el último derviche

7 Juny 2020


De su ropa salió un aullido de menta.
A lo lejos un rumor de huesos rotos
cruzó apresurado el bosque.
No hubo indulto.
La sentencia se cumplió al amanecer.
Ya nadie cubrirá
con nieve la ceniza,
nadie le pondrá zapatos de cristal
a los cuervos,
ni rescatará del vertedero
la voz púrpura de los ancianos.
La nada es el todo,
la nada existe en la
no existencia.
Tú y yo no somos ya,
no existimos ni en el reflejo insomne
de una estrella.

En el último momento,
buscó mis ojos
y disparó una palabra.
Por un instante,
fui la soga que desgarraba su cuello
y reconocí entre sus heridas
la oscuridad que habito.

Mírame,
tengo las manos llenas
de leche degollada,
he ocupado mi estómago
con trozos de animales muertos,
me he comido sus miedos,
absorbiendo a través de sus venas
el perfume violento de los mataderos,
su agonía ha sido mi comida,
y a esto le hemos llamado
alimentación.

He destruido puentes,
vaciado la tierra
y extirpado de vida los mares.
Bajo este cielo
de arcángeles violados,
administro las guerras
como si fueran caramelos.

Nuestro código de vida
es morir matando.
Para adormecer tanta locura
suministro a mis súbditos días amnésicos.
Quienes los prueban
siempre repiten,
felices por no recordar dolor alguno.
Todos menos él,
que siempre buscó
las huellas del tigre en la nieve,
un derviche que ladeaba
su cuerpo hacia el cielo
reprochándole al infinito
tanta hostilidad.

Cazador,
limpia deprisa las últimas huellas
de vida honesta sobre la tierra.
Y cuando salgas,
no olvides cerrar la puerta
con nueve llaves,
pero antes,
asegúrate bien de que nadie vea
que del cuerpo del último derviche emana
una hemorragia de rosas.
De
rosas.

Autor: Marta Navarro

Ilustración de Andrew Wyeth


me sale a devolver

5 Juny 2020

La alianza grabada en fecha firme
que llevaron durante cuarenta años
sus abuelos en el corazón izquierdo
y después sus padres otros veinte
y ahora nadie. La gente esconde el oro en la mesita de noche.

O un piso en propiedad donde dormir en calma
cuando el oro nada valga, donde esconderse
del desahucio del amor y de los días agraces.

Quizá un coche coreano con el que recorrer islas
hundidas de madrugada, con los ojos aún llenos de luna
y el sol como corona de un imperio de ancianos y turistas.

La mayoría de la gente tiene algo: un trabajo
un seguro de vida, un Iphone
con más de cien contactos en la agenda.

Yo no tengo nada
más que una mujer
un hijo
este poema
y una sombra que me nombra
en un paraíso fiscal de mí mismo.

Autor: Emilio Martín Vargas

Ilustración: Glen Preece, “Picnic with dog and beetle”


una oración pagana

4 Juny 2020


Madre nuestra que estás en cada cosa,
santificado sea el mundo y su tristeza muda,
venga a nosotros el don de distinguir que el reino es este
y en él nos encontremos,
hágase la voluntad de quien contempla la luz y la acaricia.
Danos hoy nuestra voz y nuestra hambre,
alaba la torpeza de quien ama y se confunde de figura
como también acierta al distinguir que amar lo nutre,
y déjanos caer y levantarnos tantas veces como el día,
y danos potestad para elegir,
sin la pesada carga del recuerdo.

Autor: María Alcantarilla

Fotografía de María Alcantarilla


última oferta

3 Juny 2020


Si en mi lecho de muerte, se aparece
(a la manera de Dickens o de Capra)
un espíritu o un ángel proponiéndome
una oferta final: seguir viviendo
un año más, un mes, una semana,
incluso un solo día, a condición
de echar mi obra al fuego y verla arder,
no tengáis duda alguna:
Yo mismo encenderé la hoguera.

Autor: Julio Rodríguez


fuegos fatuos

30 Mai 2020


Respetadme,
fui un adolescente en los noventa,
nuestra religión era la música,
acampábamos en el margen de un río
y bailábamos como fuegos fatuos hasta el alba.

Ellas
vestían jerséis anchos,
ocultaban los puños en el interior de sus mangas
y se zarandeaban como sauces al viento:
sólo si estuviste ahí sabrás que algunas eran tan hermosas
que tu corazón doblaba sin consuelo durante horas.

Aún
percibo el flamear de sus crines
y cómo aullábamos sedientos en la orilla,
pero ese mundo ya no existe,
confié mis recuerdos a robustas carcasas
y frágiles memorias de ocho bits
que han evaporado buena parte de ellos.

Nos
bañábamos entre carrizos y espigas,
los caños manaban torrenciales
y hundíamos los tobillos en el fango.

Sé que en el futuro nos tributarán honores de Estado
como al último soldado vivo de las Ardenas
o a los actores centenarios del cine mudo.

¿Recuerdas?
Nos desorientamos,
el ruido se tornó ensordecedor,
la droga cabía en la yema de tus dedos
y nos conectaron unos a otros
como en una baliza interminable.
Entonces comencé a escribir
y a cuestionar las normas,
las calles ardían por cualquier motivo
y ellas se alejaron irremediablemente hacia la nada.

Aman,
hoy, sus pequeñas vidas, sencillas, ordenadas,
los arroyos son grises y estancados,
¿quién querría volver a sumergirse en ellos?
Pero a veces la música nos salva,
tararean una melodía
y se balancean suavemente
como el brote de una espiga
prolongándose hacia la luz.
Algunos aceptamos la derrota,
sigo sin hacer lo que me dicen
ni escribir como debiera,
pero no voy a cambiar ahora.

Autor: Toni Quero

Ilustración de Andrew Salgado


defensa propia

29 Mai 2020


Como una cerilla encendida
en mitad de la noche, un poema
ilumina tan sólo un instante
la oscuridad que nos rodea.

Pero no olvides nunca
que también puede hacer que todo arda.

Autor: Julio Rodríguez

Ilustración: Samuel Bak, “Carried Away” (2017)


art poétique

27 Mai 2020


La poesía, me dijiste,
es un acto de conciencia,
un acta notarial, el testimonio
de aquello que sabemos
que no sucederá
pero que es necesario
que suceda. De lo que de
un momento a otro,
podría, o debería, volar
en mil pedazos.
cada poema,
quizá,
no es otra cosa
que un triste,
inesperado
levantamiento de cadáveres.

Autor: Xavier Rodríguez


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