para hablar con los muertos

17 Octubre 2019


Para hablar con los muertos
hay que elegir palabras
que ellos reconozcan tan fácilmente
como sus manos
reconocían el pelaje de sus perros en la oscuridad.
Palabras claras y tranquilas
como el agua del torrente domesticada en la copa
o las sillas ordenadas por la madre
después que se han ido los invitados.
Palabras que la noche acoja
como los pantanos a los fuegos fatuos.
Para hablar con los muertos
hay que saber esperar:
ellos son miedosos
como los primeros pasos de un niño.
Pero si tenemos paciencia
un día nos responderán
con una hoja de álamo atrapada por un espejo roto,
con una llama de súbito reanimada en la chimenea
con un regreso oscuro de pájaros
frente a la mirada de una muchacha
que aguarda inmóvil en un umbral.

Autor: Jorge Teillier

Ilustración: Abbott Handerson Thayer, “A Virgin” (1893)


silla plegable

16 Octubre 2019


La última vez que Jane se mostró en público
fue en el funeral de nuestro primo
Curtis, muerto con tres días
en los brazos de su madre.
Yo llevaba una silla plegable
y Jane se agarraba firme
mientras cruzábamos por el hielo
con el viento más frío del año
hasta la tumba del niño.
Jane se sentó tiritando, con lágrimas,
pálida y envuelta en abatimiento
y lana. Nuestros vecinos
y nuestros primos nos saludaban con la cabeza,
nos sonreían y desviaban la mirada. Sabían
quién los iba a reunir allí la vez siguiente.

Autor: Donald Hall


la duda

15 Octubre 2019

Picasso - Masacre en Corea (1951)
“Mañana, cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad”

(Juan Paredes Manot, alias Txiki, ejecutado en España en septiembre de 1975)

“Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos para ver la muerte de frente”

(Xosé Humberto Francisco Baena Alonso, ejecutado en España en septiembre de 1975)

Podría cerrar los ojos,

encomendarme a un dios bastardo
evocar el primer beso
pensar en mis padres
-sobre todo en mi madre-
en cómo me abrochaba
el gabán de mi hermano.

Podría cerrar los ojos,

fantasear que ya no somos pobres
que la revuelta no es
una pira de cadáveres hambrientos
una fosa de mineros sin nombre.

Podría cerrar los ojos,

no ver las armas de mis asesinos,
visten los cinco uniforme de gala
con los botones de la impoluta casaca
cosidos por sus novias o sus hermanas.

Podría cerrar los ojos,

Y si lo hiciera
no vería
la duda
-o el miedo-
en el más mayor de los soldados.

Si un hombre
-no importa sea minoría-
duda
todos podemos salvarnos.

Cuatro balas en el pecho
asolan la vida.
La quinta -insurrecta-
me reconcilia con los hombres.

Morí extrañamente feliz.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)

Ilustración: Picasso, “Masacre en Corea” (1951)

Una de las primeras obras importantes en criticar el abuso de poder de los Estados Unidos tras la II Guerra Mundial fue esta obra de Pablo Picasso, donde un grupo de militares estadounidenses se preparara para masacrar a un grupo de indefensas mujeres y niños en Corea del Norte.

Un río divide en dos el cuadro. El río es una frontera que separa a las dos Coreas, los civiles de los soldados y las víctimas de sus verdugos. Los civiles están desnudos, dibujados con formas redondas y líneas curvas (mujeres y niños solamente) en total oposición con los hombres, rostros ocultos, líneas rectas y quebradizas, evocando la destrucción, la violencia, la agresividad…  Este contraste muestra la diferencia entre los hombres y las máquinas.

En frente nos encontramos a un grupo de soldados, preparados para disparar. Llevan armas muy sofisticadas, de hasta tres bocas, y aunque también van desnudos, todos llevan una especie de casco que oculta sus rostros y los deshumaniza. Sólo el soldado que está al mando descubre su cara, mientras que alza una espada con una mano, y con la otra sujeta un bastón de mando, o quizá simplemente un palo, una de las primeras armas del ser humano.

