el hijo del hombre (Rene Magritte, 1964)

30 Novembre 2018

El Hijo del Hombre es una pintura de 1964 del pintor surrealista de nacionalidad belga René Magritte y su obra más conocida.

Magritte lo pintó como un autorretrato. La pintura se compone de un hombre con abrigo, corbata roja y bombín de pie delante de un muro. Más allá se ve el mar y un cielo nublado. El rostro del hombre se oscurece en gran parte por una manzana verde flotando. Sin embargo, los ojos del hombre se pueden ver asomando por el borde de la manzana.

A primera vista, “El Hijo del Hombre” parece ser un dibujo bastante simplista, pero es profundamente desconcertante.

Hay numerosas teorías sobre el significado del cuadro, una de las más comunes dice que se trataría de una representación del Adán contemporáneo, de ahí que aparezca la manzana que se encontraba presente momentos antes de la expulsión del paraíso. De este modo, la fruta simboliza las diferentes tentaciones que nos ofrece la vida moderna, de las que el hombre todavía no habría disfrutado, pues la manzana se encuentra intacta.

A Magritte, que pintó este cuadro en 1964 tres años antes de su muerte, se le preguntó por el significado de su cuadro y él contestó:

“La manzana oculta lo visible pero oculta el rostro de la persona. Detrás de todo lo que vemos se esconde otra cosa pero siempre queremos ver lo que está oculto por lo que vemos. Hay un interés en lo que está oculto y lo visible, que no se nos muestra. Este interés puede provocar un sentimiento muy intenso, una especie de conflicto, se podría decir, entre lo visible, lo oculto y lo visible que está presente”.

Se podría decir que Magritte ha retratado el interés que todos tenemos por saber lo que hay detrás de cada uno de los seres que vemos y el conflicto que nos genera no saber la verdadera identidad del que nos mira y nos conoce y del que nosotros no sabemos nada y del que intentamos imaginarnos como es y cuales pueden ser sus modos y sus intenciones. No hay nada que preocupe más al ser humano y que le produzca más sentimiento de inferioridad que enfrentarse a lo desconocido. El no poder ver completamente al hombre que estás viendo y con el que te has de batir. Lo que ves, a veces oculta lo que realmente querrías ver.


En “El reconocimiento infinito” (1963), una de sus obras del período tardío, refleja la experiencia de conocer nuestro yo como otro suspendido en la experiencia eterna. En el sueño nos conectamos con nosotros mismos. Si bien Magritte no lo señala, en la obra podría estar autorretratándose en una conversación consigo mismo, dado que siempre solía pintarse con tenida formal y su bombín (sombrero). Uno de ellos está con bastón, lo que reflejaría él mismo a mayor edad, y el otro en su juventud, quien le conversa. Esto alude la situación de la temporalidad de la vida y el vencimiento de la muerte en la pintura a partir de la reflexión infinita de auto reconocimiento que nunca termina. La vida es un aprendizaje, y el sueño es quizás uno de los mayores aprendizajes que la mente nos proporciona.


sacrifici

29 Novembre 2018


Sacrificat pel pare a un déu sense nom
el caminant va penetrar dins el caos
a la recerca de l’instant etern
on pensava trobar la cambra de l’origen

l’úter que obriria l’escletxa pe a l’aparició de l’ombra.

I el caminant,
vertigen entre el caos i la presència,
va anar a la deriva

Autor: Rodolfo del Hoyo Alfaro

Fotografía de Maria Tudela

Sacrificio

Sacrificado por su padre a un dios sin nombre
el caminante penetró en el caos
en busca del instante eterno
donde pensaba encontrar la cámara del origen
el útero que abriría la rendija para la aparición de la sombra.
Y el caminante,
vértigo entre el caos y la presencia,
fue a la deriva.


la Pietà (Anto Carte, 1918)

28 Novembre 2018


El tema de la Piedad es una creación de la imaginación mística que apareció a principios del siglo XIV. Está absolutamente ausente de los evangelios canónicos y tampoco es del culto oficial. La Piedad (o Virgen de la Misericordia) representa a una madre triste que lleva el cuerpo de Cristo, su hijo, muerto de rodillas.

Más allá de la dimensión religiosa y la relación Virgen María-Cristo, Anto Carte transporta el universo bíblico al nuestro y, por lo tanto, insiste más en la relación madre-hijo que une a los dos personajes. La Virgen de Anto Carte es una simple campesina con pezuñas, rasgos ásperos y desgastados, rostros y manos masculinizadas.

Esta transposición del tema bíblico de la Pietà al ambiente minero le da a la pintura un carácter social particular. El hacha de hielo, la botella y el casco en el suelo lo atestiguan. La posición de María aquí es comparable a la de las madres y esposas que lloran y se aferran contra ellas a la persona que aman y que murieron en un incendio.

