destierro

26 Desembre 2019

A Esther Muntañola

Con una muerte temprana
y dos mil luciérnagas
desandan los caminos.

Unas fiebres mal curadas.

Vendieron los animales
y compraron medicinas.
La niña no mejoraba.
Nadie supo sanar su mal.
Y la niña empeoraba.
Las cosechas decrecieron.
Con el tronco del abedul
tallaron el ataúd.
La inhumaron en febrero.
Perdieron tierras y casa.

Conservan
el caballo y la carreta
el cofre y el candil.
En el arca el tesoro:
su primer diente de leche
un polichinela zurdo
el último lapicero.
El quinqué engendra sombras,
lazarillo de la soledad.

Con una muerte temprana
un hombre y una mujer
viven la vida sombría.

Eran María y José.
El sendero horizonte.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Jakub Schikaneder, “El Camino Sombrío” (1886)

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


si tuviera la esperanza

12 Desembre 2019

“Que insaciable beber un agua que tiene sed”

(Ángel Guinda)

Si tuviera la esperanza
la certeza del retorno
los besos de mis hijas
las penas de un borracho
la soledad de los muertos
el calor de los amantes
los sueños de un niño vivo
la tristeza del exilio
los abrazos de mi padre
los recuerdos de un viajero
las palabras de los poetas.

Si tuviera la esperanza
y otro tiempo,
más tiempo para gozarla

la vida.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Eloy Morales, “La pintura en mi cabeza” (2010)

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


bicicleta

3 Desembre 2019


“A ese a quien no se ve, yo lo conozco.
No está y es evidente como un sueño.”

(Félix Grande, fragmento del poema “Calle vacía”)

Una bicicleta
pedalea sola
-o,
tal vez,
el fantasma cojo
de la memoria
la desplaza-,

extraviada en la senda
que conduce al futuro,
ése que se desvanece
en los recovecos tristes
de la infancia del viejo.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


peregrinos de sombras

14 Novembre 2019


He vivido,
hasta hoy,
-improbable ya una mudanza-
en casas baratas
edificadas en tierra de labranza
robada al mar.

Estas casas
son
los mismos
nichos anónimos
donde vivieron
mis padres.

En un pliegue de mi piel
descubro
que la arcilla
devuelve al cemento
la sangre de los inocentes.

Entonces

que vivo,
desde hoy,
-seguramente ya siempre-
junto a muertos con nombre.

Somos peregrinos de sombras en un paisaje sin sol.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


castañas

7 Novembre 2019

“Cada otoño que viene está más cerca del último otoño que tendremos”

(Fernando Pessoa)

Devoro a escondidas
las castañas
como un anciano
que fuma en el balcón.

Por un impulso ingobernable
acudo a visitarte,
comerlas juntos otra vez.

Bajo un ciprés longevo
comparto con el sepulturero
tus castañas.

Él lee despacio las letras
que forman tu nombre.
Yo observo ensimismado
las flores que roba para ti.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


mirar-se

30 Octubre 2019


“La vida es va enfonsant en la vulgaritat
i en la mera il·lusió. En la vulgaritat
per haver-la arriscat poc a l’inici.
En la mera il·lusió per arriscar-la
desesperadament quan arriba el final”

(Joan Margarit, fragment del poema “Mare i fill”)

Cuando me miras
sé que ves
la mirada del fracaso
el estruendo callado de las batallas perdidas
la tristeza de quien lo tuvo todo y no conserva nada.

Puedes mirar hacia otro lado.

Pero no olvides
que
con el tiempo
todas las miradas en los otros
son sólo una visión en el espejo.

Confundirlo con un cristal es un error.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


la duda

15 Octubre 2019

Picasso - Masacre en Corea (1951)
“Mañana, cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad”

(Juan Paredes Manot, alias Txiki, ejecutado en España en septiembre de 1975)

“Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos para ver la muerte de frente”

(Xosé Humberto Francisco Baena Alonso, ejecutado en España en septiembre de 1975)

Podría cerrar los ojos,

encomendarme a un dios bastardo
evocar el primer beso
pensar en mis padres
-sobre todo en mi madre-
en cómo me abrochaba
el gabán de mi hermano.

Podría cerrar los ojos,

fantasear que ya no somos pobres
que la revuelta no es
una pira de cadáveres hambrientos
una fosa de mineros sin nombre.

Podría cerrar los ojos,

no ver las armas de mis asesinos,
visten los cinco uniforme de gala
con los botones de la impoluta casaca
cosidos por sus novias o sus hermanas.

Podría cerrar los ojos,

Y si lo hiciera
no vería
la duda
-o el miedo-
en el más mayor de los soldados.

Si un hombre
-no importa sea minoría-
duda
todos podemos salvarnos.

Cuatro balas en el pecho
asolan la vida.
La quinta -insurrecta-
me reconcilia con los hombres.

Morí extrañamente feliz.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)

Ilustración: Picasso, “Masacre en Corea” (1951)

Una de las primeras obras importantes en criticar el abuso de poder de los Estados Unidos tras la II Guerra Mundial fue esta obra de Pablo Picasso, donde un grupo de militares estadounidenses se preparara para masacrar a un grupo de indefensas mujeres y niños en Corea del Norte.

Un río divide en dos el cuadro. El río es una frontera que separa a las dos Coreas, los civiles de los soldados y las víctimas de sus verdugos. Los civiles están desnudos, dibujados con formas redondas y líneas curvas (mujeres y niños solamente) en total oposición con los hombres, rostros ocultos, líneas rectas y quebradizas, evocando la destrucción, la violencia, la agresividad…  Este contraste muestra la diferencia entre los hombres y las máquinas.

En frente nos encontramos a un grupo de soldados, preparados para disparar. Llevan armas muy sofisticadas, de hasta tres bocas, y aunque también van desnudos, todos llevan una especie de casco que oculta sus rostros y los deshumaniza. Sólo el soldado que está al mando descubre su cara, mientras que alza una espada con una mano, y con la otra sujeta un bastón de mando, o quizá simplemente un palo, una de las primeras armas del ser humano.

El grupo de soldados representa la fuerza militar. Visible por la desproporción de las armas y tecnicidad aberrante (tres agujeros alrededor de los fusiles no alineados con el trayecto futuro de la bala) la locura de la técnica. Los cascos simbolizan el obcecamiento ideológico. La manipulación de su conciencia por el jefe político, disociado de los otros, rostro que manipula a los hombres sin correr riesgos, los pies girados para huir de la guerra.

La impresión de desolación es brutal, con unas ruinas fondo. Hay, además, una graduación en el miedo. De la derecha hacia la izquierda. La pequeña niña que corre, la otra que juega despreocupada. La mujer joven llena de estupor. En fin, las madres con el rostro deformado por el terror.

La obra se inspira en los fusilamientos del 3 de Mayo, pintado por Goya en 1814 y sirvió de propaganda para el Partido Comunista Francés, del cual era Picasso militante.


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