dolmen en la nieve (Friedrich, 1807)

29 febrer 2020


Cairn in Snow, también conocido como Dolmen en la nieve, (en alemán: Hünengrab im Schnee, literalmente “La tumba del gigante en la nieve”) es una pintura de paisaje del pintor alemán Caspar David Friedrich.

Friedrich es conocido por sus paisajes que representan árboles o ruinas góticas, recortadas contra el cielo o en las brumas de la mañana.

La pintura representa árboles sin hojas en la nieve del invierno, con las copas de dos de los árboles quebradas y la tercera doblada por el viento predominante, lo que le da a la obra un aire espectral embrujado. La pintura también incluye cuatro cuervos, dos sobre el mojón, uno a la derecha y un cuarto alto en el árbol a la derecha.

Es un paisaje alegórico romántico, que representa un mojón de piedra o un dolmen en medio de tres robles en la cima de una colina, con un humor melancólico contemplativo.

La pintura alude al simbolismo cristiano y pagano. Los árboles y los bosques fueron vistos como símbolos de resistencia a la vida, longevidad e inmortalidad.

Los tres árboles alrededor del mojón recuerdan las tres cruces de madera en el Gólgota en la crucifixión de Jesús, y la cámara de piedra donde se sepultó el cuerpo de Cristo. La pintura también alude a la permanencia del antiguo hito de piedra, la fuerza del roble para resistir la tormenta rota e inclinada pero no derrotada, y la continuidad de la vida en pleno invierno.

Los críticos de arte han interpretado la pintura como una meditación sobre la vida y la muerte, y sobre la situación política en Alemania después de las derrotas de Prusia por el ejército francés de Napoleón.


la convaleciente

28 febrer 2020

“Confons el negre amb el blanc.
I em pregunto perquè.
Per què jo
no et puc aclarir aquest enigma”

(Montserrat Abelló)

En cada una de las diez
imágenes desvalidas
de la muchacha lívida
que sujeta este libro
evoco días aciagos
donde tú, hija, dejaste
lecturas inacabadas,
nuestras vidas a la deriva.

Sueño con una luz tenue
en una alcoba sombría.
En este silencio sólo
el hálito del esfuerzo.

Y una promesa que no desfallece.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Gwen John, “The Convalescent” (1914-20)

Los estudios contemplativos de mujeres solitarias en el entorno tranquilo de su hogar sugieren intimidad y paz, pero también una tristeza simultánea. No hay contenido narrativo, aunque el título de esta imagen, The Convalescent, sugiere una manera de leer la pintura. Al igual que gran parte del trabajo de Gwen John (1876-1939), se basa más bien en el estado de ánimo, la atmósfera y armonía de color. El impacto emocional es acaparador. No se sabe nada sobre el modelo, aunque aparece en aproximadamente cincuenta de las pinturas posteriores de Gwen John.

Esta es una de las diez pinturas muy similares que muestran a la misma chica sentada en una habitación llena de luz suave y pálida.

En todas ellas hay pequeñas variaciones. Sólo la posición de las manos y el libro sufren modificaciones casi imperceptibles. ¿Qué sentido tiene pintar y una y otra vez el mismo cuadro sin apenas variaciones?

 La contemplación de la pintura produce una sensación acogedora; hay una tristeza contenida; es agobiante y reconfortante a la vez.

La habitación sencilla y sin adornos, reducida a una sola pared plana con una franja de zócalo. Una mesa con una taza y una olla y una joven pálida en una silla de mimbre recostada en un gran almohadón blanco.

Esta atmósfera de serenidad melancólica es una muestra irrefutable de la vulnerabilidad de la propia vida.


abaporu (Tarsila do Amaral, 1928)

27 febrer 2020


Abaporu (hombre que come carne humana, en la lengua tupí-guaraní) fue el cuadro que Tarsila do Amaral regaló a su marido en aquella época, el escritor Oswald de Andrade, y está considerado un icono del arte brasileño, una obra clave que inauguró uno de los movimientos artísticos más importantes en Latinoamérica: la antropofagia.

Andrade, se inspiró en esta tela para crear el Manifiesto Antropófago, pieza conceptual y fundamental que dio lugar al modernismo en Brasil y que consiste en «canibalizar» el arte extranjero y crear junto a características y elementos de la cultura local un nuevo tipo de arte. Así la cultura popular brasileña se mezclaba con las influencias europeas para crear obras, que sin perder su identidad indigenista, y tras su «digestión» darían lugar a una identidad distintiva, algo típicamente brasileño.

