Korczak (A. Wajda, 1990)

1 Juliol 2018


Sinopsis: Biografía de Janusz Korczak, escritor, profesor y médico, que es recordado por su labor como director de un orfanato para niños judíos en Polonia durante los primeros años del nazismo. En 1942, sin embargo, se vio obligado a trasladar a doscientos huérfanos judíos al ghetto de Varsovia, desde donde, poco después, fueron enviados a Treblinka.

“Poneos vuestra mejor ropa, niños. Coged vuestros libro o juguete favorito; nos vamos a un lugar muy especial”

Conmovedora película del maestro polaco Andrzej Wajda, precedente de la posterior La lista de Schindler de Steven Spielberg y no sólo por su magnífica fotografía en blanco y negro. Cuenta la historia auténtica del pedagogo, periodista, médico y escritor polaco de origen judío Janusz Korczak, que dirigió un orfanato para niños judíos durante la Segunda Guerra Mundial en el ghetto de Varsovia. Con sólido guión de Agnieszka Holland y una inolvidable interpretación de Wojciech Pszoniak, nos muestra que también en medio del horror pueden surgir personajes heroicos, capaces de dar la vida por el prójimo.

Como oficial del ejército polaco, después del estallido de la segunda guerra mundial, Korczak se presentó como voluntario al servicio militar, pero no pudo ser aceptado debido a su avanzada edad. No obstante, durante la ocupación alemana, tuvo la osadía de vestir el uniforme polaco. Manifestó su clara oposición negándose a llevar la estrella de David a pesar de la obligación impuesta por los nazis de señalar así a los judíos, pues consideraba esa imposición como una clara profanación de ese símbolo. Los últimos meses de su vida los pasó en el gueto de Varsovia. Newerly, su posterior biógrafo, intentaría entonces conseguir para Korczak en la zona aria de la ciudad una documentación falsa, pero el doctor se negó a abandonar el gueto, en el que prosiguió relatando con regularidad sus experiencias en el diario que ya había comenzado en 1939. Un diario muy esclarecedor que había abandonado en los dos años anteriores al consumir toda su energía en las labores de dirección de Dom sierot y otras actividades relacionadas con la protección de los niños del gueto. Este diario fue publicado por primera vez en Varsovia en 1958. La última anotación corresponde al día 4 de agosto de 1942.

En la mañana del día 5 o 6 de agosto el territorio del “gueto pequeño” fue rodeado por los soldados de las SS y los policías ucranianos y letones. Durante el transcurso de la llamada “Gran acción”, es decir, la fase principal del exterminio de los habitantes de gueto de Varsovia por los alemanes, Korczak volvía a rechazar la oferta de ayuda, ya que no quería abandonar a los niños y a los empleados del orfanato. El día de la deportación final Korczak condujo el desfile de sus protegidos a la plaza Umschlagplatz de donde partían los transportes hacia los campos de exterminio. En la marcha participaron más de doscientos niños y unas decenas de educadores, entre ellos la misma Stefania Wilczyńska. Este último “paseo” ha quedado convertido en leyenda: es uno de los grandes mitos de la guerra y un evocador recuerdo, aunque no siempre relatado de manera coherente y fidedigna con los detalles. “No quiero ser blasfemo ni desmitificador, pero tengo que decir como lo ví entonces. La atmósfera emanaba inercia, automatismo, apatía. La conmoción no se hacía visible al ver a Korczak; nadie saludaba (como lo describen algunos), y sin duda ninguno de los mensajeros de Judenrat intervino. Nadie se acercó a Korczak. No hubo gestos, nadie cantaba, no hubo orgullosas cabezas en alto, no recuerdo si alguien sujetaba la bandera de Dom sierot; dicen, que sí. Reinaba un silencio terrible, agobiante. (…) Uno de los niños iba agarrado al abrigo de Korczak, tal vez de su mano; todos iban como en un trance. Les acompañé hasta la puerta de Umschlag…”.

