la casa de los fresnos

19 març 2017

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A esta casa llega, a veces, el viento.
Llega lo inacabado, llega el tiempo, y la espera,
y el reloj inútil, y el alma de los campos, y llegan
las montañas y el silencio indeciso de la nieve,
y el barro y la madera, llega
la memoria, amada, llega
la memoria.

Esta casa, la de los fresnos
y de las lluvias,
tuvo en su arquitectura, mucho antes
de ser teja y ladrillo,
un padre soñador de sueños rotos,
tuvo
la lectura primera de Madame
Bovary en noches de verano de finales
de los años ochenta, tuvo
novelas inconclusas, poemas
no acabados, pájaros, cemento,
un huerto muy precario
y pequeños erizos sobre la hierba seca
en las noches de agosto en que los hijos
descubrían el mundo y bebían la niebla.
y eran niños y a veces nos hacían
tan niños como ellos.

Esta casa
es la casa de las tormentas y del olor a tierra
mojada y a rastrojo, es la casa
de la memoria enferma de la madre,
la de las moras ennegrecidas
de setiembre. La casa de los caminos
y de los montes ocres, del endrino
cuyos frutos morados
hablaban del invierno
en las puertas de octubre, cuando el frío
era sólo sospecha.

Es la casa
que soñó mermeladas y hortalizas
en veranos remotos, la casa
del níscalo y las lluvias tardías de noviembre,
de las noches al fuego, del fuego
y de las brasas, de la mesa
camilla y del brasero.

Esta casa,
la casa de los fresnos
es la casa de las orugas del color de las hojas,
la del porche vivido
en las noches de julio de mariposas calcinadas
en la vieja bombilla.

La de la leña
cortada, la del aroma
de la arizónica y del cedro, la de los pájaros
que inauguraban
la mañana de abril y los asombros
del hijo que descubre
el aire y sus olores
y la sombra del águila en la altura,

Casa de las celebraciones y de las tardes lentas,
del jardín alfombrado de hojarasca.
Mi casa. La casa. Nuestra casa.

Autor: Manuel Rico

Ilustración: Heinrich Hermanns, “casa de campo con tejado de paja y pollos”


tertulia (Ángeles Santos, 1929)

18 març 2017

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Cuatro mujeres modernas de cuerpos estilizados, se relajan en una salita, leyendo y fumando, cada una a lo suyo, sin comunicarse entre sí. El cuadro es opresivo y claustrofóbico, apenas hay espacio alrededor de las figuras, que quedan comprimidas dentro de los límites del lienzo.

La primera está recostada. Tiene los brazos apoyados sobre el lateral del sofá. En la mano izquierda sostiene un cigarrillo encendido. Lleva un suéter rojo y ajustado y una falda tubo negra hasta la rodilla. Entorna los ojos con mirada ausente. El cabella, oscura, espeso y ondulado. Enfrente de ella y en el suelo, la segunda mujer sostiene en su mano izquierda un libro abierto sin escritura. Parece coma si recitase. La tercera tumbada en el sofá, con las piernas colgando, mira desafiante al espectador. La cuarta, en primer término a la izquierda, está sentada sobre un taburete.

En 1920 José Gutiérrez Solana pintaba su famosa La tertulia del Café de Pombo, inscrita en el peculiar estilo expresionista del pintor. Nueve años después, Ángeles Santos llevaba a cabo su propia Tertulia, en las antípodas del trabajo de Solana. Frente al hieratismo y la rigidez de los personajes del artista madrileño, las cuatro figuras femeninas protagonistas del lienzo de Ángeles Santos parecen retorcerse en un movimiento sinuoso que impregna toda la composición, de la que emana una casi «palpable» sensación de misterio. De manera espontánea, sin apenas contacto con los medios de difusión de las corrientes artísticas europeas más novedosas, la autora ha asimilado y reflejado aquí los principios de la Nueva Objetividad, hasta el punto de que la frialdad y el magnetismo de las imágenes de Tertulia podrían compararse a las de algunas creaciones de los pintores adscritos al movimiento alemán, como las incluidas en el Autorretrato (1927), de Christian Schad, o el Retrato de la periodista Sylvia von Harden (1926), de Otto Dix.

