retrato de mi tío Florencio Cornejo, El mudo (Solana, 1914)

31 Mai 2022

Parte de la infancia de Solana transcurre en la calle Conde de Aranda. Eran una familia numerosa que llevaba el añadido del tío Florencio, el hermano de la madre, deficiente mental y con muchas limitaciones de movimiento. Este personaje, sentado en la entrada de la casa, será una imagen fija en la retina de Solana. Habla de él con ternura. Era un ser débil al que los niños de la calle torturaban. Lo llamaban El Mudo. En su cara desvaída están los insultos, el maltrato de las criadas y el abuso de los mozos que eran perseguidos por El Mudo con su bastón pese a que nunca les daba alcance.

Solana interpreta el retrato, diferenciando claramente si se trata de una composición con múltiples personajes o de una composición con uno solo. En el primer caso, los retratados aparecen ajenos a la escena, sumidos en sus propios pensamientos; en el segundo, como ocurre en esta obra, presenta a sus personajes solitarios, siempre rodeados de elementos que los personifican, mediante los cuales intenta trazar su perfil psicológico.

En El bibliófilo (1933) Solana recrea sin duda la figura de su padre, persona inteligente, licenciado en medicina, gran amante de los libros, lector infatigable y poseedor de una gran biblioteca, al que desea rendir un homenaje por haberle iniciado en la lectura desde la infancia. Quizás por ello es un cuadro en el que se recrea. Utiliza sus propios muebles, pinta los lomos de los libros de su propia biblioteca y deja en el suelo una serie de láminas o grabados que nos indican sus principales aficiones, representando diligencias, mujeres toreras, carreras de caballos e, incluso, la muerte con su guadaña.

En la representación, un tanto simbólica del personaje, utiliza la figura de su hermano Manuel, aunque no parece ser su rostro, por las fotografías conservadas. Se esfuerza en trazar un personaje de gran bondad, modales pausados, elegante en su atuendo, ajeno al mundo, absorto en la lectura de sus libros. Nos hace partícipes de su estado emocional y nos muestra su respeto por la figura del hombre de edad, al que reconoce su sabiduría y experiencia.

Los tonos ocres de la composición, degradándose a lo largo de la biblioteca, el minucioso dibujo de contornos con el color delimitando las formas y la luz, otorgan a la obra una indiscutible calidad pictórica.

Solana pinta una serie de obras de personajes solitarios, rodeados de objetos que por sí mismos les identifican. Los retrata en su propio mundo, en composiciones conceptualmente semejantes pero individualizadas a través del relato de sus pertenencias; este recurso permite que estos personajes nos hablen de su vida y dejan así de ser anónimos, ausentes. 

En El viejo armador (1925), personifica a un anciano armador que conoció, al final de sus días en los muelles de Santander, quien pasaba las mañanas deambulando entre los barcos, recordando y añorando su vida pasada y al que pinta con toda su gallardía, con su vieja botella de ron jamaicano y la de ginebra holandesa, en una estancia llena de carácter, con un fanal en cuyo interior reposa un barco de vela, un barómetro y un cuadro del viejo muelle de Santander, con la catedral al fondo, en cuya torre un reloj marca las horas. 

Cuando Solana realiza esta obra utiliza una paleta de tonos verdes y ocres, sirviéndose del negro para centrar la composición y de la luz como un elemento compositivo más.

Como podemos apreciar en El físico (1927), Solana representa al personaje tal y como lo contempla, sin idealizar, sin concesiones, rodeado de instrumentos de su profesión. Puede ser un científico, un profesor, al que personifica con gran dignidad, ponderando más su posición social que su faceta científica: elegante atuendo, bastón, chistera, reloj de oro, junto a una pequeña figura del cazador y periódico El imparcial, detalle un tanto anacrónico dado que había dejado de publicarse diez años antes, pero del que se sirvió el autor para ubicar al personaje, al que considera el más importante de los que había retratado: “ese señor que está frente a la botella del diablo que suele haber en las salas de física”.

