visión del Apocalipsis (El Greco, 1614)

31 Març 2018


La visión del Apocalipsis (1609-1614) representa la cumbre del expresionismo tardío de El Greco. El cuadro se recortó y no corresponde al encuadre ideado por el Greco. San Juan, arrodillado en gesto violento, está sumamente desproporcionado. Al fondo mártires desnudos y las túnicas que recogen forman un friso expresionista que anticipa la pintura del siglo XX.

Nos encontramos ante la obra más original y alucinante salida de los pinceles del cretense. San Juan se sitúa en primer plano; es una figura gigantesca que viste túnica azul, mientras que su manto rojo señala hacia los resucitados. El fondo nos muestra un aspecto totalmente dramático. Las almas desnudas se despojan de sus ropajes mortuorios para colocarse los paños blancos que reparten los angelitos. Uno de los resucitados parece elevarse hacia el cielo, mientras que los demás se levantan de sus tumbas en posturas sumamente escorzadas, aludiendo una vez más al Manierismo Las dos figuras femeninas están perfectamente modeladas, con un canon clásico, mientras sus compañeros masculinos se estilizan al máximo.

La figura de San Juan vestida de azul frente a las ánimas desnudas que se retuercen ante la caída de las telas blancas que garantizan su salvación, en medio de los rojos, verdes y ocres clásicos del pintor es una de las obras que más pasiones sigue despertando a los ojos de los creadores.

El color tiene una gran relevancia en este cuadro. El azul luminoso del vestido de san Juan donde se reflejan luces blancas y, como contraste, a sus pies hay un manto rosa. A la izquierda los mártires desnudos disponen de un fondo con un manto amarillo pálido, mientras que los cuerpos de las mujeres son de una gran blancura que contrasta con los amarillentos cuerpos masculinos. Mantos verdes con reflejos amarillos son el fondo de los tres desnudos de la izquierda. Los mártires forman un grupo irregular en un espacio indefinido azul pálido sobre suelo rojizo y todo en un ambiente de nubes oscuras que produce una impresión de ensueño.

Se ha sugerido que la Visión del Apocalipsis sirvió de inspiración para las primeras obras cubistas de Picasso, en concreto, “Las señoritas de Avignon”


viernes santo en Castilla (Darío de Regoyos, 1904)

30 Març 2018


Ésta es una obra que ejemplifica bien a las claras el estilo y los intereses del pintor español Darío de Regoyos (1857-1913), un artista cuya trayectoria pictórica estuvo influenciado por las vanguardias europeas de su tiempo y al mismo tiempo se trata de un personaje profundamente español muy apegado a la tradición artística de su país. Por ello sus obras son una suma del Impresionismo, el Divisionismo e incluso el Expresionismo, y todo ello mezclado con un toque del tremendismo español propio de finales del siglo XIX.

Podemos dividir el cuadro en dos planos separados por el viaducto. En el primer plano se percibe el color ocre, preponderante. Deambulan en un camino sin pavimentar una cofradía de religiosos. En el segundo plano vemos un tren, adelantando del lado izquierdo hacia el derecho, pasando el puente. En el tren distinguimos la locomotora de vapor llevando atrás lo que parece ser un vagón de carga y otros vagones de pasajeros. El túnel tiene, seguramente, un valor alegórico; el paso del tren en un túnel remite a la entrada de la modernidad de España.

La cofradía de los religiosos alude al hecho de que se trata de Viernes Santo lo que viene confirmado por el título. Viernes Santo es el día de la pasión y de la muerte del Señor. De hecho, un ayuno pascual como signo exterior de su participación en su sacrificio, es decir, hay que mostrar el sufrimiento para arrepentirse. Todavía en el título, esta procesión del Viernes Santo ocurre en Castilla, lo que remite al símbolo de la unidad española, o diciéndolo de otro modo como Regoyos y otros intelectuales en aquella época (Antonio Machado, José Ortega y Gasset, Unamuno etc.) hacen referencia a la base rural española, no sólo por el pasado glorioso sino por el incomparable paisaje. Esto y la presencia de los monjes nos hacen una referencia tácita a lo que Unamuno llamó la Intrahistoria.

