sala de espera

8 Novembre 2018


“Pequeñas criaturas que despiertan del frío
y sufren en silencio porque no viene nadie.”

(Isla Correyero, fragmento de “Muertos”, Diario de una enfermera)

He llegado puntual
apenas hay gente en la sala.

Hoy sabré
si el nódulo
que atenaza la garganta
ha crecido
o sólo se mantiene al acecho
aguardando el asalto definitivo.

En este mismo hospital
nacieron mis dos hijas.

Podría,
mientras espero,
subir a la planta de maternidad
visitar la sala de nodrizas
discernir entre los nonatos
aquellos que vivirán o los que sucumbirán.

No hace falta,
en este sótano
se escuchan los gritos y sollozos
de quienes
al nacer
ya han empezado
a morir.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Georges de La Tour, “el recién nacido” (1648)

El recién nacido (1648) es a veces conocida con el título de La Natividad, pues se trata de un cuadro enigmático del que no se sabe si representa el nacimiento de Jesucristo. Es usual en Georges de La Tour abordar los temas religiosos como si se tratara de una escena de género.

La composición es sencilla: dos mujeres, una de frente y otra de perfil, y en brazos de la primera un recién nacido. Una luz rojiza ilumina los rostros, dejando en penumbra el resto del cuadro. Sólo la cabeza del niño y el pecho de la mujer de perfil están iluminados con color blanco.

La mujer de la izquierda protege con la mano una vela temiendo que un soplo la apague, creando un efecto lumínico precioso que dirige nuestra mirada al rostro del bebé, el protagonista del lienzo, que duerme apaciblemente entre los brazos de su madre.

Nunca antes pintor alguno había evocado mejor el inicio de la vida humana. Carne de recién nacido, carne desnuda sin cabellos ni pestañas, carne apenas formada, todavía transparente en la delicada nariz que deja entrever las finas redes que constituyen sus venas. El pequeño cuerpo está envuelto y ceñido en los pañales blancos, rígido como una funda de momia. Imposible describir mejor el torpor primitivo, el alma aún amortajada.”


poema póstumo

16 Octubre 2018

“Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla”

(Oscar Wilde)

La lentitud
con la que el poeta argentino
desmenuza todas las notas musicales
de su último poema
puede llegar a exasperarme.

Se diría no es consciente
que la Muerte aguarda
en la plaza donde se alza
el monasterio benedictino
y que no dudará en impedir al párroco
girar la llave que abre el portón
permitiendo a los visitantes
pasear sin prisas por el claustro.

En el tiempo empleado por el poeta argentino
en brindarnos el más hermoso de los poemas
miles de flores languidecen huérfanas de una mirada.

Un día el mejor de los poemas quedará inconcluso.

O será publicado imperfecto a título póstumo.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Luke Fildes, “estudio de Charles Dickens”

La pintura muestra la biblioteca de Charles Dickens, con su silla vacía, y fue ampliamente difundida por los periódicos el día después de la muerte del escritor.

Y el poema con la voz de Gabriel A. Jacovkis:


fotografías tristes

27 Setembre 2018


Hay una madre sin nietos
caminando en febrero y en agosto
por una habitación vacía
buscando recuerdos lejanos
en un espejo que devuelve
una tristeza íntima
larvada durante años.

Las fotografías,
dubitativas,

no saben si esconderse para ayudarla

o

aliviar su pena con una de las sonrisas de antaño.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)


apalear a un inocente

20 Setembre 2018


“Yo que en este mundo no he servido después de ochenta
años para nada… acaso sirva ahora todavía, como David,
para lanzar con la honda una de estas piedras, pequeñas y
ligeras, de mi zurrón —la más dura, la más pedernal… Tú,
piedra aventurera,
y dar justo, justo con ella
en la frente misma de Goliat”

(León Felipe, fragmento del poema “Perdón”)

El vagabundo
despierta cada madrugada
asaltado por la turba
de jóvenes desheredados que habitan
en la periferia de una gran ciudad.

