las tres velas (Sorolla, 1903)

30 Juny 2017

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Joaquín Sorolla y Bastida, pintor de la luminosidad mediterránea, nació en Valencia, el año 1863. Vinculado a la corriente impresionista, por su tratamiento de los colores y un sentido renacentista de la composición, y al postimpresionismo, su estilo pictórico es propio, peculiar por su origen y experiencia, y su temática variada e igualmente personal. Tales características: la diversidad de los temas abordados en su pintura, los paisajes y las figuras humanas representativas del tiempo y el lugar elegidos, la luminosidad de las obras, el carácter de los personajes y los ambientes y los sentimientos que trasmiten las figuras protagonistas, trascienden a cualquier catalogación.

El título de la obra hace referencia de manera dual tanto a las tres mujeres que caminan por la playa como a las tres barcas que se divisan en el mar.

La escena es sencilla, enmarcada dentro del costumbrismo tres mujeres caminan por la playa, pescadoras que con sus cestas vacías acuden posiblemente al encuentro de las tres embarcaciones de velas triangulares que casi llenan el horizonte y que vuelven de faenar. La estampa es espontánea, como si se tratara de una fotografía, una instantánea que parece sorprender a una de las mujeres mirando por casualidad hacia la cámara. Sin embargo, en esta simple escena, Sorolla consigue homenajear y ensalzar el duro trabajo de las mujeres de aquella época, una de las cuales lleva una criatura en brazos, retratando en la misma escena a varias generaciones de pescadoras.

La composición es armoniosa, equilibrada con una luz espléndida que Sorolla maneja magistralmente en los reflejos del agua, el blanco de las olas o los colores de los vestidos a base de pinceladas ágiles y empastadas.


escrituras sagradas

29 Juny 2017


Quién, cerca de la muerte,
no se acobarda por la blancura del papel,
por el silencio de la tierra deshabitada,
por la corriente que se despeña indiferente
a los abedules nuevos como arriba
lo fuese a la luz festiva del serbal.
Quién en esta circunstancia cotidiana
puede negarse a darle madre a la voz
y a no testar en líneas largas y claras
todas las palabras en las que sintió la vida.

Cómo irse callando
sin tapiarle la herencia a una ventana,
sin dejarle al compañero las escrituras sagradas.

Autor: Xosé Bolado

Ilustración de Vilhelm Hammershoi


a mano armada

28 Juny 2017

fernand-khnopff-a-crisis-1888
A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.

Autor: Ángel González

Ilustración: Fernand Khnopff, “A Crisis” (1888)


astillas

27 Juny 2017


No supimos nada hasta alcanzar el espacio abierto.
El cielo seguía igual, impasible. Limpio.
Habían talado los árboles del recodo.
Cambiaron el equipaje. El paisaje de los pájaros.
El que siempre se ha conocido.
Al ver los tocones sentimos piedad y dolor.
Luego, el rencor, embarrando los ojos. Sabíamos
de quién era la finca. Quien había permitido
que se cortaran los robles. Así que teníamos todas
esas astillas en los ojos cuando cruzamos la calle y no quisimos
levantar la vista para no encontrarnos con ellos.
Jugamos. Condenamos. Maldijimos. La ignorancia
es una historia vieja y osada. Así, nosotros y nuestra tristeza
en la que seguíamos viendo los árboles amputados.
El camino. Nuestro camino.
El camino que ya no volvería a ser. Tocones pelados.
Abierta la carne del árbol como una espada humana.
Árboles que ciñeron el viento, el sol, la lluvia.
Es cierto. Mandaron talar los árboles.
Habían dado todo
de aval al hijo, y el hijo perdió todo.
Se habían quedado sin casa.
Volvieron a la aldea. Tuvieron que vender la madera
para salir adelante. Era largo el invierno.
Los árboles talados eran ellos también herida.
Recordatorio. Y mucho más dolor.
En nombre del hijo.

Autor: Esther Muntañola

Ilustración: Victor Vasnetsov, “Mudanza” (1876)


ofrenda laica

26 Juny 2017


Si un bombero alza
1239 cruces
-una por cada hectárea
de bosque calcinado-
¿qué debería
un padre ateo
construir
como tributo
por cada uno de los años
-vividos o robados-
a una hija muerta?

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

En el bosque de Sant Salvador de Guardiola, cercano a la región de El Bruc, un pueblo rural en Cataluña, se alza la obra de Marc Sellarés, licenciado en Bellas Artes y bombero en Barcelona. En julio del 2015, un terrible incendio acabó con la zona situada entre las localidades de Anoia y Bages. Este artista decidió entonces recordar la tragedia y homenajear al que una vez fue un lugar lleno de vegetación y vida convirtiendo en cruces 1.239 árboles de todos los que se extinguieron a causa de las llamas, uno por cada hectárea desaparecida.

Más información en:

http://www.marcsellares.cat/?p=949


el paseante

25 Juny 2017


Apoyaba su oído en la negrura
de todas las fachadas más viejas de mi pueblo.
Caminaba despacio y se miraba
en los charcos de lodo del Parque del Retiro.
Y siempre que podía hacía una pausa
en los puestos de fruta al aire libre.
En los días de lluvia sonreía
y contaba las gotas de todos los cristales.
No quería mirar al sol de frente
en las tardes de agosto: le bastaba
con el ardor sediento del asfalto.
Le daba miedo el mar: como los niños,
quería tocarlo todo y se inquietaba
al ver el horizonte siempre lejos.
Le faltaba la luz y el aire y el sonido.
Buscaba a Dios por todas las esquinas.

Autor: Carlos Javier Morales

Ilustración de Catrin Welz-Stein


in memoriam

23 Juny 2017


La alegría es la sombra
de dos cipreses ciegos:
el que se suicidó por si la muerte,
el que aceptó el cuchillo por abrazar la vida.

Autor: Amaia Villa

Ilustración: Van Gogh, “Cipreses” (1889)


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