Según otras versiones los niños marchaban en filas de cuatro sujetando la bandera del Rey Matías I, protagonista de una de la novelas escritas por su educador. Cada niño tenía consigo un juguete o un libro preferido. Uno de los chicos, al frente del desfile tocaba el violín. Las fustas de los ucranianos y los soldados de las SS chasqueaban por encima de la multitud de niños, aunque el desfile lo conducía un soldado que había manifestado cierta simpatía por ellos. Janusz Korczak murió con sus protegidos en el campo de exterminio de Treblinka. En 1948 fue condecorado de manera póstuma con la Cruz de Caballero de la Orden del Renacimiento de Polonia.

Más información en:

https://es.wikipedia.org/wiki/Janusz_Korczak

https://www.elespanol.com/cultura/libros/20180228/diario-maestro-enseno-morir-ninos-treblinka/288222513_0.html

 

 


loving Vicent (Dorota Kobiela/Hugh Welchman, 2017)

1 Juny 2018


Sinopsis: Primer largometraje compuesto por pinturas animadas, “Loving Vincent” es un film homenaje a Van Gogh en el que cada fotograma es un cuadro pintado sobre óleo, tal y como el propio Vincent lo hubiera pintado. Sus 80 minutos de duración están compuestos por 56.800 fotogramas que han sido pintados, uno a uno, por una gran cantidad de excelentes pintores a lo largo de varios años, todos inspirándose en el estilo y arte magistral de Van Gogh.

Un film de animación que con dos planos paralelos -en blanco y negro el pasado rememorado, en color la reproducción de muchas de las pinturas en un film que puede definirse como un thriller policíaco de animación que busca desentrañar las incógnitas de los últimos días y la misteriosa muerte del atormentado pintor holandés.

La película imagina el viaje de Roulin hijo, como favor a su padre, entre Holanda y Francia para entregar la última carta de Van Gogh a su hermano Theo. Pero para desgracia del novato y algo, en principio, desganado mensajero, esta carta no va a tener fácil llegar a su destino. Ahí comienza la andadura de este chico, que descubre en Van Gogh una figura sensible, doliente, sencilla y curiosa, hacía la que empieza a sentir empatía y algo de pena, queriendo conocer toda la verdad de los últimos días del desgraciado artista a través de aquellos que tuvieron relación con él.

“Loving Vincent”, comienza poniendo el foco en cómo el protagonista parece más interesado en los hechos del fallecimiento de Van Gogh que en los de su propia vida. Poco a poco su foco cambiará mientras la película se desarrolla, mostrándonos la humanidad de este personaje y la del resto, los cuales son retratados de manera realista.

A través de Armand Roulin, este joven que comienza no teniendo nada de afecto por Van Gogh (desde su desconocimiento y su escaso trato), somos también testigos del escenario de los últimos días del pintor: sus paisajes, rutas, rutinas, conocidos y muerte. Así, con el protagonista, realizamos un viaje personal y espiritual en el que irá madurando mientras descubre los claroscuros del verdadero Van Gogh y lo que le rodeó en su trágico desenlace.


“La película adopta, al modo de Ciudadano Kane (1941), la forma de una investigación post-mortem cuyos tesoros en el centro del laberinto son el asombro del artista ante la belleza cotidiana del mundo y el sacrificio existencial del hermano Theo para la protección de un genio malogrado. La meticulosa construcción de todo un universo a través de la cita pictórica y la lucidez a la hora de interpretar la potencialidad de movimiento y de variación de ángulos en la pintura de Van Gogh se convierten en las mayores fortalezas de un trabajo titánico” (Jordi Costa)

