antepasados huéspedes

18 Juny 2017


Todos los caminos
han conducido a mí.
El idilio de las abuelas
y las lluvias sobre los estanques
en las lejanas mañanas perezosas.
Las indiferentes ruecas
de pasadas primaveras marchitas
y el viento entre colinas
golpeando el atardecer.
Las anchas fauces olvidadas
exhaustas ya de tierra madre
desorbitadas total
exangües de silencio y espera.
Aquel que preguntó
el otro que no fue bien amado
ese que rudamente habló a Dios
y todos estos que en legión
más cercana y antigua
sorbieron la humilde gota misteriosa
que nos es ofrecida
por incumplidos cauces de promesa y de sangre.
Estáis allí
atónitos huéspedes
de cada primavera
en desvanecimiento convertidos ya
absorbidos en el puro eco
sin respuesta de mis manos
contemplando el mundo
y los enamorados de abril.
¡Ah hermanos…
hermanos míos en la muerte…!
Sagrados emigrantes hacia la orilla de los Cielos
sobre mi corazón resbaláis hondamente
como los ciervos moribundos al caer en la nieve.
Millones de días como éste
sin sentido reposan en ceniza
y mis sueños sonríen quedamente
deslizados por vuestros ríos secos.
Los pinceles del sol han esponjado tierra
y de vuestra savia una sabiduría extraña
su zumo ha cimentado
para nuevas mañanas con cuello de muchacha
y flores de gacela.
Habéis conducido a mí…
mas yo soy el que canta
yo sólo… sí… yo sólo…
que contengo un otoño bajo mis suelas rotas
de vagabundo dios de las bodegas.
Han desaparecido las nubes
y diviso las primeras estrellas
de los rojos equinoccios de marzo.

Autor: Miguel Labordeta

Ilustración de Albert Bertelsen


sol ardiente de junio (F. Leighton, 1895)

17 Juny 2017

frederic-leighton-sol-ardiente-de-junio-1895
Frederic Leighton (1830 – 1896) es una de las figuras más destacadas de la escuela inglesa, a menudo sus obras se han incluido en el grupo de los Prerrafaelistas por su estilo clásico y el dominio de la línea. Sus composiciones. No obstante, van mucho más allá del dibujo, el color en la obra de Leighton es el componente principal del lienzo y con él articula toda la composición. Nacido en el seno de una familia adinerada, Leighton recibió una esmerada educación artística. Influyó de manera notable su viaje a Italia donde conoció las obras de los grandes artistas renacentistas. El clasicismo es una seña de identidad en la pintura de Leighton.

Sol ardiente de junio es una de sus obras más destacadas. En él, recrea la figura de una mujer que duerme plácidamente. Esta belleza femenina desprende erotismo a través de gestos sencillos y reposados. La sutileza y la sensualidad en una magnífica composición que hechiza al espectador.

La joven recuerda a las famosas venus clasicistas que los autores representaron desde la antigüedad y que artistas renacentistas retomaron en un sinfín de lienzos. La joven duerme en una complicada postura encogida en un sillón, su vestido anaranjado se pliega una y otra vez pegándose a su cuerpo y mostrando al espectador su anatomía como si de una escultura griega de Fidias se tratase. El naranja de su vestido contrasta con el cielo azul de la zona superior. Su modelado es blando y la luz brillante y sencilla se difumina por toda la escena.

La atención del espectador es captada inmediatamente por el color naranja vibrante que Leighton utilizó para representar el ropaje semitranslúcido de una mujer dormida.

El ropaje translúcido, tanto revela como oculta el cuerpo de la modelo, y su color naranja vibrante la vuelve más sensual

La joven que duerme plácidamente transmite calma y serenidad, pero también provoca un cierto desasosiego al contemplar las curvas que se insinúan pero que Leighton no hizo visibles. Aunque este desasosiego proviene también de esta sabiduría del pintor para exponer en el mismo lienzo una simbiosis de eros y tanatos. A nadie le es ajeno que esta duermevela de la mujer es una alegoría de la muerte. Era frecuente en esta época pintar a jóvenes dormidas o semidormidas que parecen representar la idea de la muerte, bien visible por la adelfa que está situada junto a la joven.

Frente a un mar brillante en la línea de horizonte, una flor de adelfa se encuentra en un parapeto arquitectónico de inspiración clásica, que se cierne sobre la cabeza de la mujer. La adelfa es una flor venenosa, que fue tema popular para los poetas de la época victoriana. Leighton tenía una condición cardíaca -angina de pecho- cuando estaba pintando “Sol ardiente de junio”.

Varios historiadores del arte han sugerido que la adelfa indica que Leighton estaba muy consciente de su inminente muerte. Otros han sugerido que indica los peligros del enamoramiento de un hombre con una mujer no disponible o una femme fatale.

Para Sol ardiente en junio posó su modelo preferida una joven llamada Dorothy Johns que era considerada una de las mujeres más bellas de la sociedad londinense por su piel aterciopelada, la belleza y dulzura de su rostro y su bella figura.


laberinto

16 Juny 2017


Sobre la losa del estanque
la nieve echa raíces, aposenta
sus zapatos de vidrio y muerde
con sus afilados dientes
al frío terciopelo de la tarde.
Protegidos bajo el palio del sol
viaja un colegio de pájaros de invierno;
sus sombras, carbones liberados
del oscuro silencio de la tierra,
quedan petrificadas sobre el hielo
y se graban, en el marmóreo cuerpo del estanque,
las huellas dactilares de la noche.
Se doblega la tarde cediendo territorio
al enemigo y el viento
va afilando el cuchillo vidrioso
de sus labios, borrando lentamente
el débil maquillaje en el rostro del sol.
Perdido en la maleza
siente la puñalada de la noche sembrando confusión
en el itinerario de su sangre,
se sabe herido al sentir el cuchillo
y se apresura a abandonar el laberinto.
Bien sabe él que hace tiempo se cerró la salida.

Autor: Hilario Barrero

Ilustración de Odd Nerdrum


pesadilla

15 Juny 2017


“En algún momento
las pesadillas soñaron
que eran sueños”

(Isabel Alamar)

Esta madrugada
he tenido una pesadilla

con un instante insensato
de felicidad.

El cuerpo sin vida
permanecía en el pasillo.

Es una imagen
anclada en mi memoria
los días y las noches
durante nueve meses
cuarenta semanas
doscientos ochenta días
calcula tú
las horas los minutos o los segundos
de este infierno.

Alguien anuncia que no está muerta
y ella se levanta de la cama.

Es absurdo,
carece de la más mínima lógica.
Es,
además,
imposible

pero a las cinco veinticinco
de la madrugada
era real.

Me he incorporado
lleno de júbilo
incluso la he tocado
y no estaba fría.

Unos segundos
más tarde
el silencio de la casa en ruinas
me ha restituido
la verdad.

Si hubiera vuelto
ellos le exigirían regresar
no más tarde de la medianoche.

No sé que hacía yo
desvelado y agitado
con un zapato en la mano.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Louis Janmot, “Poème de l’âme” (8) Cauchemar


palabras baldías

14 Juny 2017


Cuando vivía en la tribu qué fácil
conseguir el agua que saciara mi sed
pero ahora
anacoreta en medio del desierto
sin agua
recorro kilómetros y kilómetros
de pensamientos baldíos
para encontrar
una sola palabra
una única palabra
que sacie mi sed.

Autor: MJ Romero Nicieza

Ilustración de Brooke Shaden

Fuente original:

http://www.portaldepoesia.com/Biblioteca/MJ-Romero-De-Ciudad-Blonde.htm


Beatriz Orieta maestra nacional (1919 – 1945)

13 Juny 2017


Los niños corren y saltan a la comba.

Beatriz Orieta pasea junto a Dante
sorteando los pupitres
en medio del camino de la vida…
Tiene litros de frío mojándole la espalda.

Apenas pueden nada contra él
los míseros tizones del brasero oxidado.

Entran al aula los gritos infantiles,
huelen a tos y a hambre.

Algunas veces,
Beatriz Orieta casi no contiene
las ganas de llorar
y mira las caritas sucias afanándose
en recordar las tildes de las palabras llanas.

Prosigue Dante todo el día musitando
en el oído de Beatriz Orieta
…amor que mueve el sol y las estrellas.

Ella siente de veras
que otro mundo la mira
al lado de este mundo gris y parco.

Contra el lejano sol
del lejano crepúsculo
dos amantes se miran a los ojos.

Beatriz Orieta está
apoyada en su hombro.

Los álamos susurran las palabras de Dante.

Los amantes son túneles de luz
a través de la niebla.

Los besos, amapolas
de un cuadro de Van Gogh.

Pasa el invierno lento como pasa un poema.

Pasan el frío andrajoso, la fiebre y el esputo
y toman posesión del blanco cuerpo
igual que las hormigas invadiendo
esas migas de pan abandonadas.

Sesenta años después, entre las ruinas verdes
leo un descanse en paz envejecido
sobre la tumba de Beatriz Orieta.

El silencio es de mármol.

El silencio
es la respuesta de todas las preguntas.

Unos metros más lejos, hace sólo dos años
yace también el hombre
que, apoyado en el hombro de Beatriz Orieta,
dibujó un corazón sobre un tiempo de hiel.

¿Qué más puedo decir?

Que la vida separa a los amantes
ya lo dijo Prévert.

Pero a veces la muerte
vuelve a acercar los labios
de los que un día se amaron.

Autor: Raquel Lanseros

Ilustración: Laurits Andersen Ring, “Lundbyes bænk ved Arresø” (1899)


el lago

12 Juny 2017


La falta de circulación
evita que sea un río
de cisnes suspendidos.
Entonces sólo puede ser un ojo
fuera del tiempo
que al dilatarse
crea ciudades.

Autor: Cristina Peri Rossi

Ilustración: Ferdinand Hodler, “the lake geneva from chexbres” (1898)


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