la carga (Ramón Casas, 1899)

26 febrer 2013

Ramón Casas  - la carga (1899)

Afortunadamente algunos pintores huyen de ensoñaciones históricas gloriosas y épicas y prefieren ser la conciencia social de la realidad que les ha tocado vivir.

Ramón Casas era un atento cronista de la vida barcelonesa de su tiempo.

“La carga” es un atrevido acercamiento a uno de los temas más candentes de la Barcelona de finales del XIX y principios del XX. La ciudad vive convulsa los cambios que la incipiente industrialización conlleva, incluida la consiguiente conflictividad social derivada de las pésimas condiciones de trabajo de los obreros en las fábricas. En estos centros de producción se extenderían las ideas revolucionarias que pretendían la revolución social. La lucha obrera encontraba su vía de escape en la sindicación y en las huelgas y manifestaciones que las autoridades no dudaban en reprimir brutalmente mediante el uso de una violencia muchas veces desmedida.

El tema es elocuente y políticamente incorrecto para la época: la brutal carga de la Guardia Civil a caballo sobre una multitud que huye despavorida de los sable y el objetivo captar la esencia de la violencia ciega con la que el poder reprimía al proletariado. El tema es universal y atemporal; la propia datación del lienzo es confusa y se trata de una pintura que, paradójicamente, retrata un hecho histórico que todavía no ha acontecido.

Todo el mundo parece coincidir en que el cuadro fue realizado en 1899 y fue rechazado en la Exposición Universal de París de 1900. Esto motivaría que su autor, Ramón Casas, cambiase el título y finalmente lo relacionase con los violentos hechos que sucedieron en Barcelona en el año 1902, la huelga general del 17 de febrero de ese año. En la Exposición Nacional de Madrid del año 1904 obtuvo un primer premio.

Para entender que no estamos ante una represión real hay que saber que ni siquiera la ubicación es realista, porque aunque aparece la silueta de la iglesia de Santa María del Mar, ésta se mezclada con siluetas de fábricas y viviendas que simbolizan un barrio suburbano que nada tenía que ver con la ubicación real de la iglesia en el centro de Barcelona. La plaza en que se desarrolla la acción es también inexistente.

Casas se acerca a este hecho histórico y tan terriblemente actual mediante una arriesgada composición. Nos ofrece una visión de la zona portuaria de Barcelona, con la silueta de Santa Maria del Mar, en el centro de la composición, dominando a un gran grupo de huelguistas que son dispersados por la Guardia Civil. El pintor juega con los espacios creando un ambiente revuelto, con gente atropellada, humo y polvo, cielos ensombrecidos, y fondo urbano difuminado, para crear una atmósfera dramática.

Ramón Casas  - la carga (1899) detalle 01La escena principal, que nos llama enseguida la atención, es la del Guardia a caballo que arrolla a uno de los obreros; la individualización de la represión procura sensibilizarnos sobre la tragedia que contemplamos. Pero un enorme vacío en el centro –argumentalmente deudor del movimiento de la multitud en pánico colectivo que huye de los sables- dramatiza todavía más el momento de la carga. El caballo parece frenarse ante la caída del manifestante pero la mirada fría y altanera de su jinete parece querer desentenderse de su innoble misión.

La luz que utiliza Casas es difuminada; un paisaje típicamente industrial y un ambiente melancólico y triste: entre la neblina que aleja la ciudad y los abundantes grises y negros se trasmite la sensación de frío invernal en que tiene lugar la escena.

La composición y los golpes de pincelada con los que se traza la masa deforme recuerda la masa anónima de los patriotas madrileños de Goya que se enfrentan a los mamelucos el Dos de Mayo o que son fusilados al día siguiente.

Ramón Casas  - la carga (1899) detalle 02“Lo preocupante de la escena en cuestión es que teniendo un siglo de historia a sus espaldas sea tan actual. Lo verdaderamente angustioso es que es una secuencia intemporal que, perfectamente, podría darse en nuestras calles y en nuestras plazas en este exacto momento. De hecho, lo que más me asusta es que esta misma escena se está reproduciendo ahora mismo. La historia se repite, a veces con demasiada frecuencia. Y es muy dada a reiterar hasta la saciedad su cara más oscura y desagradable. No es un guardia civil que carga contra un obrero de la Barcelona de principios de siglo. Al fin y al cabo, no es más que un agente que cumple las órdenes de los señoritos que cómodamente se apoltronan en sus sillones de ganancias y no duda en espolear su caballo contra los hombres y mujeres, inocentes, que defienden sus derechos más elementos y dan rienda suelta a sus ansias de una vida digna” (Luis Pérez Armiño)


A media luz

25 febrer 2013

Vivir así: sin angustiosos sueños,
con los deseos justos y contados,

sin prisa por llegar a ningún sitio,
sin esperar de nada demasiado…,

tal vez no sea vivir. Pero es mi vida
(o, al menos, lo que de ella va quedando).

