evocación, el entierro de Casagemas (Picasso, 1901)

31 Juliol 2021


En las noches dels Quatre Gats, Picasso conoció a otro pintor de su edad, Carles Casagemas. Los dos tenían dieciocho años, aspiraban a ser pintores y se hicieron muy amigos. Compartieron estudio en la desaparecida calle Riera de Sant Joan, en el Barrio Gótico, y visitaban frecuentemente los burdeles de la ciudad. Un buen día decidieron viajar a París, para visitar la Exposición Universal de 1899. Se instalaron en el estudio que les prestó Isidre Nonell en el 49 de la rue Gabriel. Los pintores se hacen amigos de varias modelos modelos que posaban habitualmente para los españoles. La pandilla vivía intensamente la noche. Frecuentaban los cabarets nocturnos de la ciudad, especialmente el Moulin Rouge. Noches de bohemia, de absenta y de opio, de devaneos amorosos.

Casagemas se enamora de Germaine pero ella es una mujer libre que no estaba dispuresta a guardar fidelidad al joven. Casagemas era muy romántico y estaba cada vez más enamorado. Pero Germaine se burlaba de sus repetidas demandas de matrimonio y le tildaba de impotente. Hay que señalar que Casagemas bebía mucho y tenía adicción a la morfina, por lo que las burlas cada vez más crueles de Germaine posiblemente tenían algún fundamento y sus toxicomanías le causaban algún problema de erección.

Picasso comenzó a preocuparse. Le convenció para volver a Barcelona para Navidad, y aprovechó para llevarlo a varios burdeles a ver si así olvidaba de una vez a Germaine y que de paso superase su complejo. Luego pasaron la Nochevieja en Málaga, con idéntico programa: mujeres y alcohol. Pero Picasso tenía que ir luego a Madrid, para fundar con Francisco de A. Soler la revista Arte Joven (una publicación inspirada en las revistas modernistas catalanas Pèl i Ploma y els Quatre Gats). También quería aprovechar para visitar el Museo del Prado y pintar algunas copias de los maestros clásicos, sobre todo del Greco. Pero Casagemas obsesionado con Germaine, regresó a París.

Ya en París, Casagemas se encontró con la habitual indiferencia de Germaine, que siempre impasible ante sus requiebros amorosos, volvió a reiterar sus burlas y rechazó nuevamente sus insistentes propuestas matrimoniales.

Aquella misma noche, el 17 de febrero de 1901, el grupo de amigos cenaba en L’Hippodrome, un restaurante de París situado en la esquina del bulevard de Clichy, rue Calaincourt y rue Forest, en la falda de Montmartre. Entorno de la sopa caliente se reunieron Germaine, Odette, Manolo Hugué, Manuel Pallarés, Frederic Pujolà y Alexandre Riera, amigos de noches etílicas y desenfrenadas y de mujeres fáciles. El vino, abundante, corría de copa en copa. Casagemas, muy exaltado, se levantó e improvisó una especie de discurso, en el que declaró que iba a volver definitivamente a Barcelona y reiteró sus habituales declaraciones de amor por Germaine, a quien pretendía llevar con él. Por toda respuesta Germaine se encogió despectivamente de hombros. Casagemas, despechado, sacó un revólver y ante el asombro de todos disparó primero contra Germaine y luego contra sí mismo. Casagemas murió desangrado antes de llegar al hospital.

En este cuadro, “El entierro de Casagemas” (1901), Picasso conmemora la muerte de su amigo. El cuadro ofrece ciertas semejanzas con El entierro del Conde de Orgaz, puesto que existe una clara división entre el plano inferior o terrenal, donde yace el cadáver, y el plano superior o plano celestial. Sin embargo, hay también grandes diferencias con El entierro del Conde de Orgaz: en la parte inferior aparecen varias mujeres de luto velando el cadáver, mientras que en la parte superior no encontramos ángeles, santos o figuras religiosas sino prostitutas, niños y mujeres.

