la acróbata de la bola (Picasso, 1905)

28 febrer 2019


“danza estelar que expresa la resplandeciente armonía del Cosmos”

(Guillaume Apollinaire)

La acróbata de la bola (1905) es una obra clave en uno de los periodos más importantes de Picasso, el periodo rosa.

En 1904 Picasso se instala definitivamente en Montmartre, y empieza otro cambio. En otoño de ese mismo año conoció a Fernande Olivier, una joven que trabajaba como modelo para muchos artistas y con la que compartirá su vida hasta 1911. Ella fue uno de los motivos por los que fue desapareciendo la melancolía del pintor y poco a poco se estabilizó su vida. Será en este momento cuando la gama de azules deja paso a la gama de rosas, ocres y suaves grises, de ahí que a este periodo se le denominé la etapa rosa. Pero éste no será el único cambio ya que la temática también varía, acercándose esta vez al mundo del circo, ahora los arlequines, acróbatas y bailarinas, serán los protagonistas de sus cuadros, pero hay algo que no varía y esto será la inquietante tranquilidad y melancolía que desprenden todas sus obras.

Sus visitas al circo de Médrano serán el germen de su inspiración. Los colores cálidos y pastel, de líneas suaves y delicadas, junto con las proporciones alargadas de sus figuras protagonizaran su llamada época rosa.

El mundo del circo, los acróbatas y los saltimbanquis conforman un mundo paralelo para los artistas. Estos personajes son, en muchas ocasiones, el alter ego de los artistas o poetas en ese mundo de libertad, ajeno a las convenciones burguesas. Picasso se siente libre en ese universo paralelo y lo utiliza para reflejar los propios problemas del arte y su propia personalidad como artista.

En La acróbata de la bola un dibujo esencial contornea las figuras, para luego aplicar una estructura diagonal -en expresión de movimiento- que nos dirige desde el primer plano contundente del muchacho hacia la niña y más allá al pictórico paisaje. Utiliza una gama de color muy restringida, dominada por rosas y ocres, que no sólo se lleva al tratamiento de las figuras sino al fondo del lienzo, resuelto con un paisaje sencillo y puro, logra remarcar esa sensación de quietud o calma sosegada que atrapa y estremece al mismo tiempo.

El primer plano es un cubo pétreo y anguloso con el reflexivo gimnasta de rostro cuadrangular y expresión perdida, sentado sobre esta piedra, tan dura como su profesión.

La niña es la alegría de vivir. De contornos sinuosos hace equilibrios sobre la pelota, y es la gracilidad misma. Con veladuras de color sobre su cuerpecito, levanta los brazos en su ejercicio circense, pero también en acción de gracias.

Y por fin el paisaje árido, en tintas cálidas, rosadas, violáceas, con una minimalista y encantadora escena familiar, perro incluido, que dándonos la espalda contemplan el blanco caballo que come. Desde este año de 1905 Picasso estaba concibiendo grandes composiciones con caballos y muchachos sobre paisajes de este tipo.

La composición, que fue estudiada en varios dibujos preparatorios, muestra un cuidado equilibrio entre la ligereza de la acróbata y el peso del atleta. La esfera y el cubo en los que, respectivamente, se apoyan, realzan las cualidades pero también el contraste entre ambas figuras; la muchacha ligera y etérea parece flotar en el aire, mientras que el tratamiento del corpulento hombre, situado en primer plano y de espaldas al espectador, destaca por su fuerte peso volumétrico conseguido a través de gradaciones de luz y sombra. Las dos figuras principales de esta composición, la mujer sobre una esfera y el hombre sobre un cubo, figuras geométricas que desde la antigüedad están asociadas a la estabilidad y perfección, pueden llegar a desvelar los dos extremos dentro del arte de Picasso, de un lado la creatividad y la fantasía y por otro la seriedad y el rigor.


lo que dejé por ti

27 febrer 2019


Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

Autor: Rafael Alberti

Ilustración: Gregorio Prieto Muñoz, “Ruinas de Roma” (1930)


encuentros

26 febrer 2019


“per sempre no és pas lluny
per sempre és ara.
el que és lluny és tornar”

(Francesc Garriga Barata)

Sé que encontraré
en alguna taberna
junto al mar
a un hombre
que busca a otro hombre
bebiendo
pisco en Viña del Mar
absenta en Marsella
ron en La Habana
tequila en Puerto Vallarta

para olvidar que no recuerda
lo que nunca sucedió.

Sé que encontraré
en alguna alcoba frente al mar
con el lecho sin deshacer
a un hombre
que dibuja de memoria
el cuerpo de una mujer

fantaseando con una historia
y un amor que si aconteció.

Sé que encontraré
en alguna mañana
del mañana
una joven viva
de catorce años
silbando
mientras camina
por el sendero de cipreses rojos,
regresando del lugar
donde no estuvo nunca.

Autor: Javier Solé

Ilustración: George Bellows, “The Gulls Monhegan” (1911)

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


ceniza

25 febrer 2019


Adónde van los días que se marchan.
Los días malgastados.
Los días que jamás pensaron en quedarse.

Los días a los que prendimos fuego
y las cenizas no
nos dieron tiempo, no
nos dieron más que nada.

Adónde van los días,
adónde ese embalaje del recuerdo.

Adónde va el presente,
su línea imaginaria hermana de los trópicos,
de una frontera, un sueño.

Adónde van, que horizonte persiguen.

Y nosotros con ellos.
También vamos nosotros. Igual de malgastados,
errantes, prescindibles.

Como cualquier hoguera que ya no vuelve a arder.

Autor: Raquel Vázquez

Fotografía: Rosie Anne Prosser, “the weight of sentimentality” (2012)


la poesía

24 febrer 2019


No sé si hubo poesía
en la habitación del hospital.

Un inventario de objetos y momentos
nos podría ayudar.

Los muñecos de los amigos alineados en la repisa.
Las gafas de tu madre descansan en la mesa un minuto.
Las nubes desde la ventana suplican que regreses.
El naufragio de una flor en un vaso de plástico.
Estamos aquí contigo sabiendo que estás muriendo.

No sé si hubo poesía
En aquella habitación.

En tu cuerpo desbaratado
no encuentro ningún verso.
En tus ojos entornados el poema
y en la mirada

perdida
la poesía.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Leopold Gottlieb, “dos mujeres y un tulipán”

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


caront (Joan Brossa, 1998)

23 febrer 2019


la violencia de las horas

22 febrer 2019


Todos han muerto.

Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo.

Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: «Buenos días, José! Buenos días, María!»

Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses, que luego también murió a los ocho días de la madre.

Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer.

Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de la esquina.

Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién.

Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia.

Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligados por un género triste de tristeza, en el mes de agosto de años sucesivos.

Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, que solfeaba en su clarinete tocatas melancólicas, a cuyo articulado se dormían las gallinas de mi barrio, mucho antes de que el sol se fuese.

Murió mi eternidad y estoy velándola.

Autor: Cesar Vallejo

Fotografía de Edward Weston


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