Autor: Javier Salvago

Ilustración: Lucian Freud, “red haired man on a chair” (1963) 


Desde que te marchaste no consigo que vuelva…

24 febrer 2013

Desde que te marchaste no consigo que vuelva
a reír el naranjo, en cuyas ramas
ponías a secar mínimas prendas.

Pálidas las paredes del salón, aún se acuerdan
de otras tardes, de ti, de otras mañanas,
de otras noches más allá de la regla.

Desde que te marchaste se ha quedado de piedra
esta casa de campo, donde fuimos,
sin pretenderlo, escándalo de viejas.

Autor: Javier Salvago

Ilustración de Marianne von Werefkin


En la sombrería (Degas, 1882)

24 febrer 2013

Degas, que siempre se consideró un pintor realista, se afanó en representar en sus obras la realidad que le rodeaba, por lo que tuvo en la vida parisiense su principal fuente de inspiración. No es de extrañar, por tanto, que se sintiera interesado por el incipiente mundo de los comercios de la capital francesa. Sus visitas a las boutiques de moda le llevaron a pintar un grupo de obras en las que nos adentra en el París de la alta costura, en ese mundo de las nuevas tiendas de variedades que corresponde a la alta burguesía.

Las jóvenes burguesas de París serán las protagonistas de estos cuadros de sombrererías, en los que Degas es casi un “voyeur”.

Dos mujeres se están probando diferentes modelos de un rico surtido de sombreros; una de ellas se presenta de espaldas y apoya su delicada mano derecha en una sombrilla; podría ser la pintora norteamericana Mary Cassatt, que sirvió de modelo en algunas obras de Degas  y que acudía acompañada del pintor cuando iba a adquirir sus sombreros. Su compañera se ajusta el sombrero y se mira en el espejo con gesto de satisfacción.

Respecto a los colores, se aprecia un interesante juego entre los naranjas y marrones, colores complementarios, junto a los azules y blancos, que producen un alegre conjunto.

La escena, tomada desde detrás de la mesa y con una de las damas de espaldas a nosotros, contemplando a la otra que se prueba el sombrero, nos remite una vez más al encuadre fotográfico, tan característico en Degas. El espectador no mira la tienda desde fuera, sino que está situado dentro de la estancia, detrás del mostrador, en el sitio en el que estaría la sombrerera atendiendo a sus clientas. En el muro del fondo, el escaparate de cristal con un marco dorado es el único elemento que proporciona profundidad al cuadro, al tiempo que permite que se introduzca en la tienda la luz de la calle.

El pintor, fascinado por la belleza femenina, no la pinta como fin último de sus cuadros. Responde a la lógica mercantilista del momento encontrar en la pintura de la segunda mitad del siglo XIX artistas que adulan la exquisitez de sus clientes burgueses retratando estampas mundanas de su mundo de lujo y sofisticación.

Estas jóvenes burguesas podían lucir bonitos vestidos en estampadas sedas gracias al trabajo de otras jóvenes proletarias que cosían las telas.

El origen social de las costureras y modistas retratadas por Degas es confuso; en sus obras la mujer trabajadora, aquella que se veía obligada a trabajar sin cesar para poder mantenerse, pasa a ocupar el primer plano. Ahora bien, la postura de Degas vuelve a presentarse de manera borrosa, indefinida. No sabemos si quiere reflejar la mujer independiente, emancipada, o bien nos muestra a una mujer atrapada.  ¿Por qué atrapada ?

Atrapada por los hombres ricos que podían fácilmente comprarlas.  Aunque estos oficios estaban socialmente bien considerados, se creían profesiones más adecuadas para mujeres pobres y también podía dar lugar a malentendidos cuando éstas entregaban los encargos en casa de los particulares.


Una mujer desnuda y en lo oscuro

22 febrer 2013

“Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo”. (MB)

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

 

Autor: Mario Benedetti

Ilustración de Adolf Valente


Vagón de fumadores

20 febrer 2013

La mujer que se sentó a mi lado
tenía el pelo rojo,
los párpados azules,
las uñas grises
y los labios verdes.
Fumaba sin parar
cigarrillos rubios, largos
como sus piernas del color de la noche.
Llegaba tarde—me dijo—a la cita
con su psicoanalista.
Pensé en él, muy detenidamente.

 Autor: Karmelo C. Iribarren

Ilustración: Edward Hooper, “automata” (1927)


Sentados frente al fuego

19 febrer 2013

Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.

Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos.
¿Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino?
Ella mira el fuego que envejece.

Autor: Jorge Teillier

Ilustración: Emile Chambon, “La cheminée” (1964)


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