clash (Mohamed Diab, 2016)

1 Juny 2020


Sinopsis: El Cairo, verano de 2013, dos años después de la revolución egipcia. Tras la destitución del presidente islamista Morsi, en un día de violentos disturbios, la policía detiene y encierra en un furgón a decenas de manifestantes con convicciones políticas y religiosas diferentes.

La nota distintiva de esta cinta es la claustrofobia. Y el bochorno. Y la arbitrariedad. Y al abuso de poder. Todo ello configura un retablo de la ferocidad y la locura de una sociedad regida por la tiranía del azar, donde lo importante no es quién eres ni qué haces, sino dónde te encuentras en un momento dado, con independencia de tu trayectoria anterior. Todo sucumbe a la errática fortuna del destino: ahora puedes ser intocable, mañana puedes ser un paria, ayer eras un profesional de valía, hoy apenas un infame enemigo peligroso y mañana tan sólo un cadáver abandonado en un estercolero. Son los infaustos y despóticos juegos de los poderosos, que abominan del respeto hacia el prójimo, desprecian a sus súbditos y utilizan a sus ciudadanos como utensilios prescindibles e intercambiables para alcanzar el control absoluto y perpetuarse en la cumbre, envolviéndose en banderas, intoxicándose con soflamas religiosas o abrazando eslóganes facilones de dudosa honestidad y nula compasión.

No estamos ante un esmerado estudio psicológico – los personajes que habitan la trama apenas tienen entidad, son meras marionetas simbólicas – sino que se nos brinda un asfixiante fresco impresionista con el objetivo de provocar sensaciones y emociones en el espectador, que se ve engullido por el caos y el estruendo que va desarrollándose alrededor de una sofocante situación única que deviene en un torbellino desesperanzado, repleto de sangre y saña y que sirve para establecer una rabiosa alegoría atronadora sobre las luchas civiles y religiosas de un pueblo vapuleado por sus enfrentamientos cainitas. Da igual quien gane, los perdedores están decididos de antemano: todos los hombres y mujeres de bien.

“visión épica de la revolución egipcia desde la parte trasera de una furgoneta” (Peter Bradshaw)

En su esencia, ‘Clash’ constituye un desafío narrativo comparable al emprendido por Alfred Hitchcock en ‘Náufragos’ (1944): concentrar personajes, trama y tensión en un espacio único y reducido (un bote salvavidas en el clásico del maestro, un furgón policial en el film de Mohamed Diab) y en un tiempo histórico concreto y convulso (allí la Segunda Guerra Mundial, aquí el conflicto que desencadenó en Egipto el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi en verano de 2013 y los duros enfrentamientos entre los partidarios del ejército y los de los Hermanos Musulmanes). Diab, que participó activamente en la revolución abandonando temporalmente el cine (había debutado con ‘El Cairo 678’ en 2010, el año en que comenzó la llamada Primavera Árabe), concibe un microcosmos representativo de la pluralidad social, tensa la acción en un espacio atiborrado de detenidos y fija su atención en lo que ocurre en el exterior sin que la cámara abandone en ningún momento el interior. A diferencia de la magnífica película de Hitchcock, que evolucionaba dramáticamente sin perder fuelle, ‘Clash’ no tarda en encallarse: cierto que los acontecimientos exteriores cambian constantemente, pero donde se cuece la historia no manifiesta excesivo progreso ni los personajes (clichés la mayoría) tienen suficiente entidad para elevar el interés del asfixiante relato. (Jordi Batlle)

“La película trata de ofrecernos un relato coral, mostrándonos una oposición completamente dividida, llena de facciones (Hermanos Musulmanes, clases medias laicas, obreros y jóvenes sin nada que perder), y una posible respuesta a por qué la revolución no cosechó los supuestos éxitos que el mundo estaba impaciente por otorgar. El pequeño furgón se torna así en una metáfora de Egipto, donde el encierro, el calor, los cuerpos agolpados y sudados, así como la constante claustrofobia, consiguen transmitirnos una sensación de desasosiego, de olla a presión a punto de estallar.

