la gran ciudad (Otto Dix, 1928-29)

30 gener 2014

Otto Dix - la gran ciudad (1928)
El tríptico de “La gran ciudad” (también conocido bajo el título Metrópolis que conviene no confundir con la pintura de Grosz) es, junto con el tríptico de la Guerra un punto culminante en la obra de Otto Dix. Aquí resume el pintor sus escépticas observaciones sobre la sociedad de la República de Weimar. Esta pintura se considera hoy un icono de los “dorados veinte” y sus abismos. Con ella Dix se inscribe en la historia del arte del siglo XX como intérprete ambivalente de la era comprendida entre la revolución y la reacción.

La obra describe las grandes sociedades urbanas de la posguerra. Es, al mismo tiempo, un retrato de costumbres de la estructura social de la Alemania inmediatamente anterior al ascenso de Hitler. Una crítica madura a la falsa prosperidad de los años veinte, a la modernidad que permite los lujos y derroches del capitalismo –el jazz, el alcohol y el baile- junto con lisiados y prostitutas en las calles y a las puertas de los locales de ocio de la burguesía.

Otto Dix - la gran ciudad (1928) panel central
En la pieza central del tríptico palpita el barullo nocturno de un dancing bar a los ritmos cálidos de una banda de swing y de jazz. Sobre el parquet,  reluciente como un espejo,  se baila el shimmy o el charlestón. Nos encontramos en un ambiente capitalista,  lujoso y derrochador.

Los años veinte fueron sobre todo en las grandes ciudades, una salvaje fiesta que arrasaba hasta a los más agotados.

Un grupo de músicos de jazz que tocan de manera alocada, una mujer con aspecto varonil (femme garçon) con perlas y abanico de plumas rosa, una pareja que baila con las piernas dobladas y unas mujeres –prostitutas de lujo- de que posan como objetos valiosos ofreciendo sus encantos.

Otto Dix - la gran ciudad (1928) panel izquierdaEn conjunto, la parte central es exactamente el doble de ancha que las dos laterales que la flanquean -de manera análoga a un retablo medieval– podrían ocultar por entero el escenario del dancing bar. Aquí se muestra la cara oscura de los “dorados años veinte”. Una farsa se superpone a la otra.

Mientras dentro se divierte la buena sociedad, fuera dos series de prostitutas desfilan ante la puerta por delante de mutilados de guerra: en la parte izquierda, una comitiva de ajadas putas de arrabal; en la derecha, una cascada de elegantes meretrices emperifolladas.

En el panel de la derecha una fila de mujeres pasa impertérrita por delante de un mutilado de guerra, que saluda desde el suelo. El rostro de hombre muestra un desgarro; está desfigurado su rostro, luce una nariz que es un postizo.

Otto Dix - la gran ciudad (1928) panel derechaLa escena de los bajos fondos del panel izquierdo se desarrolla en una calle adoquinada a uno de cuyos lados se sitúa un puente de ladrillo rojo y donde la vestimenta de las prostitutas es un compendio de obscena vulgaridad, con pieles vastas y joyas sin valor. Un mutilado de guerra, que camina apoyado en dos muletas de madera, apostado detrás de las mujeres las mira, con odio y codicia pero también con deseo insatisfecho; un segundo hombre tendido en el suelo todavía vestido con uniforme mira por debajo de falda de las mujeres, víctima de la guerra y de su apetito sexual. En el primer plano, un perro pequeño en actitud desafiante y con las fauces abiertas, transmite una sensación de violencia y agresividad.

Los efectos traumáticos de la Gran Guerra fueron en Otto Dix un tema principal que abordó durante toda su producción artística. No sólo el mismo frente con obras de una verosimilitud apabullante (“Amanecer”, “Hora de comer en la trinchera”, “Trincheras”, “Muertos delante de la posición de Tahure”, “avance de la compañía de ametralladoras”, entre otras muchas) sino también con la expresión del desgarro psicológico y del daño físico en los excombatientes, lisiados y mutilados que se incorporan a una sociedad cuyo floreciente economía no puede ocultar el derrumbe moral (“El vendedor de fósforos”, “Mutilados de guerra”).

Otro de los temas habituales en Otto Dix, la prostitución y la degradación que acompaña a su representación (“Recuerdo de las salas de los espejos en Bruselas”, “El salón I”, “Tres prostitutas en la calle”) se encuentra presente en este tríptico donde “las mujeres del cuadro representan la fuerza de atracción de la vida de la gran urbe, del ilimitado consumo de placeres. Cumplen una doble función: ser vendedoras y ser artículo, al mismo tiempo.”

