Brueghel es un barrigón feliz montado a horcajadas en un barril de vino, con los pies apoyados en unos estribos-cazuela. En vez de casco, lleva un pastel de ave en la cabeza y su lanza es un espetón en el que se ensartan una cabeza de cerdo, un pollo, pedazos de carne y salchichas. En el frente del barril ha clavado una chuleta de cerdo y lleva a la cintura una bolsa con cuchillos. Lo más probable es que se trate de un carnicero, que eran quienes proporcionaban la materia prima para estas festividades. Detrás de Carnaval y de su comitiva, podemos ver a una mujer cocinando gofres en una hoguera.

La comitiva que sigue al Carnaval es de lo más pintoresca. Todos ellos van disfrazados, como mandan los cánones, con esas máscaras que les permitirán “pecar” de forma más o menos anónima. El último de la fila es un niño pequeño que lleva en la cabeza la corona de papel que le tocó en el roscón de reyes  y una butifarra.
A diferencia del señor Carnaval, la Cuaresma es una señora rancia y reseca vestida de monja. Lleva en la cabeza una colmena, símbolo de la iglesia, y su lanza es una larga pala de panadero con un par de arenques. En el carro en que va montada, del que tiran un fraile y una monja, transporta alimentos típicos de la cuaresma: panes, pretzels y mejillones. Y su comitiva no está formada por una panda de borrachos, sino por unos niños muy formales y educados que tocan la carraca.

En las puertas de la iglesia la crítica social a la nobleza queda representada por el típico ricachón que sale de misa va repartiendo limosna entre los pobres y los enfermos que esperan a la puerta de la iglesia.

Para conocer el significado alegórico de esta obra consultar:

http://symbolos.com/carnavalcuaresma1.html

 


el Cristo de la sangre (Zuloaga, 1911)

14 Abril 2017

zuloaga-el-cristo-de-la-sangre-1911-la-hermandad-de-la-crucifixion
Zuloaga, aunque vasco, estuvo muy vinculado a las tierras de Castilla, especialmente a Segovia y a Ávila. Su pintura tenebrosa recogía elementos reales (rostros auténticos y el paisaje castellano) para aunarlos con elementos simbólicos y con ciertas dosis de religiosidad mística. El resultado es una pintura austera, algo adusta, que llega a ser casi trágica.

Este es el caso de “El Cristo de la Sangre“. Zuloaga encuadra la escena en un marco de paisaje castellano, en el que aparece al fondo la ciudad amurallada de Ávila. El pintor elige las tonalidades oscuras y azuladas propias del crepúsculo, que aumentan el dramatismo del momento.

La escena está presidida por un Cristo barroco, con la cara cubierta por la cabellera de mujer que solía ponerse en algunas de estas imágenes para aumentar su realismo. En el extremo izquierdo del cuadro, un enjuto clérigo como los que en la época abundaban en los pueblos castellanos, lee su breviario. El resto de la escena está compuesta por campesinos metidos a cofrades, que portan grandes cirios y aparecen en diversas actitudes devotas. El contraste viene dado por una figura casi central con una gran capa roja. Su cromatismo contrasta vivamente con los apagados colores del resto de la obra. Su color rojo capta enseguida la mirada del espectador, que rápidamente relaciona la sangre del Cristo con la destacada capa roja. 

La composición es espléndida; es una escena llena de realismo y misticismo. Realista es por la presentación de las figuras delgadas y de expresión seria en su papel de sacerdotes que presencian el acto de la crucifixión. El acomodo disperso de las figuras rompe con los esquemas más tradicionales de composición, pues un hombre observa de frente al espectador mientras otros dos a su derecha alzan su mirada en presencia de Cristo. El cuadro representa el misticismo de la religiosidad española, con su figura del Cristo lánguido y con cuerpo ensangrentado que recuerda a las procesiones de la Semana Santa. Por esta razón, la obra de Zuloaga se entiende como un emblema de la reflexión sobre la esencia española, que fue una constante en la obra de artistas contemporáneos conocidos como la “generación del 98”.

Su visión de la realidad es dura, bastante crítica. Una España dominada por una religiosidad antigua, que sólo conduce a la sumisión y la pobreza. Una España -Castilla, su “esencia”- anclada en el pasado -Ávila al fondo, patria primera del misticismo de Santa Teresa y un pueblo inculto, dominado por la iglesia.

El conjunto es un retrato muy realista de la Castilla profunda. Los rostros que retrata Zuloaga son personajes del mundo rural, que precisamente se caracterizan como campesinos por su piel. Una piel morena, expuesta al sol de tantas siegas, en la que podemos apreciar unas arrugas profundas en cara y cuello.

Es un estilo sobrio, conciso, sin retórica, con contenidos críticos y un ansia de renovación, lleno de tristeza. Pero que en su modernidad remite al clasicismo, hay ecos de Velázquez y El Greco.

Los colores sombríos que elige Zuloaga no son casuales, sino también simbólicos: indican el crepúsculo de un país decadente y preso por su falta de apertura al mundo.


Eva o el pecado original

12 Abril 2017

alexey-golovin-green-apple-2014
Nada fue como dicen.
Yo descubrí mi cuerpo mojado en la maleza
y lo empecé a palpar.
Era mi cuerpo solo el que se hinchaba
inflamada mi vela.
No supe qué corría por mi vientre
trepaba hasta mi pecho
enceguecía.
Tuve miedo y grité
tuve miedo y rodé por la maleza.
Era fuego era sangre era lava de volcán
era espejismo.
No supe qué pasaba y tuve miedo
pero dejé rodar mi cuerpo y la llovizna
y algo estalló vibrante quién sabe en qué recodo.
Después dormí tranquila
un tiempo inexplicablemente largo.
Después quizás llegara Adán pero ya no lo vi
otra vez la llovizna humedeció mi cuerpo
y me sentí gritar.

Autor: Odette Alonso

Ilustración de Alexey GOLOVIN, “Green Apple” (2014)


%d bloggers like this: