la niña muerta (Ángeles Santos, 1930)

28 febrer 2018

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Aparece una niña muerta. No se puede apreciar la edad que tiene; es por lo menos una adolescente. Tiene las manos cruzadas sobre el pecho, los ojos cerrados.

Contemplan la muerta tres figuras jóvenes, mujeres, que apoyan sus bustos sobre la blanca superficie en donde yace la muerta. La de la derecha, rubia y bella, de mirada triste, recostada lánguidamente sobre sus brazos. La figura que le sigue, en el centro, es castaña, no contempla la muerta como las demás. Su mirada perdida… una tercera tiene las manos cruzadas al igual que la muerta y con la cabeza reclinada en la figura del centro. Su expresión es de asombro.

Por otra parte, tanto la particular cohorte de plañideras adolescentes como la niña yaciente han sido pintadas con facciones desmesuradamente grandes y pronunciadas, algo inusual en la estética de la pintora. Ese deseo de dotar de volumen y rotundidad a las figuras entronca la pintura con una forma expresionista de cubismo.

Al fondo se vislumbra un árbol frondoso en donde un ave blanca, que bien pudiera ser una paloma, vuela. El follaje del árbol deja entrar un círculo de luz blanca del cielo, aureola en donde queda contenida la paloma. A la derecha del árbol, una mujer se asoma a la ventana de una casa.

Esta figuración complementaria no es baladí. La paloma representa el alma -separada del cuerpo inicia el vuelo-. Es blanca, símbolo de la paz espiritual y de la pureza. Mayores conjeturas ofrecen la presencia del árbol y de la mujer. Esta última podría ser la madre de la niña muerta o ella misma en la vida, en una existencia que ya no tendrá.


días sin consuelo

27 febrer 2018


Días sin consuelo, días
en que parece insuficiente
todo cuanto la vida te ofrezca.
Has visitado
todas las ciudades,
has admirado
todos los paisajes.
Ningún libro, ninguna
canción puede ya conmoverte.
Apagado el asombro,
la belleza del mundo
ya no es inagotable.

Autor: Jacob Iglesias

Ilustración: Paul Hoecker, “Abend” (1897)


el jardín del hospital

26 febrer 2018


“La primavera besaba…”

(Antonio Machado)

Flores blancas en febrero
engalanan el camino
que conduce al cementerio.

Tu madre
el fruto a finales de agosto

sólo
la pureza de las flores.

Este amor adolescente
no descubrirá el ardor.

Flores blancas en febrero
para el luto de la niña.

Almendros desnudos
renuentes a la primavera
en el jardín del hospital.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

Ilustraciones: Santiago Rusiñol, “Almendros en flor” (1899) y Esther Muntañola, “Almendros junto al río”


esperanza (George Frederick Watts, 1886)

25 febrer 2018

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“Somos como moscas en las manos de los dioses”

(Shakespeare)

Este cuadro tan extraño es la obra más conocida del pintor simbolista británico George Frederic Watts, uno figura fundamental en el arte victoriano. Se trata de una alegoría donde la figura femenina representa un concepto o idea, en este caso la Esperanza.

La Esperanza de Watts es una joven con los ojos vendados, que no puede o no quiere ver la realidad que la rodea. Inclina su cabeza hacia la lira que está tañendo para tratar de escuchar el miserable sonido que produce la única cuerda que queda intacta. La túnica que viste, el globo sobre el que está sentada, las nubecillas que vemos bajo su pie derecho y el fondo indefinido la convierten en un personaje universal, atemporal. Sin embargo, el tono general del cuadro no es para nada esperanzador, sino más bien lo contrario; la atmósfera general es de tristeza y desolación en lugar de esperanza. La sensación de melancolía de la imagen se ve reforzada por la suave pincelada y las nieblas translúcidas que envuelven el globo flotante. Ahí es precisamente donde podemos apreciar la genialidad de Watts, que fue capaz de representar la verdadera Esperanza, la que se mantiene firme cuando ya no queda prácticamente nada a lo que agarrarse.


no eran las cinco de la tarde

24 febrer 2018


“y puntos finales
en frases inconclusas”

(Gabriel A. Jacovkis, fragmento del poema “El idioma del caminante”)

El viernes tu hermana cumplía dieciséis,
tú eras feliz y hacías bromas,
dos días más tarde
bailabais juntas en el barrio.

Quedaban entonces
cuarenta alboradas.

En la visita al neurólogo
planeando los viajes
del próximo verano,
ya sólo restaban
treinta noches.

A las puertas del hospital
los tres -mamá, tú y yo-
serios
esperando espantar los fantasmas

después,
en la habitación
o en la ambulancia,
los últimos besos
los últimos abrazos
y pocas palabras.

En la antesala de la muerte,
cuatro días antes,
me legaste una sonrisa,
creo,
o me lo invento,

la verdad,
en realidad,
me da miedo.

ya muerta
tu hermana te peinaba
con la solemnidad de lo inapelable,
y su ternura si perdura en mi memoria.

Faltaba más de media hora
para que en tu reloj
dieran las tres,

no eran las cinco de la tarde,
ni siquiera era una hora en punto.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)


de la mano

23 febrer 2018


No somos mucho: un hombre y una niña
en la húmeda noche de verano.
Nadie nos mira, nadie nos conoce.
Y vamos de la mano entre las sombras,
sin prisas, mientras muge el mar inquieto.
Cantan los grillos. Tiemblan las luciérnagas.
la tierra recompone sus pedazos.

Incontables estrellas nos vigilan
con ojos ciegos, brillantes de asombro
mientras giran y pasan y se extinguen.
Nada es, si nada dura. Y caminamos
sin saber hacia dónde, ni si existe
el camino de vuelta, o si hay camino.
Pero sé que tu mano está en la mía,
y que toda irá bien si no la sueltas.

Autor: Eduardo Jordá

Ilustración: Titelles de LLeida


no la dejes sola

22 febrer 2018


Si velar su sueño
en febrero fuera
tan dulce o tan fácil
como en el mes de enero…

“Cuántas veces nos devolverán los hijos cuando ya no podamos abrazarlos”

(Tulia Guisado, fragmento del poema “vivir la fiebre”)

A Antonio Alarcón

La madre de la niña
vencida
regresa unas horas
a la casa familiar.

Lleva días y semanas
asistiendo a una hija que se muere
descifrando en el rostro
que sólo es cuestión de tiempo
que esta guerra está perdida
que el campo se cubrirá de lodo
que no habrá primavera
que el último verano fue en verdad el último agosto.

La madre de la niña
arrastrada fuera del lecho
le pide a su hermano Antonio
que no la deje sola
que custodie la sobrina
hasta su regreso.

Tiene tanto miedo que Laia despierte
y no vea a nadie
que sólo mastica un trozo de queso
seca las lágrimas con agua
experimenta el vértigo de entrar en casa sin la hija,
regresa corriendo al hospital,
saluda a su hermano Antonio
y,
como una loba en celo,
devora el cuerpo a besos.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)


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