La libertad guiando al pueblo (Delacroix, 1830)

29 març 2012

“He emprendido un tema moderno, una barricada, y si no he luchado por la patria, al menos pintaré para ella”.              (Eugène Delacroix).

 El lienzo representa una escena del 28 de julio de 1830 en la que el pueblo de París levantó barricadas. El rey Carlos X de Francia había suprimido el parlamento por decreto y tenía la intención de restringir la libertad de prensa. Los disturbios iniciales se convirtieron en un levantamiento que desembocó en una revolución seguida por ciudadanos enojados de todas las clases sociales. No existió un único cabecilla. Por eso Delacroix representa a la Libertad como guía que conduce al pueblo. Tampoco está representada de una forma abstracta, sino que es una figura alegórica muy sensual y real.

El tema de la obra es la insurrección burguesa que tuvo lugar los días 27, 28 y 29 de julio de 1830 (denominadas «las Tres jornadas gloriosas»). Es una de las revoluciones burguesas, y más concretamente la que puso fin al terror blanco tras los dieciséis años de la restaurada la monarquía borbónica, encarnada en el ultraconservador de Carlos X, que fue expulsado del trono y sustituido por Luis Felipe de Orleans, el llamado Rey burgués, con lo que se consumó el acceso al poder de la burguesía liberal, aunque no se instauró la república. Delacroix estuvo del lado de los revolucionarios, es más, él mismo se ha representado en el cuadro como el hombre que lleva el sombrero de copa negro y que se encuentra entre los combatientes y en primera fila.

La revuelta se inició el 27 de julio como protesta contra una serie de ordenanzas que restringían libertades ciudadanas. En esa noche jóvenes republicanos se pusieron al frente de la insurrección y ya de día se elevaron barricadas (de hecho al cuadro se le conoce también como La Barricada). El día 29 los revolucionarios eran dueños de la ciudad. La revuelta rebasó las fronteras de Francia y dio lugar a levantamientos similares, de lucha contra los monarcas reaccionarios o de liberación nacional (como los belgas sublevados contra los holandeses), en varios países europeos.

El espectador sólo tiene dos posibilidades, el unirse a la masa, o el ser arrasado por ella. El pueblo es la unión de clases: se representa al burgués con su sombrero de copa y empuñando el fusil, al lado un andrajoso y un herido que pide clemencia a Francia. Al fondo aparecen brumas y humos de la batalla que diluyen un barrio francés bastante realista. A los pies de la Libertad un moribundo la mira fijamente indicándonos que ha valido la pena morir por ella.

Nos encontramos ante el primer cuadro político de la pintura moderna; la historia contemporánea es la lucha política por la libertad. Libertad que estaba ligada indisolublemente en aquella época al concepto de Patria.

En el cuadro aparecen jóvenes, adultos, clase obrera, burgueses y soldados defendiendo a la Libertad que, como ya se ha dicho, en este caso se identifica también con Francia y es representada como una mujer empuñando un fusil de la época y con el pecho al descubierto, hecho este último que escandalizó a críticos y a parte de la sociedad de la época.

El personaje del sombrero es un burgués, en el que se autorretrata Delacroix a pesar de que no participó en los hechos.

La figura de la Libertad porta dos símbolos revolucionarios: el gorro frigio y la bandera tricolor, que el nuevo régimen -a pesar de ser monárquico- adoptó nuevamente. En segundo plano, Nôtre-Dame de París, en una de cuyas torres ondea la bandera revolucionaria, quizás para afirmar el sometimiento de la iglesia, que había sido uno de los apoyos de la restauración borbónica.

Junto a la figura alegórica de la Libertad, se dan otros detalles tremendamente realistas como puede ser el pubis desnudo de la persona muerta que hay en primer plano, abajo a la izquierda (obrero de la camisa blanca). ¿Es un cuadro alegórico o histórico? No parece que sea ninguna de las dos cosas.

La obra está impregnada de movimiento no solo por los gestos dramáticos de los personajes, y por la composición en diagonales, sino porque los del primer plano avanzan sobre la quietud de los muertos.