Picasso quiere pintar de algún modo el funeral de su amigo. Picasso no había asistido ni a su entierro en Montmartre ni al funeral que se hizo en Barcelona. Un funeral que tampoco se pudo celebrar con honra por tratarse de un suicida. Picasso pinta un paraíso prostibulario en donde coloca a su amigo, que llega a caballo y donde los ángeles que lo reciben son mujeres desnudas con medias y ligueros, en una apoteosis de morfina, absenta y lupanares, el ambiente donde los dos amigos desarrollaron su amistad. Picasso intenta devolver a la vida a su amigo a la vida – tal como ellos la entendieron – en un paraíso hedonista, concupiscente y vicioso.

En la zona superior crea una visión del paraíso en la que libera el espíritu atormentado de su compañero y, de paso, exorciza algunos de sus propios demonios, al darle aquello que no tuvo en vida. En su paraíso particular, Casagemas aparece montando un caballo blanco y con una figura femenina desnuda que se aferra a él de forma desesperada: Germaine. El disfrute de la pasión que al joven le fue negado en vida, queda representada por medio de otras tres figuras femeninas desnudas, ataviadas únicamente con unas sensuales medias. Para terminar, una madre con dos hijos pequeños insinúa que el pintor en el cielo ha quedado liberado de su impotencia.

En el período posterior (1901-1904), Picasso elige una paleta fría, de colores azules y apagados. Los personajes que aparecen en sus cuadros en esa época presentan un perfil marcado, unos cuerpos deformados y alargados a la manera del Greco y transmiten un sentimiento de melancolía, tristeza, miseria y abandono. Y soledad. Sobre todo, una profunda soledad. Podemos decir que el azul se transforma en los pinceles de Picasso en el color del llanto y de la desesperación.

Más información en:

http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/view/1889/2083


mis sueños

30 Juliol 2021


Mis sueños son cupidos,
universos infinitos de hadas
que me miman con dulzura,
yo la princesa
que vaga en las llanuras.

Autor: Ana Vega


gratitud

29 Juliol 2021

A la Mònica i el Carles

Com saber el que heu estat, tu des d’aquella nena
atenta al món, capaç de riure i plorar alhora.
I tu des de l’infant que va aprendre a estimar-nos
amb la por als ulls i descobrint la música.
Però a casa també hi havia la tendresa
difícil de cuidar de la vostra germana.
Fins que us vàreu fer grans i vau construir una vida.
Als trenta anys va morir: ella ignorava
tot el que ens va donar i el que us va prendre.
Però penso sovint en ella i en vosaltres
i us demano humilment una esperança.
Avui tot és lluny. Però la pena torna,
com un ocell nocturn creuant davant la lluna
El que sigui la mort tant se me’n dona:
No sé si és cap encert.
Però sé que no es tracta d’un error.

Autor: Joan Margarit

Ilustración: Timothy Easton, “Beach walk down to the sea” (1994)

GRATITUD

A Mònica y al Carles

Cómo saber lo que habéis sido,
tú desde aquella niña
que, siempre atenta al mundo, era capaz
de reír y llorar al mismo tiempo.
y tú desde aquel niño que aprendía a querernos
con el miedo en los ojos, descubriendo la música.
Pero en casa también había la ternura,
difícil de cuidar, de vuestra hermana.
Hasta que, de mayores, os marchasteis,
entre todos le dimos una vida.
Murió a los treinta años, sin saber
todo cuanto alcanzó a darnos
y aquello que os quitó.
Pienso a menudo en ella y en vosotros
y os pido humildemente una esperanza.
Hoy todo está tan lejos. Pero la pena vuelve,
como si fuera un pájaro nocturno
cruzando por delante de la luna.
Lo que sea la muerte no me importa.
No sé si es un acierto. Pero sé
que no se trata de un error.

Autor: Joan Margarit


franco (Botero, 1986)

28 Juliol 2021


Fernando Botero (Medellín, 1932) realizó este retrato de Franco en 1986, con su habitual estilo naïf y su conocida tendencia a redondear las formas corporales. En esta obra además incide en lo ridículo del personaje, bajito y de voz atiplada, que le había valido el sarcástico mote de “Franquito” por parte de sus compañeros de la Academia Militar, en la que por lo visto tuvieron que hacerle un fusil a medida, a causa de su escasa talla. El aspecto poco marcial del general contrastaba con su siniestra personalidad, de la que el hispanista Ian Gibson ha dicho que fue el peor asesino de la Historia de España.