Lo pinta sentado, con la mano izquierda contraída, claro reflejo de su tensión interna, su figura recortada sobre un mueble que a un modo de friso recorre la composición y que sin duda pertenecía al pintor, que gustaba de plasmar su propio mobiliario. El mismo aparador aparece en El capitán mercante y el sillón donde se sienta, en El bibliófilo.

La obra, ejecutada en el momento álgido de su carrera, es la pura expresión del dominio tonal del artista, con un claro predominio de las gamas verdes, a las que contrapone tonos pardos o negros con pequeños toques rojos, que resaltan la composición. El retrato fue ejecutado con luz artificial, lo que se percibe en esa atmósfera apagada que domina y unifica la composición.

En El capitán mercante (1934), Solana pinta a Gervasio Olivares, capitán montañés del barco mixto de vapor y vela, el Gravina, cuya inscripción se lee en la parte inferior de la obra, que realizaba la travesía entre Santander y La Habana. Un globo terráqueo y dos grandes conchas de mar, sin duda recuerdo de las Indias, pretenden reforzar la figura del personaje, junto a la botella de ron de la Martinica, el paquete de tabaco, el catalejo, e incluso el documento mercantil de Santander. Gallardo y altivo, nos recuerda su estatus en la sociedad del momento.

Pintura abigarrada, pero equilibrada, en la que sobre el mueble a modo de friso que cierra la composición, descansa un cuadro que relata un naufragio y que es el mismo que utilizará más tarde como fondo de la pintura El triunfo de la muerte. Mediante una perspectiva frontal, escala los diferentes elementos de la composición.

Estéticamente sigue las mismas pautas que en obras anteriores, pero podemos percibir una mayor perfección técnica en estos años, en los que llega a dibujar con el color. Es el momento álgido de su carrera, en el que alcanza su madurez.


el botones (Chaim Soutine, 1925)

30 Mai 2022

La figura desgarbada, su actitud de abandono con la mirada perdida en la fatalidad y la resignación de una vida probablemente desgraciada. Así nos presenta Soutine a este botones en uniforme de trabajo. El rostro está dotado de una expresión teñida de dolor, fatiga y arrogancia.

El Botones se nos aparece con una actitud despreocupada: las piernas abiertas y las manos apoyadas dan idea de desafío. La cabeza parece ajena al cuerpo, como si flotara. El rostro, con la mirada apartada pero consciente de sus pensamientos, junto con los labios arrugados, nos ofrecen una expresión confusa, entre la insolencia y la servidumbre debida.

La actitud del modelo obedece al número limitado de esquemas compositivos que Souline crea y luego repite. El joven, que viste librea de botones, aparece sentado frontalmente sobre un soporte invisible, con las piernas abiertas y los brazos en jarra. El segundo plano de un azul oscuro y frío, es indefinible. Su uniforme, de un llamativo rojo encarnado, permite al pintor tratar los colores en amplias zonas cerradas, y dar rienda suelta a su talento de colorista.

Soutine transmitía emoción mediante el uso de colores brillantes y formas distorsionadas. Creó una sensación de movimiento a través de la aplicación de pintura en empastado.

Alrededor de la década de los años veinte del siglo pasado, Chaïm Soutine (1893-1943), nacido como Shaim Solomónovich Sutinpor, entonces un artista inmigrante más en París, comenzó a mostrar la fascinación por cocineros, camareros y personal de los hoteles y restaurantes franceses, siempre vestidos con colores fuertes, llamativos.

Durante los siguientes años estos humildes modelos se sentaron para él en París y el sur de Francia.

La serie resultante de retratos ofrece imágenes poderosas de una nueva clase social de personal de servicio, que se trasladó de las mansiones aristocráticas de los siglos anteriores a los hoteles y restaurantes de lujo que surgieron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Estas figuras a menudo ignoradas de los espacios de ocio más modernos de Francia, incluido el famoso restaurante Maxim’s en París, conmovieron a Soutine, quien advirtió que se podía encontrar una honda emoción y un sentido profundo de humanidad en personas así de modestas. El artista trabajó duro para lograr los efectos más contundentes en los blancos, rojos y azules audaces de sus diferentes uniformes. Muchos han visto en Soutine a una suerte de heredero de Van Gogh.


de soslayo

29 Mai 2022

Aunque me haga la loca
desde hace tiempo sé
que mi ventilador pasa las páginas
sin leerlas; por eso,
aunque no me lo pida,
le explico los finales.