La luz del cuadro es irreal; ilumina la Libertad con la bandera tricolor, una parte del cuerpo del niño que hay a su lado, al moribundo de la chaqueta azul, al muerto del margen inferior izquierdo y las manos y media del hombre del sombrero de copa. En este caso la luz y el color tienen un objetivo en común: potenciar el movimiento.

La obra de Delacroix mantiene toda su vigencia al abordar una problemática universal y perpetua. Buena prueba es su influencia en “Homeland” (1994), de Bo Bartlett.


La mano de mi padre

26 març 2012

Sobrevive la figura de mi padre
en la oscuridad
de un horizonte devastado.
Borrosa. Lejana.
Empañada por el llanto
y un camino hacia el vacío.
Mirando alejarse al mensajero
que busca el faro.
Recuerdo su figura triste,
ahogada la alegría
en la vuelta imposible.
Y este punzante don del recuerdo
trae su mano abierta,
curtida en la magia del vivir,
como si fuera la mía.

En las tardes oscuras de mi otoño
la cálida mano de mi padre
sigue diciendo adiós
desde los muelles.

Autor: Gabriel Alejo Jacovkis Polak

Ilustración: Picasso, “El viejo judío” (1903)

Fuente original:

http://paramiuncortado.wordpress.com/2012/03/26/la-mano-de-mi-padre/

Poema de “El libro y el poeta”

Para adquirir ejemplares contactar con gabrielalejo@gmail.com


Records d’infantesa

24 març 2012

Olor d’escola
Mitjons gruixuts i guants de llana
El caliu de la llar, l’espetec de la llenya encesa
Olor de brou, i algun esternut
T’allunyaràs tan apressa com la tardo
S’acabarà el calendari i tu també t’esfumaràs
I em sentiré viva perquè la primavera es vida
I l’estiu, la tardo
i tu hivern tornaràs
Haurà passat un altre any
la nostra front mes nevada i els passos mes feixucs
Altre vegada s’acabarà el calendari
I jo em sentiré viva quan senti la fredor del cap vespre
i la gebre de la matinada trencar-se sota els meus peus

 

Autor: Miquel Martí i Pol

Ilustración: Vittorio Reggianini, “El ensayo”


La Chiquita piconera (Julio Romero de Torres, 1930)

22 març 2012

 Esta carita de cera
a mí el sentío me quita.
Te voy pintando, pintando
ar laíto der brasero
y a la vez me voy quemando
de lo mucho que te quiero.
¡Várgame San Rafael,
tener el agua tan cerca
y no poderla bebé!

Es este cuadro el auténtico testamento pictórico de Julio Romero de Torres, donde sintetiza toda su concepción de la pintura y del arte. Es un retrato lleno de madurez, hondura y sosiego.

La escena de este lienzo, se desenvuelve en el interior de una humilde habitación, donde una joven sentada en una silla de anea, se adelanta sobre un brasero de cobre, sosteniendo en sus manos una badila de metal. Una puerta abierta, deja ver al fondo, el paseo de la Ribera, el Río Guadalquivir, el Puente Romano y la Calahorra, todo bajo un cielo de anochecer. Sus acostumbrados fondos de luminosos atardeceres, se vuelven aquí oscuro anochecer, presagiando quizá que la vida del maestro que se apagaba.

El hombro desnudo, el incipiente nacimiento de los pechos y las bien torneadas piernas abiertas de la joven embutidas en medias de seda presionadas por ligas de color naranja constituyen la oferta de la muchacha para brindar su joven cuerpo a cambio de alguna moneda que la libere de su humilde condición.

Lienzo de técnica casi fotográfica en el tratamiento de los planos, donde la modelo mira penetrante, no al infinito como en la pintura clásica, sino de una forma directa y próxima, donde se encuentran todos los elementos fundamentales que definen la pintura de Romero de Torres: Córdoba envuelta en brumas, siempre distante y próxima; la belleza como ideal, reflejada en la mujer; la mezcla de ardor y frialdad; de dulzura y desencanto, de arcaísmo y modernidad; de nostalgia y presencia.

