la cosecha roja (Vicent van Gogh, 1888)

31 Agost 2019


“…vimos un viñedo rojo, todo rojo como el vino tinto. En la distancia resultó ser amarillo y, a continuación, un cielo verde con el sol, la tierra después de la lluvia violeta, amarillo brillante aquí y allá, donde captó el reflejo del sol poniente” (Van Gogh)

Vincent van Gogh pintó El viñedo rojo en 1888, tiempo después de que Paul Gauguin llegara a Arles. Gauguin trasladó su caballete a los campos de los alrededores de Arles, y Van Gogh le siguió. El viñedo rojo combina los esfuerzos de Vincent por aprender del ejemplo de Gauguin.

La estampa recoge el momento de la vendimia en un atardecer otoñal que envuelve en tonos rojizos el viñedo.

Van Gogh utilizó colores cálidos, principalmente rojo y amarillo y resulta llamativo el sol, resplandeciente y amarillo, algo muy característico en su pintura. La iluminación de la imagen es muy surrealista, alejado de la realidad, muy poco natural. Sin embargo, la colocación de los objetos y la escena representada es muy realista.

Fue el único cuadro que vendió en vida.

La cosecha o La llanura de Crau, cerca de Arles, con el Mont Majour al fondo forma parte de una serie de cuadros sobre los campos pintados a partir de junio de 1888.

Es un paisaje luminoso y provenzal, similar a los de su admirado Cézanne.

Casi se puede sentir la sequedad y el calor en esta pintura del paisaje plano que rodea Arles, en el sur de Francia. Van Gogh combinó el azul celeste del cielo con tonos amarillos y verdes para que la tierra capturara la atmósfera de un día de verano.

Domina la escena el intenso sol veraniego, que arranca destellos de las espigas, las vallas, el carro y las granjas. Los campos se entremezclan con pequeños edificios de granjas con sus techos de techo rojo, cuyo color contrasta y realza el color de los campos.

Este cuadro tan colorista, conocido también como “Paisaje bajo un cielo agitado”, lo pintó van Gogh durante su estancia en Arlés, en el sur de Francia, apenas dos años antes de morir.

Las voluptuosas nubes que ocupan la mayor parte del cielo de este lienzo son el elemento más llamativo del mismo. Se trata de grandes cúmulos, precursores de tormentas, los típicos nubarrones de los días tormentosos de primavera. El cuadro fue pintado en mayo de 1888, el mes de las flores, una circunstancia que queda bien ilustrada por el campo florido de la parte inferior. El aspecto sombrío y dramático del cielo, un motivo que Van Gogh repitió en algunas otras de sus últimas obras refleja el carácter atormentado, la tristeza y la profunda soledad que marcaron los últimos años de este genio de la pintura.


la fi del món

30 Agost 2019


No va arribar amb un llamp obrint el cel de matinada,
no s’enfosquí de cop la Terra ni el gel ho cobrí tot;
no consta enlloc l’existència ineludible d’un tornado
ni es va sentir cap erupció –lava escolant-se per l’esòfag;
no va esquerdar-se cap vorera, abismes de l’insomni,
ni s’esfondrà cap edifici, ni es van partir els ponts.

Va arribar, senzillament, amb un càncer de pulmó.

Autor: Mireia Calafell

Ilustración: Henry Prellwitz, “Moonlit Clouds over Peconic Bay” (1925)

El fin del mundo

No llegó con un relámpago abriendo el cielo de madrugada,
no se oscureció de golpe la tierra ni el hielo lo cubrió todo;
no consta en lugar alguno la existencia ineludible de un tornado
ni se oyó una erupción –lava deslizándose por el esófago;
no se agrietó ninguna acera, abismos del insomnio,
ni se derrumbó edificio alguno, ni se partieron los puentes.

Llegó, sencillamente, con un cáncer de pulmón.


el tiempo perdido

29 Agost 2019


Ante la puerta de la fábrica
el obrero se detiene de repente
el buen tiempo ha tirado
de la chaqueta
y cuando se vuelve
y mira el sol
muy rojo bien redondo
sonriente en su cielo de plomo
le hace guiños
familiarmente
Di camarada sol:
¿no te parece
una estupidez
regalarle al patrón
un mañana como ésta?