“Todos los personajes que, hasta ahora, formaban parte exclusiva del imaginario del difunto Van Gogh, han logrado escapar del estatismo pictórico gracias a Dorota Kobiela y a Hugh Welchman quienes, con este ejercicio de iconografía cinematográfica, han logrado dar vida a algunos de los personajes y los escenarios más representativos del arte contemporáneo. La primera toma de contacto con esta película nos hará percatarnos de que está diseñada para sorprender más con la estética que con la narrativa. Algo que, tratándose del biopic de un artista pictórico parece, de hecho, la manera más oportuna de proceder. Al enfrentarse al drama biográfico de un genio, es muy difícil separar la genialidad implícita en la legendaria figura de su protagonista de los aciertos que pueda tener la producción cinematográfica de manera independiente; por este motivo, asumiendo que la historia nunca podrá superar a la obra, Loving Vincent consigue un ensalzamiento romántico de cada uno de los cuadros recreados —94 completos y más de 30 parciales—, al tiempo que crea un intrigante soporte argumental en torno al artista y deja la urdimbre narratológica en un segundo plano, con una trama muy sencilla y un guion deliberadamente modesto.


El filme comienza con un plano detalle del celebérrimo The Starry Night. La cámara se aleja poco a poco del centelleante firmamento o, al menos, ésa es la impresión que tenemos al apreciar cómo los surcos de la pintura varían, esa inestable noche estrellada cobra vida, respira y se aleja para ofrecernos una panorámica nocturna de Saint-Rémy-de-Provence, en la que los astros titilan e irradian una desconcertante luz trémula, como si estuvieran sumergidos en ese mar turbulento que representa la inestable mente del artista. Poco a poco la cámara irá descendiendo a lo largo del eterno ciprés fantasmagórico hasta dejarnos en las calles de la ciudad, frente a una taberna donde, por fin, hallamos justificación al abatimiento mostrado por El zuavo sentado, quien más bien resulta estar derribado, a causa de un puñetazo propinado por el joven Armand Roulin, el protagonista de una historia que mostrará los esfuerzos del hijo del cartero por entregar la última carta escrita por el, ya entonces, difunto artista a su hermano, Theo. Esta tarea sumergirá al joven en una investigación en la que nada parece tener sentido, y le llevará a pensar que lo que se consideró un vaticinado suicidio fue, en realidad, un asesinato. Siguiendo una estructura muy similar al film noir clásico, los directores presentan dos líneas narrativas muy bien diferenciadas que mostrarán, por un lado, un punto de vista externo, mediante flashbacks de la vida del pintor, utilizando para ello un estilo visual más suave en blanco y negro, y por otro, el punto de vista del propio van Gogh a través de sus cuadros, sus personajes, sus violentos colores y sus escenarios de perspectivas delirantes(Alberto Sáez Villarino)

Más información en:

https://www.cinencuentro.com/2017/12/28/critica-loving-vincent-es-uno-de-los-mejores-estrenos-del-ano/

 


verano 1993 (Carla Simón, 2017)

1 febrer 2018


Sinopsis: Con tan sólo 6 años, Frida vive la experiencia de la muerte de su madre, enferma de sida, y su adopción por una nueva familia, compuesta por unos tíos y una prima. El primer verano que debe pasar con ellos estará cargado de emociones, a veces encontradas, convirtiéndose en inolvidable.

Fue en el verano de 1993 cuando Carla Simón perdió a su madre. Tenía seis años y solo hacía tres que había muerto también su padre. Fue acogida por la familia de su tío materno y abandonó Barcelona para trasladarse a vivir a un pueblo del Ampurdán. Fue el sida la causa de la muerte de sus padres, pero entonces la enfermedad no tenía ni nombre ni posibilidad de curación. Carla Simón se ha decidido a mirar de frente aquel devastador verano y ha plasmado en una película las sensaciones de esa niña frente a la muerte.

“Más que una crónica de los días, la película recorre los sentimientos anudados de soledad, rebeldía, confusión y negación de una niña despojada brutalmente del manto materno y con la intuición de que lo ha perdido para siempre, entre adultos tan confusos y asustados como ella” (Oti Rodríguez)

“En Estiu 1993, la directora debutante canaliza sus propios recuerdos de infancia a través de un intrincado trabajo de depuración, que tiene su principal fortaleza en un estilo visual, tan elaborado como libre de todo exhibicionismo, que se subordina al registro naturalista de su dirección de actores. Las niñas Laia Artigas y Paula Robles no parecen estar interpretando, sino habitar desde siempre en esa ficción tan verosímil, mientras se transparentan todas las corrientes subterráneas de su nada cómoda relación.

