la chica de la Verneda

2 Setembre 2022

“A esa muchacha que fue Piel de Manzana”

(J.M. Serrat)

“Por la calle abajo pasa cada día
la mujer que quiero
Por la calle abajo y al mirar sus ojos
de dolor me muero”

(Leandro A. R. Rodríguez/Juan Bautista Paz Pérez)

“vergeles súbitamente en llamas”

(Txema Anguera)

He regresado al barrio
-último tramo del viaje-
Y ella entre los escombros
De una ciudad vencida
Me sigue exhortando al amor.
Ya no es pasión, quizás ternura.
De todo y de nada.
Tiempo para agradecer
La dicha en el vertedero
La geografía de su piel
Y la rumba del suburbio.

Dilapidar lo intangible
Y después de doce lustros
La chica de la Verneda
-continente adolescente-
Aparece como antaño.

Ese perdido temblor
Que secunda este final.

Autor: Javier Solé

Fotografía: Colita, “La noia de la Verneda” (1979)

LA NOIA DE LA VERNEDA

He tornat al barri
-últim tram del viatge-
I ella enmig dels enderrocs
D’una ciutat vençuda
Em continua exhortant a l’amor.
Ja no és passió, potser tendresa.
De tot i de res.
Temps per a agrair
Aquest goig en l’abocador
La dolçor de la seva pell
I la rumba del suburbi.

Dilapidar l’intangible
I després de dotze lustres
La noia de la Verneda
-continent adolescent-
Apareix com antany.

Un perdut tremolor
Que fa costat al meu final.

Autor: Javier Solé


l’estiu

6 Juliol 2022

La brisa d’aquest vespre quasi ens jura
que l’estiu serà bo. No patirem
calor, tindrem més gana i set, beurem
l’amable vi, i la temperatura

del cos ens donarà allò que perdura
quan sembla que a l’amor li falta un rem.
Seràs, vora la mar, l’única altura
que espero de la sort, i tornarem

a una altra joventut, i la tindrem
a la sang cada nit, com una fura.
Sense comèdia ni literatura,
com tu m’has ensenyat, esculpirem

les hores perquè sempre estigui viu,
en el cor de l’hivern, el nostre estiu.

Autor: Pere Rovira

Fotografía: Man Ray, “El violín de Ingres” (1924)

“El violín de Ingres” hace referencia a las dos aberturas del instrumento que Man Ray dibujó con tinta china en las espaldas de su amante, la maravillosa Kiki de Montparnasse.

Dándole a ese desnudo femenino el cuerpo sonoro de un violín, surge toda una cadena de asociaciones condicionada, y no sólo por el título de la obra.

Man Ray dota a la foto de una especial intensidad erótica, similar a la célebre “bañista” de Ingres. Tanto el título como el turbante es un homenaje al maestro.

La fotografía acabó de consagrar a Kiki como musa de todos los artistas de Montparnasse. Desgraciadamente, pasó sus últimos años de vida en un hospital mental. A su muerte, Man Ray fue quien más la lloró.


el segundo país

23 Juny 2022

Un hijo es el segundo país donde nacemos.
Luis García Montero

Busco tu mano en la noche,
tu minúscula mano,
tu mano de bebé, talismán mío,
para escapar de oscuros pensamientos.

Del alba de los días laborables.
De la aterida sombra de su ausencia.
De los pliegues nocturnos donde aguarda,
cada vez más seguro de sí mismo,
cruel en su mansedumbre,
el fracaso,
con su inquieto latir de animal preso.

Tú sonríes dormida.
Me esperas
del lado luminoso de la noche.

Y ya no tengo miedo. Me proteges.

Autor: Ioana Gruia

Fotografía: Aleksandr Rodchenko, “Escaleras” (1929)


la belleza y Kiki de Montparnasse

18 Mai 2022

Allí donde los bulevares Raspail y Mintparnasse
se besan suave, estaba mirándola Miró.
Hemingway imaginaba en su peinado breve
un pez, retrato aleteado.

Alice: carbúnculo, brocha, disco, aguarrás
en las calles del rojo París que ya murió.
El arte, el perfilado (el gargallo, el respingo)
sopla, blande su belleza dura.

El cuerpo de Kiki, brinco y compás,
fue su (de ella) obra, su bemol. ¿Est-ce que c’est no moró
acaso a Man Ray? ¡Sea el edificio subjuntivo
salir a los encuentros…!

Montparnasse comió de su mano, fiesta, matriz
sel círculo bohemio. Imagínense: Raspail, acordeón,
óleos, cigarrillos, mujer de caballete, institutriz

Para aquellos que quisieron, y que quisieron vivir,
y sufrir. Sin ausencias: Kisling, Stravinsky, más Cicteau.
Reina del mundo, a su lado. Modigliani, Stein, más
Matisse.