Si supieran de su tristeza,
de las penalidades que acumula
en una vida hurtada
esos hijos de los pobres
que vocean a patadas
su desazón
lo convidarían al botellón,
acabarían proclamando al mendigo
líder de la manada
que ultrajaría,
en un acto de infinita justicia,
las bodegas donde los financieros codiciosos
acuñan monedas de plata en tinajas
maduran vino selecto en toneles
esconden víveres en alacenas doradas
con los que saciar
el malestar
de los hombres sin futuro.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Mircea Suciu

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)


lágrimas

11 Juliol 2018


Al nacer
el nonato
apenas tarda un minuto
en llorar.

Sólo el pecho
de la madre
calma su llanto.

Son lágrimas de júbilo
que ignoran que la vida
fugaz
será cercenada.

Al morir,
la madre
apenas tarda sesenta segundos
en llorar
acunando el cuerpo inerte
de la hija que no le dará nietos.

Son las mismas lágrimas
que cruzan la noche
buscando una aurora imposible
bajo la certeza
de que la muerte también muere
pero después de arrasar la vida.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Giovani Segantinni, “le due madri” (1889)

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)


amanecer

18 Juny 2018

“Querido amigo: te escribo desde uno de los lugares más tristes de la tierra, pero de los más célebres de esta guerra también. Vivo ahora en un agujero cavado en la tierra. El espectáculo es maravillosamente grandioso noche y día, el terrible estruendo es incesante, la llanura arruinada se siembra sin cesar con el metal de muerte en el que habrá de germinar la nueva vida”

(Guillaume Apollinaire)

Las luces diminutas
que el soldado,
herido en la batalla,
divisa en el horizonte
son las casas
que no habitara
donde viven las mujeres que no amara
junto a la prole que no procreara.

Al alba,
en la ladera,
un reguero de sangre
traza un nombre incompleto.

En otro lugar,
lejos de estas montañas,
una comitiva entrega
a la madre del soldado
una medalla que el tiempo
no tardara en oxidar.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Otto Dix, “Amanecer” (1913)

El pintor expresionista, en 1913, tenía 22 años y estudiaba pintura en Dresde. Ese año, víspera de la Gran Guerra, pinta esta salida de sol como una inmediata premonición de lo que será un amanecer en un paisaje bélico: un sol de brillo sucio y apagado sobre un campo enlodado al que sobrevuelan pájaros siniestros como cuervos. Son estos animales que presagian un paisaje desolado habitado por la Muerte los únicos seres vivos que sobrevuelan como en la pintura de Vang Gogh o en la de Egon Schiele.

El cuadro, tachado de “arte degenerado” será confiscado por los nazis y recuperado milagrosamente intacto.


pesadilla

15 Juny 2017


“En algún momento
las pesadillas soñaron
que eran sueños”

(Isabel Alamar)

Esta madrugada
he tenido una pesadilla

con un instante insensato
de felicidad.

El cuerpo sin vida
permanecía en el pasillo.

Es una imagen
anclada en mi memoria
los días y las noches
durante nueve meses
cuarenta semanas
doscientos ochenta días
calcula tú
las horas los minutos o los segundos
de este infierno.

Alguien anuncia que no está muerta
y ella se levanta de la cama.

Es absurdo,
carece de la más mínima lógica.
Es,
además,
imposible

pero a las cinco veinticinco
de la madrugada
era real.

Me he incorporado
lleno de júbilo
incluso la he tocado
y no estaba fría.

Unos segundos
más tarde
el silencio de la casa en ruinas
me ha restituido
la verdad.

Si hubiera vuelto
ellos le exigirían regresar
no más tarde de la medianoche.

No sé que hacía yo
desvelado y agitado
con un zapato en la mano.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Louis Janmot, “Poème de l’âme” (8) Cauchemar


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