Este baile despreocupado, ejecutado con una frívola irresponsabilidad, bajo el derroche y despilfarro de una sociedad denigrada a las puertas de la horda asesina del nazismo, ha sido equiparada –por la utilización narrativa en forma de tríptico medieval- con las macabras danzas de la muerte que también fueron presagio y testimonio de una época de desolación y destrucción.

Dix retrató el mundo perdido de entreguerras con la perfección compositiva de los clásicos y criticó la maldad de sus contemporáneos con lo mejor de la tradición renacentista -hay quien se apresura a calificarlo como “el Bosco del siglo XX”-.  Su realismo descarnado evoca a Brueguel y a Goya, y la mayoría de sus obras son auténticas radiografías sociales, lo que terminaría por situarle en el punto de mira del régimen nazi, que lo calificó de “pintor degenerado”.


El viejo enterrador

29 gener 2014

El viejo enterrador ha tocado a mi puerta.
Lo supe desde siempre.
Estaba sucio, preguntó por mi nombre
y le contestó el desierto en mi garganta.
Le mentí nuevamente, sonreí
y puse dos flores en sus cuencas vacías.
Poco a poco se fue desvaneciendo.
Volví a mis libros,
a mis días de letras,
al amado sol equidistante,
nada se parecía al devenir,
estaba lejos de los dioses y los páramos.
Al poco tiempo desperté
y debajo de mi cama
el cielo me mostró una pala;
la tomé y me vi al espejo sosteniéndola,
las arrugas crecieron como musgo,
las canas horadaban mi frente,
me propiné un escupitajo ante la aurora
y salí a buscarte para saber tu nombre.
Toqué las puertas y no estabas,
arrastraba mi pala por las calles,
los niños se aferraban
al rosario de sus madres
y ninguna eras tú.
Nadie me dio razón de tus carencias.
Tuve miedo de ser tan solo el viejo enterrador
sin nombres verdaderos para asirse.
Tuve miedo de guardar mi pala noche a noche
debajo de las sábanas atroces
y no enterrar con ella mi nombre junto al río,
mi nombre junto a un pedazo de oro macizo,
ese nombre que puede ser el tuyo
y que escribiría solemne en la tierra,
aunque la lluvia otra vez borre las letras
y el tiempo nos ponga flores negras en los ojos.

Autor: Juan Carlos Olivas

Ilustración: Fotograma del film “El séptimo sello” (1957), de Ingmar Bergman


el último bostezo

28 gener 2014

Sergio MARTINEZ CIFUENTES - el bostezo

No es extraño
que al final del día
las personas bostecen

son momentos serios
de reflexión
y balance

Autor: Karmelo C. Iribarren

Ilustración: Sergio MARTINEZ CIFUENTES, “el bostezo”


el boxeador

27 gener 2014

George Wesley Bellows - Dempsey and Firpo (1924)
Ni cuando venías aporreando puertas
de madrugada,

desentrenado por gastarte
todo el dinero
en vino.

Ni cuando ciego te retiraste a quitarte los guantes
vencido,

contando 15 asaltos
o 15 días
con la luz cortada.

Ni cuando los errores te redujeron
a ser el sparring
del sinsentido,

a ti,
que dejaste fuera de combate
a más de 30
con prometedora rabia.

Ni cuando prometías a madre
no tirar nunca
la toalla,

y madre lleva
10 años,

20 años,

con el mismo abrigo.

Y cuando mis noches se bañaron
en alcohol y
delirio
tampoco viste claro en mí
el reflejo de
tu casta.

Nunca se te vio tan derrotado
llegar a casa
como cuando en el sanatorio
me dieron asilo.

Nunca me faltaron
épocas de
crisis
contigo,

y tampoco te faltaron desde aquél día las
lágrimas.

Sólo fueron dos semanas,
padre,
dos semanas,

para vencer, juntos, al peso pesado
del tiempo perdido.

Autor: Abel Santos

Ilustración: George Wesley Bellows, “Dempsey and Firpo” (1924)

Fuente original:

http://abelsantospoesia.blogspot.com.es/2012/02/ultimo-round-en-el-club-de-los.html


La lección de anatomía (Rembrandt, 1632)

26 gener 2014

Rembrandt - la lección de anatomía (1632) (02)
“La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp” (1632) es un cuadro del pintor holandés Rembrandt, perteneciente al arte barroco holandés de principios del siglo XVII.

Es el primer retrato de grupo pintado por Rembrandt. Fue un encargo del potente gremio de los cirujanos, de los cuales Tulp, famoso médico de Ámsterdam, era un representante eminente.

El cuadro muestra una lección de anatomía con un grupo cirujanos impartida por el doctor Nicolaes Tulp. El cadáver es de un criminal ahorcado ese mismo día por robo.