Autor: Virginia Aguilar Bautista

Ilustración: theodore roussel, “the reading girl” (1887)


la manicura (Henry Caro-Delvaille, 1901)

28 Mai 2022

Denominado “el pintor de las mujeres” por el lugar predominante que les otorgó en sus representaciones de escenas íntimas, Henri Caro-Delvaille gozó de gran éxito a comienzos del siglo XX sobre todo como retratista y decorador. 

La manicura es una obra temprana, característica de la iconografía que mostraba a burguesas elegantes en sus ocupaciones cotidianas.​

​La modelo era la prometida del pintor, una muchacha de ojos claros y silueta grácil que figuró en casi todas sus obras de esta época. La joven, recostada de modo indolente, dirige una mirada sensual al espectador al tiempo que una anciana reconcentrada en su tarea le realiza la manicure. Además del contraste evidente entre los vestidos, el artista destacó los útiles sobre el regazo de la manicura, las flores de su tocado y sus aretes, detalles que sin duda atraían fuertemente a quienes consumían este tipo de pintura cuya estética seguía los cánones de un naturalismo fotográfico.

El escenario y los objetos ubican a la joven en una casa burguesa, pertenencia que se refuerza en el estricto estar a la moda de su vestido de corte belle époque. La manicura seguramente pertenecía al círculo de sus servidores más íntimos, aquellos a quienes se recibía con cariño y se dispensaba, por ejemplo, un almohadón para que se apoyaran mientras trabajaban.


los perros

27 Mai 2022

Los perros huelen la tristeza
pero no se la comen
a diferencia de cuando huelen el miedo
y muerden

quizá confundan miedo y tristeza,
como yo:

no saben a cuál

hay que atacar.

Autor: Emily Roberts

Ilustración: Gauguin, “Bodegón con tres cachorros” (1888)


crecer es que tu madre te compre un nicho

26 Mai 2022

Crecer es que tu madre te compre un nicho
por si te entran ganas de morirte demasiado pronto.
Un hueco estrecho con tres paredes blancas
y una abertura que da al norte,
por donde siempre entra la lluvia.
Crecer es pensar a dónde querrás que vayan tus hijos a llevarte flores.
Pero para mí,
crecer es sobre todo imaginar
dónde me gustaría verte llorar
cuando yo desaparezca.

Autor: Alba Flores Robla

Ilustración de Galya Popova


la meva primera llibreria

25 Mai 2022

Era de caoba vermella
amb portes vidrieres
de vidres fumats
i rivets de laca
blancs.

Un metre d’alçada
per un metre cinquanta d’amplària.
Tres prestatges de vint.

Vàrem rompre la guardiola de terrissa
i tot un capvespre de gener
per anar a comprar-la.

Aviat a casa varen anar arribant Albert Camus. Williams
Faulkner. Virginia Woolf. Víctor Català. Carson
MacCullers. I James Joyce amb el seu Retrat
d’un artista adolescent que
em va crear una úlcera
a la ploma.

A poc a poc deixava
de ser moble
i passava a Santuari.
La llibreria.

Les pregàries de la nit
les feia davant el cor obert de la fusta
i no davant el Cordejesús amb els ulls girats
de damunt la capçalera del llit.

A la mare
que no havia obert mai un llibre
també l’amarava de devoció. La llibreria.

Llibres a una casa de pobres!

Religiosament es cuidava que la pols
no es fiqués per les escletxes i envaís el paper.
Que els polls dels llibres
no espipellessin les lletres.

En canvi el pare calcigava estufera
quan hi passava per davant.

Satisfet d’haver pogut comprar
                                 la mar a la seva filla.

Autor: Antònia Vicens

Ilustraciones: Vilhelm Hammershoi, “mujer leyendo en un interior” (1901) y Harold Knight, “Lectora” (1910)


criptograma

24 Mai 2022

Como si aquellos esbozos
en el último cuaderno
-el de tu infancia proscrita-
fueran un Códice
que esconde lo evidente.