Entropía de la incorrecta capital, Duchamp
en la fuente de las sobras se sentó
para soñar con lo vivido, lo soñado, el sueño,
por amar los años, la irreverencia…

El ardor. El presente. Paroxismo. Tuvo a Mondrian,
a Joyce, a Léger… Supo de todos. No sació.
Cada uno se buscó algo ganado para, en un futuro,
tener algo que perder.

Espalda undosa y cuello que se dobla, hacia atrás:
erótica, rigurosa, como Marilyn se abrió.
Baile, principio, fin del posado: una flor, un apunte.
Luego llegó a Europa una Minnelli…

Pero véanla desnuda, véanla: están viendo Paris.
Musa de artistas coloristas, diva casse-coeur;
sus roturas sonreían: Alice Prin era actriz.

Los veinte se acabaron, la guerra como un desliz
vino después. Pero que le quiten lo bailado al corazón…
Vean lo que queda, véanlo: las vanguardias estallan en
Kiki.

Autor: Berta García Faet

Fotografía: Man Ray, “Noire et Blanche” (1926)


poema al no

11 Abril 2022

No a la tristeza.
No al dolor.
No a la pereza.
No a la usura.
No a la envidia.
No a la incultura.
No a la violencia.
No a la injusticia.
No a la guerra.
Sí a la paz.
Sí a la alegría.
Sí a la amistad.

Autor: Gloria Fuertes

Fotografía de Ruth Orkin


tristes guerras

26 Març 2022

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes guerras.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.

Tristes, tristes.

Autor: Miguel Hernández

Fotografía: Oleksii Kyrychenko, “Young girl with candy” (2022)

Fotografía de una niña ucraniana sentada en una ventana con un chupetín en la boca y un rifle en la mano; en el pelo lleva una cinta azul y amarilla, colores de la bandera de Ucrania.

Kyrychenko confirma que la niña es su hija de 9 años y que se trató de una puesta en escena.

 


libertad

10 Març 2022

En mis cuadernos de escolar
en mi pupitre en los árboles
en la arena y en la nieve
escribo tu nombre.

En las páginas leídas
en las páginas vírgenes
en la piedra la sangre y las cenizas
escribo tu nombre.

En las imágenes doradas
en las armas del soldado
en la corona de los reyes
escribo tu nombre.

En la selva y el desierto
en los nidos en las emboscadas
en el eco de mi infancia
escribo tu nombre.

En las maravillas nocturnas
en el pan blanco cotidiano
en las estaciones enamoradas
escribo tu nombre.

En mis trapos azules
en el estanque de sol enmohecido
en el lago de viviente lunas
escribo tu nombre.

En los campos en el horizonte
en las alas de los pájaros
en el molino de las sombras
escribo tu nombre.

En cada suspiro de la aurora
en el mar en los barcos
en la montaña desafiante
escribo tu nombre.

En la espuma de las nubes
en el sudor de las tempestades
en la lluvia menuda y fatigante
escribo tu nombre.

En las formas resplandecientes
en las campanas de colores
en la verdad física.
escribo tu nombre.

En los senderos despiertos
en los caminos desplegados
en las plazas desbordantes
escribo tu nombre.

En la lámpara que se enciende
en la lámpara que se extingue
en la casa de mis hermanos
escribo tu nombre.

En el fruto en dos cortado
en el espejo de mi cuarto
en la concha vacía de mi lecho
escribo tu nombre.

En mi perro glotón y tierno
en sus orejas levantadas
en su patita coja
escribo tu nombre.

En el quicio de mi puerta
en los objetos familiares
en la llama de fuego bendecida
escribo tu nombre.

En la carne que me es dada
en la frente de mis amigos
en cada mano que se tiende
escribo tu nombre.

En la vitrina de las sorpresas
en los labios displicentes
más allá del silencio
escribo tu nombre.

En mis refugios destruidos
en mis faros sin luz
en el muro de mi tedio
escribo tu nombre.

En la ausencia sin deseo
en la soledad desnuda
en las escalinatas de la muerte
escribo tu nombre.

En la salud reencontrada
en el riesgo desaparecido
en la esperanza sin recuerdo
escribo tu nombre.

Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
para cantarte

Libertad

Autor: Paul Eluard

Este poema fue escrito en 1942, en la Francia ocupada por los nazis, y miles de copias fueron lanzadas sobre París por aviones ingleses. Para ello Paul Éluard, que vivía escondido, le dio el manuscrito a su mujer, Nusch, que lo entregó a las imprentas de la Resistencia francesa dentro de una una caja de bombones.  El poema, en un primer momento, iba dirigido a Nusch, pero Éluard explicó que en esa situación la única palabra que tenía en mente era libertad.

Fotografía de Simone Segouin, Nicole Minet en la Resistencia francesa, combatiente de 18 años durante la liberación de París el 19 de agosto 1944.