Botero aseguró en su día que trató de retratar al dictador en la tradición de la pintura de corte de Velázquez o Goya. Se trata de un óleo sobre lienzo de gran formato, cuatro metros cuadrados, que a mediados de los ochenta le fue encargado a Botero por el entonces presidente del Grupo 16, Juan Tomás de Salas. La idea surgió de un encuentro en Bogotá en 1986 entre Botero y el desaparecido editor. De Salas le encargó la portada de la revista Cambio 16 -publicación que se distinguía en la época de la transición española por su defensa del restablecimiento de las libertades democráticas- para el número coincidente con el 18 de julio.


esbozos de luz

27 Juliol 2021

Luz amortiguada,
recogida bajo la tulipa
de una lámpara.
Pasos de luz abriéndose
entre la materia,
                       ondas.
Luz que choca contra un muro
y marca un camino oblicuo.
Una cascada blanquiazul
se desliza por el acantilado.
Manantiales,
claros en el remanso del agua,
gajos de fruta sus destellos.
Luz que se aleja
y me compensa con harapos,
identidad fragmentada.
Luz que me asiste y me vence
y me deja al amparo
de una sombra,
                       mi sombra.

Autor: Ada Soriano Lidón

Ilustración: Edward Hopper, “Rooms by the Sea” (1951)


nocturno

26 Juliol 2021

Hijas, esposa, amigos:

En las noches de invierno
también cantan los pájaros.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Daria Petrilli

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)


la tarde en Barbizon (Charles-François Daubigny, 1852)

25 Juliol 2021

Charles-François Daubigny (1817-1878) fue uno de los pintores de la Escuela de Barbizon y es considerado un importante precursor del impresionismo.

La tarde presenta un paisaje tranquilo que ilustra la caída del día. Dos mujeres, casi invisibles en una naturaleza ordenada, han venido a lavar algunas prendas antes de que se haga de noche. Las copas de los árboles parecen contemplarlas; unas barcazas alineadas sobre el agua tranquila. Todo es equilibrio. Pese a los nubarrones grises, el cielo no es amenazador. Es el epílogo de una jornada que muta en crepúsculo en una infinita claridad. Daubigny emplea una pincelada nerviosa para pintar un cielo en movimiento

Una poesía casi romántica se desprende de esta simplicidad…


añoranza

24 Juliol 2021

A Laia


Tarde de cielo sereno.

Pienso en preguntas baldías.
En el tedio de la vida.
En los fuegos extinguidos.
En promesas postergadas.

Contemplo durante horas
esa belleza oculta
en el vuelo del vencejo.
Bálsamo para la pena.

¡Y qué lejos y qué alto!
pernocta el errabundo.
Útero y sarcófago.
Paraíso del prófugo.

Autor: Javier Solé


les dues nevades

23 Juliol 2021

LES DUES NEVADES

En veure nevar tant pertot arreu,
tu i jo hem recordar, sense moure’ns de casa,
La neu on vam trobar el nostre amor.
Feia poc que ens havíem conegut
i vam passar aquell dia fins a la matinada
passejant pels carrers il·luminats
per una càlida llum blanca i freda.
Vam descobrir una nova intimitat
que per als dos encara era desconeguda.
La teva mà, enguantada dins la meva,
havia començat a salvar-me la vida.
Lluminosos i foscos han passat seixanta anys:
fins i tot al més durs hi ha hagut l’escalf
d’aquells carrers nevats.
També aquest últim, quan debilitat
pel limfoma i la químio que no em cura,
t’he tingut al costat amb el mateix somriure,
ajudant-me a compondre aquestes poemes.
Te’ls ofereixo. Per a mi és un any
dels més feliços de la meva vida.

