noviembre

26 Novembre 2015

Lucien Freud - The Painter's Mother (1984)
“Últimamente dedico horas y horas
a mirar a mi madre.
Su lentitud y su tesón
para buscar las gafas,
para buscar las llaves,
para buscar lo que necesita.
Aprendo el modo de buscarla a ella,
para cuando me falte.”

(Begoña Abad)

Acababa de morir,
el rostro inexpresivo.
La última lágrima en la mejilla
comenzaba a enfriarse.

Habíamos conversado poco antes
de banalidades,
me sugería ir al médico
y tomara en serio la promesa de no fumar,
me preguntaba todos las tardes por sus nietas
y si mi padre le había abonado la pensión.

No quería comer,
tampoco recibir visitas.
Ni las vecinas, ni las amigas.
Sus hermanos mayores ya habían muerto.
Su hermana pequeña ya había muerto.
El primer hijo también había muerto.

En jornadas precedentes aludía a la Muerte
como una solución a su tristeza
y a los problemas que su salud ocasionaban a los demás.

Era noviembre.
Hacía sol,
pero la ventana de la residencia
no estaba abierta.

En el jardín
un anciano me pedía tabaco
un gato negro me miraba de soslayo
el viento exigía la fuera entregado el cadáver.

La soledad daba miedo.
La muerte daba miedo.
El viento daba miedo.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Lucien Freud, “The Painter’s Mother” (1984)

Del libro de poemas Latido de cenizas


diálogo mortecino

31 Mai 2015

Hodler - The Dying Valentine Gode Darel (1915)
En el dintel
de la madrugada
unos labios fríos
pronuncian
un sonido inaudible
reclamando una moratoria inviable

o,
tal vez,
sea
una disculpa intempestiva

probablemente
sólo
el clamor
ante la negritud
que asola el alma.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Hodler, “The Dying Valentine Gode Darel” (1915)

En la encrucijada entre el siglo XIX y el siglo XX, Hodler fue uno de los principales pintores del simbolismo. Su potencia creadora, su predilección por los decorados y una pintura simplificada le acercan a Rodin y a Puvis de Chavannes, maestros indiscutibles a los que, con frecuencia, se le compara por aquel entonces.

Hodler - The Dying Valentine Gode Darel (1915) (03)Valentine Gode-Darel (1873-1915) era la amante del pintor suizo Ferdinand Hodler (1853-1918), veinte años mayor que ella. En 1914 se le diagnostica cáncer de ovarios. Entre enero de 1914 y enero 1915 , el artista dibuja y pinta día tras día la enfermedad y la agonía de la mujer que ama , con una precisión clínica que rebosa una ternura incalculable. pero es fiel -y cruel- con la desintegración del cuerpo y el dolor y la soledad de la agonía. Profundamente afectado, el pintor fallece tres años más tarde.

En las primeras pinturas retrata a Valentine la mañana antes de morir, agotada de la lucha por la supervivencia, con la cabeza descansando contra la almohada blanca.

“Esta hermosa cabeza, todo este cuerpo, como una bizantina
emperatriz de los mosaicos de Rávena- y esta nariz, esta
boca y los ojos, ellos también, esos maravillosos ojos- todo
esto los gusanos se comen. Y nada quedará, absolutamente nada!”

(Hodler, Carta a Hans Mühlestein, finales de 1914)

Hodler - The Sick Valentine Gode Darel (1914)

Ella está mirando la pared; su trenza negra. Sus dedos descansan y hay tres rosas rojas a los pies de su cama. En la esquina superior derecha, un pequeño reloj. El tiempo de la vida se consume.

Hodler - the dead valentine gode darel (1915)

Alguien le ha abrochado los zapatos negros en sus pies. Su cuerpo es un animal solitario en su camino a la suciedad. Tres rayas azules marcan la pared por encima de la cama. Sus delgados brazos descansando sobre su vientre. Esto es lo que queda.


amor en la playa

9 Agost 2014

playa con corazón
A Esther S.

Es en la arena de la playa
en los meses de verano
cuando una muchacha
que empezará en septiembre
el bachillerato
dibuja un corazón enamorado
que cree eterno,
ignorando que el invierno
traerá lágrimas de nieve
que confirmarán lo efímero de los mejores sueños.

Ese corazón
que el oleaje borrará
será el primer amor,
de estas inexpertas caricias
nacerán otros amores mejores
a los que la muchacha,
sin embargo, no se entregará
con la misma desbocada generosidad.

Es ese amor adolescente
el único que los amantes
hubieran prorrogado un segundo
de saber de antemano
las cautelas infames
con las que adornarían
los juegos amorosos venideros.

Autor: Javier Solé


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