Con una puesta en escena centrada en un solo espacio y un reparto coral, la película podría llegar a tener un cierto aire teatral. Y en ciertos momentos lo tiene, pero en el buen sentido. Elementos teatrales como la división de un solo espacio en varios microespacios, la coralidad como manera de dar voz a varios sectores sociales, o la importancia del fuera de campo o el backstage para crear tensión son algunos de los aciertos del film, además de un acertado final, tan desolador que no puede dejar a nadie indiferente. Clash sí se ve lastrada por ciertos diálogos y situaciones algo estereotipadas, así como personajes dibujados tan solo superficialmente” (Iván Correyero)


voces de Chernobyl (Pol Cruchten, 2016)

1 Mai 2020


Sinopsis: Documental basado en el libro de la Nobel de Literatura de 2015 Svetlana Alexievich. La película da la palabra a científicos, educadores, periodistas, parejas y niños que asistieron al colapso de sus vidas cotidianas, causado por una improbable catástrofe. Pero antes que presentar las lamentaciones de estos hombres, mujeres y niños mediante los planos tipo entrevista de los documentales convencionales, el realizador invita a los espectadores a embarcarse en un sorprendente viaje espiritual y lírico hasta el corazón del horror. Algunos quedarán sin duda impactados por la yuxtaposición de frases que se dicen en voz baja y sin cólera, relatando los atroces sufrimientos de las víctimas del accidente, con imágenes de un esteticismo particularmente trabajado, inspiradas en la obra de Andréi Tarkovski. Paisajes industriales post-apocalípticos alternan con la naturaleza que, treinta años después de la catástrofe, sigue en proceso de recuperarse, en una tormenta de imágenes que son impactantes, sí, pero por su belleza fulgente.


¿Es necesario evocar los horrores de Chernóbil a través de imágenes impactantes? ¿O se puede, al contrario, hablar de las secuelas de la más terrorífica de las catástrofes nucleares a través de secuencias límpidas y luminosas, que no hagan sino amplificar los alucinantes testimonios de las víctimas? Es esta segunda vía la que ha elegido el cineasta luxemburgués Pol Cruchten para poner en imágenes, en su documental,la prosa de Svetlana Alexievich.


si me borrara el viento lo que yo canto (David Trueba, 2019)

1 Abril 2020


Sinopsis: En el año 1963, bajo la dictadura franquista, dos estudiantes suecos viajaron a España para dar eco a los movimientos en favor de la democracia. La terrible represión de las huelgas de los mineros asturianos y la ejecución del militante comunista Julián Grimau habían tenido mucho eco en Europa, recordando la anomalía que suponía la persistencia de una dictadura “nacionalcatólica”. Contactaron con un joven trovador universitario, Chicho Sánchez Ferlosio, y a la vuelta en Estocolmo fabricarían un disco con la grabación de sus canciones. Lo titularon como Canciones de la Resistencia española y ocultaron bajo el anonimato el nombre del cantante y el compositor. El disco se convirtió en un éxito inmediato en toda Escandinavia.

Aquella grabación clandestina, con canciones como “Gallo rojo, gallo negro”, “A la huelga” o “Canción de Grimau”, llegó a Estocolmo y se editó anónimamente, cosechando un gran éxito en círculos antifascistas de toda Escandinavia y Latinoamérica.