Sin enfatizar nada, la película mantiene una constante tensión en su sucesión de brillantes ideas y afortunados detalles: las asquerosas frases condescendientes escuchadas en la carnicería del pueblo, el juego infantil que delata toda la intrahistoria en la vieja relación entre la madre muerta y la hija, la irreflexiva ferocidad excluyente en el gesto de una madre protectora cuando su hija se acerca a una herida ajena, la expeditiva frase con la que Frida remata su intento de fuga nocturna…”  (Jordi Costa)


Carla Simón mantiene durante toda la película el punto de vista de la pequeña para narrar casi sin palabras, solo con gestos y a partir de pequeños detalles, de qué forma Frida se enfrenta bruscamente a la pérdida de la inocencia, de cómo se revela y sufre de manera silenciosa, de cómo es incapaz de expresar sus sentimientos y busca mecanismos para exorcizar su rabia. De cómo no puede llorar.

‘Verano 1993’ es un auténtico prodigio de delicadeza expresiva recorrido por una sensibilidad tan luminosa como cruel que desarma y atrapa, encoje por dentro. Es una película maravillosa.


El rey tuerto (Marc Crehuet, 2016)

1 Octubre 2017

Sinopsis: David es un obtuso policía antidisturbios que durante una manifestación dejó tuerto a un manifestante disparándole una pelota de goma. Su mujer Lidia invita a su antigua amiga Sandra a cenar, que casualmente viene con su compañero sentimental Nacho, al que le han reventado el ojo, también en una manifestación. Así empieza un intercambio de golpes ideológicos y posiciones intelectuales, muy cargadas de crítica ácida socioeconómica y cultural, con el resultado de la confirmación de que la búsqueda de la verdad es una tarea difícil, sino imposible.

“El rey tuerto” comienza con una cena de reencuentro de dos amigas que no se veían desde el colegio. Lidia está en paro, ocupada en una fiesta de cursillos y vive en un barrio extremo con David, un portero de discoteca reconvertido en policía antidisturbios. Lidia admira profundamente a Sandra, una hipster a caballo entre el onirismo y la rebeldía, porque se fue del barrio y parece haberse “realizado”. Su compañero, Nacho es un “documentalista social” que vive del dinero paterno y está sufriendo una seria depresión. Un pequeño detalle enturbia el reencuentro: David resulta ser quien dejó tuerto a Nacho en una manifestación con una bala de goma.

“Lo que mejor hace la película es lo que ya estaba en la obra teatral: un desarrollo de personajes muy bien medido (e interpretado, por supuesto) y que se cuestiona continuamente quiénes son las auténticas víctimas y verdugos de esta historia. (…)

De ese modo, lo que podría parecer un alegato pro-15M con algo de humor negro y desisia costumbrista, se convierte en algo más complejo y oscuro: ya no es que los malos no sean tan malos; es que los buenos también tienen sus agendas, a menudo igual de inquietantes y superficiales.

Por otra parte, es el origen teatral de El rey tuerto lo que le brinda su mayor problema: la estructura de un solo escenario de la que apenas se atreve a salir. La película hace las mismas pausas y elipsis en su desarrollo que el texto original, y en ocasiones, eso agarrota el desarrollo, porque no se trata de una película en la que los personajes están atrapados en una habitación, sino de una en la que el guionista ha decidido que todo se desarrolle en una habitación porque en la obra de teatro esa ubicación es necesaria. Es un problema menor, de todos modos, esa artificiosidad en sus modos solo afecta al ritmo en algún momento muy puntual, y gracias a la fascinante labor de los actores, capaces de sacar punta y matices a cada línea del guion, el interés no decae prácticamente en ningún momento” (John Tones)

“El rey tuerto expone de manera contundente el descontento que vive la ciudadanía como causa de la paupérrima gestión política y de la subordinación de los derechos y libertades al sistema económico” (José Ramón Vozmediano)


Manchester frente al mar (Kenneth Lonnergan, 2016)