Simone Segouin nació en Francia, en una granja a unos 90 kilómetros de París. Siendo la única mujer entre tres hijos, se acostumbró desde su infancia a convivir con hombres. Bajo la inspiración de la vida de su padre quien batalló en la Primera Guerra Mundial, en 1944 y durante la ocupación nazi en Francia, la joven Simone se unió a un grupo de la resistencia compuesto por comunistas y nacionalistas franceses.

Su primera misión fue robar una bicicleta de los soldados alemanes, la cual pintó y convirtió en su sello. Su ocupación era repartir mensajes y eliminar objetivos. Debido a su esfuerzo y al progreso que demostró durante su entrenamiento, pronto se le otorgaron tareas más importantes y un lugar en las peligrosas misiones de combate. Junto a su tropa volaron puentes, descarrilaron un tren y trabajaron activamente en la captura de tropas alemanas. Se unió a la segunda división blindada francesa y trabajó con Gaulle en la liberación de París. Después de la guerra se dedicó a la pediatría en Chartres, donde vivió con su pareja, Roland Brousier y sus seis hijos, todos inscritos con el apellido de Simone.


bajo el cielo de París

30 Desembre 2021



Bajo el cielo de París no muere en mi memoria el penúltimo café con dos amigos en Les Deux Magots, el trapicheo con un buquinista en el Sena, la acuarela inacabada de una musa desnuda de Montmatre, la lluvia dulce por el tragaluz de la buhardilla, una oda de ocres en el Bois de Boulogne, los silencios en el cementerio de Montparnasse, la mecanografía de un manuscrito apócrifo.

Bajo el cielo de París la nieve en los tejados desvanece el tizne de la pena. Todo petrificado de gozo. La vida fue un regalo, bajo el cielo de París.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)

Fotografía: Jean Pierre Yves Petit, “Un boquinista en Notre Dame, París” (1931)

Ilustración: Caillebotte, “Tejados en la nieve” (1878)

Los tejados de París, son un motivo frecuente en la pintura, el cine y otras artes, a menudo utilizados como símbolo de la ciudad.

Desde 1876, Caillebotte tiende a hundirse en la melancolía tras una serie de fallecimientos en la familia. En 1878, Caillebotte acababa de perder a su madre después de la muerte de su hermano René (1876) y su padre el día de Navidad de 1874. Por otra parte, convencido de que su fin estaba cerca (moriría en 1894, a los 45 años), escribió su testamento en 1876.

Caillebotte expresa la tristeza de su alma en este paisaje de tejados cubiertos de nieve. Para resaltar aún más el efecto de la opresión y pesadez, en lo alto del horizonte, sugiere un cielo oscuro reducido a una banda gris. A continuación, la maraña de tejados no permite aún anunciar la primavera. Unos meses más tarde, Caillebotte dejaría de pintar. A pesar de que todavía realizaría algunas pinturas, esta obra es de alguna manera, su canto del cisne.


verte y no verte

24 Novembre 2021

A Ignacio Sánchez Mejías

Por el mar Negro un barco
va a Rumanía,
Por caminos sin agua
va tu agonía.
Verte y no verte.
Yo, lejos navegando;
tú, por la muerte.

Verónicas, faroles,
velas y alas.
Yo en el mar, cuando el viento
los apagaba.
Yo, de viaje.
Tú, dándole a la muerte
tu último traje.

Mueve el aire en los barcos
que hay en Sevilla,
en lugar de banderas,
dos banderillas.
Llegando a Roma,
vi de banderillas
a las palomas.

Por pies con viento y alas,
por pies salía
de las tablas Ignacio
Sánchez Mejías,
¡Quién lo pensara
que por pies un torillo
lo entablara!

Una barca perdida
con un torero,
y un reloj que detiene
su minutero.
Vivas y mueras,
rotos bajo el estribo
de las barreras.

Verte y no verte,
Yo, lejos navegando
tú, por la muerte.

Autor: Rafael Alberti

Fotografía: Campúa (José DeMaría Vázquez), “Joselito” (1920)

El torero Ignacio Sánchez Mejías llora la muerte de Joselito en la enfermería de la plaza de toros de Talavera de la Reina (Toledo) el 16 de mayo de 1920. Es una de las imágenes más emblemáticas de la historia de la fotografía taurina y, quizá también, una de las más dramáticas, aunque la escena no se desarrolle en un ruedo.

Más información en:

https://www.huellasdeluz.es/2012/05/17/la-historia-de-una-foto-que-tiene-autor/


autorretrato

22 Novembre 2021

Bajito y gordo, 
fumador, como reo en capilla, 
bebedor ocasional de a diario, 
constructor de albas delicadas, 
destructor del sueño a medianoche, 
niño dormido en la copla de la madre, 
viajero de visado falso en la bendita poesía,
deseador convulsivo a días alternos, 
descendiente de un delirio marinero sin bahía, corazón loco, 
rescoldo de un incendio intencionado, 
desaire constante a los espejos, sus reflejos y sus formas.

Autor: Txema Anguera

Fotografía: Man Ray, “Retrato de Max Ernst” (1934)


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