Este sobrio, efectivo y revelador filme de David Trueba nos transporta mediante excelentes anécdotas y recuerdos indelebles a una España en blanco, negro y gris. Y nos descubre el hombre tras aquellos “himnos” que muchos erróneamente tenían por canciones de la Guerra Civil: el hijo díscolo del escritor Rafael Sánchez Mazas, fundador de Falange española, coautor del “Cara al sol” y acuñador de la consigna “¡Arriba España!”. Los recuerdos de su ex esposa, la traductora y productora Ana Guardione, el periodista Máximo Pradera (sobrino del cantautor) o el poeta Jesús Munárriz (amigo y compañero musical en los años universitarios), dibujan la personalidad “ocurrente, chispeante e imprevisible” de aquel joven con un historial abundante en expulsiones de colegios y denuncias por blasfemia que se significó en el movimiento universitario antifranquista, pasó del comunismo a posturas ácratas y compuso un buen puñado de piezas consideradas canciones populares, probablemente “el mejor elogio que se le puede hacer a un artista”.

“El documental emplea materiales de archivo y entrevistas, así como cortes de películas de la época, para ilustrar la vida y obra del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, autor de canciones como ‘Gallo Rojo, Gallo Negro’, militante del PCE en las décadas de los 60 y 70 perseguido por sus creaciones antifascistas. La película, además, hace hincapié en la importancia del disco ‘Canciones de la Resistencia española’, grabado en la clandestinidad con la ayuda de unos estudiantes suecos; unas grabaciones que tuvieron un gran éxito en Suecia, donde se convirtieron en clásicos versionados por una multitud de artistas.

Si bien la premisa del documental es muy interesante, el resultado es un tanto irregular. Quizás por la excesiva dependencia del formato de las talking heads o por esas caretas con forma de vinilo para introducir materiales de archivo, que hace que el producto sea más televisivo que cinematográfico, enseguida la atención se desvía hacia otras cuestiones paralelas al filme. Como, por ejemplo, lo irónico de que algunas de los testigos que cuentan las andanzas de la juventud comunista de Ferlosio sean hoy figuras situadas en el espectro más a la derecha del panorama político actual. O la relación entre Rafael Sánchez Mazas, fundador de la Falange Española, y su hijo, Chicho Sánchez Ferlosio” (Brais Romero)


mi obra maestra (Gaston Duprat, 2018)

1 Octubre 2019

Sinopsis: Arturo es un galerista encantador e inescrupuloso. Renzo es un pintor hosco y en decadencia. Si bien los une una vieja amistad, no coinciden en (casi) nada. El galerista intenta por todos los medios reflotar la carrera artística de su amigo, pero las cosas van de mal en peor. Hasta que una idea loca y extrema aparece como una posible solución.

Mi obra maestra’ continúa con la visión ácida e irónica sobre los intelectuales argentinos, mostrando un interesante enfoque sobre la burguesía que se mueve en ambientes artísticos, volviendo a hacer una dura crítica a lo banal de la vida cultural.

“Por que trabajan? ¿Para comprar cosas? La esclavitud no se terminó, ahora se llama trabajo… Este lugar no tiene solución… Porque si un país entero apoya el culo en un sillón frente al TV para ver a 22 millonarios detrás de una pelota no hay esperanza”

(Renzo Nervi)


El filme está definido, a grandes rasgos, en tres partes claramente identificables. En el principio, y tomándose el tiempo necesario, se presenta a los personajes en base a un tipo de contrapunto que va de la mano con la comedia costumbrista. Al promediar la historia se van desarrollando los conflictos más importantes, ya en un tono bastante más sombrío, mientras que en el último cuarto, ya cercano al final, alguna vuelta de tuerca reflexiva e irónica trae consigo una cuota de frescura y redención.

“La sátira de los Duprat no es a una especie concreta de personas, es al hombre en general, a la sociedad argentina del siglo XXI. Si bien, al mismo tiempo, la película está impregnada de valores como la amistad y la lealtad. Los dos amigos discuten, se enfadan, se separan… pero a fin de cuentas nunca dejan de ser amigos por encima de todo y de todos. La sátira de los hermanos Duprat es dura pero no desesperanzada.

