los emigrantes (Angiolo Tommasi, 1896)

31 gener 2020


“Te digo adiós llorando
desde la orilla del mar”

(Rosalía de Castro)

En “Los emigrantes” hay una representación épica y monumental de la emigración italiana.

Describe un grupo de figuras humanas apiñadas en el muelle, esperando el embarque en el puerto de Livorno. Son personas humildes y anónimas. Transpira en la pintura un tiempo suspendido, entre la esperanza y la resignación; el sueño de un destino diferente simbolizado por los busques en el horizonte.

Las figuras femeninas tienen un protagonismo destacado y una carga simbólica intensa, entre el sentimiento de dolor y esperanza. En un primer plano destacado una mujer que sostiene su cabeza con la mano, absorta mirando la nada. Una niña con un pañuelo rojo en mitad del lienzo, en actitud ensimismada. Muy cerca una madre amamanta a su hijo y otra mujer, embarazada, con sus manos en en el regazo. Este embarazo predispone a la esperanza, alienta el anhelo de un futuro nuevo.

Todos parecen en espera de un barco que tarda en llegar. El desapego y la separación de sus seres queridos y de los lugares devuelve la melancolía y resignación de los emigrantes de este fresco colectivo.

Angiolo Tommasi (1858-1923) es un pintor naturalista fuertemente influido por el realismo francés Gustave Courbet.

En su obra destaca la elaboración de un estilo donde color y forma quedan difuminados.


Otras obras: “La barcaiola sul lago” y “Lavandaie a Torre del lago”.


desayuno

30 gener 2020


“Tota la meva vida es lliga a tu,
com en la nit les flames a la fosca”

(Bartomeu Rosselló-Pòrcel)

A Esther

Tal vez no sea
el mismo camarero.
Pero si es
la misma mesa
del mismo local
en la misma ciudad.
La miro sin prisas.
Estoy,
en realidad,
contemplando,
mudo y fascinado,
a esa mujer.

Han transcurrido
cuatro años y un día.
Está más alta.
Lleva la camisa
de su madre
y los pendientes
que le regalé.
Es hermosa.
Como si despertará hoy
de un sueño reparador.
A veces,
sucede,
que confundes
pasado y presente
quimera y vigilia
y lo yermo
reaparece vivo.
Ella lo sabe
y se presta,
condescendiente,
al engaño.
No decimos nada.
Enlazamos nuestras manos.
Un hombre y una mujer.
Un viejo y una joven.
Un padre y su hija.
El camarero trae el desayuno.
Sonríe. Compasivo.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Ernest Descals


una esquina de La Boca (Pío Collivadino, 1946)

29 gener 2020


A comienzos del siglo XX Buenos Aires estaba cambiando vertiginosamente y Collivadino nos legó un rico reflejo de ese momento histórico reflejando la época con plenas escenas portuarias, rascacielos y flamantes avenidas del centro. Pero además de los nuevos edificios industriales, usinas y puentes, también reflejó casitas bajas y algún más que austero espacio. Por ejemplo, ha inmortalizado con maestría hasta una pequeña puerta verde en una casa del Buenos Aires del 1900.

En su obra además de las escenas portuarias, las grandes avenidas y los nuevos edificios -rascacielos o industriales- también colocó su ojo en el desbalance que esto generaba y en la distribución inequitativa del progreso, capturando también escenas de los barrios marginales, proponiendo así un escenario amplio y riquísimo en matices, capturando tanto la luminosidad de la ciudad, como la oscuridad luminosa de los suburbios durante las tres primeras décadas del siglo XX.

Barracas, La Boca, el Riachuelo, los barrios marginales de la ciudad, calles de tierra iluminadas a gas; toda una ciudad en ebullición es lo que expresan las obras de Pío Collivadino, artista romántico y postimpresionista conocido como el primer paisajista urbano y moderno que supo hallar poesía en los barrios periféricos porteños. Fue el primero en eso de encontrar belleza en chimeneas, obreros y edificios en construcción.


Inmigrantes italianos anarquistas, masas de obreros al costado de barcos gigantes o almorzando durante su descanso, todo lo hizo con técnica refinada y un estilo por momentos puntillista, que alternó con gruesos empastes; Collivadino captó la luminosidad de la ciudad y los suburbios en una serie de obras que se despliegan a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX.

Pintó la sencillez de esas gentes, sus calles de tierra y sus viviendas de chapa pintadas con la pintura sobrante de los barcos que atracaban en el puerto bonaerense. Lo hizo siempre con una exquisita técnica que combina un dibujo muy sólido con los colores tan pronto aplicados en delicadas pinceladas casi puntillistas como con gruesos empastes de color.

Y lo más destacado de su pintura son los encuadres que elige, siempre muy fotográficos casi propios del emergente arte del cine. De esta manera vemos las austeras casas, los empedrados, las ropas tendidas, los postes torcidos de las farolas o el anuncio de gaseosa, tan imprescindible hoy como antaño en la dieta porteña.

Barrio de La Quema (1930), en cambio, describe la primera barriada precaria de la ciudad, con sus casitas construidas con cartones y maderas.

Collivadino hizo uso del divisionismo y de la pintura “atmosférica”, derivada del impresionismo. Pero a diferencia de Malharro, dedicó buena parte de su producción a la ciudad de Buenos Aires en el momento de su metropolización. Una ciudad que iba tomando un perfil nuevo fue capturada por el pintor en imágenes que eludieron los lugares que, desde el punto de vista de su papel en la consolidación de un imaginario nacional, parecían más significativas o típicas, como la Plaza de Mayo o el Cabildo. En palabras de Malosetti Costa, “se podría decir que sus imágenes indagan en la cultura de la ciudad –en las maneras de practicar el espacio– y a su vez le dan formas para ser pensada. Es una mirada que elude el pintoresquismo, apartándose tanto de una retórica nacionalista altisonante como de una mirada excesivamente crítica sobre el crecimiento urbano”.


Otras ilustraciones: “Cervecería alemana” (1915), “Barrio de La Quema” (1930) y “Escena de puerto” (1927).


manos

28 gener 2020


Mis manos
me preceden y te aman
antes de que yo te ame.
La forma en la que te amaré y también lo incierto
que me aguarda lo construyen mis manos.
Antes que a ti a mí me reconocieron:
mi rostro cabe en ellas con la misma precisión
con que la música y el tiempo definen el espacio.
Así que alcé las manos y caminé
guiada por ellas.
Calculan por mí la resistencia
ante la atmósfera que no es mi respiración
y auscultan las posibilidades de habitabilidad
en otros cuerpos,
en el agua, o en las pantallas sobre las que chapotean.
Todos los cuerpos tienen manos y se buscan,
danzan y son azules como las puertas del océano.
Si seccionas mis manos, volarán a través de lo que fui,
signos puros, tan humanas como piedra y animal,
tierra y fuego, narración que significa tiempo.
Antes de que yo lo sepa,
mis manos me enseñan lo que soy,
para que pueda por ellas reconocerte
y refundar aquel lugar donde tuvo su origen el amor.

Autor: Luisa Miñana

Fotografía de Mariamne Photo


encargo

27 gener 2020


Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho,
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.

Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.

Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.
Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia…
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.
Salid y desafiad la opinión,
Id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.

Autor: Ezra Pound

Ilustración: Jack Butler Yeats, “The Two Travellers” (1942)


la palabra

26 gener 2020


Pero, ¿qué están hablando esos poetas ahí de la palabra?
Siempre en discusiones de modisto:
que si desceñida o apretada…
que si la túnica o que si la casaca…
la palabra es un ladrillo. ¿Me oísteis? …
¿Me ha oído usted, Señor Arcipreste?

Un ladrillo. El ladrillo para levantar la Torre…y la Torre
tiene que ser alta…alta, alta, alta…
hasta que no pueda ser más alta.
Hasta que llegue a la última cornisa
de la última ventana
del último sol
y no pueda ser más alta.
Hasta que ya entonces no quede más que un ladrillo solo,
el último ladrillo, la última palabra,
para tirársela a Dios,
con la fuerza de la blasfemia o la plegaria…
y romperle la frente…A ver si dentro de su cráneo
está la luz…o está la nada.

Autor: León Felipe

Ilustración de Samuel Bak


Francesca da Rimini y Paolo Malatesta vistos por Dante y Virgilio (Ary Scheffer, 1835)