En esta pintura, el tamaño del cuerpo, enorme, en contraposición a la minúscula cabeza, expresa el trabajo físico en detrimento del mental, esa naturaleza bruta que domina más el mundo que las ideas. Su mano y pie derechos están en contacto con la tierra, al igual que el cactus y simbolizan un mismo origen, como si estuviesen hechos de la misma materia. Un sol, que parece una fruta abierta a la mitad y que podría ser una flor del propio cactus, remite junto a los otros elementos, cielo, cactus y tierra, a los colores de Brasil.


flor del almendro

26 febrer 2020


Me duele
esa pulsión abúlica
donde crece el silencio,

Que su nombre conjugue
Efímero y eterno.

La impúdica primavera
al final de febrero.

La nieve espuria
de la flor del almendro.

Me duele
la yedra de la indiferencia,
el lirio blanco truncado.

Una tierra calcinada.

Esta hija enterrada.

Autor: Javier Solé


último tren a Treblinka

25 febrer 2020


A Maribel

A veces,
sólo a veces,
se reviste de heroicidad
el pulso con la Muerte.

Con nosotros no funciona.

Tú no te aferras a mi mano.
Yo no presido un cortejo
de huérfanos judíos
por las calles de Varsovia
hasta la estación.
Esta habitación del hospital
es la antesala de Treblinka.
Yo sólo te beso y sollozo
mientras veo el tren contigo alejarse.

Autor: Javier Solé

Fotograma del film Korczak (Andrej Wajda, 1990)

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)

Janusz Korczak (1878-1942) fue un educador, médico y escritor judío nacido en Varsovia (Polonia). Su labor en pedagogía infantil, su actitud heroica ante los nazis y sus pioneras manifestaciones de derechos para el niño son aspectos clave de su trascendencia profesional y personal.

El carácter altruista de Korczak se puso de manifiesto en la cantidad de orfanatos que atendió desde 1904 (en alguno llegó a crear un autogobierno de los propios niños que también escribían su propio periódico) y en los auxilios médicos que realizó en diversos conflictos bélicos, como la guerra entre Rusia y Japón o la Primera Guerra Mundial.

Su destino fue trágico al enfrentarse a los nazis. Los dirigentes alemanes decidieron trasladar a los niños de su orfanato del ghetto de Varsovia al campo de concentración de Treblinka pero deseaban salvar a Janusz a causa de su prestigio como educador, autor y médico. Sin embargo, Korczak no quiso abandonar a sus doscientos huérfanos, a quienes vistió con galas del Sabbath y, en varias columnas, les hizo marchar cantando hasta la estación de tren. De Janusz Korczak y sus niños nunca más se supo.

Se cree que fallecieron en las cámaras de gas de Treblinka en el verano del año 1942.

Más información en: https://es.wikipedia.org/wiki/Janusz_Korczak


parc del Garraf

24 febrer 2020


He intentado concebir
esta tarde,
todas las tardes,
las preguntas que formula
una niña de catorce
que se muere al mediodía,
todos los mediodías.

Si medita en sus abuelos
o en los amigos,
en su hermana
o en los besos de la madre.

Puede piense sólo
en cosas de poca importancia,
menudas y triviales,
o, simplemente, intrascendentes.
En los macarrones,
por ejemplo,
o en como acaba aquella serie de la tele
para la que imagina un final.

Es casi seguro
tendrá un momento
grandilocuente,
profundo y devastador,
aseverando lo injusto
de vivir poco y perderlo todo.

Quizá,
para consolarse,
confíe vendremos pronto
a rescatarla o hacerle compañía.

