Muchacha en la ventana (S. Dali, 1925)

30 Juliol 2012

“Lo que sé, lo puede saber cualquiera, pero lo que siente mi corazón solo lo conozco yo” (Goethe)

Muchacha en la ventana forma parte de una serie de sugerentes cuadros en los que la modelo es casi siempre Ana María, la hermana del pintor. Es quizá la obra maestra de esa serie, compuesta al menos por una docena de retratos.

El cuadro pertenece a la etapa formativa de Dalí, cuando el artista tenía veinte años y el surrealismo no había influido todavía de manera apreciable en su pintura. Hay reminiscencias de la época azul de Picasso y de la concepción cubista del malagueño.

El cuadro es sencillo, no es más que una chica apoyada en una ventana y mirando el horizonte, lo que hace pensar que no es sólo un cuadro, son por lo menos dos: el cuadro en sí y la imagen que se nos muestra inmediatamente a continuación de la espalda de la muchacha. Ana María de espaldas asomada a la ventana de la casa familiar de Cadaques. La luz de la mañana  penetra radiante por la ventana. Nunca le aburría permanecer quieta y silenciosa porque no se cansaba nunca de mirar el paisaje; la contemplación del paisaje desde esa ventana donde Ana María permanecía horas y horas sin cansarse debía ser de ensueño.

Ana pasaba horas mirando desde aquella ventana la bahía de Cadaqués. Eran las mismas horas que su hermano Salvador dedicaba a pintarla a ella de espaldas con el mar al fondo juntando dos cuadros en uno solo.

Ella misma recuerda las largas sesiones en que sirvió de modelo al artista: “Pintaba paciente e infatigablemente, y a mí no me cansaba posar para él (…). Durante las horas en las que le servía de modelo, yo no me cansaba de observar aquel paisaje que ya, para siempre, ha formado parte de mí misma. Pues siempre me pintaba cerca de alguna ventana. Y mis ojos tenían tiempo de entretenerse en los detalles más pequeños”.

Estaba lejos de imaginar los millones de seres que contemplarían años y siglos después, sus rotundas formas de la adolescencia y aquel mismo mar que ella observaba.

Parecido a Muchacha en la ventana, Dalí muestra en “Muchacha de espaldas”, del mismo año, nuevamente a su hermana, de nuevo de espaldas y mirando a un plano que se muestra también al observador, aunque esta vez no es marítimo, sino más urbano y campestre. Esta vez la muchacha está sentada, más relajada; y aunque su rostro no aparece en la imagen, su mirada es la idea principal de la pintura. Las mismas tonalidades de la piel y el vestido de Ana María, son empleados por Dalí para los techos y las paredes de los edificios. La influencia del cubismo de Picasso es evidente, aunque sin el recurso a la deformación arbitraria o los rasgos expresionistas.

En ambos casos, la mirada de la muchacha parece fijada en algún lugar de la bahía de Cadaqués, pueblo pesquero de extraordinaria belleza unido indisolublemente al pintor. Tal vez la imagen objeto de la mirada de la joven fuera “Port Alguer de Cadaqués” (1919) donde Dalí recrea sus estancias en la villa.


La terraza del cafe por la noche (Van Gogh, 1888)

29 Juliol 2012


“Un café por la noche visto desde fuera. En la terraza están sentadas pequeñas figuras bebiendo. Un enorme farol amarillo ilumina la terraza, la fachada de la casa, la acera, e incluso extiende su resplandor hasta la calle adoquinada que adquiere una tonalidad rosa-violeta. Las fachadas de las otras casas de la calle, que se alarga bajo el cielo estrellado, son azul oscuras o violetas; ante ellas se encuentra un árbol verde. Aquí tienes un cuadro nocturno sin negro, sólo con un bello azul, con violeta y verde; y en este ambiente la plaza iluminada se tiñe de un pálido amarillo azufre y verde limón”.

Así describía Van Gogh el famoso café que solía frecuentar en Arlés. En esta obra el artista plasma la terraza del Café de la Place du Forum en Arlés por la noche. El bar y los locales nocturnos eran uno de los temas tópicos de la pintura impresionista y puntillista como lugar de encuentro y de la “vida moderna”.

El pintor se interesa por mostrar con detalle la terraza empleando una pincelada suelta, sin dar minuciosidad pero sin saltarse los detalles. La zona de los adoquines está pintada empleando pequeños toques de pincel en forma de oruga, que caracterizarán buena parte de su obra. Las sombras de la luz de gas son moradas, recordando al impresionismo en sus conceptos lumínicos.

Ahora bien, al tema del reflejo de un instante real en una tranquila noche en una terraza de uno de los cafés más concurridos de la ciudad de Arlés, donde unos clientes disfrutan de una consumición mientras contemplan a los vecinos que pasean,  se le superpone el estilo pictórico empleado donde es primordial la captación de los diferentes matices de la luz artificial. Un farol de gas ilumina la escena y provoca el colorido fantástico: lo iluminado se trasforma en varios tonos de amarillo intenso, mientras que las sombras se transforman en azules, verdes y malvas.