Anto Carte (1886-1954) no pertenecía a ninguna escuela. Permaneció impermeable a las nuevas corrientes artísticas de su época, como el cubismo o el surrealismo. De la misma manera, las dos guerras mundiales no dejan huella en su producción pintada. Su trabajo está al borde del simbolismo y del expresionismo, a veces cercano a Käthe Kollwitz y el naturalismo está inspirado en las vidas de mineros, campesinos, pescadores.

La figura humana ocupa un lugar central en su obra. Al comienzo de su carrera, influenciado por el simbolismo, representa personajes mitológicos e imaginarios. Luego, su obra pintada manifiesta algunos temas favoritos, como los personajes Brueghel que son ciegos y músicos.

El mundo del trabajo lo inspira mucho, especialmente el de las minas de carbón de Borinage y el de los campesinos. Profundamente religioso, pinta muchos temas religiosos. Después de su viaje a Florencia en 1925 aparecen temas más festivos, como acróbatas y arlequines.

Pintor tanto expresionista como simbolista, Anto Carte sobresale en dibujo. Su línea circunscribe con una claridad elegante la silueta de sus personajes, los detalles de un bodegón o un paisaje.

Otras ilustraciones: “Les deux aveugles (1924)” y “Angelus” (1918)


como la mariposa posada en la alambrada, indiferente a la noción de la muerte

27 Novembre 2018


El instante que media
entre una pregunta y su respuesta,
ese segundo de vacilación
propiedad de lo aún no concebido,
ese intervalo de vacío
en que respiran codiciosas,
como animales fabulosos y sin rostro,
las posibilidades.

Autor: David Eloy Rodríguez


miedo

26 Novembre 2018


“un hijo sin su madre no es un hijo”

(Jorge Villalobos Portales)

Aunque mi madre
no sabía nadar
yo no sentí
miedo en la playa.

Ahora las olas
me devuelven
su recuerdo.
Y sí,
soy un indigente
sin ella frente al mar.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Sorolla, “madre e hijo en la playa” (1908)


homenaje 1

25 Novembre 2018


Me moriré en Madrid
un día cualquiera
me moriré sin aguacero
me moriré
sin que suceda nada
sin que nadie me pegue
sin causa sin motivo
me moriré
de un silencio mayor que yo
mayor que el mundo
y se me irán quedando
marchitas las palabras
y se me irán cayendo
como las hojas de los árboles
y el silencio
como un musgo veloz
me irá invadiendo
hasta dejarme muerta
y silenciosamente

 

Autor: Francisca Aguirre

Ilustración: Cristobal Toral, “desnudo de mujer acostada en la cama” (1973)

Cristóbal Toral ha dedicado toda su obra a captar la provisionalidad de la vida.

Habitaciones, de hotel, de residencias, frías, inhumanas, donde una mujer, a menudo vulnerablemente desnuda, es la imagen de la nihilidad.

En este cuadro Toral usa su característico colorido, abundante en tonos ocres para la expresión de su temática, centrada en el abandono y la tragedia humana en ciudades oscuras y tristes. En esta obra es notable la luz reflejada sobre las sábanas de la cama que reafirma la pobreza del conjunto. Toral es uno de los mejores exponentes del llamado realismo mágico en pintura.

 


retrato de Jeanne Hébuterne (Modigliani, 1919)

24 Novembre 2018


Cuando Jeanne Hébuterne, el 25 de enero de 1920, se arrojó por la ventana no lo hizo para ir hacia el encuentro con la muerte sino que lo hizo para ir al encuentro con el amor. Cuando “Jeanne Hébuterne, embarazada de ocho meses, saltó por la ventana del quinto piso del departamento de sus padres, no saltó al vacío sino que saltó a la plenitud de la eternidad en el encuentro con Amadeo Modigliani. Cuando Jeanne Hébuterne Tellier, a los 21 años, decidió que el vacío era su mejor modo de hacer pie ante la eternidad se arrojó por la ventana. Cuando Jeanne Hébuterne decidió tirarse por la ventana del quinto piso de la casa de sus padres, embarazada de ocho meses y a los 21 años, algunas horas después de haber muerto, de meningitis tuberculosa, Amadeo Modigliani, su amor, Jeanne Hébuterne definió con extrema claridad cuál es el valor del amor y de la vida ante la minúscula muerte” (Patricio Raffo)

Modigliani conoció a Jeanne Hébuterne en abril de 1917 mientras ella estudiaba pintura en la Académie Colarossi. Jeanne tenía 19 años y era miembro de una familia burguesa que no vio con buenos ojos la relación de su hija con el bohemio artista, catorce años mayor que ella. La muchacha no dudó en renunciar a su relación familiar y se fue a vivir con Modigliani a un piso alquilado de la rue de la Grand Chaumière, compartiendo la miseria y las escasas alegrías que podía proporcionar el pintor. La invasión de París por las tropas alemanas en 1918 llevó a la pareja a Niza donde nacerá Jeanne, niña que Modigliani reconoció como suya, el 29 de noviembre. En julio del año siguiente Amedeo firma una promesa de matrimonio con Jeanne que de nuevo está embarazada. El pintor cae gravemente enfermo de tuberculosis a finales de año y el 24 de enero de 1920 fallece en la Charité de París. Jeanne no puede soportar su pérdida y se suicida al día siguiente.