El trabajo actoral de los dos protagonistas es excelente y Raúl Arévalo está muy correcto en un papel nada fácil, de ingenuo imbuido de «buenismo», actitud que los Duprat no dejan de ridiculizar a su vez. Mi obra maestra es una película entretenida y divertida, que encierra, escondido, el buen sabor de las relaciones humanas valiosas y sugiere un interesante tema para reflexionar.” (Mª Angeles Almacellas)

Más información en:

http://www.elespectadorimaginario.com/mi-obra-maestra/

http://www.micropsiacine.com/2018/08/estrenos-critica-de-mi-obra-maestra-de-gaston-duprat/

 


Columbus (Kagonada, 2017)

1 Setembre 2019


Sinopsis: Jin, un hombre coreano, se encuentra en Columbus, Indiana, para cuidar de su padre, un famoso arquitecto que está en coma. En esta ciudad conoce a Casey, una joven que cuida de su madre, adicta a las drogas que se encuentra en periodo de rehabilitación. Ambos lucharán por el mismo sueño que han visto truncado: tener la libertad para poder seguir su camino a pesar de los problemas de sus padres.

Casey tiene edad para ir a la universidad, pero en estos momentos se encuentra trabajando en la biblioteca local y cuidando a su madre (Michelle Forbes), una adicta a la recuperación de la metanfetamina. La película, siempre paciente, lleva su tiempo introduciéndonos en su rutina diaria, justo antes de encontrarse con el otro personaje crucial, Jin, que está de visita en Corea porque su padre, un teórico de la arquitectura en la que es una auténtica eminencia, se halla en su lecho de muerte.


“Columbus es un canto de amor a Ozu, con aires renovados y un halo existencial que nos recuerdan también al cine de Antonioni; una exposición poética de una ciudad sencilla – como hizo Jarmusch con la magnífica Paterson y la poesía – y una relación amistosa entre dos desconocidos que les permite ver el paso vital a realizar” (José Asensio)

“Columbus es el escenario concreto y por tanto le da título a su ópera prima ¿y por qué ese nombre? Porque es la ciudad que concentra la mayor cantidad de arquitectura modernista americana.

Columbus es un trabajo minimalista, es una película pausada, elegante y muy medida, todo el largometraje son planos fotográficos, en todos hay un punto central que reina en el plano y una simetría, destaca su color y su meticulosidad, es concienzuda, hipnótica, ensalza la perspectiva, y es un alegato a la arquitectura y al amor por las líneas. La cámara está fija en un punto, solo se mueven los personajes, el espectador está paseando por una exposición fotográfica y en numerosos planos Kogonada nos hace ver la escena detrás del umbral de las puertas, a veces mete a sus personajes en tres estancias y la vemos desde la última.

Sus dos personajes Haley Lu Richardson y Parker Posey son un regalo de Kogonada, rápido se ve esa conexión entre ellos. su nexo; la arquitectura, ella amante de los edificios de su ciudad y él hijo de un importante arquitecto coreano. Ella es una joven de dieciocho años talentosa e inteligente con un futuro universitario prometedor, pero le puede más la responsabilidad de cuidar a su madre, ex adicta a las drogas y por tanto sacrifica su vida por el cuidado de su madre, él está varado en Columbus al cuidado de su padre que sufre un desvanecimiento y está en coma.

Los dos personajes se desnudarán emocionalmente en ese bello decorado lleno de simetría. Sus actuaciones son de una gran claridad, cristalinas, melódicas.