Autor: Jacques Prévert

Ilustración: Pierre Paulus, “El minero” (1937)


operación quirúrgica (David Teniers El Joven, 1631)

28 Agost 2019


En la pintura flamenca del s. XVII encontramos muchos ejemplos de pintura costumbrista que refleja fielmente escenas cotidianas. Solían ser obras de pequeño tamaño que los burgueses de la época solicitaban para la decoración de sus casas. Preferían las escenas sencillas, las que veían a diario en sus pueblos y ciudades a los pomposos y ya incomprensibles cuadros mitológicos o bíblicos que decoraban las mansiones de la aristocracia o los palacios episcopales y conventos del clero. Frecuentemente estas pinturas presentaban toques de humor en los que se satirizaban algunas situaciones.

Las obras de David Teniers “El Joven” (1610-1690) constituye un buen ejemplo de este género pictórico. Sus obras reflejan con gran detalle las situaciones de la vida diaria.

La “Operación quirúrgica” (1631) ayuda a comprender las condiciones en las que trabajaban los cirujanos de la época. Como se puede ver en el lienzo, un cirujano se dispone a intervenir una herida en el pie de uno de sus pacientes, ante la atenta y preocupada mirada de la mujer del paciente. Detrás de ellos, aparece la figura de una joven sirvienta, ayudante del cirujano. La operación se realiza en el interior de un laboratorio, a juzgar por la gran cantidad vasijas y frascos que lo decoran.

No obstante, y a pesar de la imagen lúgubre y sórdido del sitio donde se realizaban las cirugías, y del aspecto rústico del cirujano, la opinión que se tenía sobre éstos era relativamente buena. Buen ejemplo de ello es la presencia de la lechuza apoyada sobre la puerta de la ventana, en la parte superior izquierda. Iconográficamente, este animal ha sido tradicionalmente relacionado con la diosa griega Palas-Atenea, diosa de la sabiduría y de la destreza manual. Por ello, no es de extrañar que la función realizada por estos cirujanos estuviera bien considerada a pesar de los rudimentos con los que trabajaban.


oremos

27 Agost 2019


Líbranos de la pena porque ella
destroza el corazón larvadamente
y trae sombra a los ojos de los niños.

Líbranos de la dicha porque a ella
le siguen siempre penas que la hacen
aún más amarga que las penas mismas.

Líbranos del dolor que nos reduce
a tristes bestias de ojos humillados
que sólo buscan un rincón caliente.

Líbranos del placer que nos obliga
a creer que este mundo es dulce y bueno
justo hasta que salimos del encanto.

Líbranos del mal hado y la pobreza
que nos azotan con mano invisible
hasta que maldecimos nuestros nombres.

Líbranos del buen hado y la abundancia
que vierten la ponzoña gris del tedio
en la copa de oro del cinismo.

Líbranos de la dicha y de la pena,
Líbranos del placer y del dolor,
De lo veraz y de lo engañador.

Líbranos de la suerte y la desgracia,
líbranos del odio y del amor,
de muerte y vida líbranos, Señor.

Autor: Carmen Jodra


mujer de colores

26 Agost 2019


SOY UNA MUJER DE COLORES

Soy la INDIA COBRIZA que pare a su hijo
aferrada al tronco del árbol de la vida,
que lame la sangre y los restos de placenta
del cuerpecito que muy poco antes
era suyo, unido por ese cordón umbilical que
ella corta con sus dientes,
los mismos dientes que curtirán el cuero
con el que hará los mocasines para su hijo.

SOY UNA MUJER DE COLORES

Soy la NEGRA AFRICANA que
grácil como una gacela
atraviesa con los pies descalzos,
ya parte de su tierra,
la sabana con el cántaro sobre su perfecta
y bellísima cabeza
en busca del agua para su familia.
La que maja en el molino de piedra
el grano que sustentará a su gente,
la que cuida de sus ancianos para
transmitir la sabiduría ancestral
a sus púberes a los que prepara
para los ritos de paso que los convertirán en tribu.

SOY UNA MUJER DE COLORES

Soy la ASIÁTICA AMARILLA que, agachada,
cultiva el arroz cubierta por un
enorme sombrero que no le priva ni
del sol ni de la lluvia
mientras su niño, atado a su espalda,
duerme mecido por el
suave bamboleo de la penosa
tarea de la madre.