1 Setembre 2017


Sinopsis: Cuenta la historia de los Chandler, una familia de la clase obrera afincada en Massachusetts. El silencioso Lee sobrevive como puede trabajando como conserje. El sufrimiento de nuestro protagonista no se alivia con nada. No hay perdón ni castigo que logren cambiar ese rictus de desasosiego permanente que pasea a lo largo del filme. Lee Chandler (Casey Affleck) es un hombre cercano a los cuarenta que trabaja realizando tareas de mantenimiento en cuatro edificios de Boston. Le vemos arreglando duchas, grifos atascados, sacando la basura o vaciando de nieve las entradas de los portales. Es de pocas palabras y se mantiene distante con los clientes. Eso sí, por las noches ahoga sus penas en alcohol en el bar de turno y si alguien le mira mal no duda en propinarle un puñetazo por las buenas. Es un tipo misterioso que sin duda alberga un pasado oscuro.

Una llamada de teléfono le avisa de la repentina muerte de su hermano mayor. Su vida cambia por completo; es designado como único tutor legal de su sobrino de 16 años Patrick. Debe trasladarse a su pequeño pueblo natal para hacerse cargo del adolescente, que se niega a renunciar a su vida y mudarse a Boston con su tío. El regreso obliga a Lee a hacer frente a un pasado tormentoso, con la pesada carga de la culpa, además de a su complicada relación con su ex mujer Randi.

El recurso al flash-back es muy inteligente pues aporta al mismo tiempo información del pasado y del presente psicológico de los personajes.

Cada fotograma exhala una profunda sensación de vacío, de esas que torturan el alma hasta lo más profundo.

La huida hacia ninguna parte que emprende Lee no le salva de convertirse en una especie de zombi que va deambulando sin rumbo fijo, intentando sobrevivir bajo una insoportable carga de culpa. Y lo más trágico de todo es que no espera redención alguna.


“De Kenneth Lonergan, autor de tan sólo tres largometrajes, sorprende su capacidad por narrar con un ritmo cercano al de la vida misma. Sin prisas pero sin pausas, sin precipitaciones ni golpes bajos, sin buenos ni malos..Manchester frente al mar es, en todos los sentidos, un ejercicio de paciencia.

Manchester frente al mar, vaya, es un reto al espectador moderno. Los dolores de sus protagonistas son inmensos, pero Lonergan no recurre a la artillería sensiblera. Apela a la comprensión, no a la empatía. Las escenas tampoco pretenden justificar a los personajes, si bien el conjunto goza de gran consistencia. De todo ello resulta una película sobre el luto, la paternidad, la familia, la culpabilidad y la dificultad por pasar página tras un episodio de extrema dureza. También un relato de cielos mortecinos, recuerdos muy vívidos que afloran entre brumas y un presente de paisajes nevados, tanto interiores como exteriores. De la proyección de Manchester frente al mar no se sale entre lágrimas: el conjunto detona en silencio, casi agónico, horas, días y semanas después de su visionado.” (Xavier Vidal de Las Heras)

“Las películas de Kenneth Lonergan se rigen por las leyes de la combustión lenta. Expone los elementos de la historia, va configurándolos y dándoles forma de manera callada y sutil hasta que, cuando quieres darte cuenta, te ves atrapado. En ‘Manchester frente al mar’ intenta representar en la pantalla el dolor en su dimensión más desgarradora. Y lo hace a través de unas imágenes serenas en su superficie que contienen una furia y una rabia internas imposibles de describir. El director renuncia a la épica de la tragedia humana para intentar describir lo que significa la verdadera desolación y el vacío desde la más estricta austeridad emocional.” (Beatriz Martínez)

Más información en:

https://www.espinof.com/criticas/manchester-frente-al-mar-excepcional-retrato-de-la-vida-tras-el-naufragio


Yo Daniel Blake (Ken Loach, 2016)

1 Juliol 2017


Sinopsis: Blake es un carpintero. 59 años, viudo, sufrió un ataque cardíaco y el médico le recomienda que cese de trabajar. Daniel se acerca, entonces, a Seguridad Social para conseguir un apoyo, una pensión. E ingresa en un laberinto burocrático que atenta contra su salud, no sólo cardíaca, sino mental y espiritual.