Destaca su sencillez y naturalidad, llena de emociones, con silencios medidos. Es una ambrosía para paladares exquisitos, es inteligente, choca la contrariedad entre la frialdad de la arquitectura y la calidez de los personajes, es ese tipo de películas que quieres recomendar a una persona especial amante del arte y con grandes dosis de sensibilidad, que sabes que le va a sacar un rendimiento, un partido para llenar tertulias. Columbus no tardará en ser una obra de culto” (Antonio Arenas)


“Las conexiones cerebrales por las que unas imágenes te llevan a otras no son fáciles de explicar, y en ocasiones ni tan siquiera obedecen a la racionalidad, sino al sentimiento, a la sensación. Ocurre lo mismo con las razones por las que Cassey y Jin conectan en medio de un entorno urbano neutro, que nada les aporta pero en el que se ven obligados a estar y esperar, una especie de limbo vital donde el tiempo queda suspendido, pero durante el que, sin ellos intuirlo inicialmente, en su interior, se produce un cambio necesario para poder superar una vida estancada. Puede no ser justo ni acertado iniciar un comentario sobre una película llamada a llenar páginas de publicaciones y post virtuales señalando que el desarrollo de Columbus mantiene el mismo ritmo, la misma semejanza vital, el mismo recorrido sentimental que el que se pudo ver hace un año con el Paterson de Jarmusch. Si en la película de Jarmusch el avance existencial se producía a fuerza de repeticiones con variación mínima, en la primera obra de Kogonada el avance se produce gracias a la repetición de espacios y conversaciones donde va entretejiéndose, paulatina y gradualmente, una relación de confianza que surge, de manera ocasional a través de un cigarrillo (como una resonancia del Coffee and Cigarettes del propio Jarmusch). Es la sensación de asistir a la vida lo que hace grande una película que, no obstante, juega con unas cartas muy marcadas en el diseño formal para hacer de cada escena, de cada encuadre, de cada fotograma, un ejemplo de perfección controlada, de disposición autoritaria de la cámara que, sin embargo, no invade ni intimida al personaje ni abruma al espectador. Columbus bebe de Ozu, pero me acerca más al último Jarmusch de tal manera que Columbus y Paterson compartiendo las referencias urbanas, hablan de los mismos refugios interiores para sentirse vivos, configurándose ambas como películas de la esperanza y la construcción personal” (Miguel Martín Asensio)

Más información en:

https://www.elantepenultimomohicano.com/2017/12/critica-columbus.html

https://medialifecrisis.com/acting-out/2017-screenflowers-01-columbus-2017.html


viaje al cuarto de una madre (Celia Rico Clavellino, 2018)

1 Agost 2019


Sinopsis: Leonor está preparada por dejar su pequeño pueblo del sur en el que vive con su madre y marcharse a trabajar. La preocupación por dejar sola a Estrella, su madre, juega en su contra llenándola de dudas. Estrella, a su vez, también siente miedo por dejar marchar a su hija aunque prefiere no decir nada. El vínculo que une a ambas es tan grande que Leonor va a tener que hacer un gran esfuerzo para crearse su nueva vida. Estrella, a su vez, tendrá que afrontar su soledad y comprender que querer de verdad esta vez significa dejar volar.

La película arranca con las dos protagonistas durmiendo al calor de la mesa camilla, que es el corazón del hogar. Se han quedado dormidas bajo los efectos del duelo, mental y amorosamente abrazadas la una a la otra. Pero cada una de ellas emprenderá un largo viaje -mental, pero también físico- hacia el frío, que las espabilará; la hija buscará su propio destino viajando hacia el Norte, concretamente a Londres, aunque protegida por el calor portátil de las botas que le regala su madre que, sola en el vacío de un piso cada vez más frío, también acabará dando con la manera de volver a salir, fuera del piso-sarcófago, ahí donde dicen que está la vida.


“Viaje al cuarto de una madre” retrata la relación entre una madre y una hija, una convivencia condenada a romperse por las leyes de la vida, dentro de un entorno humilde, de bombona de butano y brasero. Ambas trabajan de planchadoras, un oficio retratado en dos apuntes tan certeros que traen a la memoria los tiempos modernos de Chaplin, no tan lejanos. Llega la Nochevieja y en casa bastan dos docenas de uvas, siempre con el padre ausente, orbitando en silencio o como fantasma que vive en el armario de ese cuarto de esa madre.