SOY UNA MUJER DE COLORES

Soy la MUJER MUSULMANA,
ARCO IRIS bajo las mantos que la cubren,
vestidos por amor y
fidelidad a su tradición,
velos que ocultan lágrimas
derramadas por sus hijos,
heridos en lucha desigual de
piedras contra balas;
las vertidas, con rabia e impotencia,
por esos llamados “mártires”
que dan sus vidas para
quitar otras;
las que se lloran hacia dentro y
anegan el corazón
para ahogar frustraciones,
anhelo,
luto,
dolor.

SOY LA MUJER DE COLORES

Soy la OCCIDENTAL BLANCA,
esclava del reloj y de las prisas,
partida entre su casa y su trabajo,
campeón en un mundo hostil que
le exige darlo todo y aún más,
ser una profesional eficiente y
una esposa y madre ejemplar;
mujer auto-convencida
de que su liberación y
su satisfacción
pasan por sacrificar
lo mejor de su vida
a un sinsentido.

SOY UNA MUJER DE COLORES
La que oculta su rostro detrás de un burka,
la que pierde a sus hombres en las guerras,
la que es violada, humillada, maltratada,
la que vive en el olvido y la miseria.
La que triunfa y es reconocida,
la que hace realidad sus sueños,
la que juega con sus hijos y es amada,
la que muere feliz y realizada.
La adolescente que se prostituye
con las falsas promesas de neón
de un supuesto mundo feliz;
la vieja que se engaña con prótesis y liftings.
La niña que solo sentirá dolor cuando
debería estremecerse de gozo porque,
salvajemente,
le arrancaron su clítoris
y le robaron el orgasmo para siempre.
La recién nacida y recién muerta porque
“hija mía, este mundo no es para ti,
y solo un hermano tuyo podrá llenar
nuestra casa y nuestro corazón”

SOY UNA MUJER DE COLORES,
con mis sufrimientos,
mis sacrificios,
mi dolor, mi desgarro.

SOY UNA MUJER DE COLORES,
con mis alegrías,
mi entrega,
mi dignidad, mi fuerza.
Soy LA mujer de colores,
y no voy a consentir que nadie,
ni siquiera tú,
me vuelva gris.

Autor: Arantxa Oteo

Ilustración: Leonor Fini, “Las dos Mariás” (Double portrait de María Felix)


rompeolas San Sebastian (Sorolla, 1918)

25 Agost 2019


Durante los veranos de 1917 y 1918 el pintor y su familia se instalan en la “Villa Sorolla”, una casa situada en la falda del Monte Igueldo de San Sebastián.

Son diecisiete los cuadros del rompeolas de San Sebastián y de vistas desde el rompeolas con el monte Ulía al fondo. Es una serie de obras de gran soltura, pintadas con prontitud, y en las que plasma con prodigiosa veracidad las diferentes luces, tan distintas a las de su Mediterráneo, pero que le permiten reflejar los colores con una serie de matices que difícilmente los encuentra en el levante español. También captan los distintos estados del mar.

Esta obra representa una escena en el paseo marítimo de San Sebastián. Las olas avanzan monumentales hacia los muros de contención, donde rompen. En primer plano, una serie de figuras, vistas de espaldas, contemplan el espectáculo. Al fondo, monte y cielo nublado y ennegrecido.

La mayoría de las obras realizadas en las playas de San Sebastián, Biarritz y Zarauz tienen un carácter urbano que las distingue de las escenas del Mediterráneo. En Valencia las figuras viven el mar, aquí las figuras lo contemplan como un espectáculo desde el paseo marítimo que hace la función de palco.


El día que capta esta obra es el típico San Sebastián nublado, húmedo, con el mar intranquilo, sin llegar a estar embravecido. En el rompeolas, apenas esbozadas unas figuras, pequeñas, apoyadas en la barandilla que se adivina. Lo importante no son las figuras, es el mar y el monte Ulía al fondo, cobrando ambos grandiosidad, precisamente por la insignificancia de las figuras. A éstas, al estudiarlas detenidamente, las adivinamos elegantes de porte y muy naturalmente ensimismadas en la contemplación del espectáculo que supone el movimiento de las olas y los reflejos que en las aguas produce la ladera del monte Ulía.


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