Con un estilo sencillo y directo, cercano al cine documental, Loach sigue los pasos de Daniel Blake, que acaba de quedarse sin trabajo luego de sufrir un ataque cardíaco y ahora, para seguir cobrando el seguro social mientras busca un nuevo empleo, debe lidiar con la apatía y la falta de comprensión de los burócratas de turno, que le hacen la vida imposible con encuestas, formularios y exámenes de todo tipo sin nunca resolver sus problemas. El filme está contado con tesón, firmeza, ardor y buenas intenciones.

Conocido por su estilo de realismo social y temática socialista ligados a su militancia trotskista, Loach expone los problemas actuales de las personas excluidas, las víctimas de las políticas neoliberales y de libre mercado tan extendidas en el mundo, que enfrentan la desigualdad y la indiferencia en una sociedad cada vez más anestesiada e individualista. En ese sentido, con una narración clásica y transparente sobre un ciudadano común, sin mayores particularidades que su hombría de bien y su conciencia social, Loach traza un panorama triste y ominoso de la vida cotidiana de los millones de británicos que acuden diariamente a las oficinas de ayuda social, con la esperanza de ser ayudados y protegidos. El Estado mata.

La madre con sus dos hijos es la continuidad de la pobreza, en el límite de la marginalidad. El protagonista es un obrero envejecido y sin recursos económicos, la mujer es ya la periferia del sistema, ni siquiera es una empleada sin recurso. ¿Cuál será el destino que propone Loach para sus dos hijos?

El cine social corre el riesgo de plasmar una realidad con un mensaje claro pero carente de cualquier tipo de interés cinematográfico. Es un gran pero que no se suele ver con malos ojos debido a sus buenas intenciones, que van por lares muy diferentes a los del público que desea apreciar una cinta de ficción. Sin embargo, cineastas como los ya mencionados Hermanos Dardenne o Mike Leigh son excelentes referentes del cine social actual. Ken Loach, en un pasado, lo fue. Pero con ‘Yo, Daniel Blake’ vuelve a mostrar un discurso que ha dicho varias veces y que tiene claros defectos como el de distorsión de la realidad y cierto maniqueísmo. Aunque, ciertamente, no son tiempos para ambigüedades y sutilezas en los discursos. Se impone la confrontación con el sistema.


Paterson (Jim Jarmusch, 2016)

1 Mai 2017


Sinopsis: Paterson trabaja como conductor de autobús en Paterson (Nueva Jersey). Cada mañana, el joven Paterson se levanta temprano, sin necesidad de utilizar despertador, y da un beso a su mujer, su amada Laura. Luego conduce el autobús y escribe en una libreta algunos poemas. Por la noche, visita el bar de un amigo donde se rinde homenaje a las figuras claves de la ciudad, como Lou Costello, Allen Ginsberg o Iggy Pop. Paterson, poeta en su tiempo libre, vive tranquilo en su discreta y rutinaria existencia. Las repeticiones marcan su vida cotidiana, su único compromiso diario es con la escritura de unos poemas que dan cuenta de su visión del mundo, mientras vive una bella historia de amor junto a su mujer.

“Paterson” es la película más luminosa que ha firmado Jim Jarmusch hasta el momento, la primera en que deja prácticamente aparcada esa actitud cool de estrella del rock de vanguardia que le pesaba tanto a la anterior “Solo los amantes sobreviven”.

“Ninguna de sus películas anteriores hacía prever el torrente de sencillez, de profundísima sencillez, de esta obra maestra que titula “Paterson”, el nombre de una ciudad afable y tranquila, y el nombre de su personaje protagonista, afable y tranquilo, un conductor de autobús en cuyo interior se fragua una poesía cotidiana, espontánea y directa que vuelca en un cuadernillo guardado junto al «táper» de la comida.