El grupo de soldados representa la fuerza militar. Visible por la desproporción de las armas y tecnicidad aberrante (tres agujeros alrededor de los fusiles no alineados con el trayecto futuro de la bala) la locura de la técnica. Los cascos simbolizan el obcecamiento ideológico. La manipulación de su conciencia por el jefe político, disociado de los otros, rostro que manipula a los hombres sin correr riesgos, los pies girados para huir de la guerra.

La impresión de desolación es brutal, con unas ruinas fondo. Hay, además, una graduación en el miedo. De la derecha hacia la izquierda. La pequeña niña que corre, la otra que juega despreocupada. La mujer joven llena de estupor. En fin, las madres con el rostro deformado por el terror.

La obra se inspira en los fusilamientos del 3 de Mayo, pintado por Goya en 1814 y sirvió de propaganda para el Partido Comunista Francés, del cual era Picasso militante.


no tuvo ayer su día

14 Octubre 2019


Ya desde muy temprano,
ayer fue tarde.

Amaneció el crepúsculo, y al alba
el cielo derramó sobre la tierra
un gran haz de penumbra.
Cerca del mediodía
un firmamento tenue e incompleto
—¿cifra de nuestra suerte?—
brillaba todavía en el espacio. (La luna
no iluminaba al mundo;
su cuerpo transparente
nos permitía tan sólo adivinar
la existencia más alta de otro cielo
inclemente también, inapelable.)
Seguimos esperando, sin embargo.
Imprecisas señales
—un latido de pájaros, a veces;
el eco de un relámpago;
súbitas rachas de violento viento—
nos mantenían alerta.

A la hora del ocaso
salió un momento el sol para ponerse
y confirmó las sombras con ceniza.

Autor: Ángel González

Ilustración: Willem Roelofs, “Landscape in an Approaching Storm” (1850)


regresaré

13 Octubre 2019


Regresaré al poema como a la patria a la casa
Como a la antigua infancia que perdí por descuido
Para buscar obstinada la sustancia de todo
Y gritar de pasión bajo mil luces encendidas.

Autor: Sophia de Mello

Ilustración: Giampaolo TALANI, “aida”


un hombre solo en una casa sola

11 Octubre 2019


Un hombre solo en una casa sola
no tiene deseos de encender el fuego
no tiene deseos de dormir o estar despierto
un hombre solo en una casa enferma.

No tiene deseos de encender el fuego
y no quiere oír más la palabra Futuro
el vaso de vino se ha marchitado como un magnolio
y a él no le importa estar dormido o despierto.

La escarcha ha empañado las ventanas
pero a él sólo le importa mirar la apagada chimenea
sólo le gustaría tener una copa que le contara a una vieja historia
a ese hombre solo en una casa sola.

Una historia como las que oía en su casa natal
historias que no recuerda como no recuerda que aún está vivo
ve sólo una copa vacía y una magnolia marchita
un hombre solo en una casa enferma.

Autor: Jorge Teillier

Fotografía de Ara Güler


el olvido

10 Octubre 2019


Una serpiente de bruma
desdibuja el intento de evocar.
Se ha borrado el orden
de las habitaciones.
Las lámparas sólo tejen sombras.
Tras un tumulto de ideas
se esconden las puertas.
La cocina,
con el vaho del puchero y los fideos,
se pierde en algún muñeco roto.
Sólo puedo ver, con dolor fotográfico,
la escalera y el insólito triángulo
que encerraba los juguetes.
Es cruel
sobrevivir a la memoria.
Allí siguen los que se han ido
sin decirme adiós.
En el juego de mi tenaz vigilia
puedo llegar a chocar con las paredes
buscando el paso
de mis visiones incompletas.
Quiero descansar
del recuerdo enfermo
que se niega a ser mi compañía.
Me queda la paz de saber
que fui feliz bajo esos techos.
Sigo oyendo los tangos de la radio,
el ruido de las ruedas de un triciclo
y la campana del colegio
no sé si llamando a entrar
o a salir de aquella infancia que me amó.

Autor: Gabriel A. Jacovkis

Ilustración: Antonio Berni, “Retrato de Juanito” (1961)


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