fantasía sobre Fausto (Marià Fortuny, 1866)

23 Setembre 2017

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La pintura representa el momento en el que el músico está interpretando al piano la obra la Gran fantasía de Fausto inspirada en la ópera Fausto de Charles Gounod en una velada que tuvo lugar en casa del pintor Francisco Sans Cabot.

La escena se divide en dos partes, la terrenal o parte inferior donde se encuentra el músico tocando al piano y junto a él dos pintores está tratada con el máximo detalle, tanto de personajes como de los objetos que la componen y en colores oscuros. En la parte superior y empleando una diagonal de colores mucho más luminosos, aparece la parte de fantasía, donde entre unas nubes asoman Mefistófeles vestido de rojo cortejando a Marta para distraer la atención de Margarita, que se adivina sutilmente al fondo junto a Fausto.

El desorden de las partituras que rodean a Pujol en el suelo evoca la arrebatada ejecución del músico, capaz de hacer imaginar a sus oyentes la escena del jardín. En ella, Mefistófeles, que da el brazo a Marta, se vuelve con vivacidad, en el centro de la composición. Su movimiento, de gesto teatral, se acentúa por el vuelo de la capa, y la instantaneidad de su presencia viene acentuada por el vuelo bajo de un búho de color blanco.

El colorido empleado es algo apagado por la moda masculina de la época, muy seria y austera, mientras que en la zona de la fantasía la gama cromática se hace más alegre y variada. Precisamente, para separar ambas zonas utiliza una clara diagonal, además del diferente colorido al que ya hemos aludido.


pido la luz y la insolencia…

22 Setembre 2017


Pido la luz y la insolencia: pido
la claridad, la certidumbre de los hechos
con parecido empeño al que asumiera
Blas de Otero al pedir la paz y la palabra.
En esta calle oscura, en esta latitud
que al lado de mi casa tiembla a veces,
en el precario territorio donde el tiempo señala
la frágil densidad de los proyectos
de vida, tiendo mis años como alfombras
y pido la luz y la insolencia.
Cerca,
otras vidas extienden sus alfombras
ajadas, su piel rota, su mirada
como un pozo sin agua, como un pozo.

Autor: Manuel Rico

Ilustración: Amalia Avia, “Calle Recoletos”


ensayo sobre el mirlo

21 Setembre 2017


Oh mirlo, cántame un lay hermoso
ALFRED TENNYSON

Soy un mirlo al que le han arrancado los ojos.
Así canto mejor: sublimo
este desorden trágico, este afán
imposible de ser
desde una ceguera absoluta.
En el vacío
de las cuencas vacías,
en esta oscuridad
sin reclamo, deshago mi canción
con todo un ímpetu desesperado.
Y vacío mi lengua
fuera de mí
para que haya luz.
Y vacío mi sangre,
para que riegue este desierto,
fuera de mí.
Y todo lo vacío
fuera de mí.

A veces —solo a veces— dentro
de mí, la luz.
La encuentro en el dolor de lo que sufre,
de lo que rompe
y desentraña
y destierra y revienta y precipita,
en el temblar hipnótico del mar que desconozco,
en el temblar más ciego del aedo.

En la memoria
del aire que fue mío, me detengo
a recordar los himnos,
pero ya ni siquiera sé quién soy.

Solo una canción pura,
solo su esclavitud desaforada.

Autor: Andrés García Cerdán

Fotografia de Laura Makabresku


rompiendo reglas

20 Setembre 2017


Es necesario
revertir el hechizo.

Ese
que borra a las mujeres
de los libros de historia,
de las esferas de poder,
de las antologías.

Ese
que las encierra
entre cuatro paredes
con solo
colocarles un anillo.

Autor: Guisela López

Ilustración de Kate O’Brien


una de las formas de la tristeza

19 Setembre 2017


Abandonaste el colegio a los doce años
y jamás has leído un poema,
ni echas un vistazo
al gris periódico grasiento
que yace arrugado en cualquier rincón,
-apenas vas siquiera al cine-
ni tienes aparato de radio
en tu habitación alquilada
del Hamilton Motel,
sólo sirves ginebra a vejestorios
borrachos que murmuran obscenidades,
y tu cuerpo delgado, de piel tal vez
en exceso blanquecina, se mueve ágil
entre las mesas, pisando el sucio serrín
húmedo de saliva de moribundo,
un reflejo de turbias aguas de pantano
tus ojos verdes que se deslizan
entre los vasos a medio acabar y las colillas
mal apagadas,
recuerdas a aquel personaje
que volvía loco a Bandini
en algunas novelas de Fante,
pero hay noches, en las oscuras
y torvas entrañas de la madrugada,
cuando apenas queda algún cliente
sentado en viejas sillas de mala madera,
que pago unas cuantas de tus copas de bourbon
y fumamos del mismo cigarrillo
y te hablo de un tipo griego que escribía
poemas sobre el paso del tiempo
Atenas y la belleza de los cuerpos jóvenes,
y tú me dices que una vez intentaste
abrirte las venas pero en vez de sangre
manaban tus muñecas sucios diamantes negros,
que tienes veinte años y te acuestas con cualquiera
y que la vida te parece algo extraño
como un pájaro con un ala rota
que sabe que jamás volverá a volar,
y te digo que hay franchutes
que llaman a eso angustia existencial,
pero que tan sólo son palabras en un libro,
y los libros, ya se sabe, de nada sirven
cuando un pájaro no puede volar.