Jeanne será una de las modelos favoritas del artista, posando para él en al menos veinticinco ocasiones. Los retratos y desnudos pintados por Modigliani, aparentemente tradicionales, están cargados de inquietud, de tensión interior y desasosiego. Y aunque los desnudos de sus amantes son lo más preciado de su producción se resistió a pintar a la mujer con la que eludió la boda desnuda. Lo hizo en innumerables ocasiones pero siempre vestida.

En este retrato de Jeanne Hébuterne la cabeza ovalada, los ojos almendrados y el cuello largo desvelan la influencia que ejercía el arte antiguo (sumerio, egipcio y griego) sobre Amedeo Modigliani. Igualmente era un conocedor profundo del arte de su país natal, Italia: una de las obras que se relaciona muy a menudo con sus retratos tardíos es la magnífica Virgen del cuello largo, del pintor manierista Italiano Parmigianino. La modelo y musa posa sentada, con la cabeza ligeramente inclinada y apoyada sobre un larguísimo y doblado dedo índice y con el brazo levantado haciendo visible el vello en las axilas.

Jeanne Hébuterne era una persona amable, tímida y callada, características que este retrato logra transmitir, pese a que los ojos, de color azul claro, sin iris ni pupila, marcan una clara distancia con el espectador. Solamente las ligeras pinceladas en tonos marrón y ocre que rodean los ojos consiguen que el azul plano se convierta en ligeramente modulado. La Jeanne real tenía unos ojos muy expresivos.

Las formas geométricas simplificadas que componen el fondo del cuadro, así como el sillón amarillo, son ejecutadas con pinceladas muy rápidas y caóticas, casi a modo de garabatos. Aun así muestran una mano muy segura, ya que las pinceladas nunca sobrepasan los contornos ni invaden la superficie destinada a otro color. En muchas zonas, muy especialmente en los bordes, el artista prefiere no cubrir con pintura todo el lienzo.A pesar de que los colores son suaves, crean grandes contrastes entre ellos. Así, el rojo de los pequeños labios resalta sobre la piel clara, o el pelo rojizo oscuro destaca frente a la blusa blanca.

El lienzo es encantadoramente voluptuoso en todos sus detalles, desde su largo rostro almendrado y enmarcado por su pelo caoba , que lleva suelto hasta su cuello de cisne, los hombros ligeramente caídos , los brazos estilizados y unas manos y unas muñecas exquisitamente femeninas.

Es especialmente cautivadora la posición de la mano izquierda, con el dedo flexionado hacía atrás y presionando con un aire interrogativo la mejilla. En términos formales este retrato es muy simple y consiste en una serie de curvas que se mueven entre sí, enfrentadas las unas a las otras . La curva ascendente de la enagua de Hébuterne da la vuelta por encima de los hombros y continúa por el borde descendente de la tela naranja que aparece a la derecha del cuadro . En contraposición, se advierte un movimiento serpenteante de la parte superior derecha de la figura que culmina en la inclinación del cuello y la cabeza de la mujer. Respecto a su cromatismo, la obra emplea sutiles tonalidades que derivan de la oposición complementaria del azul y el naranja.

Las obras de Modigliani adquirieron una mayor simplicidad y un nuevo lirismo a partir del momento en que el artista conoció a la hermosa estudiante de arte Jeanne Héburtene, que tenía diecinueve años. Parece ser que nunca se cansó de pintarla, a pesar de su precaria salud. Tomados en su conjunto, estos retratos captan todos sus estados de ánimo y se caracterizan por una nueva pincelada más delicada y unas formas más simples circunscritas por unas lineas que se curvan perezosamente. Pero este nuevo sentimiento no se limita a traducirse en los cuadros de su joven amante.


Ilustraciones: “Jeanne Hébuteme en suéter amarillo”, “Jeanne Hébuteme”, “Retrato de Jeanne Hebuterne”, “Retrato de Jeanne Hebuterne”, “La mujer del artista” y “Retrato de Jeanne Hébuterne con collar”.

Más información en:

http://www.entretantomagazine.com/2013/02/14/modigliani-y-jeanne-hebuterne/


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