El otro tema importante en el cuadro es el tren. El ferrocarril, como fuente extraordinaria de progreso y comunicación, tenía por fuerza que ejercer una gran atracción para una mentalidad abierta y nómada como la de pintor. El tren simboliza un viaje hacia el optimismo.

La igualdad de los tamaños del tren y de la cofradía crea un equilibrio, una distribución de los cuerpos dentro del espacio de manera que conformen una armonía de conjunto.

Así que probablemente el pintor nos muestra aquí un cuadro de que se destacan los dos grandes elementos antitéticos al final del s. XIX, principio del XX que son los íconos de la tradición (representada por la cofradía) y de la modernidad (representada por el tren).


musas en el Guadalquivir (Federico Beltrán Masses, 1923)

28 Març 2018

federico-beltran-masses-musas-en-el-guadalquivir-1923

Beltrán a menudo pinta mujeres en papeles exóticos creando retratos que se sienten a la vez genuinos y tan oscuros como los románticos del cine escapista de los años veinte. Los escenarios eran nocturnos y atmosféricos, ya fueran vellosos canales venecianos o cielos azules iluminados por las estrellas. La paleta de sus visiones sombrías se conoció como “Beltrán azul”. Las pinturas del artista eran a menudo eróticas y por lo tanto polémicas.

Todas sus obras tienen una gran carga descriptiva, se detiene en los detalles y en las anécdotas. En la explicación detallada de la calidad de los ropajes y las joyas. En los fondos exóticos, en los brillos de las telas, de los metales y las piedras, de las perlas, de Oriente…

Como fondo de algunos de sus retratos aparecen exhaustivas descripciones del entorno, casi literarias, ensoñadoras, que evocan una estética lujosa y soñada. Unas veces son fondos descriptivos (Venecia con sus canales y palacios) y otras son evocaciones mitológicas o frutales. Su objetivo es siempre alimentar el exotismo de sus sueños y poner la obra en otro plano, lejos de la realidad.

Muchos de los elementos distintivos de Beltrán se encuentran en “Musas en el Guadalquivivir” : España, posturas lánguidas, azules de luz nocturna y música. Una gitana y dos mujeres descansan aquí en el río antes de la ciudad meridional de Sevilla de España. Se puede ver La Giralda, el campanario de su catedral, y más cerca, la Torre del Oro en la orilla del río.

Las tranquilas aguas del Guadalquivir albergan un barco que presenta una escena romántica, aunque eróticamente densa. La sexualidad es descarnada. La figura principal lleva una mantilla y costoso vestido de raso blanco; Ambos sugieren que ella es de una clase privilegiada. Sin embargo, su pecho expuesto y la elección de sus compañeros -un músico gitano y una bacante semidesnuda- indican una mujer totalmente liberada de las convenciones contemporáneas.

Los dedos largos y delicados de la figura principal recorren la superficie del agua tan ligeramente como la piel de una amada; El espectador puede especular si las mujeres son amantes. Su compañero, inmerso en su música, es aparentemente ajeno a la sensualidad que envuelve al trío. El uso vibrante de Beltrán y el mundo nocturno en el que puso tantos de sus súbditos era a menudo sorprendentemente arriesgado, pero también profundamente misterioso y enigmático. Los hombres rara vez son más que partícipes de estas escenas y, a menudo, simples gitanos, más que extraídos del mismo ambiente social que las mujeres elegantes y sensuales que pueblan sus pinturas.

federico-beltran-masses-las-hermanas-de-venecia-1920En “Hermanas de Venecia” (1920) representa dos mujeres en plano medio en una góndola a la entrada del Gran Canal. Una, modestamente vestida de pelo rubio rojizo, trenzada y enrollada alrededor de su cuello y con un brillante brazalete de oro en su muñeca derecha, mira directamente al espectador; La otra se encuentra detrás de ella con su vestido tirado hacia abajo, exponiendo un pecho. Ella parece tener una mirada de éxtasis dando lugar a la sospecha de que estas mujeres no son verdaderas hermanas, hay algo más.


esfingie

27 Març 2018

Ella vendía frutas, abalorios,
flores de trapo en un bazar
de Esmirna, en el mercado de Sanlúcar,
en Basora, en Palermo, en Medellín.
Era la misma esclava manumisa,
eran los mismos desperdicios
amontonados en los intramuros
irreparables de la soledad.

