Cenizas (Munch, 1894)

La mayoría de los cuadros de Munch nos hablan de la soledad del ser humano. En sus cuadros, los amantes viven la inutilidad del amor.

En Cenizas se repite el tema de la mujer que lleva sus manos a la cabeza. El descuido en su vestido y el pelo despeinado, la expresión de desesperación y tristeza de su cara de máscara, la figura en primer plano del hombre que oculta su cara entre las manos y que refleja, a la vez, abatimiento o intención de ocultamiento, todo ello contribuye a crear una atmósfera de desasosiego e inquietud en el espectador.

El centro lo ocupa una mujer en posición erecta que mira de frente al espectador, mientras que en el ángulo inferior observamos la figura de un hombre sentado en una postura que denota desesperación, aflicción o acaso sólo melancolía.

La mujer está vestida con una combinación blanca en parte desbotonada, dejando ver una camiseta de color rojo brillante. Sus manos están cruzadas tras la nuca. Su largo cabello castaño rojizo cae a ambos lados y por la izquierda parece transformarse en una línea que amenaza con alcanzar la cabeza y la espalda del hombre. Su rostro parece rígido, sus ojos están muy abiertos. El lugar del acontecimiento, simple como un escenario, podría describirse también como una playa nocturna. El rasgo más peculiar, sin embargo, es el tronco caído en el primer plano que a la izquierda del cuadro se desvanece en una columna de humo.

 En esta obra, pienso yo, el amor de la pareja terminó por algo imperdonable que hizo ella, dejando desasosiego y soledad en ambos corazones. 

En Hombre y Mujer (1898) la atracción fatal de los sexos se expresa mediante la sombra oscura y pesada que sorprende a la mujer por la espalda y que viene a erguirse sobre la cabeza del varón. El rosto de la mujer se halla enmarcado en una especie de aureola de color rojo. Desnuda hasta la cintura, el hombre inclina su torso hacia adelante y apoya melancólicamente su cabeza sobre el brazo.

La misoginia de Munch y su visión atormentada de la existencia entronca con la modernidad, la mujer carnívora frente al hombre herbívoro.
La incomunicación entre los sexos reaparecerá en “Los solitarios” (1906).

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