La guerra (Otto Dix, 1932)

31 gener 2015

“Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita”

(Albert Camus)

Otto Dix - la guerra (1932) tríptico

“Sentí miedo, como joven que era. Cuando se va avanzando en el frente, y se está en el infierno del fuego de la artillería, uno se caga en los pantalones, aunque ahora dé risa decirlo.”

“Piojos, ratas, alambradas, chinches, granadas, bombas, cuevas, cadáveres, sangre, aguardiente, ratones, gatos, gases, cañones, suciedad, balas, morteros, fuego, acero, eso es la guerra. ¡Una obra del diablo!”

(Otto Dix)

Junto a Goya y Picasso, el alemán Otto Dix (1891–1969) fue uno de los artistas que nos deslumbró con su visión plástica de la guerra. Dix fue llamado para servir en la artillería y hundido en las trincheras de la I Guerra Mundial retrató con crudeza lo que ahí se cruzaba frente a sus ojos. El Dix,. con todos los honres y todas los horrores el “pintor de guerra”.

Otto Dix nació en Turingia en 1891. A los 15 años de edad se inscribió en el ejército como voluntario y se le destinó a un regimiento de artillería en Dresde. En otoño de 1915 pasó al frente occidental y participó en la batalla de Somme. Durante los enfrentamientos fue herido en varias ocasiones. Dos años después su unidad fue traslada al frente oriental y permaneció ahí hasta que terminaron las hostilidades con Rusia. Por sus destacados méritos en el frente ganó la cruz de hierro y alcanzó el rango de sargento.

No obstante su juvenil y genuino sentimiento patriótico, Dix resultó especialmente afectado por su experiencia en la guerra. Más tarde afirmó que su peor pesadilla era arrastrarse por las casas destruidas entre cadáveres mutilados y el hedor a putrefacción. Una serie de dibujos dio cuenta de este periodo traumático en su vida: representó soldados con máscaras antigases que asemejaban una nueva especie humana, monstruosa,  criaturas de guerra,  seres deformes que van  mutando sus rostros y sus extremidades por máscaras y rifles.

Otto Dix - soldado herido (1916)
Durante la República de Weimar estudió en la Academia de Artes de Dresde y su obra la dedicó a denunciar a la socialdemocracia, considerándola escoria humana producida por la guerra. Entre sus pinturas de esa época destacan Muchachas ante el espejo y A la belleza, realizadas en 1922. Por abordar en ellas el tema de la prostitución femenina, por exhibir la degradación social y las funestas consecuencias de la guerra entre los soldados sobrevivientes, fue denunciado y se desató un proceso en su contra que duró más de un año. A partir de entonces Dix fue considerado un trasgresor, un pintor prohibido, un apestado, a quien años más tarde el Tercer Reich encarceló por expresar su oposición a Hitler.

En su Tríptico La Guerra (1932) trabajó muchos años con el objetivo de resumir su vivencia en el combate y de presentarla en forma objetiva. Con ella culmina sus atormentados recuerdos vividos en el frente.

La escena del retablo izquierdo muestra un pelotón de soldados sin rostro, en su mayoría, que emergen de la niebla y marchan lejos del espectador. Solo a dos de ellos vemos de perfil que se miran a los ojos. Los combatientes se desvanecen en un banco de nubes al fondo del cuadro, avanzando hacia el infortunio, al campo de batalla. La niebla simboliza lo incierto.

En el cuadro derecho observamos un herido que es sacado, por su colega, de una batalla campal llena de cadáveres. Es una zona deformada por cráteres de bombas que aún arde en llamas. El lesionado es llevado con fuerza obstinada, casi a rastras, por el propio pintor que nos contempla con cara deshumanizada.

Otto Dix - la guerra (1932) panel central

El panel central del tríptico expone el resultado de la refriega: En un cráter, provocado por el impacto directo de un explosivo que lo pulveriza todo. Hay un hombre crucificado que pende de un árbol, prácticamente un esqueleto. El lugar está infestado de cadáveres, mutilados y heridos.
´
En el tercer panel, destrozado, un soldado busca sobrevivientes.

