Los amantes (Rene Magritte, 1928)

28 Juny 2011


René Magritte pintó Los Amantes en 1928, dieciséis años después de que su madre se suicidase tirándose al río Sambre.

Parece que no, pero esta información es muy importante para entender el significado del cuadro.

Dos personas protagonizan este bello lienzo. Sus identidades están ocultas tras dos velos húmedos que les tapan la cara. Sabemos que son un hombre y una mujer por sus vestimentas y suponemos que son pareja porque se están besando. Poco nos ayuda el fondo a concretar la escena. Están bajo techo, se ve parte del mismo y de la escayola que lo adorna, pero el hecho que una pared sea granate y el fondo azul cielo, hace plantearse si es otra pared pintada de diferente color o si simplemente están bajo techumbre pero abiertos al exterior.

Muchas teorías han rondado esta obra a lo largo de los años: amor secreto, dos desconocidos que se gustan sin verse ni olerse, enamorados que tienen que esconderse de la sociedad.. y otras tropecientas historias más. Pero ninguna se acerca ni lo más mínimo a las intenciones que tenía el pintor belga al retratar a dos personas con una tela húmeda besándose.

René Magritte siempre tuvo grabado en sus retinas el momento en el que sacaron el cadáver de su madre del río, con la camisa húmeda cubriéndole el rostro. De ahí los trapos húmedos entre los rostros de los amantes de su obra. Simplemente es el recuerdo que tiene un adolescente Magritte de cómo terminó el suicidio materno.

Un beso de amor es el sabor de la persona besada, el olor y, como no, el contacto de las lenguas o simplemente de los labios. El trapo húmedo de Magritte destruye cualquier idea de beso al prohibir a los protagonistas de sensaciones.

El tema del cuadro retrata la imposibilidad radical de comunicarse, la imposibilidad de la fusión amorosa.


Las espigadoras (Millet, 1857)

14 Juny 2011


Es una obra de 1857, realismo francés.

“Campesino nací, campesino moriré”.

Millet se especializará en los temas campesinos, siendo acusado de socialista por algunos críticos de la época aunque es sumamente dudoso que hubiera en sus pinturas una intención política o subversiva. A Millet (1814-1875) nunca le interesó el campesinado como clase social y, mucho menos, sus reivindicaciones; únicamente le movían la verdad simbólica y la dignidad de la vida campesina. Hombre de extracción humilde, pasará toda la vida sumido en la pobreza, pintando a la gente que le rodea por lo que es considerado uno de los artífices del Realismo. Su interés estriba en mostrar la verdadera cara del trabajo rural, en su aspecto más duro, alejado de idealizaciones bucólicas.

En Las espigadoras presenta a tres mujeres en plena faena, agachadas para recoger las espigas; son mujeres de carne y hueso. Las mujeres, ataviadas con la vestimenta típica normanda, recogen inclinadas los restos de la cosecha, el trabajo más duro y menos reconocido entre las tareas rurales. La posición de las campesinas -una de ellas, la que se encuentra a la izquierda del cuadro, apoya su mano en la espalda dolorida- y la hora en que se manifiesta la escena, dan cuenta de la fatiga que representa su labor.

Millet sitúa los personajes en primer plano, en una actitud de estoicidad introspectiva y silenciosa, otorgándoles de esta forma un carácter heroico. Al fondo de la tela podemos observar una carreta cargada; más lejos, las casas. Los colores, de gran vivacidad, en el conjunto compacto que forman las figuras de las campesinas, se encuentran acentuados por la leve tonalidad del resto de elementos que completan la composición.


A. Berri, 1934: Manifestación y Desocupados

6 Juny 2011

«El arte debe ser usado socialmente. Ningún artista se puede negar a eso; a lo único que se debe negar un artista es a que lo usen a él»

Son años muy difíciles en el mundo después de la caída del sistema financiero, conocido como la crack de 1929, y en la Argentina el golpe militar de 1930 había derrocado el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen. Las huelgas, la creación de la Central Obrera, la desocupación, el fraude electoral, el avance del fascismo y las persecuciones políticas marcaron el contexto en el que la pintura de Berni se transforma. Su imagen surrealista cambia en cuadros de grandes dimensiones con multitudes de obreros y campesinos, extremadamente realistas en sus descripciones.