Le cuesta,
sobre todo,
vernos y no tocarnos.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

Fotografía en el Parc Natural del Garraf, diciembre 2015


in memoriam

23 febrer 2020


Acudo hasta tu nombre y soy de nuevo
la niña que pasea dando saltos
por una acera limpia de guijarros
y encuentra el corazón
donde otros no ven más que cemento.
El camino nos lleva siempre a casa
y estás, como la luz, en cualquier parte
mirando cómo crezco y sigo andando
con toda la impericia que la edad
no restaña ni deja que olvidemos.
Sé que tengo la voz y las ideas
volcadas hacia el mundo,
que cuidas de que el mundo no me hiera
y ríes con mi risa como entonces
y agradeces la suerte y la alegría.
Sé que todos repiten que soy grande
pero tengo en la memoria cierta edad
donde la vida se para y permanece
en un vaso de leche con galletas,
un umbral donde el sol es tan pequeño
que cabe entre las dos y nos ocupa.
Porque, al final, apenas queda eso:
la imagen desbordando a la retina,
el velo de tu luz, como una calle,
llamándome a saltar, de línea en línea,
y ya no soy la niña ni soy grande
y el tiempo es un ardid donde el recuerdo
nos guarda para siempre.

Autor: María Alcantarilla

Ilustración de Henry Prellwitz, “Storm Coming, Mother and Child on a Hillside, Cornish, New Hampshire”

Más información en:

MARÍA ALCANTARILLA


clavos

22 febrer 2020


A Conchi la sacaron de su casa
después de separarse. No pidió
ayuda ni contó lo que pasaba,
cogió a sus dos niñas de las manos
y despareció. Muy pocas cosas
quedaron en el piso tras su marcha:
dibujos en la puerta del armario empotrado,
los clavos del salón, ya sin los cuadros.
La luz del extrarradio atraviesa las rendijas
de las persianas bajadas, y los roza
como relojes de sol, de un tiempo perdido
en un espacio desierto, comido por el polvo.
¿Alguien las echa de menos? y ¿dónde están?
son preguntas que este poema
no puede contestar. Nadie lo sabe,
y los clavos desnudos
no ofrecen muchos datos
a la investigación. Sobre todo
porque no existe en absoluto
ninguna investigación. Perdurar, dejar huella,
ser recordados no son cosas
al alcance de todos. Los cuadros de Conchi,
al igual que sus niñas, al igual que su amor
dejaron una sombra en la pared
y luego fueron nada. Poemas.
Frases de pasada de vecinos cansados.
Cartas devueltas. Clavos
y gracias.

Autor: José Daniel Espejo

Ilustración: Pierre Paulus, “Maternité” (1912)


las adelitas (Orozco, 1926)

21 febrer 2020

“Y si Adelita quisiera ser mi novia
y si Adelita fuera mi mujer
le compraría un vestido de seda
para llevarla a bailar al cuartel.
Y si Adelita se fuera con otro
la seguiría por tierra y por mar
si por mar en un buque de guerra
si por tierra en un tren militar”

En 1926 Orozco pinta Las soldaderas. Un cuadro en el que aparecen cuatro campesinos que se dirigen al frente de lucha en las épocas de la revolución; les siguen dos mujeres (las soldaderas) cargadas de las provisiones necesarias para su maridos o hijos.

Las soldaderas, adelitas o valentinas eran mujeres guerreras que se lanzaban al combate junto con sus hombres, marchaban a su lado y les procuraban el alimento necesario durante las jornadas; en los enfrentamientos se cruzaban por entre las balas para rescatar a los que habían caído, y no pocas veces fueron muertas en pleno combate porque su arrojo y valentía no huía de las ráfagas, sino las enfrentaba. Aunque comenzaron como ayudantes en la guerra, proporcionando lo que hiciera falta a los campesinos, las soldaderas, acostumbradas a la vida castrense, también se hicieron famosas porque empuñaron las armas y, al lado de los hombres, soñaron con un nuevo país sin porfiristas afrancesados: encontraron la muerte y la gloria.


caída

20 febrer 2020

Los árboles se lo piensan
antes de derrumbarse vencidos.
Cavilan, sienten, vigilan y se aseguran
de que los niños no estén revoloteando
a su alrededor,
de que los viajeros no estén envueltos
en su sombra,
de que ninguna esperanza quede truncada
por su caída implacable.

Ensayan el acto una y otra vez
en el viaje de cada hoja hacia la tierra
que todo lo abraza, que todo lo engulle.

Cuando llega el momento
se desploman como animales heridos
mientras el sol,
engendrador de vuelos incipientes
se sacude los rayos, cambia de color
y se torna ojo gigantesco
del pájaro solar que anida en el árbol.

Autor: Corina Oproae

Ilustración: Léon Spilliaert, “Arbre et Ciel” (1938)


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