Desde su juventud, Julio Romero de Torres se ganó una merecida fama de seductor y mujeriego. Tres años antes de su muerte, casi de manera obsesiva,  el único oscuro objeto de deseo en su pintura son los retratos que tenían como modelo a la joven María Teresa López. En “La Chiquita Piconera” tenía 16 años y ya el pintor estaba gravemente enfermo y había cesado de acosar a su adolescente musa.

La leyenda de este cuadro nace con la visión de esa “Lolita” que desnudaba sus larguísimas piernas y el hombro y miraba con ojos felinos al sitio donde se encontraba el pintor maduro, enfermo y con justa fama de seductor y que fue  motivo de habladurías y coplas alimentadas por la imaginería y la cultura popular. Y la musa del pintor devendría diez años después la mujer morena que cantaba la España pobre de la posguerra.

La protagonista de este cuadro, “Niña con jarra” (1928) también es María Teresa López.

En este lienzo, las facciones serenas y agradables, la mirada tranquila y el ligero gesto de melancolía retratan a la mujer con maestría, consiguiendo un efecto admirable de realidad espacial, reflejada por la intensidad de las luces en algunas zonas y fondos en penumbra.

El pintor continúa la tradición retratista de la pintura andaluza, que nos trae el recuerdo de la Escuela Sevillana barroca.


Palabras para Julia

19 març 2012


Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Autor:
J.A. Goytisolo

Poema dedicado a su hija con el recuerdo imborrable de madre.

La ilustración
superior es
de Igor Medvedev


Secreto

17 març 2012

Antes yo no sabía
por qué debemos todos
-día tras día-
seguir siempre adelante
hasta como se dice
que el cuerpo aguante.

Ahora lo sé.
Si te vienes conmigo
te lo diré.

Autor: José Agustín Goytisolo


Las señoritas de Avignon (Picasso, 1905)

15 març 2012

Picasso pinta “Las señoritas de Aviñón” entre la primavera y el verano de 1907 (el artista contaba entonces con 25 años), en un momento de crisis sentimental ya que estaba a punto de separarse de Fernande Olivier, que venía siendo la compañera sentimental del malagueño desde hacía unos años. Antes de llegar a realizar la pintura que hoy conocemos, Picasso hizo cientos de dibujos preparatorios, en los que aparecen multitud de figuras femeninas que presentan rasgos que las emparentan con modelos africanos y oceánicos, además de con la escultura íbera (“Así como el artista africano tallaba sus máscaras y estatuas, expresando sus temores ante los espíritus malignos, enfermedades y desgracias, Picasso pintaba sus propias figuras hechizadas, anhelando desviar el riesgo de la enfermedad venérea“).

Un primer boceto a lápiz negro y pastel sobre papel, en formato horizontal da a conocer la primera idea que tuvo Picasso para la realización de este cuadro. Las medidas del lienzo iban a ser más pequeñas, con siete protagonistas, cinco mujeres y dos hombres. Los hombres serían un estudiante (se supone que de medicina) entrando en escena por el lado izquierdo y llevando en la mano un libro (en otros dibujos es una calavera, en clara alusión a Hamlet), y un marinero sentado en medio de la habitación, delante de una mesa redonda donde hay pintado un bodegón con tres trozos de sandía, un porrón de vino y una jarra con flores, todo ello con su simbología correspondiente. La distribución de las mujeres iba a ser: una a la derecha, entrando y corriendo la cortina, una de espaldas y sentada, otra sentada junto al marinero y dos detrás y de pie.
Los críticos e historiadores han visto en este boceto una clara escena de burdel. El título evocaría los prostíbulos que el poeta había frecuentado durante su estancia en Barcelona, en la calle Avinyó.