La película es una crónica en minúsculas de siete días de vida de este hombre y sus circunstancias, una joven esposa llena de encanto, imaginación y sueños que comparte con una vitalidad y una espontaneidad comparables en trazo poético a los de Paterson…

La cámara de Jarmusch es tan jugosa y está tan atenta al exterior y al interior de sus personajes que todo en la película, en su liviana pero húmeda historia, es fascinación y emoción. Los paseos matinales hacia el lugar de trabajo, la vuelta a casa, la salida con el perro al pub del barrio, los habitantes de existencia tenue y cercana, los guiños, tics y gestos del día a día…, un elogio pleno de naturalidad a lo hipnótico de lo cotidiano, con el hilo del argumento conectado al interior de Paterson, a su elemental y sentimental proceso de creación poética y a todos esos contornos de lo que es una vida sin más, aunque también sin menos, como si fuera habitual y lo más deseable del mundo que las corrientes del impulso lírico, el amoroso y la rutina laboral y vital se interrumpieran sin molestarse, y se solaparan con un orden que en la pantalla no es difícil confundir con “la felicidad”.

“Paterson” está impregnada de magia exquisita, irreproducible casi con palabras, y llena de momentos gloriosos por su sencillez, un sutil y elegante sentido del humor, y una cercana oratoria, con el perro de la casa (en una interpretación memorable), con los habitantes de ese mundo nocturno del bar, con la propia ciudad a la que uno pertenece (cómo habla por los codos esa gran imagen de las Grandes Cataratas del río Passaic que adornan el pueblo y la imaginación de Paterson), con un japonés que pasa por allí…, con toda esa trama de ilusiones, aficiones y sueños del magnífico personaje de la esposa, que lo encarna con un intolerable atractivo y finura la actriz iraní Golshifteh Farahani. (Oti Rodríguez Marchante).

“Una auténtica joya fílmica, compuesta a partir de la vida cotidiana, poesía que sigue la pista a un poeta urbano que a su vez lee y ama la poesía, de nombre Paterson, igual que la ciudad del medio Oeste estadounidense donde se gana la vida conduciendo un autobús de línea. Allí tiene su hogar con su esposa Laura, a la que ama tiernamente. Es muy comprensivo con los afanes artísticos de ella, algo veleidosos, sus diseños en blanco y negro, o su deseo de aprender a tocar la guitarra para llegar a ser cantante country, aunque tengan que comprarla con un curso que para su economía se acerca un poco al lujo; o con la mascota de la casa, el bulldog Travis, al que le toca sacar a pasear.

Estructurada la trama rítmicamente a lo largo de una semana, con la rutina diaria de Paterson, dentro del ciclo habitual en que consiste la jornada –levantada, paseo hasta el trabajo, intercambios dialógicos con los colegas, conducción, vuelta a casa, paseo del perro, cerveza en el bar…–, siempre hay elementos que aportan la novedad –comentarios de uno u otro pasajero, una avería, sucedidos entre los que frecuentan el bar, ir a ver una película de cine en blanco y negro…–. En cualquier caso, el observador Paterson se muestra inspirado por lo que ocurre a su alrededor, y en su cuaderno secreto de notas, escribe sus poemas, que sólo conoce Laura, que los aprecia mucho” (José María Aresté)

“La belleza de las cosas simples. Suena a tópico, pero así es. El arte de la repetición, o como construir un relato lúcido (y a ratos también lúdico) a partir de la reincidencia no solo de las mismas situaciones, si no en la manera de encuadrarlas y modularlas. Porque el tono es esencial en el cineasta, más que en cualquier otro, y esta vez el tono es cinematográfico pero pautado por la creación poética. Otro detalle precioso: los sonetos de Paterson son leídos por él mientras los escribe y Jarmusch sobreimpresiona el texto en la imagen, dos informaciones al mismo tiempo que, lejos de ser retóricas, nos acentúan el placer de mirar y el de escuchar” (Quim Casas)

Más información:

http://cineytodolodemas.com/paterson/

http://www.jotdown.es/2016/12/una-semana-paterson/


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