El prestigioso doctor Nicolaes Tulp ha llegado a la sala. Ocupa el importante cargo de Praelector Anatomiae del gremio de cirujanos de Amsterdam. Es por tanto el primer anatomista de la ciudad. Va vestido de manera sobria y elegante al mismo tiempo y cubre su cabeza con un amplio sombrero. Ante un público diverso y que ha pagado su entrada, va a impartir una lección de anatomía sobre el funcionamiento de la musculatura del brazo y la mano, empleando para ello el cadáver de un peligroso criminal que ha sido ahorcado unas horas antes por sus delitos. Existe una costumbre en Amsterdam: los cadáveres de los delincuentes pueden ser aprovechados para estos menesteres y la ocasión no se da todos los días.

El cadáver está tumbado al estilo de Cristo muerto, con lividez cadavérica. La cara del cadáver queda parcialmente en sombra, sugiriendo la umbra mortis (sombra de la muerte), una técnica que Rembrandt utilizaría con frecuencia.

En la escena de fuertes influencias tenebristas se observa a un maestro enseñando anatomía y a siete alumnos. El maestro está dando la lección a sus alumnos, cuyos nombres nos son conocidos porque figuran en el papel que muestra el personaje que aparece en el lado superior derecho. Ninguno de ellos lleva sombrero, lo que parece demostrar su menor importancia frente a la maestría de quien aparece retratado con esta prenda.

En los alumnos diferenciamos tres tipos: los que miran al cadáver apasionadamente, los cuales se abalanzan encima del mismo atendiendo a los detalles de la explicación del maestro creando un escorzo (estos son los tres alumnos en el centro de la imagen); los que miran al espectador, los cuales nos involucran en la escena y nos hacen partícipes de la acción (estos son dos, el segundo comenzando por la izquierda, que parece darse la vuelta y mirarnos disimuladamente, y el que está encorbado al fondo de la imagen sosteniendo un libro); y el resto, que uno mira al maestro (el primero empezando por la izquierda de perfil) y el otro mira al infinito (el más alto al fondo).

Todos los personajes visten con ropajes de la época, el realismo en sus rostros y gestos es primordial, así como su expresividad.

Rembrandt - la lección de anatomía del doctor Joan Deyman (1656)Unos años más tarde, y gracias al éxito cosechado por el cuadro anterior, Rembrandt recibió el segundo encargo del Gremio de realizar otro similar, “La lección de anatomía del Dr. Deijman”, para la Sala de Anatomía de Amsterdam. Fue realizada en 1656 y representa al doctor Joan Deijman haciendo una disección del cerebro del condenado Joris Fonteyn, al tiempo que es observado por el Maestro de la Corporación, quien sostiene el casquete cerebral. Deijman había extirpado ya los intestinos y el estómago antes de empezar a diseccionar el cerebro, por lo que vemos el cadáver abierto por el vientre. Para no repetir la disposición realizada años atrás, el artista coloca la figura del cadáver tendido frente al espectador.

En esta obra se representa la disección del cerebro del condenado Joris Fonteyn, a quien el cirujano había ya extraído los intestinos y el estómago como lo ilustra la cavidad inferior. Al igual que en la lección del doctor Tulp, el muerto iluminado mantiene la orientación del claroscuro como fuente de luz, y hay además un elemento innovador: una pincelada más suelta que produce una sensación de aire, de una atmósfera con polvo dentro de una habitación cerrada.


Dormir es de muertos

25 gener 2014

Ruben Reveco - Amantes
Dormir es de muertos
me dijo
poniéndose sobre mí
abriéndome las piernas
para vivirme de nuevo

Autor: Arantxa Romero

Ilustración: Rubén Reveco, “amantes”

Mas poemas en su blog: http://laespadaolametafora.blogspot.com.es/.


la casa de mi padre

23 gener 2014

Angel Cabanas Oteiza - 01
Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.

Autor: Gabriel Aresti

Ilustraciones de Angel Cabanas Oteiza

Angel Cabanas Oteiza - 02
NIRE AITAREN ETXEA

Nire aitaren etxea
defendituko dut.
Otsoen kontra,
sikatearen kontra,
lukurreriaren kontra,
justiziaren kontra,
defenditu
eginen dut
nire aitaren etxea.
Galduko ditut
aziendak,
soloak,
pinudiak;
galduko ditut
korrituak,
errentak,
interesak,
baina nire aitaren etxea defendituko dut.
Harmak kenduko dizkidate,
eta eskuarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
eskuak ebakiko dizkidate,
eta besoarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
besorik gabe,
sorbaldik gabe,
bularrik gabe
utziko naute,
eta arimarekin defendituko dut
nire aitaren etxea.
Ni hilen naiz,
nire arima galduko da,
nire askazia galduko da,
baina nire aitaren etxeak
iraunen du
zutik.


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