El segundo boceto es una acuarela sobre papel, muy próxima al cuadro final. En él desaparecen las figuras masculinas y quedan las cinco femeninas. Mantiene el formato horizontal pero con unas medidas más pequeñas. La mujer sentada sigue casi igual, sólo que ahora vuelve ligeramente la cabeza hacia el espectador. La mujer de la derecha sigue en posición de correr la cortina. El estudiante de la izquierda es sustituido por una mujer muy parecida a la pintura definitiva. El bodegón del centro queda adelantado a primer término y la jarra con flores desaparece. En este segundo boceto se muestra ya un ensayo de los colores de la obra terminada. La escena de burdel ya no está tan clara como en el boceto anterior y cada figura femenina toma protagonismo por sí misma; las figuras masculinas han desaparecido a favor de las cinco mujeres que muestran con total desinhibición sus cuerpos a los posibles clientes.

Cinco prostitutas desnudas en un burdel, dos de ellas apartan cortinas en torno al espacio donde las otras adoptan poses eróticas y seductoras; cuerpos angulados y torturados. Pechos puntiagudos, extremidades gruesas y pesadas. Sus figuras no son volúmenes redondeados, sino planos chatos y rotos, sus ojos son torcidos e hipnóticos y las cabezas de  las dos de la derecha son máscaras amenazadoras.

La verdadera revolución de Picasso se advierte en la deformación y fragmentación del espacio circundante y de los cuerpos -en especial las posturas, torsiones y escorzos de las figuras-, y la incorporación del espectador-cómplice a la escena como un “voyeur” ante el cual la ‘señorita’ de la izquierda levanta el pesado cortinaje que oculta este “aterrador espectáculo“, en el que encontramos dos ‘señoritas’ de pie, otra que se encuentra sentada de espaldas hacia nosotros y que a la vez nos mira de frente a los ojos en un giro totalmente imposible, y una última que está entrando en escena por el costado derecho del cuadro mientras aparta el cortinaje con ambas manos. 

El Cubismo tuvo como centro neurálgico la Ciudad de París, y como maestros del movimiento figuraban Pablo Picasso, Juan Gris,  Georges Braque y Fernand Léger. El movimiento efectivamente se inicia con el cuadro “Las Señoritas de Avignon”. Como elementos precursores del cubismo debemos destacar la influencia de las esculturas africanas y las exposiciones retrospectivas de Georges Seurat (1905) y de Paul Cézanne (1907). Es una tendencia esencial pues da pie al resto de las vanguardias europeas del siglo XX. No se trata de un ismo más, sino de la ruptura definitiva con la pintura tradicional.

El Cubismo es un arte mental, se desliga completamente de la interpretación o semejanza con la naturaleza, la obra de arte tiene valor en sí misma, como medio de expresión de ideas. La desvinculación con la naturaleza se consigue a través de la descomposición de la figura en sus partes mínimas, en planos, que serán estudiados en sí mismos y no en la visión global de volumen. Así un objeto puede ser visto desde diferentes puntos de vista, rompiendo con la perspectiva convencional y con la línea de contorno.

Siete años más tarde Kirchner, en  “Cinco mujeres en la calle” representa a cinco inquietantes mujeres encerradas en abrigos largos, estiradas y geometrizadas por influjo combinado del cubismo y del futurismo, y que se mueven aceleradas por las calles de un mundo tenso a punto de estallar.

Estas mujeres, vestidas a la moda y con trajes caros, están frente a un escaparate mirando otros objetos de lujo. No es un tema siniestro, y sin embargo la atmósfera global de la pintura lo es. Las mujeres parecen congeladas en posturas erizadas. La actividad está concentrada en la pincelada seca y dura. Quizás sean prostitutas caras, o quizás el pintor quiso que unas ricas esposas pareciesen caras prostitutas. Sus extremidades, los zapatos y los adornos del sombrero se afilan ofreciendo un aspecto erizado y vicioso, y este efecto se refleja en las caras con el carmín de sus labios y sus duras expresiones. Las ropas y sombreros oscuros, al contrastar con sus caras pálidas, pueden producir un efecto de fragilidad. Las sombras verdes del fondo se reflejan en los tonos de la carne; todo contribuye a crear una atmósfera de decadencia.


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