Es una película sobre los lazos familiares que constantemente nos unen y nos separan, nos hacen fuertes y a la vez tan frágiles. Una película sobre los apegos y las distancias entre una madre y una hija que emprenden un doble viaje para descubrir lo complejo que es quererse.

Más información en:

https://www.cinemaldito.com/viaje-al-cuarto-de-una-madre-celia-rico-clavellino/

https://alfapictures.com/sp/amy_movie/viaje-al-cuarto-de-una-madre/


Petra (Jaime Rosales, 2018)

1 Juliol 2019

Sinopsis: Tras la muerte de su madre, Petra inicia la búsqueda de un padre cuya identidad le ha sido ocultada a lo largo de su vida. Todos los caminos parecen conducir hacia un hombre poderoso y despiadado. El destino, empeñado en imponer su lógica cruel, llevará a Petra hasta el límite de su fuerza interior.

“Petra es una maravillosa pieza artística apta para miradas contemplativas en tardes de lluvia y viento” (Santiago Jurado)

Petra es un ejercicio de gran solidez y muy bien trazado, que consigue algo tan complicado como hacer de su guion la principal baza narrativa, sin escudarse en espejismos o desmesurados recursos de montaje; una narración tan cruda como inteligente sobre la tiranía en su estado más salvaje.” (Alberto Sáez Villarino)

 “Con Petra, película que remite ya a la tragedia griega desde la solemnidad del nombre propio que da lugar al título, Jaime Rosales vuelve a hacer gala de una inteligencia y de una sensibilidad que están a la altura de pocos. Así, y mediante una serie de capítulos —en cuyos títulos ya se nos indica lo que va a ocurrir, la imagen solo se ocupará de describir la acción— que alteran la cronología de los hechos para dar lugar a una narrativa fragmentada, el director de Barcelona nos presenta a una pintora joven, Petra, que se acomoda en la casa de un pintor viejo, cabrón y de éxito. ¿El motivo de todo esto? La artista cree que se trata de su padre. Partiendo de esta premisa, típica como ninguna otra, por supuesto, Jaime Rosales se adentra en la vida de una familia fracturada y de todo lo que se encuentra alrededor de ella. La cámara del autor de Hermosa juventud (2014), que estará sometida a un perpetuo movimiento que recorre los exteriores e interiores desde el encuadre sin personajes hasta el encuentro de la figura humana, para después dejarla de lado de nuevo, entrará en contraste, desde la suavidad y parsimonia de su pasear, con la intensidad de las acciones que registra.” (Pablo Castellano)

“La calculada y minuciosa estructura de la cinta conduce al espectador por un extraño laberinto a la vez ajeno y perfectamente reconocible; transparente y sonámbulo. La cámara se coloca siempre de frente en el lugar más transparente de todos. Las escenas se van hilando en planos que son a la vez secuencias tan tensos y crudos como magnéticos. Todo queda a la vista y, sin embargo, lo que cuenta es la herida que discurre por dentro.” (Luis Martinez)

“en ella sigue experimentando con dispositivos (movimientos laterales de la cámara, que prolongan la duración de una escena mientras el corazón de esta sigue latiendo fuera de campo; una estructura capitular y discontinua, que desmonta sin descanso las expectativas que genera un relato jugando con su previsibilidad) que se interrogan, indirectamente, sobre qué sentido tiene narrar una historia, cuál es la responsabilidad moral del cineasta a la hora de decidir sus derivas. No es casual que, en el epicentro del film, haya un demiurgo que mueve los hilos, un dios perverso que controla la puesta en escena de sus monstruosos trucos para hacer avanzar la trama hasta que esta se independiza, toma cartas en el asunto, se adueña de sí misma para albergar una esperanza de reconciliación, lejos de ese genio del mal que entiende el arte como un valor de mercado.” (Sergio Sánchez)


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