A continuación, en el último panel, donde en la simbología habitual de estas composiciones religiosas figuraba el cuerpo inerte de Cristo descansa una figura uniformada.

Otto Dix - Muertos delante de la posición de Tahure (1924)

Para más información:

 http://unfollowmagazine.com/2013/01/la-guerra-de-dix/

Además del Tríptico analizado, los dos grabados son: “Soldado moribundo” (1916) y “Muertos delante de la posición de Tahure” (1924).

 


pisos sin ventanas

30 gener 2015

2014 (04) Bellvitge 01 Foto Esther
Pisos diminutos
con historias pequeñas
sin ventanas
bloques de viviendas
sitiados por los descampados
de una ciudad industrial
en declive
padres que vocean sus desacuerdos
una anciana que vigila la pastilla efervescente
que chapotea en un vaso de cristal
la agonía del sexo solitario
los sueldos míseros
la ropas remendadas por la noche
el despertar ametrallando el alba
un libro de poemas que da refugio a la tristeza
una novela inacabada del hermano drogadicto
que yace perfumado por los orines de los borrachos
la figurita barata adquirida este verano en el pueblo
la fotografía enmarcada de una hija que no creció

todos los sueños desparramados por los fogones.

El exilio acabó en tragedia.

Autor: Javier Solé

Fotografía del barrio de Bellvitge

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)


aviso

29 gener 2015

Cristal Wall
Se ha perdido sonrisa triste
en la estación de tren,
andén de lejanías.
Entrada en los cuarenta,
pelo rizado,
arrugas en la mirada
y aquejada de melancolía
inexplicable y crónica.
Crisis recurrentes que precisan
urgente atención emocional.
En el momento de su desaparición
vestía abrigo otoñal,
camisa de desesperanza
y zapatos de olvido.
Se ruega por favor
a quien la vea
que la abrace
y después,
si se deja,
la acompañe a casa.

Se gratificará.

Autor: Elvira Laruelo

Ilustración de Cristal Wall

Fuente original: http://dandolalengua.blogspot.com.es/2014/03/aviso.html


nada más

28 gener 2015

Pawel Kuczynski - 22
No es de recibo sentirnos culpables
de todos los horrores
que suceden a nuestro alrededor
ni capitalizar el dolor que anega el mundo.

No sería justo.
Tampoco lógico.

Sólo podemos ser responsables
de las pequeñas barbaries
que perpetramos ordinariamente.

Autor: Pablo Casares

Ilustración de Pawel Kuczynski


no existe la poesía

27 gener 2015

Berta Vicente Salas - 03
Cierra tu dormitorio.
Baja las persianas.
Métete en la cama.
Toma la posición
lateral del universo.
Dobla las rodillas
hasta el enlace umbilical.
Clava la barbilla
en el origen de tus pechos.
Cúbrete el rostro
con los antebrazos.

Y, ahora, repite despacio
un susurro como un mantra:
no existe la poesía,
no existe la poesía,
no existe la poesía…

Solo existen las sombras.
Solo los verbos hambrientos.
Solo las palabras rotas.

Solo existe el silencio.

Autor: Amelia Diaz Benlliure

Fotografía de Berta Vicente Salas


final del dia

26 gener 2015

Isa Fröhling
Ara que només ets
un pètal dins de l’ambre del no-res,
ha de haver-hi algun lloc on estar junts,
més junts que mai. Potser en aquest reducte
dels poemes. Doncs, què són
si no poden salvar-te de l’oblit?
Per si t’acostes a llegir-los, deixo
de nit el llibre obert damunt la taula.