25 gener 2020


Paolo Malatesta y Francesca da Rimini, contemporáneos del propio Dante, estaban muy enamorados, pero por supuesto sus familias estaban en guerra. Para negociar la paz, Francesca fue ofrecida en matrimonio a Giovanni, hijo del señor de Rimini. Era feo y esto lo sabía el padre de Francesca. Temiendo que ella pudiera rechazarlo antes de la boda, se le ocurre que el matrimonio de Francesca y Giovanni sea por poder (mandato), práctica común en la época. Y quien aparece en representación del contrayente Giovanni es nada menos que su hermano, el hermoso Paolo. No hace falta decir que de inmediato los jóvenes se enamoraron. Así las cosas, el matrimonio es contraído y Francesca es llevada hasta su esposo. La impresión debió ser terrible para la chica. No debió extrañar a nadie que, tarde o temprano, Francesca y Paolo empezaran a sostener encuentros sexuales. En uno de estos encuentros fueron descubiertos por Giovanni, quien, lleno de ira, los apuñala salvajemente. Como se trató de un caso flagrante de adulterio, Giovanni no sufrió ningún castigo. La moral pública hizo que Paolo y de Francesca, los dos enamorados, fueron condenados al infierno por su pecado, y castigados a ser arrastrados sin rumbo por una violenta tormenta en el segundo círculo del Infierno.

Esta historia, a diferencia de la de Romeo y Julieta y la de Tristán e Isolda, fue verídica. Fue un caso real que sucedió en Rimini, en la segunda mitad del siglo XIII, y del cual se tuvo conocimiento público en toda Italia, dada la jerarquía de los personajes. El acontecimiento fue tan escandaloso que Dante lo incluyó en su Divina Comedia, compuesta alrededor del año 1300, lo cual significa que, más de quince años después del asesinato de Francesca y de Paolo, aún se hablaba del asunto en toda Italia.

Ary Scheffer realizó una docena versiones sobre los amantes. La primera versión se encuentra en la Colección Wallace y es de 1835. Es una de sus obras más admiradas. La pintura muestra a Dante y a su guía, el poeta Virgilio, durante su paso por el Infierno. Allí ven a las almas condenadas de Francesca y Paolo en el Círculo de los Lujuriosos.

No es fácil escapar a la seducción y erotismo de esta obra. La pareja de amantes está a medio cubrir con un velo. Francesca desnuda se adosa de frente sobre su amante, mientras da la espalda al observador. Ella en la altura izquierda de su espalda lleva una herida carmesí que contrasta con su piel de avena. Los cabellos negros cual cascada se escurren por su dorso, apenas rozándole sus nalgas turgentes. Con las manos tersas se abraza por el hombro derecho de Paolo, dejando a la vista el seno izquierdo, blanco en su redondez. Su rostro extasiado, en silencio semejante a un estanque, compone el centro de la obra.

Por su parte, Paolo, de frente, con el pecho descubierto y musculado, en el torso derecho exhibe la herida que comparte con Francesca. Él con la mano derecha sostiene por el codo izquierdo a su amante, mientras que el otro brazo lo eleva por encima de su cabeza, ocultando la frente con el anverso de la mano. Paolo sólo deja al descubierto su boca jadeante y la mirada embriagada en placer. A los amantes los ha visitado la lluvia temprana. Con esta expresión se termina de configurar la totalidad del centro de la pintura, cuyo fondo marrón ilumina los cuerpos desnudos. La pareja, en pleno vuelo, está ubicada en la parte superior izquierda del cuadro, y a modo de contraste, situados al costado derecho, se hallan Dante y Virgilio. Ambos están expectantes del cortejo de carne y pasión.

La historia de los dos desafortunados amantes, hecha inmortal por Dante en un famoso canto del infierno, es uno de los temas más explotados en la pintura del siglo XIX.

Ingres pinta Paolo y Francesca sorprendidos por Gianciotto” (1819). La literatura medieval tuvo mucho eco en Ingres y otros pintores del llamado “género trovador”. La recuperación de la Edad Media y de los amores furtivos tienen mucho que ver con el Romanticismo, que está a punto de imponerse en la escena cultural europea.

Previati en “La muerte de Paolo y Francesca” (1887) proporciona una interpretación vigorosa y sombría, que destaca por su naturalismo exasperado y por su énfasis melodramático. La escena presenta un formato horizontal claustrofóbico y las figuras de Paolo y Francesca se destacan en primer plano en su lecho de muerte, ambas perforadas por la misma espada.


Doré en “Paolo y Francesca” (1893) sitúa abajo a la derecha dos siluetas recortadas en un crepúsculo rojo, son Dante y su guía Virgilio. Contemplan a los amantes flotando en el abismo; Paolo con sangre en su cuerpo guarda parecido con Jesucristo y Francesca lo mira con una expresión llena de tristeza.

Finalmente, la versión de Angelo se centra en la representación exuberante de la mujer y en la mirada de odio de su marido.

 


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