el jardín de las delicias (El Bosco, 1490)

31 Agost 2020


El jardín de las delicias es la obra más emblemática y enigmática de El Bosco, pintor flamenco. Se trata de un tríptico pintado al óleo sobre madera de roble, elaborado hacia 1490 o 1500. Cuando permanece cerrado, contemplamos dos paneles en que se representa el tercer día de la creación. Al abrirlo, los tres paneles interiores representan el paraíso, la vida terrenal y el infierno.

No hay pintura más enigmática en la Historia del Arte. La fantasía desbocada de este delirio erótico, sus mensajes cifrados, su fabulación poética… han fascinado durante siglos a todos los que han tenido la fortuna de contemplar este tríptico de cerca.

Cuando el tríptico está cerrado, podemos ver la representación del tercer día de la creación en grisalla, técnica pictórica en la que se usa un solo color para evocar los volúmenes propios del relieve. Según el relato del Génesis, referencia fundamental en tiempos de El Bosco, Dios creó la vegetación sobre la Tierra al tercer día. El pintor representa, pues, la tierra colmada de vegetación. Junto a esto, El Bosco parece imaginar el mundo tal como en su época se concebía: una Tierra plana, rodeada de una masa de agua. Pero extrañamente, El Bosco envuelve a la Tierra en una suerte de esfera de cristal, prefigurando la imagen de un mundo redondo.

Al abrir el tríptico por competo, nos enfrentamos a una explosión de color y figuras que contrasta con el carácter monocromo e inanimado de la creación.

El panel izquierdo corresponde al paraíso. El Bosco no escoge el pasaje en el que Dios crea a Eva de la costilla de Adán, ni siquiera cuando ella muerde la manzana del pecado. Inmortaliza el momento en el que Dios presenta a la pareja y bendice la unión: coge la mano de Eva, mientras los pies estirados de Adán rozan el manto del creador. Adán, que acaba de despertarse, mira embelesado a la seductora Eva, arrodillada y que baja la mirada. A la izquierda de la escena, un drago canario. Representa el árbol de la vida. Pero, justo encima de la escena, asomado en un hueco de la fuente de los cuatro ríos, vemos una lechuza, que se repite en varias zonas del tríptico. Encarna la maldad y el pecado. Junto a Adán, El Bosco pinta animales (un elefante, aves) que representan la fuerza, la inteligencia… Junto a Eva, una jirafa, un cisne, un conejo…, símbolos de pureza, soberbia y fecundidad.

En la franja central y a la derecha, se encuentra el árbol del conocimiento del bien y del mal, rodeado por una serpiente. Este yace sobre una roca con perfil humanoide, probablemente símbolo del mal escondido; el mal que acecha desde el principio al ser humano.

El panel central es el que da título a la obra. Corresponde a la representación del mundo terrenal, al que simbólicamente se le refiere en la actualidad como “el jardín de las delicias”. Un falso paraíso en el que la humanidad ya ha sucumbido en pleno al pecado, especialmente a la lujuria, y se dirige a su perdición. Decenas de símbolos diferentes, cuyas claves solo pueden sospecharse, pueblan este espacio opresivo y angustioso en el que la locura se ha apoderado del mundo. Aparecen tanto hombres como mujeres: blancos y negros, desnudos. Se muestran todo tipo de relaciones sexuales y escenas eróticas, principalmente heterosexuales, pero también homosexuales y onanistas.

La tabla central de «El Jardín de las Delicias» es un derroche de fantasía e imaginación. El Bosco hace una inversión del universo: pinta animales reales y fantásticos, plantas y frutos a un tamaño igual o mayor que los seres humanos.

El Bosco hizo una composición muy equilibrada, que distribuye en tres planos en cada una de las tablas, siempre con un elemento de agua en medio. La tabla central está presidida por una escena en la que jinetes cabalgan a lomos de jabalíes, unicornios, caballos, osos, toros, leones, panteras, que simbolizan pecados como la gula, la avaricia, la ira, la soberbia o la lujuria. Ésta última domina la escena. El Bosco lo pinta como un cortejo de vicio y seducción en torno a las mujeres que se bañan desnudas en un estanque.

El panel derecho corresponde al infierno. También se conoce como «El Infierno musical», debido a los numerosos instrumentos musicales que aparecen en él: un arpa, un laúd, un tambor, una gaita… Pero en este caso se tornan objetos de tortura, donde se crucifican a los pecadores. El Bosco condena aquí el juego, la música profana, la lujuria, la codicia y avaricia, la hipocresía, el alcoholismo. Describe un mundo onírico, demoníaco, opresivo y de innumerables tormentos. Es una tabla muy sombría en comparación con el colorido de las otras dos tablas: tonos lívidos del infierno de hielo, vivas llamas del infierno de fuego.

La escena está presidida por una gigantesca figura antropomórfica: el hombre-árbol, «el gran engañador, el diablo», que mira al espectador y algunos asocian a un autorretrato del Bosco. Su cuerpo destrozado deja al descubierto una taberna. Eran numerosas las ventas y burdeles que había en torno a la plaza donde vivía el artista en Hertogenbosch.

Aunque para algunos críticos la pintura supondría una exaltación de los placeres parece más lógico otorgarle el sentido moralizante al presentar los vicios de la sociedad y su castigo. La utilización de elementos oníricos enlaza la pintura con la obra de los surrealistas (especialmente Dalí).

Más información en:

https://es.wikipedia.org/wiki/El_jard%C3%ADn_de_las_delicias

https://www.culturagenial.com/es/el-jardin-de-las-delicias-de-el-bosco/

https://luisnunez.es/sites/default/files/2018-02/Botones_JardinDeLasDelicias.pdf


vuelta

30 Agost 2020


Pero al fin regresas.
O no te has ido.
O no me he ido.
El hecho es que estás.
Y yo no sé si estoy.