También es la primera pintura en la que utiliza fondos estrellados (más adelante obtendría espectaculares resultados en Noche estrellada sobre el Ródano y en La noche estrellada). Su obsesión por representar la oscuridad de la noche al natural sin utilizar el negro encuentra expresión en un las luminosas estrellas que en el cielo recuerdan más a una margarita que a una estrella. Un cielo azul con flores creando un halo de luz.

En el lienzo el espectador tiene la sensación de caminar por la calle empedrada y dirigirse hacia el café. Nunca Van Gogh transmitió mejor la alegría de una noche de verano.


Al borde

28 Juliol 2012

 

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

Autor: Gloria Fuertes

Ilustración: Claude Verlinde, ” L’apocalyse par le papier”


La trampa del teléfono

25 Juliol 2012

Éste es mi contestador automático.
Para herir, simplemente marque 1.
Para contar mentiras que me crea, marque 2.
Para las confesiones trasnochadas, marque 3.
Para interpretaciones literarias producto del alcohol, marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono ( a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando el aparato
a intervalos de tiempo cada vez más largos
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.

Autor: Vanessa Pérez-Sauquillo

Ilustración: Tamara de Lempicka, “el teléfono” (1930)


Es posible

22 Juliol 2012

 El ojo del hambre mira
por la ventana rota.
El zapato
dejó de estar en el niño
y sus pies vagan
por la comida muerta.
El viejo busca
entre restos
los años que le quitan cada día.

En las calles
miles de rostros esperan la limosna
hasta que una boca grita
y las miradas se encaminan a otras luces.
Y el grito se repite
y silencia a la sirena
que anunciaba la llegada
del orden y el respeto.

Autor: Gabril Alejo Jacovkis

Ilustrración de Caras Ionut


Ara mateix

20 Juliol 2012

Ara mateix enfilo aquesta agulla
amb el fil d’un propòsit que no dic
i em poso a apedaçar. Cap dels prodigis
que anunciaven taumaturgs insignes
no s’ha complert, i els anys passen de pressa.

De res a poc, i sempre amb vent de cara,
quin llarg camí d’angoixa i de silencis.
I som on som; més val saber-ho i dir-ho
i assentar els peus en terra i proclamar-nos
hereus d’un temps de dubtes i renúncies
en què els sorolls ofeguen les paraules
i amb molts miralls mig estrafem la vida.

De res no ens val l’enyor o la complanta,
ni el toc de displicent malenconia
que ens posem per jersei o per corbata
quan sortim al carrer. Tenim a penes
el que tenim i prou: l’espai d’història
concreta que ens pertoca, i un minúscul
territori per viure-la. Posem-nos
dempeus altra vegada i que se senti
la veu de tots solemnement i clara.

Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.

Autor: Miquel Martí I Pol

Ilustración: Joan Miró, “la esperanza”


Paseo a orillas del mar (Sorolla, 1909)

16 Juliol 2012


Paseo a orillas del mar es uno de los cuadros más famosos realizados por Sorolla, adscrito al postimpresionismo. En esta magnífica obra de Joaquín Sorolla vemos a su mujer y la hija mayor del pintor -las dos de nombre Clotilde- paseando al atardecer por la playa de Valencia mientras la brisa marina hace ondear sus ropas.

Este cuadro fue realizado en el verano de 1909 a la vuelta de la cuarta exposición internacional de Sorolla a comienzos de ese mismo año en varias ciudades de Estados Unidos. El éxito alcanzado se deja entrever en una obra repleta de vitalidad, colorido y que expresa un extraordinario positivismo.

La obra de Joaquín Sorolla, un hombre coherente, laborioso y metódico, persiguió un tipo de pintura realista que compartiría algunos de los principios del impresionismo , como la factura espontánea, la fidelidad    a la pintura al aire libre y una temática  anecdótica, sencilla y sin pretensiones de aleccionar a nadie.

Podemos ver y sentir el viento en los ropajes, la sombrilla y en el agua del mar. La luz del Mediterráneo captada por su mejor “retratista”.

Cada pliegue de los vestidos y telas que portan las mujeres de este cuadro está dibujado con una sutilidad fotográfica. La mujer del velo de gasa, su esposa Clotilde, aparece con el rostro difuminado, oculto bajo una tela que mueve el viento y por su propio sombrero. En cambio, su hija María se presenta con el rostro más visible tan sólo distorsionado por la luz del sol, los rayos perpendiculares que sirven para iluminar la escena y para delimitar los contornos, para crear sombras. Las dos mujeres, a las que acaricia la suave brisa marina (reflejada en el agitarse de los paños), son iluminadas por la luz que resalta aún más el color blanco de sus vestidos.

En la composición hay tres colores protagonistas: el azul del mar, el ocre de la arena y blanco sobre blanco.

En el cuadro aparecen las características esenciales de la pintura de Sorolla; luminosidad, colorido, captación de la luz del sol y sus inevitables juegos de luces y sombras además de su afición al mar y a los paisajes valencianos.


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