Autor: Joan Margarit

Fotografía de Isa Fröhling


L’amor tindrà l’última paraula

25 gener 2015

Leslie Allen - 04
Era un pis alt. De nit, davant els vidres,
mentre mirava la ciutat, pensava:
Si des de rere meu ella em veiés
li podria inspirar la confiança
del pilot a la proa de la nau.
Però no era res més que una ciutat de nit.
La llarga vida junts. l ara sentia
que tot havia estat un invent seu,
un ordre previ a alguna cosa
que mai no va arribar.
Es podria tractar d’algun vell malentès.
Una casa cremada on cadascú
encén les seves llums.
Es va anar despullant: tot era escrit
en aquell cos de vell en el mirall.
No hi havia res més. L’amor tindria
a partir d’ara l’última paraula.
l, en silenci, es va posar a plorar.

Autor: Joan Margarit

Ilustración de Leslie Allen


nada

24 gener 2015

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sólo sé
que solo tú
serás
lo que reste de mí
cuando ya ni siquiera yo
o mi sombra
seamos

Autor: Andreu Navarra


el circo

23 gener 2015

Klimt -  las amigas (1916)
Sin máscaras,
sin atuendos,
sin maquillaje,
nos lanzamos de cabeza
a la aventura del amor.

La multitud aclamaba.

Las fieras rondaban en círculos
pero no hicimos caso a su furor.

En aquel pequeño oasis
nos balanceamos en la cuerda floja,
nos vendamos los ojos
y volamos confiadas
sin redes de protección.

Cuando las luces se apagaron
y se acabó la función,
me miré en el espejo.

Desde el cristal me oteaba:
un triste payaso socarrón.

Autor: Silvia Cuevas-Morales

“Las dos amigas” (1916) es un ejemplo más de la obsesión que tenía Gustav Klimt porque las protagonistas de sus cuadros siempre fueran mujeres, ya que detestaba pintar al hombre , como se puede apreciar en la abundante producción pictórica en la que la protagonista única y absoluta siempre es la mujer sola o en compañía de otras mujeres,

En el centro de la composición hay dos mujeres abrazadas; una de ellas, desnuda pero enjoyada, apoya el rostro ausente en el hombro de su compañera. Ésta viste un amplio traje de color anaranjado y lleva el cabello cubierto por un turbante blanco; vuelve la cabeza hacia el observador con expresión a un tiempo lánguida y descarada.

El turbante de la muchacha, truncado en la parte superior para captar la atención del espectador, añade una nota de exotismo y una sensualidad exuberante. Las muchachas miran directamente al observador; es una mirada sin pudor, abiertamente lasciva, desafiante; complacidas y satisfechas.

La ornamentación del cuadro refleja las influencias orientales. El vivo colorido del cuadro, las figuras volátiles; aparecen a lo largo del tapiz diseminados animales mitológicos; dragones, un pavo.


la casa del poeta

22 gener 2015

 

“Estos días azules y este sol de la infancia”

(Antonio Machado)

Ahora que la presbicia
sumerge al poeta
en un mundo de tinieblas
la dentadura desgastada banaliza los manjares,
sus manos temblorosas acarician
con torpeza el cuerpo de su amada,
dicta a su pupilo los versos del último poemario,
loa las inclemencias de la existencia,
enumera los pesares de la vida,
pese a la ceguera o la sordera
que mancilla sus días
ansía
prolongar esta desdicha,
festejar esta propina
que a la muerte suplica
rememorando
aquella primera tarde
en que siendo niño chico
su madre sostenía al poeta en brazos,
el padre aviva la lumbre de la chimenea,
los copos de nieve blanca cuajan en el hogar.

Es esta la casa que habita
la memoria del poeta.

Autor: Javier Solé

Del poemario “El cementerio que habitan los vivos” (ISBN 978-84-9076-351-3)

Ilustración: Millet, “Winter Evening” (1867)

En este sencillo interior de cabaña, un hombre teje una canasta mientras una mujer cose. Un bebé, dibujado con solo unas pocas líneas delicadas, duerme en el centro. Millet vio la luz como un principio ordenador en el arte, y aquí una sola vela forma una pirámide con las figuras, iluminando su momento de tranquilidad con su débil resplandor.

El sombreado sutil y la paleta de colores tenue de esta obra recuerdan a un aguafuerte, como los de la Sagrada Familia de Rembrandt, que pueden haber influido en Millet.


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