Autor: Ismael Cabezas

Ilustración: Alex Katz, “Alba” (1992)


certeza

18 Setembre 2017


Del curioso cajón
cada día se desliza
por sus bordes
todo lo que guarda.
Y las dudas
como pompas irisadas,
flotan suspendidas en el aire
su tiempo de segundos
y nada se hace luz.

Sólo existe una certeza,
no hay faro
ni fulgor
ni oráculo
ni tan siquiera un milagro
que devuelva un ser
de la ceniza
y en su rostro
aparezcan resueltas
todas las preguntas.

Autor: Blanca Villanueva

Fotografía de Andrea Kiss


conciencia tranquila (Julio Romero de Torres, 1897)

17 Setembre 2017

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“Solo hay tres medios para salir de la prisión económica de los países civilizados, dos de ellos ilusorios y el tercero real: el burdel y la iglesia, el libertinaje del cuerpo y el libertinaje del alma; el tercero es la revolución social” (Bakunin)

El tema propuesto por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando era “El anarquista y su familia” para obtener una beca en Roma.

Julio Romero de Torres se presenta con este cuadro, donde las simpatías por el obrero son más que evidentes. Y, claro, no gana.

Es un lienzo desgarrador con influencia de autores del realismo como Jean-François Millet o de Honoré Daumier. En la escena un juez practica un registro en la habitación de un obrero anarquista, que se ve con los brazos atados. La mujer llora previendo la desgracia y los guardias civiles aguardan las órdenes del juez mientras el anarquista soporta con dignidad el registro. Toda la luz se centra en la camisa blanca del anarquista y en la composición destaca el miedo de su hijo que se agarra a la camisa de su padre ante la violencia de las autoridades. Que el pintor titulará la obra “Conciencia tranquila” da muestras evidentes que no tenía previsto doblegarse al conservadurismo.

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Eduardo Chicharro (1873-1943) en “La familia del anarquista el día de la ejecución” representará a la familia en su casa. La escena narra lo sucedido en el interior de una buhardilla de aspecto humilde, aunque limpia y laboriosa: las ropas tendidas y las herramientas y libros esparcidos dan buena razón de ello. La hija mayor se ha asomado por la ventana y se encuentra con expresión entre aterrada y desgarrada. La madre, en primer término, está destrozada y quizá el abuelo, o los compañeros del marido ejecutado, intentan consolarla, pero ella, con la mirada perdida solo se apoya en la abuela y en la hija menor. Quizá la expresión desencajada de la madre sea una de las mejor logradas de esta época de realismo social trágico.

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Manuel Benedito y Vives (1875-1963) prolonga en “La familia del anarquista el día de la ejecución” la tradición pictórica de la escuela valenciana y Sorolla. En su versión aparece el anarquista camino del cadalso, maniatado. Su padre, con el nieto en brazos, se aproxima para abrazarle. La mujer permanece rodeada de la abuela y una hija, que se acurruca en su regazo. El cura no se sabe si le da consuelo y la empuja suavemente fuera de la escena. Otros compañeros del anarquista hacen acto de presencia junto a la familia, y los guardias y funcionarios de justicia aparecen junto al reo.

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Fernando Alvárez de Sotomayor (1875-1960), de formación clásica e ideología conservadora y fascista confeso, fue el ganador de la beca con “La familia del anarquista el día de la ejecución”. En su pintura el anarquista es un reo en capilla que está intentando aleccionar a su hijo -el típico proselitismo de los energúmenos-.  Los fanáticos ideales del padre transmitidos al hijo bajo la admiración de la mujer. Aunque bien pudiera ser que el anarquista -lejos del dramatismo de las otras composiciones- está asumiendo la despedida de su familia con la dignidad de quienes saben están haciendo lo justo. No hay policías ni guardias, las dos figuras del fondo son meros funcionarios. El cura, ajeno al momento, se concentra en la lectura y es pintado en un rincón bien por exclusión propia o por el credo del anarquista que le margina conscientemente.

 


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