retrato de mi padre (Dali, 1921)

La figura paterna es una de las más problemáticas de Dalí y su sombra lo acompañará buena parte de su existencia.

En esta obra del Dalí más temprano nos hallamos ante el imponente retrato de su padre. La figura paterna es una constante no sólo en la vida de Dalí sino también en su pintura. Las difíciles relaciones entre ambos se aprecian en este retrato, donde el notario de Figueres aparece solemne, autoritario, imponente, con una imagen déspota tal y como se puede apreciar en la gran mano que Dalí dibuja.

En esta obra, Dali representa la figura de su padre en la bahía de Cadaqués como telón de fondo. Dalí ha situado a su padre en una posición tan elevada respecto a la bahía que parece estar de pie en una montaña elevada. Pese a ello la representación no es realista y se trata de un retrato superpuesto a un escenario, en clave simbólica. Junto con la ropa oscura y formal, la cadena dorada del reloj, la cinta de una condecoración y la pajarita de lunares, sugieren que el notario acudía a posar cada día después del trabajo, lo que indicaría que el cuadro fue pintado en Figueres. También existe la posibilidad de que la ropa negra fuera señal de luto: la madre de Dali había muerto en febrero de 1921.

El elemento más curioso de este cuadro es la figura que corre con un vestido rojo, que sostiene un cuenco entre las manos y emerge por detrás del padre. Resulta difícil de identificar e incluso su sexo es indeterminado, aunque pueda pensarse que es femenino y tenga una apariencia vagamente clásica.

Unos años más tardes vuelve a retratar a su padre. Dalí concentró en la expresión severa del rostro, y especialmente en la mirada incisiva y penetrante, la fuerte personalidad del padre, notario de Figueres, con quien mantenía una relación difícil. El dominio técnico que en aquel momento había alcanzado el joven pintor se aprecia en los perfiles dibujados con nitidez, en el tratamiento de la luz y las sombras, o en la potencia expresiva de las tonalidades sobrias.

El intenso tono psicológico de este cuadro nos pone frente a la fuerte personalidad del notario don Salvador Dalí i Cusí, el severo y autoritario padre del pintor, hacia el cual éste experimentará siempre un sentimiento de temor reverencial que se refleja aquí en la dureza casi hostil con que están tratados los rasgos faciales. El carácter de don Salvador, muy lejano del hipersensible y nerviosamente frágil del artista, era concreto y racional, poco idóneo para comprender el anticonformismo de aquel hijo cuyas dotes extraordinarias no podía sin embargo dejar de apreciar. Las relaciones entre los dos se interrumpirán durante largo tiempo, en primer lugar a causa de la vinculación del artista con Gala y luego por la exposición en París de un cuadro del joven artista considerado por el notario Dalí ofensivo a la memoria de su mujer, muerta ocho antes. Sólo después de muchos años habrá un acercamiento entre padre e hijo, si bien las incomprensiones permanecerán hasta el final.

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