Todo está contenido en Manifestación: los rostros del primer plano son un estudio de caracteres, la pancarta con la inscripción «Pan y Trabajo» se ha empequeñecido por la distancia a la que se encuentra quien la lleva. Más que al ataque, estos hombres y mujeres en marcha están a la defensiva, atentos a la llegada de la policía que puede venir a disolver su manifestación pacífica, su protesta…

En Manifestación los obreros y su familia piden pan y trabajo, en sus ojos no hay odio, no hay revancha, pero sí hay ansiedad.

A la sufrida indignación de los manifestantes, sucede la paciente resignación de los desocupados; unos y otros están a la espera de algo, unos y otros son penitentes por fuerza de las circunstancias.

Los personajes que en ella aparecen se asemejan más a marionetas que a humanos, destacan las figuras del primer plano, dormidas; especialmente el joven de la izquierda, que está sentado y abarca toda la altura de la tela. Sentado, con la mirada hacia abajo este hombre con un jersei rojo bien podría ser el pintor.


Revolutionary road (Sam Mendes, 2008)

1 Juny 2011


Sinopsis: Frank y April siempre se han considerado especiales, diferentes, preparados y deseando vivir sus vidas con arreglo a ideales más elevados. Así que, en cuanto se mudan a su nueva casa en Revolutionary Road, declaran su independencia respecto de la inercia suburbana que les rodea y deciden no dejarse atrapar nunca por las restricciones sociales de su época. Sin embargo, pese a su encanto, belleza e irreverencia, los Wheeler descubren que se están convirtiendo exactamente en aquello que no esperaban: un buen hombre con un trabajo sin sentido que ha perdido el valor, un ama de casa infeliz que anhela un poco de satisfacción y pasión, una familia americana con sueños irrealizados, como otra cualquiera. Decidida a cambiar sus destinos, April trama un audaz plan para empezar de nuevo, para dejar atrás las comodidades de Connecticut y lanzarse a la inmensidad de lo desconocido en París. Pero cuando el plan empieza a llevarse a cabo, los dos cónyuges son presionados al límite: uno para escapar a toda costa, y el otro para salvar todo cuanto tienen, sin importar las consecuencias.

“Revolutionary Road” es un incisivo retrato de un matrimonio norteamericano de los años 50 visto a través de los ojos de Frank (Leonardo DiCaprio) y April Wheeler (Kate Winslet).

¿Qué hubiera pasado si la pareja de enamorados del Titanic no hubiera sucumbido en las aguas del Atlántico? Igualmente hubieran perecido ahogados en un océano de sueños rotos.

Sam Mendes, como ya hiciera en American Beauty (1999), propone una incisiva radiografía del sueño americano y nos deleita con un recital actoral extraordinario. Es Bergman americano en estilo puro.
Será gracias al personaje del hijo “no cuerdo” y sus dos encuentros con la pareja protagonista como el autor redondea un demoledor retrato de las relaciones de pareja, todas ellas sustentadas en una renuncia personal y la construcción deliberada de una existencia vacua e hipócrita.

“Revolutionary Road” es una de esas películas en la que uno enseguida se percata de que falta algo. Posee una elegante puesta en escena (a veces demasiado obvia, como cuando observamos a todos esos hombres trajeados que acuden a su oficina y que sirve para recordarnos que siguen las mismas rutinas), un impecable diseño de producción, una meritoria fotografía (y ello a pesar de que se abusa de los colores cálidos o grisáceos para, en determinados momentos, dejar constancia del estado de ánimo de los personajes) y unos diálogos cuidados e inteligentes. Sin embargo, semejantes virtudes no son suficientes para ocultar las deficiencias del filme, en particular la frialdad que domina buena parte del metraje (a excepción, claro está, de sus brillantes escenas dramáticas). (Joaquín R. Fernández)

”La mostración del desencanto americano pocas veces se ha revelado tan eficiente como en manos del británico, explicitada ahora en un joven y soñador matrimonio que pronto se ve renunciando a sus esperanzas para confinarse a una vida bajo los parámetros de una clase social, que les dicta desde el primero hasta el último de los pasos vitales a seguir, estrechamente vigilados por sus “modélicos” vecinos (…)Así que la cinta de Mendes es un relato sobre la desilusión, un grito que proclama lo silenciado por tantos y tantos títulos limitados a perpetuar estipuladas imágenes idílicas sobre la familia y la vida residencial.” (Jordi Revert)


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