Autor: Joan Margarit

Fotografía: Barcelona, Las Ramblas, nevada año 1962

LAS DOS NEVADAS

Viendo como nevaba en todos partes,
sin moverme de casa, tú y yo
hemos ido evocando
la nieve donde hallamos nuestro amor.
Hacía poco que nos conocíamos
y ese día estuvimos los dos juntos,
hasta la madrugada, por las calles
que iluminaba aquella luz
cálida, blanca y fría.
Descubrimos así una intimidad
desconocida aún para nosotros.
Tu mano enguantada y dentro de mi mano
había comenzado a salvarme la vida.
Luminosos y oscuros, transcurrieron
sesenta años: incluso en los más duros
tuvimos el calor de las calles nevadas.
También en este último: cuando debilitado
por una quimio que no me ha `podido
curar este linfoma, te he tenido a mi lado
con la misma sonrisa, y ayudándome
a componer estos poemas.
Te los ofrezco hoy, acabado este año
que para mí ya está entre los que fueron
Los más felices de mi vida.

Autor: Joan Margarit

Ilustración de Frits Thaulow


aldeanita del clavel rojo (Adolfo Guiard, 1903)

22 Juliol 2021


Es una niña de unos once años. Desde el punto de vista cromático, en el cuadro destaca por contraste el clavel rojo entre el azul que domina el cuadro. Rojo y azul son colores complementarios; evidentemente, cuando no simbolizan tendencias políticas. Pero llama también la atención el cántaro de leche que lleva sobre la cabeza que lleva del caserío a las casas de la ciudad.

Ya mujer trabajadora sin haber sido niña ni adolescente. Así la vemos, vestida de mujer mayor y trabajando como una persona mayor. Sin poder jugar como juegan las otras niñas que aparecen en el cuadro, vestidas como correspondía a su edad en aquellos años.

Me transmites paz, calma y una sensación de perene leve melancolía. Me atrevo a preguntarte: ¿Cuál es tu secreto para que, a pesar de tu fatigosa e injusta vida de trabajo prematuro, muestres esa contagiosa serenidad y equilibrio, que no es indiferencia ni impasibilidad? ¿Cómo encuentras sentido a tu vida, tan monótona? Pero no me respondes con palabras, sino con tu mirada que mira mi mirada. Siempre tu mirada serena y misteriosa. Me miras fijo y adivino que me quieres decir algo así: «Busca en tu interior, mira dentro de ti, y da tu propia respuesta». Sencilla y magnífica lección de una niña trabajadora.

El cho y La aldeanita del clavel rojo, aunque son cuadros realizados con una diferencia de dieciséis años, tienen semejanzas entre sí. Ambos reflejan el mundo del trabajo infantil, lo que les proporciona su dramática ternura, a través de la figura principal, a la que el pintor concede un especial énfasis y convierte en icono de un particular proleta¬riado. En los dos casos, las figuras aparecen rodeadas de un paisaje en cambio, expresado por la convivencia de los aún supervivientes veleros con los barcos de vapor. Además, en La aldeanita del clavel rojo se recoge un enclave rural que pronto sería absorbido por el Ensanche de Bilbao.

En El cho (1887), un cuadro en el que sirvió de modelo Teófilo Guiard, hermano más joven de Adolfo que llegaría a ser un conocido historiador y archivero, el interés por el dibujo es más manifiesto, pues la figura, sorprendida en un gesto instantáneo, se recorta con claridad sobre el fondo. El personaje es un perezoso grumete perdido en el desarraigo de la vida marina.

En La aldeanita del clavel rojo (1903), aunque pervive la expresividad de los perfiles, no existe un dibujo manifiesto que encierre la figura y su plasticidad es más pictórica. El color azul preponderante crea en ella una atmósfera envolvente en la que estalla el rojo del clavel, produciendo un extraño efecto de sensualidad en el corazón de la inocente miseria, dignificada por la presencia de cariátide de la figura –que no puede borrar la infinita tristeza de sus ojos y de su situación–.

Si en El cho está presente la idea de la nostalgia del viaje, en La aldeanita del clavel rojo prevalece la del arraigo en la tierra cercana, que tanto poder tuvo sobre el pintor.


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