En este tiempo anejo
poligrafía del alma.

Autor: Javier Solé

 Ilustración: Jozef Israëls, “Un anciano escribiendo a la luz de las velas”

Un anciano escribe al resplandor de una vela; parece ser la única fuente de luz en la habitación a oscuras. Apenas se ve una colección de grabados y dibujos enmarcados amontonados en la pared. Amplias grietas causadas por el encogimiento de la pintura recorren el lienzo, revelando el fondo blanco y haciendo que los detalles de la composición sean difíciles de descifrar.

Jean Charles Joseph Drucker, el dueño anterior de la pintura, se refirió a ella como ‘El Filósofo’. El título podría ser el que le dio Jozef Israëls, quien era amigo de Drucker. El artista se ha basado en una larga tradición en el arte holandés de representar a los eruditos en sus estudios. Los sutiles efectos de luz recuerdan a Rembrandt, un artista que Israëls admiraba mucho y con quien la crítica lo comparaba a menudo.


dos mujeres gitanas (Isidre Nonell, 1903)

23 Mai 2022

Antes de 1900, Isidre Nonell formaba parte de un grupo llamado la «Colla del Safrá» (Grupo del azafrán) formado por pintores como Joaquim Mir, Canals, Pichot… que pintaban paisajes por los alrededores de Barcelona preocupados por la luz, los cambios cromáticos al dictado del posimpresionismo, buscando los efectos atmosféricos en tonos cálidos, de ahí el nombre del grupo. Isidre Nonell también formó parte del mítico «Quatre gats» junto con Picasso y Rusiñol en ese ambiente de efervescencia creativa de la época en Barcelona. Si para Picasso su estancia en Horta del Ebro marca el momento de reflexión que dará sus frutos en el cubismo, para Nonell la estadía en Caldes de Boí, pequeño pueblo de los Pirineos, donde muchos de sus habitantes padecían de cretinismo, afectará de modo esencial en el tema de sus obras posteriores: los marginados y más desfavorecidos de la sociedad. A partir de entonces se centra en la figura humana con una manera nueva de hacer, el volumen de sus mendigos, de sus gitanas en actitudes claras de tristeza y abatimiento sobrecogen por la atmósfera de soledad y abandono.

Después de una larga estancia en París y de su instalación definitiva en Barcelona en 1900, Nonell, que murió prematuramente, se concentró en la representación de personajes marginales y realizó una serie protagonizada por gitanas que casi monopolizaron su producción, a pesar de la hostilidad recibida por parte del público y la crítica más conservadora. En estas obras, que consiguen transmitir la soledad más profunda del ser humano, Nonell lucha obsesivamente con el color como principal elemento para construir los volúmenes.

Alejado de la moda del momento, Nonell creó un lenguaje marcadamente expresionista, con una paleta de tonos muy oscuros, fruto de la atracción que sentía por los personajes marginales y desarraigados, especialmente por las figuras de gitanas.

La línea magistral de Nonell, que delimita el sufrimiento de ese volumen rotundo y sin nada anecdótico que nos aleje de la esencia, es portentoso. Nada sobra y nada falta para bajar el volumen de la marginalidad. Las gitanas no son en él nada folclórico.

Otras ilustraciones: “Reposo” (1903), “Pensando” (1906) y “Consuelo” (1902) y (1903)


esbozo

22 Mai 2022

Las sombras de los buques
se mecen en la cresta de la ola,
en el lustre azul y mortecino
de la lenta marea que sube despacio.

Una larga barra de arena por la franja en que termina el cielo
extiende un largo brazo de arena en la inmensidad de la sal.

Las lúcidas, inagotables arrugas
van entrando, se detienen, se retiran.
Se desmoronan las olas y las burbujas blancas, agotadas,
anegan el suelo de la playa.

Se mecen en la cresta de la ola,
en el lustre azul y mortecino
las sombras de los barcos.

Autor: Carl Sandburg

Ilustración: Quinquela Martin, “anunciación” (1958)


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