 


los cazadores

17 març 2017

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Son la peor noticia del otoño.
Irrumpen con sus modos descarados
y un sonido metálico en los cintos
hacia todos los santos. Con sombrero,

chaqueta verde o caqui, botas altas,
fuman entre la niebla que la aurora
no se atrevió a desbaratar, o ríen
en pie junto a sus armas. Rara vez

detienen el motor del automóvil
y a su lado los perros, tensos, gimen.
El día entero, hasta la última luz,

Oiré los disparos y las voces,
su ansia y su camaradería. Tanta
vida destemplará mi soledad.

Autor: José Ángel Cilleruelo

Ilustración: David Alexander Colville, “Dog, boy and St. John River”


el violinista del Titanic

16 març 2017

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El vigía no vio el hielo.
El capitán no vio el peligro.
El armador no vio las prioridades.
La primera clase no vio a la tercera clase.
El radiotelegrafista no vio respuesta.
Lady Rothschild no vio su estola.
Los maquinistas no vieron el cielo.
Pero el violinista, ah, el violinista
lo entendió todo de repente;
reunió en la cubierta al resto
de la pequeña orquesta
mientras hombres y mujeres
que creyeron tenerlo todo comprendieron
lo desnudos que estaban ante la tragedia
y tocó,
tocó como nunca había tocado,
tocó para él,
tocó quizás para alguien que en vano
le esperaría entre las brumas
de un muelle apretando los puños,
y se ahogó con la muerte en el gélido mar
del cruel abril de mil novecientos doce.
De ese modo te quiero:
inmune al miedo y al frío,
mientras el mundo se desmorona en torno nuestro,
sin esperar que nadie me rescate,
dándote la música de mi alma
hasta que el agua me llegue al cuello.

Autor: Pedro Flores

Ilustración: Rob Graafland, “amantes” (1915)


radiografía del miedo

15 març 2017

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A Karmelo C. Iribarren

Todos
alguna vez
hemos mirado debajo de la cama
dentro del armario
o detrás de la puerta
en busca de un monstruo
que nunca apareció

en el fondo
deseábamos
que estuviera ahí
poder nombrarlo
darle forma
luchar contra él
con todas nuestras fuerzas

pero nunca estaba

eso sí que daba miedo

Autor: Itzíar Mínguez

Ilustración de igor morski


noche nupcial

14 març 2017

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El lado oscuro de la luna
rocía el tálamo.

Es la mortaja
de una virgen
vestida de níveo.

Los padres tiznados de negro,
los ojos del novio pizarra.
La cómoda con el ajuar
un sepulcro en el salón.

Brotan del panteón flores vivas.
Del cuerpo muerto
emergen coágulos enamorados.

Nacerá un esqueje y sobrevirá bastardo.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Caravaggio, “la muerte de la Virgen” (1606)

Se trata de una obra trascendental dentro de la historia de la pintura. El tema sagrado se ha despojado de todo manierismo e irrealidad. Los personajes se representan según modelos del natural, personas del pueblo, y se iluminan de manera tenebrista. Representa de manera realista el dolor de la pérdida de un ser querido. En este sentido, se acerca al tratamiento que pintores de la Reforma como Rembrandt dieron a los temas religiosos.

La obra fue la más escandalosa de la carrera de Caravaggio, y su leyenda se ha visto acrecentada a lo largo de la historia del arte. Los censores de Caravaggio se explayaron en toda clase de críticas y la obra fue instantáneamente rechazada por los clientes. El encargo provenía de la iglesia de Santa María della Scala, de Roma. Se consideró que el tratamiento de la divina figura de la Virgen era poco menos que herético por su falta de respeto. Estaban ofendidos por el tratamiento de la historia sagrada.

Las figuras casi tienen tamaño real. El centro de atención del cuadro es la figura de la Virgen María, representada de manera muy parecida a una mujer del pueblo, sin atributos místicos, evidenciándose su santidad sólo en el halo. No representa una asunción sino su muerte, el alejamiento del dogma de fe es evidente. Casi un desafío. Hay tanta crudeza en la escena, tanto desconsuelo, tanta verdad humana, que horrorizó a quienes prometían el tránsito a la otra vida.

Caravaggio pintó una mujer desmadejada, casi flotando sobre el lecho de muerte, con el cabello desordenado, el vientre hinchado, las piernas descubiertas sin pudor y la piel verdosa, sin el aura celestial que se atribuía a las figuras sagradas. La figura está tratada con gran realismo, su mano cae sin vida hacia el suelo y su encarnación es pálida y enfermiza.

muerte-de-la-virgen-caravaggioA su alrededor, los discípulos se agrupan en corrillos informales llorando y comentando la muerte de la Madre de Cristo. Magdalena llora desconsoladamente con el rostro entre las manos. Los Apóstoles, a su alrededor, también se muestran entristecidos, pero no mediante expresiones exageradamente emotivas, sino ocultando los rostros.

La escena transcurre en un ambiente humilde. Los colores son muy oscuros, con los únicos toques luminosos del rojo de la ropa de la muerta y un gran telón rojo que pende por la parte superior del lienzo, motivo usual en un cuadro fúnebre.

La composición es de una fuerza expresiva muy especial, enfrentando las dos diagonales que forman el cuerpo de María, en el vestido rojo, y el paño del cortinaje en el mismo color. Entre ambos destellos cromáticos se recogen todas las expresiones de dolor y desconsuelo en los rostros y los gestos de los apóstoles. Pese a las críticas, Caravaggio realizó un poético retrato de la muerte, en su presencia más cruda entre los seres queridos de la difunta, que apenas pueden reaccionar por su pérdida.

La representación de la Virgen es tan polémica como la leyenda que existe alrededor de la modela. Según parece Caravaggio se había basado en una mujer joven, prostituta, ahogada en el Tiber.

La leyenda nace justo aquí. Aquellos días apareció flotando en el Tíber una prostituta que se decía que mantenía relaciones carnales con un poderoso cardenal. Nada del otro jueves en esa época, pero un asunto feo, a fin de cuentas. Pero esa mujer ¿se había suicidado? ¿La habían asesinado? Es una historia que nace con fuerza, tan interesante y apasionante, pero de la que no puede decirse mucho más, porque todo serán especulaciones y tenemos pocos datos fiables o documentados sobre ese crimen, si fue tal.

¿Pintó Caravaggio a esa prostituta desgraciada? ¿Es cierta la leyenda? Podría ser cierta una parte, la que dice que Caravaggio pudo ver el cuerpo recuperado del río y su memoria retuvo lo que vio, para pintarlo después. Es muy posible: la tez pálida, el vientre y las piernas hinchadas… Pero añado, acto seguido, que muchos sostienen que la Virgen María de este lienzo es Maddalena Antognetti, Lena. Lena era o había sido o seguía siendo, en efecto, prostituta, pero en esa época era la pareja de Caravaggio y se había convertido en mujer de un solo hombre. Tenía un hijo y hay quien osa afirmar que era hijo del de Caravaggio. Lena es la Virgen María en La Virgen de los Palafreneros y aparece en otras obras del pintor.

Haciendo las veces de María Magdalena, la que llora en el rincón, aparece otra vieja conocida, Annuccia, o Anna Bianchini, también prostituta, que repite personaje (véanla en su Magdalena penitente) y que había hecho de Virgen María (Descanso durante la huída de Egipto). También tenía un hijo, al menos. ¿También de Caravaggio?


canino

13 març 2017

david-alexander-colville-dog-and-groom
He salivado como un perro
–descendiente de Pávlov
con la boca repleta de moscas–
todas las veces que asoma y procura un encuentro.
Me he saltado todas las señales de STOP!
con el objetivo de que un coche me estampe hacia la izquierda
y volar.

He llamado al sol infierno y al calor autoestima.

He cortado la piel que me sobra de la oreja
para sentirme un poco más usado.

Escucho por placer el ritmo de otros testículos

golpeándome

y bailo

ti-ro-te-a-do.

Autor: Cristian Alcaraz

Ilustración: David Alexander Colville, “Dog and Groom”


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