Autor: Carlos Vitale


hoy al salir de casa

29 Agost 2020


Hoy al salir de casa
el suelo estaba inclinado
cuesta arriba,
con la gente caminando
inclinada,
como si nada.
En la calle
había borregos,
había tiburones,
besugos
y gallinas,
y ardillas y pájaros.
Había una capa
de plomo invisible
sobre todas las cosas.
Había una capa
de óxido
cubriendo a los animales.
Había un aire sólido,
inamovible,
terco y pesado.
Había un telón de acero
tras las ventanas.
Luego, tras caminar
por calles empinadas
a noventa grados
de mi peso
recordé
que había olvidado
tomar la pastilla
esta mañana.
Esa que hace
que todo parezca normal
a pesar de que todo
siga siendo extraño.

Autor: Pedro Valdegrama (Chapu Quiler)

Ilustración de Pawel Kwiatkowski


dalsy

28 Agost 2020


Tanto cielo rojo de peligro reflejado
en el filo romo de un cuchillo, tanta corona
de espinas redentora, tanto aplomo
por aguantar erguido doce asaltos, tanta rabia
que estalla en risa fácil y al final
el valor era esto:

simplemente
mecer el miedo
hasta que duerma.

Autor: Emilio Martín Vargas

Ilustración de Giampaolo TALANI


emigrante sempiterna

27 Agost 2020


A Esther

De niña dibujé
la casa de mis padres.
Siempre en la chimenea
los pletóricos pucheros
y el ondulado camino
de regreso de la escuela.
En el cielo una nube
-golondrinas y vencejos-
Hay quien lo llama presagio,
emigrante sempiterna
leño del álamo hito.
Cuando vuelo sueño siempre
y la casa de mis padres
es origen y destino
luz y sombra, tenue candil.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Robert Henri, “El arco iris” (1902)


niña durmiendo Child (Will Barnet, 1961)

26 Agost 2020


Will Barnet nacido en Nueva Inglaterra en 1911, se formó en los métodos de dibujo y pinturas tradicionales, si bien en 1931 ingresó en la progresista Arts Students League de Nueva York, donde gozó de libertad para experimentar y se sintió atraído por las cualidades minimalistas del grabado, que tanto influirían en su singular estilo abstracto.

En Niña durmiendo, Barnes crea una tierna imagen gráfica de su hija pequeña Ona, dormida sobre el regazo de su esposa Elena: la imagen no tiene perspectiva y sus fuerzas motrices son la austeridad de lineas, las formas planas, el uso minimalista del color y un diseño armonioso. El resultado es una paradoja visual e intelectual de la figuración y de la abstracción. A primera vista, vemos unos instantes de tranquilidad entre una madre y su hija. Sin embargo, al examinarlo con más detenimiento, descubrimos que no es una obra de realismo ilustrativo, sino una abstracción pura de la figura, creada mediante la colocación intencionada de formas minimalistas. Tampoco el lienzo está inmóvil, sino que hierve de energías y cuanto la yuxtaposición de las formas horizontales y verticales crean una tensión tan fuerte que tanto la madre como la hija parecen despegarse del lienzo.


para un niño enfermo

25 Agost 2020


En la casa paterna
tú rondabas silencioso
como un gato.

Sabías el nombre, pero
no la realidad del dolor.
Separado de tus compañeros
en tus mejillas afiladas
palidecían las rosas.

Nacido de mi alma,
flor de la vida,
niño amigo.
Es tuya esta última
lágrima mía
que no puedes ver.

Autor: Umberto Saba

Ilustración: Virginie Demont-Breton, “the son is far”


contenciones

24 Agost 2020


En el átomo la explosión
La luz en el destello
El vacío en la ranura
En la chispa el incendio
Tempestad en la retina
Culpa en el espejo
Vendaval en el oído
En la garganta silencio
El mundo en la telaraña
La suerte en el amuleto
En el ajedrez la guerra
En el reloj el tiempo
El trabajo en el pan
La vida en el insecto
La fatiga en las manos
En la ceniza los muertos

Autor: Emilia Carabajal

Ilustración: Robert Henri, “Marine – Break over Sunken Rock, Storm Sea” (1911)


El pobre pescador (Chavannes, 1878)

22 Agost 2020


“Yo me quejaba porque no podía comprarme zapatos hasta que conocí a un hombre que no tenía pies”

(Proverbio árabe)

Puvis pretendía en esta pintura proporcionar una visión completa de la indigencia y de la resignación, pintando, sin artilugios, un padre viudo y sus dos hijos, en un paisaje inhóspito. El cuadro transmite melancolía, tristeza y soledad en un paraje desértico. Bien por su simbolismo, bien por su simplicidad constituye una expresión suprema de la miseria.

En la representación del pescador la sencillez y humildad es tal que se transfiere al espectador cierto sentimiento de impotencia ante la visión acongojada de tanta miseria. El cuadro transmite un silencio sobrecogedor y sus colores apagados contribuyen a reforzar la empatía; un lamento profundo, la desolación más infinita.


en el lento declive del día

21 Agost 2020

“yo contemplo la tarde silenciosa,
a solas con mi sombra y con mi pena”

(Antonio Machado, fragmento del poema “Caminos”)

Se disipa
la vida
-mi vida-.

Antes del eclipse
miraré la luna,
que el hijo de tu hermana
dibuja en la pizarra.

Y recordaré el poema
escrito sólo para mí.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Edward Potthast, “junto al mystic river” (1927)

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


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