La recuerdo entre brumas
suspensivas, rodeada de perros
y garrafas, un bulto aletargado
entre otros bultos igualmente inanes,
mientras caían como copos
las pedregosas horas del invierno.

Seguirá estando allí donde yo esté.

Autor: J.M. Caballero Bonald

Ilustración: Jean Joseph Benjamin Constant, “Le soir sur les terrasses (Maroc)” (1879)


perro triste

26 Març 2018


A Gabriel A. Jacovkis

En las playas argentinas
un perro mirando el mar.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Rebecca Kinkead


la casa vacía

25 Març 2018


Voy a la casa donde no viviremos
a mirar los muros que no se levantarán.
Paseo las estancias
y abro las ventanas
para que entre el Tiempo de Ayer envejecido.
¡Si vieras!
Entre las buganvillas
cansadamente juegan
los hijos que jamás tendremos.
Yo los miro. Ellos me miran.
Mi corazón humea.
Este es el sitio donde mi corazón humea.
Y a esta hora,
en el balcón, callada, yo sé que tú también te mueres
y piensas en mí hasta ensangrentarte.
Yo también pienso en ti.
Óyeme donde estés:
por esta herida no sale sólo sangre:
me salgo yo.

Autor: Manuel Scorza

Fotografía de Andrea Kiss


vía muerta (Anselm Kiefer, 1986)

24 Març 2018

anselm-kiefer-eisen-steig-via-muerta-1986
Esta pintura nos muestra un paisaje sombrío, gris, incinerado, en el que una vía de ferrocarril conduce desde el primer plano a un cruce en el que la pista se divide y sale en dos direcciones a ninguna parte. La evocación a los raíles en Auschwitz es evidente.

Anselm Kiefer nació en 1945 en Donaueschingen, al sur de Alemania. Su producción de las décadas setenta y ochenta gira en torno a la mitología, la historia, la religión y la simbología alemana, temas que el artista investiga profundamente y que utiliza de forma recurrente en sus obras como medio para evitar el proceso de amnesia colectiva ante las brutalidades y tragedias históricas de una Alemania desmembrada por la Segunda Guerra Mundial y en plena lucha por la restitución de su identidad como país. De esta forma, la cábala, los nibelungos, Adolf Hitler, el músico Richard Wagner o el arquitecto del nazismo, Albert Speer, son referencias comunes en su obra de este periodo que ha sido considerada un auténtico “teatro de la memoria”.

Sus trabajos, en los que se fusionan la pintura, la escultura o la fotografía, mediante técnicas como el collage subrayan la solemnidad y la naturaleza trascendente de su contenido no sólo por sus cualidades táctiles, sino por la violencia de su pincelada y la opacidad que transmite una paleta de colores casi monocroma, mezclada con materiales poco ortodoxos y endebles como plomo, alambre, paja, yeso, barro, ceniza o polvo, o flores y plantas reales, en contraste con la transparencia de su significado.

No es hasta comienzos de los años noventa cuando Kiefer, tras una serie de viajes por el mundo, comienza a explorar temas más universales, todavía basados en la religión, los simbolismos ocultos, los mitos y la historia, pero centrándose ahora más en el destino global del arte y de la cultura, así como en la espiritualidad y los mecanismos y misterios de la mente humana.

anselm-kiefer-athanor-1991

En “Athanor” (1991) representa un edificio similar al Reichstag como un horno de ladrillo. El título se refiere al horno utilizado por los alquimistas para mantener la temperatura durante el proceso de convertir el plomo en oro, y la materia en el espíritu. Esta pintura es una metáfora de la turbulenta historia de Alemania, especialmente en lo que respecta a su arte y cultura. Creado en el momento de la caída del Muro de Berlín, el cuadro evoca los recuerdos de la destrucción de Berlín en 1945 y del fuego del Reichstag en 1933.


%d bloggers like this: