Los campesinos durmiendo la siesta (Van Gogh, 1890)

27 Mai 2011


Es una obra de 1890, de corte Neompresionista. Forma parte de la larga serie de obras inspiradas en cuadros muy similares o idénticos del maestro Millet que Van Gogh reinventa.

Quizá con esta escena quiera transmitir la alegría de su hermano Theo, casado felizmente un año antes y a la espera de un bebé. La pareja duerme plácidamente a la sombra de un montón de paja, agotados tras el duro trabajo. A su lado contemplamos las hoces y los zapatos del hombre, mientras al fondo – en otra zona de sombra – se sitúa un carro con un buey. Vincent se preocupa por reflejar en esta bella imagen el estudio de la luz y de la sombra, heredero del Impresionismo al recurrir a una sombra coloreada. La zona del primer plano adquiere un tono distinto al vivo amarillo del segundo término; los azules y los malvas complementan la composición, creando una atrayente sinfonía de color. La factura es muy rápida, apreciándose claramente los trazos de pincel en el lienzo mientras las líneas de los contornos se marcan con un color oscuro, recordando al simbolismo de Gauguin y Bernard.
Existe un debate entre la intensidad de la inspiración que Millet ofreció a Van Gogh con sus cuadros y dibujos de corte realista y ambientados en el mundo rural. Más adelante publicaré algunas muestras concretas.
Esta obra tiene una fuerza indiscutible, hasta el punto de haber inspirado también a Picasso en 1919 los célebres Campesinos durmiendo.


Vagón de tercera clase (Daumier, 1875)

12 Mai 2011

Es una obra de 1875, realismo francés. Daumier fue un precursor de la caricatura, instrumento utilizado para realizar críticas mordaces a la sociedad y dar rienda a su elevada conciencia social.

En El vagón de tercera clase reivindica la dura vida de las clases populares en las grandes ciudades.

En primer plano aparece una familia presidida por la anciana que porta una cesta; una joven madre amamantando a su retoño y un niño que duerme apoyado en su abuela completan el grupo familiar que se sitúa frente al espectador, como si éste viajara en el asiento contiguo. Tras el grupo, una masa heterogénea en la que abundan las chisteras – sombrero típico de los burgueses – y alguna mujer joven. Podría ser ésta una alusión a la prostitución, tan habitual en aquellos años de la Revolución Industrial, cuando las jóvenes de los alrededores de París abandonaban sus casas esperando encontrar un trabajo honesto y rentable que luego no existía, desembocando en el mundo del prostíbulo. Cada una de las figuras está individualizada, destacando sus gestos y expresiones, entre los que abundan la tristeza y el hastío. Podemos apreciar con claridad la manera de trabajar de Daumier; tras preparar la obra con dibujos previos, realizaba la composición definitiva en acuarela para trasladar más tarde al lienzo el resultado con la ayuda del sistema de cuadrícula que advertimos perfectamente en primer plano. Las figuras tienen sus contornos muy delimitados por una línea negra, procediendo más tarde a diluirla con pinceladas densas de otras tonalidades. La luz empleada recuerda a Rembrandt mientras que en el color existe una estrecha relación con el mundo Barroco que tanto admiraba el maestro. Pero el tema es totalmente contemporáneo, adhiriéndose al Realismo que defendía Courbet cuyo único objetivo era la observación directa del natural, copiando las costumbres y usos de la sociedad para mejorarla.

La obra ha tenido varias lecturas a lo largo de la historia. La primera de ellas interpreta a la familia del primer plano con una sagrada familia desacralizada, una representación de Santa Ana la Virgen y el Niño como una familia de clase obrera. Por el contrario otra de las versiones alude a una familia que se traslada a la ciudad sin figura paterna, y en la parte posterior las jóvenes que aparecen junto a los hombres de los sombreros harían referencia a las prostitutas jóvenes que llegadas de los alrededores de las grandes ciudades se veían abocadas a ejercer la prostitución como único modo de vida. Por lo tanto son las dos vías a las que se veían empujadas las mujeres de la clase trabajadora, trabajo o prostitución.


El mundo de Christina (A. Wyeth, 1948)

9 Mai 2011


Es una pintura de 1948.

Representa a una mujer tendida en el suelo en un campo sin árboles, mirando y arrastrándose hacia una casa gris en el horizonte, un granero.

La mujer que aparece en la pintura está inspirada en Cristina Olson, vecina del pintor que sufría un deterioro muscular (polio) de nacimiento que paralizó la parte inferior de su cuerpo.

En este “Mundo de Cristina” Wyeth nos recrea un ambiente inquietante sobre la realidad del ser humano y sus temores. La chica paralítica, Cristina, vecina del pintor, está echada sobre la hierba tratando de arrastrarse hasta su casa, muy lejana al fondo. Ella solía desplazarse así por el campo de hierba llevando ramitos de flores y eso impactó a Wyeth. Está vestida con un traje rosa y muestra unos brazos y unas piernas muy débiles.

El paisaje desolado, con una línea del horizonte extraordinariamente alta, subraya la pequeñez de la persona frente al entorno que la rodea y a las dificultades de la vida. Esta obra maestra nos deja pensativos y melancólicos pues nos enfrenta a una triste y frecuente realidad, la del sufrimiento de nuestros semejantes y nuestra escasa sensibilidad hacia ellos.


Los comedores de patatas (Van Gogh, 1885)

2 Mai 2011

Los comedores de patatas es una obra fechada hacia 1885.  En esta pintura, el realismo se manifiesta en el interior doméstico que casi recuerda una cueva o la madriguera de un animal.

Van Gogh presenta una pobre estancia, iluminada por una lámpara de petróleo, en donde los campesinos se sientan a la mesa dispuestos a cenar su ración de patatas. Una de las mujeres vierte el contenido de la tetera en unas tazas blancas. La luz mortecina, el oscuro colorido y la actitud de los personajes convierten la escena en una imagen casi mística, reflejando el estado de ánimo del propio Van Gogh y su contacto con los campesinos. La rapidez del trazo le impide centrarse en los detalles, olvidándose del dibujo para mostrar figuras caricaturescas que dan un toque de modernidad a una composición totalmente realista, similar a las que realizaban los artistas de la Escuela de La Haya. Las figuras de la mesa se sitúan de manera que el espectador se integra en la estancia y comparte la comida con los campesinos.

 En cuanto a esta obra, Van Gogh expresó lo siguiente: ” He querido poner conscientemente de relieve la idea de que esa gente que, a la luz de la lámpara come patatas sirviéndose del plato con los dedos, trabajó asimismo la tierra en la cual las patatas han crecido; este cuadro, por tanto, evoca el trabajo manual y sugiere que esos campesinos merecen comer lo que honestamente se han ganado. He querido que haga pensar en un modo de vivir muy diferente al nuestro. Así pues, no deseo en lo más mínimo que nadie lo encuentre ni siquiera bonito ni bueno”.

Exhaustos, raídos, en penumbra, aislados y huesudos. Los comedores de patatas mastican por la noche el fruto que sus cuerpos trabajan por el día sin cruzar miradas ni palabras. Impresionismo barroco lleno de sombras de desgana, amarilleado por una bombilla de dignidad que pone al descubierto la miseria de los de muy abajo. Estos, y no principes ni damiselas, son para Van Gogh los protagonistas del mundo.


Pa negre (Agustín Villaronga, 2010)

1 Mai 2011

Sinopsis:  En els anys durs de la postguerra rural a Catalunya, l’Andreu, un nen que pertany al bàndol dels perdedors, troba un dia al bosc els cadàvers d’un home i el seu fill. Les autoritats volen carregar-li les morts al seu pare, però ell, per ajudar-lo, intenta esbrinar qui els va matar. En aquest recorregut, es produeix en l’Andreu el despertar d’una consciència moral davant d’un món d’adults alimentat per les mentides. Per sobreviure, traeix les seves pròpies arrels i acaba descobrint el monstre que habita en ell.

Drama rural ambientat en la postguerra catalana que constitueix un molt dur, violent i apassionat relat que se submergeix en un terreny abonat per plasmar la misèria material i moral d’uns personatges sobrepassats per la realitat i la confrontació dolorosa entre els ideals i la pròpia existència on el futur només sembla possible sota la més completa i absoluta de les derrotes que inclou renegar d’un mateix i dels propis.

La recreació de l’època s’ha dut a terme de forma impecable i la pel·lícula compta amb una bella fotografia i una estètica cuidada. El que més sobresurt d’aquest film són les excel·lents interpretacions de tots els actors, adults i nens.

Els últims quinze minuts són d’un virtuosisme extraordinari; ara que tant es parla de robatori de nens, del segrest de nounats ha de tenir-se ben present l’esforç dels vençuts per créixer o, simplement, sobreviure i fer-ho renunciant i fins i tot renegant dels senyals d’identitat ideològiques i psicològiques… una mostra més del significat real de la derrota; voluntats comprades i doblegades amb unes miserables monedes per a la construcció d’un país a imatge i semblança de la “vileza moral” dels vencedors.

El seu director, a la pàgine Web www.panegre.com diu:

“L’eix central sobre el que s’articula la pel·lícula Pa Negre és el de la devastació moral que produeix la guerra sobre la població civil. Tot i que entre els seus personatges existeixen els que van guanyar i els que van perdre, no és una pel·lícula que planegi sobre els conflictes entre vencedors i vençuts, sinó que se centra directament en les emocions i els sentiments dels seus personatges

Finalment, reprodueixo  un fragment d’una crítica de la pel·lícula:

“Pa negre habla del lodazal moral en un pueblo catalán después de la Guerra Civil, de los tenebrosos ajustes de cuentas, de los intentos de supervivencia de los vencidos, de secretos sórdidos, del anverso y el reverso de gente profundamente herida, del terror cotidiano a perder lo poco que te han dejado, de la influencia de tanta miseria de los adultos en el mundo de los niños. Es el imperio de la violencia física y anímica, de un ambiente podrido en el que solo existen las relaciones de poder, de mentiras disfrazadas o idealizadas, de fantasmas dolorosos, de volcanes que van a entrar en erupción. El poderío visual y la expresividad de Villaronga hacen creíble, desgarrada y lírica esa brutalidad ambiental, los misterios del bosque, el erotismo bronco, la humillación y el ensañamiento con los débiles y los diferentes (sean pobres, tísicos, maricones o perdedores), la corrupción de la inocencia, la mirada progresivamente turbia de la infancia hacia lo que tenían idealizado. Esos inquietantes críos están convincentes, provocan miedo y ternura. Es una película dura y compleja, realista y perturbadora. Deja poso”. (Carlos Boyero: “EL País” 23/09/2010)


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